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domingo, 8 de abril de 2018

Conspiranoicos


Los conspiraniocos crecen de manera desmesurada gracias a Internet, a la rebelión de las masas y a la conjura de los necios. La cibersociedad, al dar cabida a todos sin excepción no es espacio de racionalidad, es espacio de la opinión infundada, manipulada en muchos casos, y en casi todos no pasada por el filtro de la razón. Cualquier idiota puede ser youtuber y en cualquier foro un estudiante de bachillerato puede discutir con un catedrático sobre su materia. 

Sin duda estamos ante una crisis de credibilidad, que es aprovechada por profesionales del fake, de la mentira, de la mentira que vende y esto hace que cualquier teoría, por absurda que parezca, pueda ser vox pópuli o trending topic.

En la red la opinión es defendida como si fuese una verdad absoluta, la opinión, que por su propia naturaleza debería ser cambiante y depurada por la realidad y la razón, para dar nacimiento a una creencia, en Internet se convierte en una especie de cosa sagrada, por encima de cualquier otra idea o pensamiento. Siendo sagrada la opinión, todo vale para defenderla y ponerla en valor: la repetición de los mismos mensajes, la unanimidad pretendida, la presión contra el disidente, el insulto, el uso de falacias, la saturación del medio, etc, hacen de una opinión una verdad compartida. Y de esta forma la opinión se enquista, se convierte en una idea única, verdad-verdadera antes de toda experiencia, y lo que es peor, a pesar de toda experiencia. 

Pero esto es lo que pasa visiblemente, vamos al tipo humano, al personaje que está detrás de los ataques, el que repite hasta la saciedad una "verdad" y no admite réplica. Este tipo de persona, a mi juicio, padece un vértigo, es decir, una pasión desordenada y destructiva, en este caso puede terminar en un fanatismo exacerbado.

Surge el conspiranoico de una idea, la que sea, que se repite como un lema. "España nos roba", "la tierra es plana", "el cáncer es producto de experiencias infantiles negativas", "el agua de Valencia está contaminada", "el azúcar es un veneno", "Bildelber domina el mundo" etc., etc. Una idea aislada se comporta como un virus y va generando todo un estado mental de alerta que se retroalimenta en comunidades de Internet y de la realidad exterior y crea un cuadro completo obsesivo. Hay gente, créanme, que empieza por dejar de tomar azúcar (un veneno) y termina defensor de la libertad de las gallinas de granja. Hay quien parte de una conspiración masónica del siglo XIX y termina pensando que en su ordenador han instalado un software espía los Iluminatis.

El conspiranoico es un fanático. Un fanático es, etimológicamente,  quien se coloca fuera del templo. Ojo, no dentro del templo, el fanático está a las puertas de la religión, de la iglesia, de la política o de la ciencia y gritan a través de las redes sociales avisando a la gente de grandes peligros.

Pero hay algo de verdad en las conspiraciones. Espero no parecer conspiranoico si digo que hay un interés político y social porque crezcan los conspiranoicos, o dicho de una manera más racional: hay un grupo de personas que se aprovechan de los conspiranoicos para lanzar sus mensajes. Por ejemplo, corren imágenes de esqueletos de gigantes encontrados en algún lugar de áfrica, un burdo montaje, claro. No hay gigantes. Y es que el Corán habla de gigantes y algunos musulmanes necesitan pruebas de que es verdad. Lo mismo ocurre con la “teoría” de la Tierra plana, una tesis doctoral no aceptada que responde también a una historia coránica. También Rusia se ha sumado a la creación en serie de fakes o noticias falsas, a veces increíbles, pero esto no quita para que los conspiranoicos crezcan de manera desmesurada.

Sin ánimo de ser exhaustivo, podemos plantear ocho tipos de conspiranoicos, aunque en muchos casos se entrecruzan.

1. Conspiranoico religioso: si la religión busca la salvación de las almas y la unión con Dios, los conspiranoicos religiosos buscan conspiraciones satánicas, mensajes ocultos en la Biblia, profecías terribles, mensajes en clave de los santos, mensajes de la Virgen comentando la actualidad. Amantes del agua bendita viven obsesionados por el diablo, el pecado y la herejía. Su religión es hamártica y el género humano está condenado a priori y debe sanarse constantemente por medio de acciones humanas para acceder a una salvación segura. "Si repites tres veces x obtendrás y".

El conspiranoico religioso se olvida de la verdadera fe y cree que está cerca el juicio final, el milenio o la apostasía general. Incluso hay católicos que afirman que Francisco es el Anticristo y tras él vendrá de nuevo Pedro. Ven masones en el Vaticano, asesinatos oscuros, poderes ocultos de Satanás que hace que la gente se aleje de las buenas costumbres. 

2. Conspiranoico finmileniarista. Muy ligado al anterior. Buscan mensajes de iluminados, de apariciones, de la biblia o de profetas clásicos como Nostradamus o san Malaquías. No paran con anuncios de la catástrofe que ponen en boca de la virgen o de los santos. Se caracterizan por las "señales" que ven en el cielo en la naturaleza o en la sociedad humana. Guerras, hambrunas, pestes, persecuciones, martirios, escándalos, odios, discordias, falsos profetas o engaños. Fieles a las noticias, ven estas señales (¿cuándo el mundo ha estado en paz, sin martirios, ni falsos profetas?) y las comparten en las redes sociales. Algunos no son ni religiosos, afirman la llegada de extraterrestres, desastres naturales, meteoritos, etc. Tienen en común el miedo al final. Pero no llega nunca. El Apophis siempre pasa justo rozando. Cuando llegó el año 2000 muchos pensaban que tocaba ya, pero pasó y no pasó nada. Pero da igual, cualquier día de estos, cuando se alineen ciertos planetas...  

3. Conspiranoico político. Nada es lo que parece, grupos de oscuros seres grises manipulan toda la información en todo momento. Oligarquías internacionales lo controlan todo. Desde la ONU hasta Bildelberg controlan los gobiernos y las oposiciones. Todo el poder del mundo lo controlan ellos. Nuestros ordenadores y nuestras vidas están en sus manos, cualquier líder mundial es o un miembro oculto de la masonería y todas las leyes, las cosas que pasan se mueven desde despachos grises, fumando habanos y bebiendo bourbon. Hoy hacen una revolución en África y mañana una guerra en Asia, montan y desmontan grupos terroristas, etc.

 
Dentro de estos conspiranoicos hay unos muy graciosos que afirman que los atentados que hace el Islam en todo el mundo son atentados "de falsa bandera", es decir, que son los malos, grises del Club de Roma o de Bildelberg que hacen el atentado para culpar a los pacíficos seguidores de Mahoma. Sí, esos que ponen vídeos de las torres gemelas que afirman que fueron los judíos.

4. Conspiranoico macrobiótico. Nada de lo que comemos es sano, el cáncer, las enfermedades degenerativas y casi todas las enfermedades son producto de venenos que nos dan para controlar a la población y ganar dinero. El agua está envenenada. Nos fumigan desde el cielo creando infertilidad y cáncer. Los transgénicos, los conservantes y producción industrial crean veneno.

Pero no todo es malo. A pesar de que los grandes laboratorios quieren ocultarlo, la Curcumina, la Espelta, el Kalanchoe, la Equinácea o el Jenjibre se puede curar el cáncer, el alzheimer, los tumores cerebrales y cualquier cosa que el paciente decida. 

5. Conspiranoico informático. La CIA y agencias secretas controlan todos los ordenadores, todos los mensajes, todos los teléfonos. Imponen su ley y no dejan el software libre. Algunas empresas implantan michrochips a sus empleados, en el futuro los tendremos todos. Cualquier persona es escuchada a través del móvil y nos espían hasta en la ducha. 

6. Conspiranoico social. Hay una conspiración también en Bildelberg y los iluminati que diseña la sociedad desde arriba. Aborto, matrimonio gay, divorcio, etc. se reúnen y buscan a dónde va la sociedad. Nada tienen que ver los ciudadanos con sus votos, con sus libros, con sus ideas, es todo de arriba a abajo.

7. Conspiranoico interestelar. Reptilianos, rahelianos, teorías de la evolución o de una especie de matrix o show de Truman dominado por extraterrestres. Los grandes poderes ocultos realmente son reptiles disfrazados, Obama es reptiliano.

8. Conspiranoicos científicos. Teoría de la Tierra plana, homeópatas, curanderos del cáncer basándose en experiencias de la infancia y regresiones, la medicina alemana.  
La teoría de la conspiración se alimenta desde posiciones interesadas, pero caerían en saco roto sin conspiranoicos.

En definitiva, creo que la razón debe abrirse paso entre tanta conspiración y que sin duda el gran motor oculto de la historia es la estupidez, la dejadez de los buenos y la pérdida de valores. 

martes, 3 de abril de 2018

Sentimiento y razón




Últimamente me encuentro con un recurrente argumento frente a mi defensa de la razón frente al sentimiento: el sentimiento -dicen- es la experiencia y es previa a la razón, por lo tanto debe ser predominante.

Los partidarios de la experiencia, del sentimentalismo, del desnudo de las emociones, me suelen mirar con pena, como diciendo “pobre, si supiese lo que se pierde al no expresar los sentimientos”. Creo que pensé en este artículo cuando un profesor budista me decía que él lloraba varias veces al día (o a la semana) y que había que “sacar” todos los sentimientos en todo momento, yo -la verdad- pensé que no debería llevar una vida buena para llorar tanto. Pero esto de "sacar" sentimientos es más que una moda. De hecho hay grupos de risoterapia, lloroterapia, teatralización, gritoterapia, cantoterapia (creo que no lo llaman así), etc. A algunos grupos de Iglesia les encantan las lágrimas grupales, las confesiones a la comunidad, los "testimonios" de personas que estaban en lo peor y que al conocer a Dios cambiaron radicalmente. En los debates sobre el nacionalismo, cuando les digo lo bien que viven los nacionalistas españoles en comparación con los países con los que les gusta compararse, me dicen que los sentimientos de los catalanes independentistas son muy importantes, casi tanto como el derecho o la economía. 

En fin, de nuevo otro fantasma recorre Europa: el del sentimentalismo, que ya pasó en el siglo XIX y dejó muy mal la cosa…

Mi tesis es que la experiencia sentimental ni es ni previa a la razón ni debe ser predominante. No es previa porque el ser humano no puede dejar la razón a un lado para tener experiencias y luego recogerla para analizarlas. La percepción no funciona así, la razón no está para analizar, quizá confunden el término razón con la ciencia, quizá, o quizá estemos estrenando un  tiempo de renacimiento del irracionalismo.

La razón es lo que nos permite ver el mundo como seres humanos, es decir, desligarnos del espacio y del tiempo y poder salirnos de lo cotidiano, de la percepción inmediata, del carpe diem y crear una realidad consistente e intersubjetiva. Los animales y los niños perciben así, sin razón: lo que hay es lo que ven, sin un posible análisis, y lo que ven es lo que su instinto -o su inteligencia- le permite ver. Pero nosotros, los humanos adultos,  no vemos lo que tenemos que ver, vemos lo que queremos ver, seleccionamos de toda la realidad lo que nos interesa por situación, por ideas preconcebidas o por historia personal. Por eso necesitamos un análisis de esta realidad, porque nosotros construimos la realidad y le damos sentido como sociedad.

Si después de percibir, de tener una experiencia sentimental, queremos salir de nuestro solipsismo y comunicarla a los demás, no nos vale con la experiencia nuda, necesitamos salirnos de lo inmediato, romperla, analizarla y descubrir la verdad objetiva que pueda haber en ella, porque sí, puede haber experiencias que no merecen ser tenidas en cuenta. 

Así podemos distinguir dos niveles de verdad: un primer nivel donde lo que se siente, lo que se percibe, no es discutible, es verdad el sentimiento (es verdad que sientes lo que sientes); y otro nivel superior donde esa verdad se pone a prueba con la realidad intersubjetiva y se integra en un proyecto de vida donde se ordena. No son dos actos, es un mismo acto con dos niveles o momentos. En el primer momento no hay discusión, lo que percibimos percibido queda y no hay forma de convencernos de que lo sentido es real o falso. Aquí no hay diálogo ni posibilidad de cambiar, solo hay tolerancia: tú con tu verdad, yo con la mía, nadie puede quitárnosla. Pertenece por lo tanto al mundo de la opinión, donde no podemos entrar más que a clasificar las opiniones y experiencias, todas al mismo nivel. Si uno siente la energía del Universo, el Amor de Dios, la humanidad de su perro, la opresión del Estado, la soledad o la tristeza nadie puede decirle nada, nadie puede quitarle esta idea previa, digamos que es su experiencia y por lo tanto es verdad para la persona que lo experimenta. Solo queda mirar al otro con pena, con alegría, abrazarlo o apalearlo.

Pero con estas experiencias y sentimientos no hacemos nada, no nos formamos como comunidad ni como sociedad, ni como personas. Como mucho podemos buscar quienes hayan tenido experiencias similares y por lo tanto la forma de unidad que genera este sentimentalismo es la de grupos de reafirmación del sentimiento: grupos religiosos que se esmeran en vivir las experiencias místicas (música, color, iluminación, cánticos), grupos de nacionalistas donde todos comparten el amor a la patria utópica basado en experiencias inmarcesibles: las montañas, la lengua, los ríos y las fuentes de Rosalía de Castro son compartidos por un pequeño grupo de experimentadores que excluyen por lógica a aquellos que no lo han vivido. La raza, la lengua, la patria chica, la pacha mama: abracémonos todos en la lucha…

Claro que del sentimiento espontáneo pasamos fácilmente a la manipulación: bien dirigidos, con un conductismo social, puede hacerse que un grupo grande de personas se enciendan con estas experiencias previas, personales, incomunicables; e incluso personas que no las vivieron originalmente vivan las experiencias al ver a los demás contarlas, al repetir esquemas, canciones, lemas, imágenes, relatos. Entramos en el resbaladizo terreno del populismo y de la postverdad.

Pero por encima de este sentimentalismo existe la razón que siente, la que aplica los criterios de verdad sobre la experiencia sensible. Vemos el mundo que queremos, pero ¿podemos ponernos en el lugar del otro para sentir lo mismo? Ciertamente en el primer nivel no, como mucho podemos reproducir la experiencia, pero en el segundo nivel podemos hacer abstracción y por medio de comparaciones comprender lo que no hemos experimentado o no experimentamos por nuestra perspectiva, podemos ir a la realidad a comprobar si ese sentimiento es adecuado. Lo que hacemos en este segundo momento es despegarnos de nuestra realidad y ponernos en el lugar del otro y por lo tanto podemos tener experiencias para compartir, para pensar en común. Aquí ya no está solo tu verdad y mi verdad, aquí entramos en una nueva realidad que no es ni tuya ni mía, una verdad que hay que buscar en común.

La razón es pues una especie de mediador entre nosotros, que tiende a unir experiencias para poder llegar a una verdad. Ya no es la tolerancia, virtud del relativista, la que prima por encima de la búsqueda en común de la verdad. Ahora es la veracidad la virtud que nos mueve. 

La razón hace que las experiencias vividas sean aprovechables y permitan la vida en común y el crecimiento personal. Podemos dialogar con Platón y con Nietzsche porque ambos usan la razón (y vean que pongo ejemplos de filósofos no racionalistas), y con Lao Tse o con Ana Catalina Emmerick no, solo su experiencia nos vale como punto de partida, pero no hay razones detrás, hay videncias, experiencias directas que solo pueden servir si se integran en un proyecto vital.

El sentimentalismo de experiencia vital, alejado de la razón, nos inunda desde que Freud descubrió el inconsciente, Nietzsche y Schopenhauer las fuerzas ocultas de la vida y Marx las de la historia: como la razón nos lleva a un estado de cosas que no queremos tenemos que sacudirnos de la misma para progresar y entonces crear una realidad paralela donde la experiencia individual sea el centro de la vida. Muchas vidas se mueven, cada vez más, en esta irrealidad de lo sentimental, buscando acumular experiencias para sentir la vida, creando un mundo ficción solipsista o en grupo, donde las cosas suceden de acuerdo a estas experiencias. Y lo peor es que los medios de comunicación y audiovisuales con frecuencia apoyan esta ficción retroalimentando la experiencia previa. 

Si dejamos actuar al sentimiento, el amor se convierte en sensualismo, en seducción, en enamoramiento. Aunque el amor también es razón, propósito, promesa, de lo contrario ocurriría lo que suele ocurrir con demasiada frecuencia: que cuando el sentimiento se apaga o aparece otro sentimiento las relaciones se rompen. El amor no es enamoramiento.

En la lógica del sentimiento la realidad se convierte en la realidad experimentada y querida. Pero la realidad debe ser medida, articulada, probada, de lo contrario las convicciones de hoy mañana pueden ser desarticuladas sin prueba alguna, simplemente porque se me presenta con mayor atractivo la tesis contraria.

La religión tampoco puede reducirse a la experiencia religiosa. La religión, que puede comenzar por el sentimiento de unidad con Dios, por una experiencia, no es lo que debe primar, sino la racionalización de la misma y la integración en la vida, en toda la vida, como proyecto de salvación que haga más fecundo el diálogo con Dios y no se quede en pura experiencia.

Cada vez más el arte se quiere reducir a obras que dicen algo a alguien en un momento estético, el efecto Stendhal. El arte es sentimiento, sí, pero también trascendencia y canon, y forma, y sentido.

La nueva política quiere ser un juego de encandiladores atacando a los sentimientos más bajos del pueblo (el resentimiento ante la riqueza, el sentimiento nacional, el sentimiento de abandono, la desafección…). La política puede tener que ver con la psicología social, pero hay que tener claro el fin práctico de la misma: el bien común.

La educación se está convirtiendo en un juego para despertar las emociones del niño. La educación tiene mucho de encandilamiento, pero éste debe fluir hacia el conocimiento y hacia la formación de la persona completa, no solo de sus emociones.


La experiencia auténtica debemos integrarla en la vida sin darle más importancia que la que tiene, porque todos los sentimientos son iguales, pero algunos nos pueden llevar al error, en cambio la razón puede descubrir el error y permite el diálogo.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Ley de Género Totalitaria Popular (LGTP)



Cristina Cifuentes, la Presidente de la Comunidad de Madrid, nos presenta una Ley de Género que sacraliza una ideología determinada, y la convierte en ideología oficial del Estado, cosa que es contraria a derecho porque el Estado es aconfesional de acuerdo con la Constitución, que proclama, en el Artículo 16:

  1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
  2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
  3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.
Sin embargo la Ley de Cristina Cifuentes dice: 
"La definición del sexo-género de una persona va mucho más allá de la apreciación visual de sus órganos genitales externos en el momento del nacimiento" (Preámbulo)
Y eso es una ideología determinada que no coincide con la opinión de la mayoría ni con la realidad, es más, la Ley pretende imponerla y desarrolla una serie de medidas de propaganda de la ideología en cuestión.

La realidad, sin teorías, es que la definición del sexo-género es dada por la genética, los órganos sexuales, el cerebro y -consecuentemente- por el rol social, en escalones sucesivos que pueden fallar dando lugar a trastornos y disfuncionalidades perfectamente estudiadas y descritas por la literatura especializada. 

Afirmar que la instalación sexuada de la persona humana, constitutiva de la misma, es cuestión de elección y no de naturaleza es como decir que las personas no tienen dos manos o dos pies, dado que algunos nacen sin extremidades. Si alguien defendiese algo así me parecería una tontería, pero tendría todo el derecho a decirlo. Pero que una Ley pretenda decir cómo es la realidad humana es un ataque a la libertad incompatible con la democracia, porque las leyes en un sistema democrático y plural no están para imponer una única forma de ver la realidad. 

Una ley puede (y debe) luchar contra la discriminación de las personas, pero no puede entrar en el derecho a que yo, que no discrimino a nadie, tenga que pensar que es lo mismo ser transexual que una persona normal. No es lo mismo ni lo será. Tampoco es propio de la democracia imponer todo un sistema de propaganda en todos los niveles (ocio, cultura, tercera edad, colegios, universidades, cooperación, etc.), convirtiendo la ideología en una confesión estatal a la que hay que ser sumiso o proscrito. Y menos prever sanciones para quien se niegue o impida que el Estado entre en espacios que debería respetar, tales como la familia o el ideario de la escuela pública o privada (que elige la familia). 

La legislación está para preservar derechos y obligar al cumplimiento de deberes, la legislación en un estado democrático no puede proclamar el Dogma de la Inmaculada, ni sancionar sobre la verdad de las leyes de Plank. Si esto hiciese el Estado dejaría de ser democrático pasando a ser totalitario, y en esta ley hay dogmas y hay presiones a la comunidad científica para que dejen de considerar una enfermedad la transexualidad (aunque luego proclamen en el Título II de la LGTP el derecho a ser atendidos por la sanidad pública ¿pero no quedamos en que no es una enfermedad? ¿Qué necesidad hay entonces de médico?).

Yo pienso que un psiquiatra, tras años de estudio, puede opinar que la homosexualidad es una enfermedad, y también pienso que otro puede opinar lo contrario. Ambos tendrán que presentar datos y debatir, así de fácil. Así se dialoga y se avanza. Una teoría no denigra, no incita al odio, no es contrario a derecho, es simplemente una teoría, que está ahí para ser criticada, no para encarcelar, multar o vejar al pensador. Si la transexualidad es o no una enfermedad no afecta al transexual, no debe producir rechazo ni discriminación ¿o discriminamos a los enfermos? Es simplemente una realidad personal que puede ser tratada y por tanto produce una mejor autopercepción del paciente y una posible mejor adaptación. Nada tiene que ver con el que no es transexual. 

Puede ser un trastorno momentáneo o crónico (que alguien piense que lo es y no serlo en realidad, especialmente en niños y en púberes) que podría reconducirse si no hubiese una Ley que impida al profesional planteárselo, En todo caso no se discrimina a los enfermos, o no debe discriminarse. La orientación sexual puede ser aceptada y vivida con normalidad, al igual que la diabetes puede ser vivida con normalidad, pero eso no hace que el diabético esté sano. 

Si una persona estudia las religiones y cree descubrir que Dios no existe, está en su derecho. Pero si a continuación entra con violencia en una Iglesia o ataca a los sentimientos religiosos de las personas disfrazado de mujer y con iconografía cristiana; está cometiendo un delito que debería ser sancionado. Para evitarlo no hay que hacer una Ley contra el ateísmo. Como es lógico nos opondríamos a una ley que prohibiese los estudios sobre el ateísmo, o tildase de enfermos ("teofobos") a los ateos y más todavía si en ella se diseñase una batería de medidas de propagación de la fe. Diríamos entonces que el Estado es confesional.

La Ley Cifuentes es confesional, es el culmen de años de trabajo de una ideología que es totalitaria y abarca todos los ámbitos de la vida: la ciencia, la política y las relaciones sociales. Durante años todas las universidades occidentales han tenido su departamento, cátedra o grado de "Gender Studies" que pretenden -entre otras- dos grandes cambios:

1. La transmutación de los valores

La transmutación de la sexualidad, que viene a ser algo así como dar la vuelta a todos nuestros conceptos morales sobre el sexo. La transmutación consiste en afirmar lo contrario de lo que había: lo normal es lo anormal, los hombres son mujeres, las mujeres son hombres, lo desviado es normal, lo normal es desviado, los enfermos están sanos, los sanos están enfermos, etc. 

Con esta lógica nietzscheana, el enfermo no es el minoritario con identidad sexual conflictiva, es el ser humano que rechaza la equiparación moral entre la conducta correcta humana (monógama y heterosexual) y con el abanico de variantes sexuales que se pueden imaginar, aceptadas unas y otras no, tales como la homosexualidad, la promiscuidad,  la pederastía, el onanismo, la sodomía, el fetichismo, el sadomasoquismo, etc. 

La normalización de conductas anormales es parte del trabajo de la ideología de género en esta línea de transmutación de los valores. De hecho la mayoría de estos trastornos antes mencionados se piensa, generalmente, que son más comunes de lo que en realidad son, y el objetivo es que pasen a ser considerados "normales", frecuentes e incluso deseables y -consecuentemente- se extiende la sospecha de que los normales de que en algún lugar del inconsciente freudiano, albergan estos comportamientos reprimidos.

Digan lo que digan, la familia: un hombre y una mujer, abiertos a la vida y con voluntad de eternidad, es lo correcto, lo que da más felicidad, lo que evita trastornos y enfermedades, crea riqueza y garantiza un correcto desarrollo social. 

2. El triunfo de la voluntad sobre la realidad

Otra herencia de Nietzsche, traída por Shopenhauer, y mezclada recientemente con ideas de Foucault. 

Como todo el mundo sabe una cosa es una cosa, A=A. Y las cosas son lo que son... pues ahora es la voluntad la que decide: si A quiere ser B, es B y como no hay nada por encima de B que permita pensar lo contrario. Cualquier impedimento: la naturaleza, la ley, la tradición, los usos y costumbres, las creencias, los otros... todo debe doblegarse a "la nueva realidad", donde A (ahora) es B. Debemos someternos, ser sumisos a la voluntad de A que -por querer ser B- ya es B. El triunfo de la voluntad lo sanciona la Ley Cifuentes en su Preámbulo (declaración de intenciones) con esta sentencia: 


"Se ha de otorgar soberanía a la voluntad humana sobre cualquier otra consideración física".
Y en el articulado (Art. 3.3.), se otorga el "derecho" "a ser tratado de conformidad a su identidad de género en los ámbitos públicos y privados". Es decir, que si alguien que es hombre decide ser mujer y tú le dices que es un hombre que quiere ser mujer, estás actuando en contra de la Ley, que sanciona que la voluntad va por delante de la realidad. Que una ley me obligue a tratar a la gente de una manera me parece de mal gusto. 

La idea es que ante una realidad-querida todos tenemos que hacer como si fuese realidad-dada, y quien se niegue será considerado primero un atacante, un ser que fomenta el odio. En el caso de la llamada transexualidad, la ciencia efectivamente dice lo contrario, que un hombre es un hombre y una mujer una mujer, pero quien quiera negarlo será proscrito, el problema recae sobre el que niega lo que es real, y no sobre el que afirma que la realidad-deseada sea la realidad-dada.

Nietzsche, lo percibió de forma clara:

“Todo lo que imagine un individuo deberá valer para todos los demás, inaugurando en este punto una nueva y gran tolerancia, por mucho que nos contraríe nuestros gustos”
F. Nietzsche: Así habló Zaratustra

Esto genera un problema, puesto que no solo la transexualidad, sino que cualquier otra actitud personal puede ser sobrepasada. Este mensaje cala profundamente en la mente de la gente, que le dicen al oído: "tú puedes ser lo que quieras"; "llegarás tan lejos como quieras", etc. El sueño y la realidad desdibujan sus fronteras y los otros son enemigos si se empeñan en afirmar la realidad. Una pareja estéril, si quiere, tiene que poder tener hijos (aunque sea alquilando una mujer); las Parejas de Hecho pasan a ser de derecho y de ahí a ser tratadas como si estuviesen casadas.

La voluntad sacralizada en la Ley, llevada a todos los órdenes puede generar un caos importante ¿Y si un español no se siente español? ¿No estaríamos haciéndole una ofensa si nos empeñamos en decir que es español? ¿Y si una persona se cree pájaro? Evidentemente es el poder el que debe poner los límites a los deseos, como luego veremos. 

Pero decía que en la transexualidad hay un error de base científico, la ciencia dice que no, que un hombre es un hombre y una mujer una mujer. En el desarrollo humano hay tres niveles que se van sumando uno a otro:

  • En el nivel genético, donde es incontestable que los hombres y las mujeres tienen cromosomas distintos: xx, xy. Esto es innegable y se da en otras especies. 
  • En el plano corporal, donde el sexo de los xx y xy genera un cuerpo masculino o femenino. En este proceso es cierto que hay errores, que la medicina, los afeites y las ropas han intentado siempre solucionar. Es decir, la mujer barbuda, el hombre con pechos, el hombre que no tiene desarrollado el pene o los síndromes cercanos al hermafroditismo, que existen y son un porcentaje ínfimo de la población. La mujer barbuda, o sin pechos, se afeita o se opera, el hombre con un pene ridículo hace lo que puede. La naturaleza no es matemática, a veces genera seres raros, extraños, que debemos comprender, mejorar y cuidar. Llamamos, en ciencia, raro, lo que no es común, lo que no pasa casi nunca y además llamamos raro y catalogamos como enfermedad lo que además de ser escaso es un problema para el desarrollo de la persona. Por ejemplo, la transexualidad es uno de los trastornos de la identidad sexual que recoge el manual de la Asociación Psiquiátrica Americana que se da en uno de cada 50.000 personas, exactamente el número que se utiliza para considerarlo una enfermedad rara.
  • En el tercer nivel un cuerpo masculino se socializa como varón y el femenino como mujer. Es decir, color azul, pelo corto, pantalones y balones. Si sus cromosomas son xy y tiene caracteres femeninos se les viste de rosa, se deja el pelo largo y se le adorna con pendientes y lazos.
Esto es lo que dice la ciencia. No hay, para la ciencia y para ninguna religión almas masculinas o femeninas. Es ridícula la expresión de "un alma femenina atrapada en un cuerpo masculino", lo que sí hay es una transcripción errónea de la genética que genera cerebros sexuados hacia el otro sexo y órganos sexuales deformes. No puede haber ninguna normalidad en esto, ni puede ser, como dice Cifuentes "una más de las manifestaciones de la diversidad sexual del ser humano". La diversidad, como su propio nombre indica, es la doble instalación sexuada: como hombre o como mujer.

Esta es la realidad, pese a que algunos extremistas de género proponen que esto todo es una construcción social aunque todos los experimentos que se han hecho dicen que esto no es real, que el sexo está arraigado en la naturaleza y no en la naturaleza social. De vez en cuando algún investigador de segunda de una universidad de tercera lanza la idea de que se prohiba el fútbol en los colegios o que se les den muñecas a los niños, para que no haya tantas diferencias, y algún Consejero de Educación o Director de colegio lo pone en práctica y el experimento solo genera frustración entre niños y niñas.

Si la sexualidad fuese una construcción social, entonces la voluntad puede cambiarla, es algo por lo tanto que pertenece a la ética, que pretende, con la voluntad, mejorar la realidad en la que vivimos, porque la justicia quiere cambiar la realidad para hacerla más humana. Si todo, absolutamente todo, es una construcción humana y que por lo tanto es la voluntad la que decide qué es cada cosa, tenemos la puerta abierta a la reconceptualización del mundo. Pero si llega una ley y sanciona esto en una dirección solo y en un ámbito solo entramos en una nueva dictadura. Porque el problema que se planteó ya después de Kant era precisamente este: si es la voluntad del sujeto el único legislador ¿qué voluntad se impone? ¿la mía?, ¿la de la mayoría?, ¿la de los poderosos?, ¿la de los pueblos?, ¿la de "la gente"?, ¿la de La Tele? ¿la del colectivo LGTB? ¿La de la LGTP?

En todo caso la ideología de género-Cifuentes proclama que la voluntad del individuo, respaldada por el Poder es la que es el criterio de realidad. Así yo no puedo ser pingüino porque el Estado todopoderoso no me ampara, pero puedo ser mujer, o puedo casarme con un hombre porque el Estado todopoderoso me da el visto bueno para ello. Y como el Estado es todopoderoso, el Estado decide lo que se puede ser. 

Pero hemos dado un paso más, estamos en la ética social. Ya no se trata de que cada uno sea lo que quiere ser, ahora se trata de que todos debemos aceptarlo. Este paso es crucial, porque el debemos aquí no significa que sea bueno para nuestra felicidad, sino que es bueno para el Estado todopoderoso (el pecado es ofensa a Dios, además de que te haga daño) que asume la voluntad del transexual como suya y la sagrada voluntad no admite ofensas.

La pregunta, claro está es ¿quién le ha dado al Estado la potestad de crear y defender una ética social que ataca el principio básico de libertad de pensamiento? El Estado normal, no el totalitario, puede permitir o prohibir que la gente se cambie de sexo, o que tengan relaciones con personas del mismo sexo, animales, menores o lo que quieran, pero en democracia nadie le ha dado al Estado la potestad de crear una ética social que doblegue la voluntad y el pensamiento de aquellos que no lo ven bien.

En este intento de resistir a la voluntad de los poderosos quedan pequeños grupos de resistencia: la Iglesia, que por tener la visión en la salvación de las almas, que no es de este mundo, se somete mal al poder; la escuela, que es el lugar donde se educa a las nuevas generaciones de acuerdo a las convicciones morales de las familias; los científicos, que en busca de la verdad no se doblegan fácilmente a las presiones del poder. 

A todos les da la ley y les amenaza con graves daños si osan oponerse, pero a los científicos les atacan especialmente pidiéndoles que dejen a un lado la verdad y se dobleguen a lo que manda la política, y en especial el Nuevo Orden Mundial de la ONU, es decir que dejen de tratar como enfermedad lo que realmente es enfermedad: los trastornos de los transexuales y, de paso, pasar el síndrome a los que nos oponemos a hacer normal.

Así, la Ley Cifuentes sanciona contra la ciencia que:

Durante cerca de setenta años la transexualidad ha figurado como enfermedad en los principales manuales de diagnóstico y en las principales clasificaciones de enfermedades como la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-IO) de la Organización Mundial de la Salud o el Manual de diagnóstico de enfermedades psiquiátricas DMS-R de la American Psychiatric Association (APA) bajo los calificativos de "trastorno de la identidad sexual" o "desorden de la identidad de género" cuyo diagnóstico médico asociado era la "disforia de género". (...) Recientemente, la propia APA ha retirado su diagnóstico de trastorno de la identidad de género y son muchas las voces que abogan en los terrenos científicos y sociales por la definitiva despatologización de la transexualidad y por la consideración de la misma como una más de las manifestaciones de la diversidad sexual del ser humano, ya que aunque la APA lo ha retirado como trastorno de la identidad de género sigue permaneciendo en el mismo manual de trastornos con el epígrafe de "disforia de género".

Es decir, el poder político se opone a la ciencia y quiere influir sobre lo que se considera científicamente una enfermedad que hasta ahora se trata, logrando mejorar la vida de los pacientes. Si esto llega a término, que llegará, se prohibirá tratar a un transexual (como ha ocurrido con la homosexualidad), lo que generará sin duda más sufrimiento para las personas con dicha enfermedad. 


En fin, ante esta ley no queda más que la resistencia, el recurso de inconstitucionalidad y su paralización preventiva.

miércoles, 27 de julio de 2016

Los islamistas de la M30 rechazan la violencia


Ante el último atentado del Estado Islámico en Francia el imán de la Mezquita de la M30 de Madrid y portavoz del Centro Cultural -también- Islámico, Sami El Mushtawi, escribe un comunicado que no tiene desperdicio.



El comunicado en cuestión no está en su página web (dirigida a su público), sin embargo ha sido enviado a unos cuantos periodistas. En él se recogen varias falsedades y algunas mentiras:


1. Que "los terroristas no tienen nada que ver con la religión musulmana"Pertenecen al Estado Islámico, tan islámico como el Centro Cultural Islámico; hablan en nombre de Alá el misericordioso, como los del Centro Cultural Islámico, leen el noble Corán; rezan y ayunan como Sami El Mushtawi y quieren implantar un Estado Islámico tal y como el que fundó Mahoma y con métodos similares ¿y no tienen nada que ver? ¿Imaginan a unos alemanes con esvásticas, retratos de Hitler, leyendo Mi lucha, hablando de implantar el IV Reich y que alguien diga que no tienen nada que ver con los nazis? 



2. Que "Nuestra religión musulmana prohíbe  todo acto de violencia" ¿Entonces los azotes, las lapidaciones, los ahorcados en Arabia Saudí? ¿Todos los que han participado en las batallas que se han levantado en nombre del Islam, desde su creación hasta hoy, no son musulmanes? ¿No son musulmanes los que aplican la Sharía? ¿No son musulmanes los Hermanos musulmanes? ¿No era musulmán Mahoma? ¿Y los palestinos que lanzan piedras y bombas tampoco son musulmanes? ¿No es musulmán Rouhaní? Parece que aquí nadie es musulmán. A lo mejor es que los musulmanes pacíficos son cristianos y no lo saben, porque lo único nuevo del islam es precisamente la violencia y la religión de estado. 



3. Que "estas acciones son cometidas por enfermos mentales". Pues no, no son enfermos mentales. Los terroristas se organizan, se arman, planean y ejecutan atentados coordinados. Los enfermos mentales, son enfermos, son tratados y luchan contra su enfermedad. Los que cometen atentados en nombre de Alá no son enfermos, son terroristas y tienen claros sus objetivos. Son de la peor calaña de cobardes y asesinos (ḥaššāšīn). Los enfermos mentales merecen un respeto. A no ser que incluyamos el islamismo como enfermedad de las naciones... 



4. "...y que los musulmanes una vez más rechazamos y condenamos" Pues no es del todo cierto, si vamos a porcentajes el 10% de los musulmanes europeos les parece bien el terrorismo y el porcentaje llega al 25% en otros países. Por ser más exacto debería decir el 75% de los musulmanes (o el 90% de los que van por la mezquita de la M30) rechazamos los atentados y en prueba de ello, cuando en nuestra mezquita recaudan para el Estado Islámico lo ponemos en conocimiento de las autoridades españolas (y no esperamos a que la policía los detenga).



Si de verdad quiere "condenar" (consejo gratis) debería decir que:



- Proclama claramente que esos hijos de puta (y todos los "soldados" del ISIS y aledaños) que mueren o han muerto a grito de Al·lahu-àkbar están en el infierno.

- Da las órdenes necesarias para que todos los terroristas que mueren matando sean exhumados sus cuerpos de los cementerios islámicos y su memoria olvidada.
- Renuncia al antisemitismo y al terrorismo contra Israel y Estados Unidos.
- Renuncia a islamizar Europa, respeta nuestras costumbres y religión.
- Renuncia a la sharía y proclama que nunca nadie puede ejercer castigo físico contra nadie.

Entonces sí, entonces creeremos que de verdad que los mahometanos de Madrid sois gente de paz.


Y, por último, por aquello de que vuestra religión musulmana rechaza la violencia, te copio unos textos que seguro que bien interpretados dan mucha paz (a los creyentes):


  • Corán 9: 38-39: ¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué, cuando se os dice: "Id a la guerra por la causa de Alá" permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida de acá a la otra? Y qué es el breve disfrute de la vida de acá comparado con la otra, sino bien poco...? . Si no vais a la guerra, os infligirá un doloroso castigo. Hará que otro pueblo os sustituya, sin que podáis causarle ningún daño. Alá es omnipotente.
  • Corán 9:41: Id a la guerra, tanto si os es fácil como si os es difícil! Luchad por Alá con vuestra hacienda y vuestras personas! Es mejor para vosotros. Si supierais...
  • Corán 9:86: Creed en Alá y combatid junto a su enviado.
  • Corán 9:123: ¡Creyentes! ¡Combatid contra los infieles que tengáis cerca!Que os encuentren duros! ¡Sabed que Alá está con los que le temen!
  • Corán 17:16: Cuando queremos destruir una ciudad, ordenamos a sus ricos y ellos se entregan en ella a la iniquidad. Entonces, la sentencia contra ella se cumple y la aniquilamos.
  • Corán 8:39: Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda todo el culto a Alá. Si cesan, Alá ve bien lo que hacen.
  • Corán 8:65: ¡Profeta! ¡Anima a los creyentes al combate! Si hay entre vosotros veinte hombres tenaces, vencerán a doscientos. Y si cien, vencerán a mil infieles, pues éstos son gente que no comprende.
  • Corán 9:5: Matad a los asociadores [los cristianos] dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes! Pero si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, entonces ¡dejadles en paz!
  • Corán 2:193: Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda culto a Alá.
  • Corán 8:12: Cuando vuestro Señor inspiró a los ángeles: «Yo estoy con vosotros. ¡Confirmad, pues, a los que creen! Infundiré el terror en los corazones de quienes no crean. ¡Cortadles del cuello, pegadles en todos los dedos!»" 
  • Corán 5:33: Retribución de quienes hacen la guerra a Alá y a Su Enviado y se dan a corromper en la tierra: serán muertos sin piedad, o crucificados, o amputados de manos y pies opuestos, o desterrados del país. Sufrirán ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra.
  • Corán 5:51: ¡Creyentes! No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos! Son amigos unos de otros. Quien de vosotros trabe amistad con ellos, se hace uno de ellos. Alá no guía al pueblo impío.
Sobre el carácter pacífico y la no violencia del Profeta misericordioso he encontrado un buen documento que merece la pena leer: Lista de los top 43 asesinatos ordenados o apoyados por Mahoma 

martes, 14 de junio de 2016

Ser, estar, parecer... y hacer


Hay una corriente de pensamiento que se filtra por todos los rincones de Occidente que hace primar al hacer frente al ser. Si lo piensan un poco es una idea injustificada e incluso irracional, porque las cosas son y por ser de una manera determinada, por tener tales características, actúan en el mundo real. El ser es siempre previo, aunque lógicamente solo vemos el ser por el hacer, es decir, si algo no hace nada, si no afecta siquiera a nuestros instrumentos de medida ni a nuestros sentidos... entonces no es nada para nosotros. Aunque podría ser, de alguna manera, para sí mismo, para un observador ideal o para Dios. En este caso diríamos que es un ser al que, con la ciencia positiva (que es un juego que nos traemos los humanos en el que solo participan las cosas observables), o para la ciencia positiva, no existe. Pero las cosas que existen hacen porque son y nada puede hacer si previamente no es.

En todo caso el primado del hacer frente al ser no es una teoría filosófica, es una actitud ante la vida, fruto de una decisión epistemológica o existencial, pero al fin y al cabo una actitud. Una actitud que toma por sentimiento, sin utilizar la razón y quizá por ello está muy extendida en nuestro mundo. Pero a pesar de ser irracional tiene tres raíces, dos filosóficas y una pragmática o económica. La primera raíz filosófica nos viene de la filosofía positivista del siglo XIX, aunque desarrollada en el XX como punto de partida de toda otra filosofía, que hace primar el dato, la experiencia sensible “nuda” o el hecho frente a la realidad de las cosas, que es siempre mucho más amplia y viene acompañada de causas (1). Ante un suceso determinado el positivista se plantea "qué ha pasado”, con independencia de las causas, las motivaciones, las circunstancias del hecho, etc. solo importa lo observable, lo medible, lo cuantificable. 

La segunda raíz filosófica es el existencialismo, que planteaba la primacía del existir frente al ser. J.P. Sartre, (que es uno de esos filósofos malpensantes que su pensamiento ha entrado, como un virus, en casi todos los pensamientos de los bienpensantes europeos) decía en El existencialismo es un humanismo que el hombre “empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho”(3). La existencia es una forma de hacer, puesto que solo existe lo que hace algo. Si algo no hace nada, no es nada.

Para Sartre el hombre es pues nada, pero nada que quiere (voluntad nietzscheana) hacer cosas pero en definitiva no es nada. Si esto fuese así el ser humano sería una especie de ser ridículo, un animal engreído, que quiere salir de su nada haciendo cosas, pero que está condenado a volver a la nada. Tiene que hacer cosas, para no decaer en la nada, como decía Unamuno: “insistir para existir”.

El hombre para el existencialismo es un náufrago después del hundimiento del Titanic (el Titanic es la civilización técnica). Flotando en el mar, sin poder más que nadar, moverse incesantemente, para no congelarse y ser tragado por el océano, por la nada. Su única misión consiste en patalear, aún sabiendo que va a ser engullido por la nada.

Claro que si el hombre no es más que nada-nadando-en-la-nada, solo asido a la realidad por su propio esfuerzo (como en la historia del Barón de Munchausen), hay que repensar todos los grandes conceptos, que nos hacen seres dignos, importantes, trascendentes y que no vemos: Dios no sería más que un ser creado por el hombre para justificar su nada; el mundo no tendría existencia propia (Markus Gabriel) y sería un concepto creado para no tomar conciencia de nuestra nada, y -por supuesto- el alma y la libertad serían meras ilusiones de un ser que quiere ser cuando realmente no es. Es decir, el programa postmoderno no consiste más que en destruir todo lo que el hombre es por naturaleza para dejarlo 'libre de ataduras', flotando en un mundo donde la voluntad de poder es la única verdad, donde cada uno es lo que quiere ser y al resto solo le queda aceptarlo en su voluntad, por absurda que esta sea.

Este cambio cosmovisional, que ya casi ha penetrado por completo en el pensamiento occidental, consiste en aceptar la acción observable como la única verdad. No importa que el ser quiera o diga, no importa su proyecto, ni su pasado. Ya no importa qué haya “dentro” solo el resultado de la acción. No importan, por ejemplo, las ilusiones, las pasiones, las ideas, importan solo los resultados, los objetivos logrados, los éxitos materiales. 

Y aquí tenemos la tercera raíz, la económica: "eres lo que ganas", eres lo que haces en el trabajo, lo que vendes, lo que "mueves". Miles de libros para emprendedores, miles de programas de autoayuda, y ese "rehacer" la vida constante, reinventarse, innovar constante (como si lo nuevo fuese un valor en sí), nos llevan por el camino del hacer sin pensar. Los políticos, que ahora están en berrea, nos dicen lo mismo: lo importante es la economía, no las virtudes para crear estructuras adecuadas o para mantener la fortuna, no. Tampoco la pregunta sobre para qué sirve el dinero. Solo crecer, sin dirección; solo crear riqueza, sin el para qué de tal riqueza, solo emprender. Nadie se pregunta realmente si lo que da dinero es importante o no, si merece la pena hacerse o si merece realmente la pena dar la vida por ello. Solo hacer. No parece importar la dignidad de los pueblos, las misiones históricas o la salvaguarda de las cosas por las que merece la pena vivir, no. Solo la economía.



Este hacer por hacer, gratuito, es el principio de todo degenerar humano y divino. Puesto olvidados del ser se produce la transvaloración de los grandes valores hacia los instrumentales: el dinero y el poder. Si el hombre no es nada, y es solo lo que hace, aquél que adquiera dinero o poder, aunque realmente sea un pobre hombre digno de lástima, se convierte en el único ser auténtico. No por casualidad en los grupos que tradicionalmente buscan el poder para destruir toda espiritualidad desde el liberalismo se buscan las obras más que los pensamientos, por ejemplo, «en la iniciación en el primer grado o de aprendiz masónico se pregunta al candidato: "¿Sois masón?" y él responde: "Por mis obras me tienen por tal"»(3), porque no importa qué sea uno, sino que se comporte como tal. O desde el comunismo se preocupan por la praxis antes que por el pensamiento de sus militantes. Y desde el capitalismo algo similar: trabajo, prácticas, saber hacer, etc. 

Y esto trae sus consecuencias (cualquiera que haya leído Un mundo feliz lo sabe). Por ejemplo, en bioética si uno es lo que hace y llega un momento en el que no puede hacer nada lo correcto es aplicarle una inyección letal y terminar con el absurdo de una vida-sin-hacer, es decir, una no-vida. Si los embriones no hacen nada, no son nada; si los ancianos no hacen nada, no son nada; si los enfermos mentales, los comatosos, los niños nacidos con serios problemas vitales no hacen nada… no son dignos, no tienen vidas para vivir "con dignidad". Por otro lado, el animalismo postmoderno tiene algo también de práxis: los animales da la impresión de que siempre hacen cosas (es una deformación producto de ver los animales por La Tele, puesto que en realidad no hacen casi nada). En todo caso si nuestra diferencia esencial está en lo interior, lo que no se ve (la percepción de realidad y en nuestro espíritu atemporal, en la capacidad estética, etc.), fijándonos solo en el exterior tendremos un parecido mayor con los animales, o mejor: éstos con nosotros.



Otra consecuencia es el sensualismo. Si un ser humano se siente mujer, independientemente de lo que sea, y se comporta como tal... es mujer; si se siente vasco es vasco, aunque su familia provenga de Sevilla o de Argentina. Ser es cuestión de sentir, porque el sentir lleva a la acción: si uno se comporta (se viste, piensa, habla) como equis, es equis. 



Aplicado al mundo de la empresa al que no hace cosas visibles y palpables se le excluye y se premia a quien logra beneficios o resultados palpables. Hace tiempo (no encuentro dónde) leí a uno de estos gurús empresariales que aplicaba la matriz del Boston Consulting Group para la toma decisión sobre la vida de los productos en función de lo que dan o podían dar a la empresa, a las distintas áreas o departamentos. Ahí se decía que había departamentos a los que se denominaban “estrellas” o -creo recordar- "cerdos", que daban una buena rentabilidad y que debían cobrar por objetivos (planificación estratégica, por ejemplo), puesto que ellos hacían el beneficio a largo plazo; otros podían ser tildados de "vacas", ya que daban todos los días beneficios (ventas, marketing); hay también departamentos “Incógnita” que podían a largo plazo dar beneficios, pero que no los daban en realidad... pero había también departamentos “perros”, que solo gastaban y no aportaban nada al beneficio...


Dejando a un lado la indignidad que es llamar a los trabajadores 'perros' o 'cerdos', siguiendo esta lógica del hacer, a los perros y a las incógnitas hay que bajarles el sueldo y retirarles los recursos, para destinarlos sobre todo a los que hacen, es decir, a los que traen clientes, a los que diseñan la producción. Sobre todo si los directivos están de paso y poco les importan los resultados a largo plazo.

Evidentemente las empresas tienen que dar beneficio, pero no todo en una empresa es beneficio económico. Es hacer que la productividad no sea frenada, e incluso en las empresas meramente mercantiles los "perros" juegan un papel determinante a la hora de afianzar la empresa y la marca, ya que en ellos está la responsabilidad social, la relación con los stakeholders, la dimensión ecológica o las políticas adecuadas de Recursos Humanos. Y en muchos casos están en ellos la misión de la empresa. Reducir una empresa al beneficio es lo mismo que reducir una persona a su patrimonio.


Por último, si seguimos y aplicamos estos criterios del hacer frente al ser a instituciones de espíritu (universidad, educación, Iglesia, arte o política) el resultado es siempre los mismo: eliminación de ideas, reducción de las instituciones a su dimensión instrumental y no a su función social, perder la idea fundacional y trascendente de la educación, la iglesia, etc. y quedarse solo con el poder, el dinero, las estructuras, etc. 

Hay quien cree que la escuela consiste en crear buenos ciudadanos, que la Iglesia está para ordenar la vida de la gente, casar, bautizar y enterrar. Hay quien cree que la política consiste en dar trabajo a "la gente"; el arte para deleite de los sentidos y la Universidad para crear técnicos capaces de operar en el mundo empresarial sin que se les note que son humo. 

Pero esos son los del tener, los del hacer, los que solo les conoces por el resultado de sus obras. Las obras buenas, es cierto, muestran a las personas buenas, pero de ahí no se sigue la reducción de la persona a sus obras. 

(1)  "Nuestras investigaciones positivas deben deducirse esencialmente, en todos los géneros, a la apreciación sistemática de lo que es, renunciando a descubrir su primer origen y su destino final" Comte, A.: Discurso sobre el espíritu positivo§ 13 (Ed. y trad. de Julián Marías), Alianza Editorial, 2000.
(2) Sartre, J.P.: El existencialismo es un humanismo, Ediciones del 80, Barcelona
(3) Guerra, M. Masonería religión y política. Sekotia, Madrid 2012, p.197