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viernes, 22 de diciembre de 2017

La mitad de la mitad de los catalanes

Pero también la inteligencia tiene su manera de amar...


Dos millones (2.063.361) de catalanes han elegido un camino que -en el mejor de los casos - no les va a solucionar nada y que lo más probable es que les lleve a una mayor pobreza, una pérdida de libertades y un aislamiento internacional como no hemos conocido desde el fin de la segunda guerra mundial. Eso de la utopía, de la construcción de Estados nacionales, de la Arcadia feliz que se opone radicalmente a la convivencia, a la fraternidad y a la coherencia más vulgar,

La verdad es que parece incomprensible que la mitad de un pueblo civilizado se olvide de lo bonito que es ir por la calle sin miedo a que te maten, que se olviden de que buena parte del mundo está pasando hambre mientras ellos brindan con cava y que en una masa de dos millones de personas antepongan la utopía a su propio bienestar queriendo separarse de quienes les compran el 80% de lo que producen.

Que haya lunáticos no es ningún misterio, más o menos debe haber un 10% en cada población para que el mundo funcione. El independentismo radical, republicano y comunista, ERC, obtenía siempre eso, entre un 5 y un 10%, y el resto eran moderados, (moderados corruptos, pero moderados).

La pregunta es ¿Qué ha pasado para que la mitad de los catalanes decida apoyar con su voto a un imposible que les traerá la ruina? El análisis facilón es que dominan los medios de comunicación y la educación, pero eso no explica el paso de cien mil votos a un millón en ocho años.

Mi tesis es que nos han llevado a esta situación no la mitad de los catalanes, sino que es la mitad de cada uno de ellos la que ha decidido. Me explico: dicen que el hombre es sentimiento y razón (es mucho más), pero este sentimiento y razón es un solo acto, solo que a veces prevalece lo sentimental y a veces lo racional, dependiendo en el ámbito que estemos. Lo que ha ocurrido es que ha decidido el sentimiento y no la razón en un espacio donde debe primar ésta última. La razón –que busca el orden, la paz, la economía, la serenidad- ha perdido en las elecciones internas de esos dos millones de catalanes, ha ganado el sentimiento, que no es malo que gane a veces, sobre todo en los espacios donde debe ganar, por ejemplo, en el amor sería inadecuado usar el cálculo para saber con quién compartiremos nuestra vida. Cuando es el sentimiento y no la razón  la que domina en casi todos los ámbitos estamos ante un adolescente, ante alguien que hace tonterías “porque lo siente”.

Es posible que el ser humano haga tonterías cuando es adolescente, o en la edad adulta cuando está bajo presión, cuando no tiene lo suficiente para vivir, cuando sus derechos están amenazados, pero no es nada explicable que el sentido común no aflore en momentos como este, en los que una clase política se decide a esa aventura incierta de la independencia cuando otros dos millones no la quieren ni de cerca.

Ha fracasado Kant, la ilustración, la civilización y ha ganado el campo, la barbarie, la tierra y el baile tribal, los lazos de sangre y el sentimiento paleolítico de amenaza exterior.

Si los catalanes estuviesen en la miseria y en el resto de España se viviese a lo grande; si hubiese cientos de detenciones arbitrarias cada día; si tuviesen miedo de salir a la calle; si les prohibiesen hablar su idioma, bailar la sardana, hacer torres humanas o hacer calçotadas; si hubiese inspectores de una policía política en busca de disidentes de un Estado totalitario y en constante guerra contra los enemigos internos... en ese caso sí entendería que votasen liberarse del enemigo opresor y lanzarse por la senda tenebrosa de la independencia y de esos años de búsqueda progresiva del reconocimiento internacional, del aislamiento, de la apertura de nuevos mercados mientras la miseria y el paro crecen, las fronteras de la UE se cierran, se les expulsa del euro y la cae empicada la competitividad. 

Pero nada de esto se da ni se ha dado. En Cataluña no hay ninguna persecución, y si la hay son los independentistas los que persiguen a la mitad no independentista, y no al revés. La Generalidad ha puesto más de mil multas lingüísticas (¡multa por hablar como te dé la gana!) y muchos catalanes han tenido que recurrir a los tribunales para exigir su derecho a ser escolarizados en castellano. La represión siempre viene del  lado independentista y solo una vez, el 1º de octubre, el Estado reaccionó, tras cuarenta años de olvidarse de los derechos de los catalanes que quieren hablar castellano o rotular su negocio en la lengua que les venga en gana, por ejemplo. 

La Generalidad tiene el control de los funcionarios, de la policía, de la televisión, de la educación, de la universidad y de la cultura; millones de euros se van a la promoción del idioma y de la cultura catalana marcando la diferencia de la cultura del resto de España, y sin embargo, no se sienten del todo independientes. Y a mí me parece bien, es un sentimiento, quizá uno pueda pensar que estarían mejor sin el resto de España, pero me parece una demencia hacer de esto un "proceso" o poner en peligro aquellas cosas que han costado sangre sudor y lágrimas por ese sentimiento de querer ser más independientes.

A mi particularmente me gustaría que Portugal formase parte de España, pero aunque mi sentimiento fuese compartido por la mitad de los portugueses y la mitad de los españoles no se me ocurriría invadir Portugal. Así de sencillo, porque el sentimiento no puede moverme a poner en riesgo la seguridad, la economía y la justicia. Seguiré yendo a Portugal y, como es Europa, casi no se nota que es otro país. Pues lo mismo deberían hacer esos catalanes que quieren separarse. 

Pero está claro que visto el problema solo queda enfrentarse a él con sentimientos y no con razones, de ahí el acierto de Ciudadanos: un corazón con tres banderas (deberían haber sido dos, a mi juicio sobraba la europea), pero les ha faltado el relato de todo lo que nos une: las vacaciones en Madrid, o en Mallorca, o en Galicia, las cañas, la alegría de ser españoles, la selección, el orgullo de nuestra historia en común, el recuerdo de los abuelos andaluces o extremeños, las montañas de Aragón, Cuéntame, la EGB y el flamenco de Peret.

Y el fracaso del PP estaba cantado: no se puede oponer al sentimiento razones, ley, orden. Y si lo quieres hacer debes antes hacer que la gente se olvide del sentimiento, es decir, gobernar un año dos o los que hagan falta hasta que los ánimos se calmen.

jueves, 12 de marzo de 2015

Manifestaciones y elecciones

Me cuenta mi amigo César que había muchísima gente en la manifestación de Podemos y que eso es que van a sacar muchos más escaños de los que imaginamos. 

Nada de Argumentos. Comparemos imágenes.


Foto 1: Manifestación en conmemoración de las muertes de Franco y José Antonio Primo de Rivera de 1981. Ganó el PSOE por mayoría absoluta.

Foto 2. Manifestación de Podemos de 31 de enero de 2015

Conclusión: son cosas distintas las calles y las urnas....



miércoles, 24 de septiembre de 2014

Adiós PP



Se acabó, el PP. Se acabó por su propia corrupción y su manera de hacer política. Recuerden el día: 23 de septiembre de 2014 el día de la retirada de la reforma de la Ley del Aborto. El poder les ha cegado tanto que se han olvidado de simular su ideología. El error ha sido tan grave como si la empresa de antivirus Panda reconociese que los virus los generan ellos incrustados en sus programas antivirus. No es un error, es simplemente su final: si no eres capaz de transmitir que tu diferencia es real, que haces cosas por tus clientes y -por lo tanto- eres confiable y mereces su dinero... simplemente caes, desapareces. 

Caerá el PP y se refundará o desaparecerá para generar otro monstruo similar; con sus clientelas y su cúpula de intocables y poderosos. Mientras tanto el PSOE aprovechará y gobernará unos años hasta que la la jueza Alaya y los medios de corrupción social (o de comunicación)  le afecten tanto que tenga que dejarlo... y comience el ciclo de nuevo. Como ocurrió cuando los ministros y los altos cargos socialistas fueron a la cárcel (curiosamente con Garzón, el perfil similar a Gallardón en el PSOE) y tardaron un tiempo en volver a ser un partido fiable, poco a poco salieron de la cárcel y no devolvieron ni un euro de todo lo robado...  

Quizá ya no puedan limpiar la imagen de nuevo, y el Movimiento de Pablo Iglesias, Ciudadanos o UPyD cojan el relevo, pero en todo caso serán afectados por la corrupción, porque la propia estructura de la democracia, de esta democracia, está podrida.

Pero volviendo a lo nuestro, a la debacle del PP va a comenzar por la pérdida de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid, más gente sin escaño, sin sueldo equivale a más "críticos". Y sin ideología y sin dos o tres grandes caerá.

Y esta previsión no es un deseo, realmente me da igual quién gobierne o qué siglas desaparezcan. Los tiburones de uno y otro lado se mantienen a flote. No veo ninguna diferencia, como no la veo entre los jugadores del Madrid y del Atlético. Quiero decir que si mañana todos los políticos del PP se pasan al PSOE (o todos los de un equipo de Madrid al otro) no cambiaría casi nada. Dicho de otro modo, son el mismo Partido Único, que tiene dos marcas, una de alto nivel y otra blanca. El PSOE es la blanca, para pobres, para paletos, para obreretes con tatuaje en el tobillo, para los que veranean en la costa de Alicante y -sin embargo- el PP es para los que van a Santander, pijos de flequillo ellos y ellas de melenita rubia. Es cierto que ya está todo muy mezclado, y te encuentras a un votante del PSOE en Baqueira, ya: pero lo que quiero decir es que realmente PP y PSOE no marcan dos ideologías sino dos "sociologías". La ideología es única: ecología, multiculturalismo, animalismo, género, malthusianismo, positivismo, relativismo moral, laicismo y hedonismo. Y en estos asuntos, que son todos, uno y otro no se diferencian lo más mínimo. La ayuda al desarrollo, la política de sanidad, cultura, educación, defensa, etc. no cambia con un partido u otro, por mucho que los discursos choquen. Realmente son solo discursos, porque al final todo termina igual, es decir, se quejan del aborto o del matrimonio entre sodomitas o por la Ley de Memoria Histórica y después, cuando tienen la mayoría absoluta no cambian nada.

Y sé que nos cuesta creerlo, es como si intentase convencer a alguien que un Mercedes no es mejor que un Seat. Lo que ocurre es que la publicidad entra tan a fondo en nuestras conciencias que seguimos pensando que son diferentes, los del PSOE creen que hay más corrupción en la derecha, los del PP en la izquierda (y aquí unos y otros dicen "se equivoca, realmente hay más corrupción en el otro, mira los ERES / Gürtel")

Queda claro entonces que esto que ha pasado con el PP no tiene que ver con el aborto, tiene que ver con el ansia de poder de Gallardón. Alberto Ruiz Gallardón es tan partidario del aborto como Rajoy, lo que pasa es que quería ocupar su puesto y éste Rajoy lo tenía reservado. Con o sin la ley de Gallardón íbamos a tener los cien mil abortos anuales y legales, porque no se pensaba en reducir el aborto hasta cero, sino en cuestiones tangenciales que no alteraban sustancialmente el resultado**. Y aquí no hay democracia, es decir, ni se planteó ni se plantea el tan mentado "derecho a decidir" porque si hubiesen convocado un Referendum en el año 85 hubiese salido que no. Es una imposición viene de la parte más alta de la pirámide del poder. 

Los partidos, como todas las estructuras de poder tienden a ser corruptos, tienden a destruirse, a generar luchas intestinas, y es normal que pase en el PP como está pasando con el PSOE, CiU, PNV, etc. Y no se me diga que en esos partidos hay gente buena. No la hay. Todos y cada uno de los que tienen un sueldo en los partidos estatales están corruptos*, no los afiliados ni los votantes, que son los grandes engañados. 

La corrupción es la mundanización de las ideas, cuando un grupo humano que tiene un fin trascendente se mete demasiado en el mundo y empieza a valorar lo práctico antes que lo ideal se convierte en corrupto, porque el orden lógico es claro: primero lo ideal y después lo práctico para poder poner en marcha las ideas. Nunca al revés.

Y se dirá que soy un idealista, que el mundo práctico va por delante, etc. Son pensamientos propios del clima de corrupción que tenemos. El orden es evidente: primero lo espiritual, primero las ideas, primero el amor, primero, el arte, primero el conocimiento, primero Dios, etc. y esas ideas mueven las cosas materiales de manera fácil y sin problemas. La Iglesia no es la suma de edificios y la jerarquía, una Universidad no es un campus y sus profesores a sueldo.

Si pensamos en estructuras de poder, nuestro pensamiento es corrupto. Por poner un ejemplo cercano, pongamos que los directivos de un colegio se olvidan de su misión trascendente de educar en los valores rectos y enseñar a las nuevas generaciones a ser personas íntegras ¿en qué se convertirá? en una empresa que tiene que ser rentable, como todas las empresas. Pero inmediatamente después pasará a querer ser más que rentable, y a toda costa, entonces buscará ganar dinero por medio de honorarios poco honorables y robando dinero a los padres cobrándoles un poco más por cada servicio que ofertan, subirá los honorarios, obligará a comprar tablets a todos los niños y despedirá a profesores para ganar más, contratará fuera de la ley, etc. Es decir, hará todo lo imaginable para ganar mucho dinero en poco tiempo, sin importarle la educación. Entonces vendrá la crisis: poco a poco irá perdiendo alumnos hasta no ser rentable. Entonces toca la regeneración por venta, reforma traumática (ERE) o el cierre. Así de sencillo. Mientras, con los bolsillos llenos se irán los corruptos y vendrán otros.. ley de vida. 

Y podemos poner ejemplos y ejemplo, en el que estamos, en el del PPSOE, está claro que ambos han abandonado sus ideas hace muchos años y que han transmitido esta falta de ideas a sus votantes; solo unos pocos militantes nostálgicos quieren que el Partido Socialista sea socialista (con los "trabajadores", en defensa los intereses de las clases bajas, para acabar con ninguna injusticia, etc.), y que el Partido Popular sea de derechas (que en La Tele no haya sexo a ciertas horas, que sus ministros vayan a misa, que no haya aborto y se ayude a las familias, que se trabaje por la unidad de España, la dignidad del Ejército, que se encarcele a Arturo Más, etc.)  

Pero ya no. Los partidos son, sobre todo, elementos mafiosos tradicionales que saben que necesitan parecer socialistas, derechistas o nacionalistas cada cierto tiempo y con el discurso y la imagen para que los ciudadanos, idiotizados por El Fútbol y La Tele, participen en esa absurda ceremonia de colocar sus papelitos en las urnas y así repartirse el pastel de IVA e IRPF.

Ante este panorama, consejo: no vote, no hable de política, no siga el juego de los partidos, no colabore, rompa el cable de La Tele


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* Es corrupto aquél que cambia ideas por poder o dinero. Ideas que no considera trascendentales pero que lo son, por el hecho de ser ideas.
** La pregunta sobre si es mejor una ley de plazos o de supuestos, en otro contexto podría ser así: ¿Se debe eliminar directamente a todos los judíos que se detengan o se debe matar solo a los que no puedan trabajar? Es cierto que el trabajo en los campos salvó de la muerte a muchos judíos, porque no aplicaron una ley de plazos y "solo" una ley de supuestos: los malformados y los débiles, los niños y las mujeres fueron primero, solo salvaron a los fuertes, a los que podían trabajar...

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Podemos

Imagen de Periodista Digital


Jorge Verstrynge me contaba en el contexto del curso de Liderazgo que estábamos preparando para la Universidad Complutense cómo hizo para convertir a Alianza Popular (que era un partido con el 6% de los votos)  en un partido con posibilidad de tocar poder. 

La estrategia es la que se conoce como "Guerra Total", y consiste que que cada miembro del partido, cada sección, cada recurso, se movilice durante el periodo NO electoral como si se fuese a votar mañana. Hay que estar todos los días en los medios, en las redes sociales, en la calle por una cosa u otra. Hay que tener imaginación para hacerlo. Hay que inventarse un debate, hablar de cualquier cosa, decir que te gusta la música clásica o los Rollings, ir al fútbol. Lo que sea. También vale meterse con el Papa o cometer alguna falta. Decir que van a fusilar a todos. O decir que van a cerrar los conventos. Insultar o usar lenguaje inapropiado. La cosa es estar. Salir por La Tele. Y sobre todo seleccionar a los voceros de la derecha que apoyarán a Podemos con sus réplicas.

Así tenemos a Intereconomía, a la 13TV, a El Mundo y La Razón atacando todo el día a Podemos y colaborando en su ascenso. No hay día que abra mi Facebook y me encuentre tres o cuatro amigos indignados con las cosas que hace esta formación*.

Y el efecto que se logra es evidente: aparece como posibilidad de gobierno. Hasta Esperanza Aguirre les dice: "cuando ustedes gobiernen (...) lo que van a hacer es...". Y es entonces el éxito del vendedor: cuando logra que su cliente imagine que ya ha comprado. En política solo tiene posibilidades de tomar el poder el partido que logre que mucha gente lo imagine gobernando, y no sienta miedo.

Lo que quiere Podemos es un absurdo, una dictadura comunista en la Europa comunitaria tiene muy poca cabida, y menos en plena recuperación económica, con las amenazas de Rusia y del Islam.... Pero fieles al lema del capitalismo: "pase lo que pase, nunca pasa nada", todos esperamos que se lo coma el sistema, como siempre se ha comido a sus depredadores. Aunque a mi me da que no va a ser así de fácil... y quizá los servicios secretos tengan que simular un accidente, como ya lo han hecho otras veces. 


* Fíjense, siguiendo los enlaces, que no hay noticia, es decir, que solo son declaraciones contra declaraciones, palabras, sin datos.

jueves, 31 de julio de 2014

Israel 5 Palestina 1


Últimamente veo noticias escandalosas sobre lo malos que son los judíos. Otras sobre lo malos que son los palestinos. Unos y otros se encargan de mostrar al mundo, de mostrarnos, las atrocidades de una guerra desproporcionada. En las redes sociales. los medios de comunicación y en el mundo tradicional es muy significativa esta bipolaridad futbolera entre los partidarios de exterminar a unos o a otros.

Tengo amigos de extrema derecha que defienden a Palestina (frente al "sionismo") o a Israel (contra los "moros"), algunos de izquierdas defienden a Palestina (contra EEUU y el capital) y otros a Israel (por las libertades); los moderados de izquierda y derecha defienden cada uno lo suyo por razones opuestas. No he encontrado aún la regla que hace que unos sean antisemitas y otros antipalestinos. En las guerras mundiales los germanófilos eran gente con más carácter, más marcial y militar; y los francófilos más amanerados. Pero ahora no. Me encuentro a gente muy blandita, pacifista, partidaria de todas las liberaciones imaginables y de la igualdad entre sexos que apoyan a los palestinos sin pestañear. Y a tipos de dos metros paramilitares que deberían estar con la fuerza judía convertidos también en defensores de esos pobrecitos terroristas que con el dinero que les mandamos no tienen ni para lanzaderas.

Y yo veo las barbaridades de un lado y del otro y procuro no tomar partido. O para ser más exacto, mis simpatías están más con los franciscanos de Jerusalén que con todo lo que les rodea.  

Esto quiere decir dos cosas: 

1. Que mientras los palestinos estén aliados con el Islam (retroceso económico, imposición de ley religiosa a la sociedad civil, castas, ataque a otras religiones, pérdida de derechos de las mujeres) será absurdo defenderlos en nombre del derecho de los pueblos a su independencia y libertad, porque los pueblos no tienen derechos, sí las personas que viven en ellos.

Retirarse de Irak, Siria o Afganistán y no proceder a un gobierno colonial es un error que deja a los moderados, a las mujeres, a los miembros de otras religiones, entre ellas las cristianas, en la más clara indefensión, como está ocurriendo en Irak.

2. Que mientras los judíos ocupen territorio aduciendo razones históricas y raciales, mientras no permitan la libertad de culto, los derechos de los palestinos (uno a uno, no del pueblo) a vivir en su territorio y a trabajar en igualdad de condiciones que un judío, etc. No debemos aceptar que la guerra que presentan es una guerra justa. No lo es. Pero no por la desproporción, ni por el número de víctimas, simplemente porque las ideas que llevan a la formación de Israel son contrarias a la razón y a la naturaleza humana. 



En definitiva. Todas las barbaridades que veamos en la guerra son la lógica de las ideologías cerradas del islamismo y el sionismo. Las lágrimas y la desolación no son producto de los judíos / palestinos [táchese lo que no proceda], sino de las ideas destructoras nacionalistas de un lado y del otro, de la intolerancia religiosa, de la falta de desarrollo moral.

martes, 11 de junio de 2013

Educación y Estado Totalitario de Bienestar


En tiempos de crisis todos quieren cambiarlo todo pero nadie cambia nada. En estos tiempos se dice que nos sobran políticos, que el Estado de las Comunidades Autónomas es caro e ineficiente, que sobran asesores, etc. También se dice que hay demasiado control del Estado, que se mete en todos los aspectos de la vida. Y entonces da la impresión de que las mayorías quieren a) que haya manos funcionarios y políticos y  b) que el Estado se limite a administrar lo público.

Pero no. Ni una cosa ni la otra. En el fondo la grana masa quiere (a) que haya muchos funcionarios (a todo español alguna vez se le pasó por la cabeza ser funcionario) y la crítica a las macroadministraciones esconde la envidia a la vida cómoda y tranquila de quien, pase lo que pase, se va a casa a las cinco y cobra el día 30. Y (b) también les parece bien que el Estado les regule su vida privada, que esté ahí como una ética externa, que haya tanta policía como sea necesaria para mantener el orden. 

A la gran mayoría le parece bien que el Estado y  una masa ingente de funcionarios (un 11% de la población activa) controle todos nuestros movimientos y gracias a ellos fumemos menos, nos pongamos más el cinturón, usemos preservativos y comamos menos grasas. Así, dándonos agua cuando tenemos sed, dándonos pan cuando tenemos hambre y salud cuando estamos enfermos, y refugio..., el Estado nos salva y Él sabe mejor que nosotros qué es lo que necesitamos. 

La omnipresente Tele, el Ente público,  se enciende para lanzarnos ideas sobre los vicios permitidos y las virtudes sociales. Y nos propone que junto con la escuela y la Universidad sean motor de cambio, eufemismo que viene a ser algo así como que nuestro papel es el ser los grandes manipuladores de las conciencias, es decir  ser la voz del Gran Hermano. 

Nuestra educación está tan intervenida por el Estado que nadie en España puede crear centros educativos o enseñar lo que quiera a sus hijos. Si quieres crear un centro privado el Estado te dice todo lo que tienes que hacer desde que abres por la mañana hasta que cierras ¿Por qué razón tengo que enseñar a mis hijos flauta, aritmética o las tonterías que se enseñan en Conocimiento del medio y no latín, griego, arameo, cosmología, astronomía, horticultura, psicología, piano, por ejemplo? ¿Por qué tengo que estabular a los niños junto con otros cinco horas al día? ¿Y si prefiero que estén en casa? 
El Estado regula qué cuándo, a qué edad, en qué tiempos, quiénes, dónde, qué y para qué se estudia... 

Sé que piensan que está bien, que es necesaria una educación así, etc. etc. porque los padres somos menores de edad y no sabemos qué es lo mejor para nuestros hijos. Pero eso lo piensa porque le han impedido pensar libremente, responsablemente. 

No es necesaria la manipulación general de las conciencias de nuestros hijos, no: lo único necesario es la libertad, la educación es tarea de los padres. El Estado no debe meterse en ello para nada (sólo en caso de violación de derechos humanos puede ser garante de  los derechos de los niños a la educación, pero nada más) ¿Es que alguien piensa que el Estado quiere la mejor educación para mis hijos?

Recordemos que el Estado lo forman las instituciones democráticas que controlan los partidos políticos nacionales y los autonómicos, partidos que cobran comisiones a todos los que hacen gasto al Estado, que se enriquecen vulgarmente y que han ido demostrando a lo largo de 40 años de democracia que son unos inmorales. 

Recientemente hemos podido ver en el caso de los ERES de Andalucía, los Gürtel de Madrid, de Valencia y de las dos Castillas y el tres por ciento de Convergencia, los negocios de Puyol, el Palau, los chanchullos con el dinero del parlamento vasco para pagar homenajes a criminales, a un diputado canario en un club de alterne de Madrid, o esos Consejeros en un club de Rusia; los chanchullos de Pepe Blanco con las concesiones, los escándalos de los aviones militares para llevar a gente de compritas a Londres, los asuntos muy muy turbios de las Cajas de Ahorros, que repartían dinero a los partidos y ellos mismos se colaban por leyes autonómicas en los Consejos de Administración, cobrando lo indecible, llevándose comisión y además favoreciendo al partido o al sindicato dándole préstamos a fondo perdido, hemos visto a jueces untados por banqueros, a jueces vendidos a los partidos que son capaces de lo que sea para pagar los favores a los políticos, hemos visto también en el pasado cómo el Ministro del Interior, y el Director General de la Guardia Civil, se llevaban el dinero de la Seguridad del Estado a su casa, y cómo el Vicepresidente y su hermano saqueaban Andalucía, hemos visto a sindicalistas que robaban el dinero de las casas de protección oficial del Plan Socialista de Vivienda, a sindicalistas que lucían Rolex y vivían en casas de Protección Oficial. Y por último estamos viendo los trapos sucios de la Familia Real: al rey de golfillas por África y a su hija y a su yerno robando a dos manos con o sin consentimiento pero no sin conocimiento del monarca, abortos en la futura reina, divorcios, drogas, etc. etc.. 

Y eso que mi memoria es muy mala y no tengo televisión, pero en todo caso son datos suficientes como para saber que el Estado no está capacitado para velar por la educación moral de mis hijos, y en cuanto menos entidad tenga, dada la corrupción que genera, mejor para todos. 



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martes, 26 de febrero de 2013

Ciberidiotas



¡¡¡¡Cuánta indignación y cuánto solidario!!! ¡¡¡Con la que está cayendo!!!

Hartito me tienen los que quieren imponer la censura previa en Twitter, y les encantaría poder hacerlo en la vida real. Les encantaría poder callar a todo el que no "piense" como ellos. 

Digo "piense" entre comillas porque eso de Twitter más que pensar es retuitear trozos de pensamientos. Twitter usado por la política es el lema de antaño, la canción, la idea suelta convertida en piedra insultante o halagadora del líder. La idea retiuiteable es consigna, pintada, grito... Esto de partir el pensamiento en trozos es vieja práctica de los totalitarismos. Cuando se carece de pensamiento lógico, esto es racional, articulado, riguroso, a uno le basta con retuitear pensamientos y queda de maravilla entre los propios.

Uno de los peligros de Twitter es precisamente esto, que sirve de altavoz a esas cabezas que decía Machado que embisten y no piensan, 

Es gracioso cómo se ponen de farruquitos cuando les atacas a alguno de sus dogmas o ideas-fuerza. Aparecen miles de  cibertontos, refugiados en el anonimato de sus habitaciones que en vez de estudiar y convertirse en señores respetables se dedican a vaguear por la red, a ver el fútbol, la música, a leer-se a sí mismo duplicado en clones retuiteados y retuitentes.

Su ego se inflama cuando tres colegas (followers) retuitean una ordinariez. Aspirantes a ciberperroflautas dedicados al juego del enfrentamiento de pacotilla con tientes marxistas. (Si Marx levantara la cabeza se moriría al ver la caterva de tontunos burguesitos que le nombran jugando a la guerra civil pero desde casa). Obreretes de coche tuneado, de Iphone5 robado, de zapatillas de 500 euros, esos de la última fila del instituto público de un pueblo de Andalucía. 

Quejicas. Llorones que cuando el Estado les daba de todo aquí nadie movía un dedo, los que en vez de buscar trabajo, montar empresas o estar estudiando están calentitos en sus cuartos esperando la cena y montando la revolución subvencionada y televisada.

Y atacando. Atacando a todo el que no llore como ellos. De la manera más fea y más baja. Porque ellos -en el ciberespacio- no tienen educación. Y la culpa la tengo yo. Claro.

La culpa la tenemos todos, nunca ellos. La culpa Bush y Aznar, Franco, Hitler y el Papa.

Y ellos nada. Nada de nada. Si suspenden, por los recortes. Si se quedan sin trabajo no es por su pésima formación ni por no ir tres lunes al trabajo por la resaca que tenían, ni por meter la mano en la caja.... No, es por Acebes, Esperanza Aguirre y Sánchez Dragó.

Sus presuposiciones: que todos les tenemos que dar de comer, de beber y que tenemos que pagarles la tarifa plana del Delfin de Orange. Y la tele de plasma para ver el fútbol, la música, la bebida y algo más

¡¡¡Pobrecitos desarrapados del sistema!!!  

Calimeros que nadie les hace caso y tienen que emigrar como Paco Martínez Soria. Pues ¡que se vayan! Y que se queden aquí los que estén dispuestos a trabajar, a buscarse la vida, a estudiar. 

viernes, 25 de mayo de 2012

#EsperanzaHijadePuta.


Twitter "clama"  #EsperanzaHijadePuta. TT durante el partido. Poca educación y sentido común de los mandamases Movimiento (#15M).

Entiendo que haya gente de izquierda. Desde el ala moderada (Rosa Díez) a la más radical (Arnaldo Otegui). Pero una cosa es ser de izquierdas y otra muy distinta es ser idiota y me parece a mi que la Estupidez, que antes era apolítica, y no se casaba con nadie se pasea ahora por la izquierda a sus anchas.

Eso de un español antiespañol tiene su gracia. ¿Un tipo de Leganés antiespañol? Los comunistas chinos son prochinos, los venezolanos provenezuela, y los comunistas de aquí... son antiespañoles ¡pero si no se puede! ¿Cómo vas a tú ser anti tú? ¿No te das cuenta que si no fueses español no podrías quejarte de lo que hacemos los españoles?

- Ah, sí, es que quieres ser español de otra forma... ¿Pero no te das cuenta de que eres español ahora, de la única forma que ahora se puede ser español? Porque no se puede ser del futuro o del pasado. Si naces en el siglo XI podrías ser aragonés, castellano o navarro "solo", pero si naces en el XX... ya no. ¿que quieres que sea de otra manera? Pues lucha, como español, por segregarte. Pero puedes luchar por ser español...



En Twiter hoy había miles de idiotas atacando a su televisión, la de todos, por subir el volumen de su himno, del himno de todos porque unos pocos querían hacer vilencia contra él. Y resulta que es censurar permitir oir lo que suena, lo que tiene que sonar, para evitar que se oiga lo que no tiene que sonar.


No entiendo de fútbol pero entiendo de libertades: aquí hay unos señores que juegan al fútbol y ganan un dinero considerable en la liga española voluntariamente. Y otros que van a verlos VOLUNTARIAMENTE. Que yo sepa no hay ninguna Ley que obligue a un equipo a jugar, a existir. De hecho yo me he enterado del partido por la polémica y porque he visto a gente vestida de rayas.

Cuando hay libertad podemos hacer muchas cosas: jugar en la liga española, o no. Es tan sencillo como abandonar las armas, saltar, aplaudir o gritar. Actos libres: Jugar/no jugar, matar/no matar, gritar/no gritar. ¿Sencillo? ¿Verdad?

Pero si juegan, juegan en la Copa del Rey de España y se toca el himno de España. Y si no lo quieres escuchar no juegas, o no vas. Si matas te persigue la policía. Si gritas te oyen. Puedes querer cambiar lo que hay, y trabajar para ello, pero viviendo en la realidad. Y la realidad está impregnada de causas y efectos que con la razón unimos: las cosas reales están todas sujetas a estas leyes.

Por ejemplo, si quiero cambiar la forma del Estado tendré que lograr los votos suficientes para ello. O hacer una revolución. Pero mi revolución no puede consistir en hacer como si de las causas no tuviesen necesariamente que venir los efectos.

Creo que estos lodos nos vienen de que llevamos mucho tiempo (200 años) aguantando un discurso irreal, romántico y decimonónico, este discurso idealizado del país vasco y de Cataluña. Un discurso  que presupone existente lo que no existe, y a base de repetirlo creen que se hace realidad. No sé si históricamente hay algo que se pueda llamar así, lo dudo, lo que sí sé es que hoy no hay nada, y que a base de repetirlo han hecho creer a una generación de la existencia de hechos diferenciales: razas, derechos, lenguas o identidades que no existían más que en la imaginación de montañeses y en los museos allá por el siglo XIX y que hoy son absurdamente anacrónicos y que sólo sirven para perpetuar este sistema de politiqueos que nos está llevando a la ruina. 

No entiendo cómo la izquierda, tan dada a lo progre, al futuro, admite a estos mangantes filonazis del pasado (Bildu, ERC,  CAGALEUS por si alguien duda) como sus amigos  y juntos se ponen a tirar piedras contra el tejado de todos.

¿No sería más lógico que como indignados se indignasen primero contra quienes han creado chiringuitos innecesarios? ¿No es más progre trabajar por el futuro común multicultural antes que defender los privilegios de la raza?

Y esto pienso mientras el pueblo tuteriano dice: #Esperanzahijadeputa y #Gol, con el mismo énfasis.

viernes, 4 de mayo de 2012

Pio pio (twitter) que yo no he sido. La falta de responsabilidad

Cuando oigo a los políticos pedir austeridad, control de la deuda, honestidad y ahorro me pongo a temblar

¿Pero no son ellos los causantes de la crisis, el despilfarro, la política de nuevo-rico que hemos llevado y votado? ¿Pero no ha competido el alcalde de Villarriba por tener una glorieta más grande que el de Villabajo? ¿Pero no han sido ellos los que han gastado miles de millones en obras inútiles? ¿Por qué razón un político debe endeudarse?

Cuando oigo a los de ETA pedir la paz, el fin del "conflicto", el acercamiento de los presos, el fin de la "vía policial", etc. no dejo de preguntarme

¿Pero no será más lógico entregar las armas, entregarse a las autoridades, perdir benevolencia a los jueces (no a los políticos) y dedicarse a trabajar, como todos, una vez "pagando" sus "deudas" con la justicia?

Cuando oigo a los maestros, profesores de secundaria, a los profesores de universidad hablar de fracaso escolar, de pérdida de la autoridad docente, de crisis en la educación pienso en que son ellos los que podían solucionarlo

Pero este mensaje va dedicado, como el de ayer, a los periodistas:

¿Por qué quejarse de la falta de garantías y libertad del gremio si son ellos, han sido ellos, los que han dejado que se convierta en una profesión que cualquiera que sepa escribir pueda ejercer, es decir, no especializada.

¿Por qué han dejado que se politice hasta el punto de no poder acceder a puestos de responsabilidad sin una ideología muy marcada? ¿Por qué idolatran a quienes más se escoran hacia la izquierda o la derecha, perdiendo toda parcialidad?

viernes, 13 de abril de 2012

Yo quiero más recortes


En la Parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) se plantean tres formas de actuar con el dinero que administras. Las dos primeras posibilidades son similares: invertir y sacar beneficio. No es que haya que ser un capitalista redomado para afirmar que lo que hay que hacer con cualquier cosa es que crezca, que dé fruto. Los dos primeros hiciero bien.

Pero el tercero de los siervos lo enterró y se lo devolvió al amo "intacto"...  Cosa que en esa mente que quiere que todo mejore y dé fruto no es aceptable, al menos se debe dejar en un banco para sacar un poco de interés.

Ni en la mente de Dios estaba la posibilidad de que los tres siervos se dediquen a gastar primero lo que tienen y luego lo que no tienen, a prestarse, ayudarse, tapar sus pérdidas, a pedir refinanciaciones, a comprar terrenos hipotecando los que tenñian, etc.

No cabe la posibilidad de que los siervos gasten su dinero y tres veces más, y encima al volver el señor le pidan más dinero, porque si no, afirman, te denunciarán... y tendrás que pagar más.

A los políticos les confiamos nuestro dinero, nuestras pensiones y nuestra Seguridad Social y se montaron una serie de organizaciopnes, ideas, bancas, préstamos, deuda, etc. que les permitió gastar y gastar... 

Y cuando se destapa el pastel, los mismos que lo han robado nos piden recortes.

Pues bien, que se recorte.

  • En políticos: que sean embargados todos los bienes de todos los implicados en administraciones deficitarias, desde el primer ayuntamiento, el de Madrid, hasta el último
  • En los ministerios. Cierre y subasta de los bienes de Cultura, Educación y Presidencia
  • En los medios de comunicación públicos: venta directa de todos los medios de difusión públicos distintos al BOE y a las páginas web de los ministerios
  • En la Publicidad: prohibida tajantemente toda publicidad institucional, desde las campañas de concienciación hasta las de información y autobombo. Si el ciudadano no va a la información es que no le interesa.
  • En los sindicatos, patronales, fundaciones, asociaciones, entidades semipúblicas, consejos de la juventud, ateneos, entidades deportivas, etc.
  • En la formación no obligatoria, desde la Universidad hasta los cursos a funcionarios, a trabajadores, a parados, a jubilados, etc.
  • En los partidos políticos y las campañas electorales. Pero no un 10% sino un 100%. Quien quiera partidos, que los pague
En definitiva, recórtese por la línea de puntos primero.
Luego déjese de comer el tarro al ciudadano con su dinero.
Y finalice el asunto eliminando los centros de reunión de vagos y ladillas sociales.

Y que nadie confunda el Estado de bienestar, con las maniobras de ingeniería social e ideológica que hemos venido sufriendo.




martes, 27 de marzo de 2012

¿Y tú? ¿Por qué no hacer huelga?

Circula por ahí, y reproduzco, un panfleto anónimo viral, preparado para enviar por correo electrónico que tiene todas las grandes artes de las propagandas filonazis de los comités locales comunistas de antaño.

Sé que no tienen remedio, que no sirve de nada criticarlos, pero lo hago porque me enerva el cinismo, la chulería, el insulto a la inteligencia, la trasnochada visión deforme de la realidad donde hay patrones opresores y obreros oprimidos, hadas y brujas. La decimonónica conciencia de clase -ya extinta- y mala conciencia del "esquirol"; la absurda idea de que los socialistas son gente pacífica, bonachona y que los que ejercen la violencia son los de la derecha... Como si Pol Pot, Castro, Carrillo o Stalin fuesen santones y sus genocidios epidemias crónicas...

En definitiva, es rescatable porque es el último panfleto del siglo XIX, principios del XX.

Si fuese del XXI ¿qué diría?

- Que el comunismo no funciona, como bien dice BXVI. Nunca funcionó. Es un regimen atroz. Inhumano.

- Que los sindicatos "mayoritarios" se han quedado solos, que los obreros no les dan un duro y que viven del Estado liberal, burgués y no sólo no les importa, sino que matarían por seguir chupando de la gran teta estatal.

- Que la convocatoria de huelga está pactada y es simplemente la manera que tienen los sindicalistas de justificar su sueldo; que fue el propio Rajoy quien les pidió el paripé para demostrar ante Alemania y Francia que la reforma era "muy dura".

- Que ha sido un gobierno de izquierdas quien ha traído los cinco millones de parados y que si hubiese sido de derechas hubiesen sido quizá cuatro y medio o cinco.

-Que la corrupción de la izquierda y la de la derecha es directamente proporcional al poder que tocan, sin diferenciarse unos y otros más que en las formas (que no en los fondos)

-Que la corrupción de los sindicatos es y ha sido escandalosa. Sólo con lo que se llevaron con el Plan Socialista de Vivienda (¿recuerdan a la UGT y a CCOO robando las casas de los obreros?) ya vivirían de lujo, pero son organizaciones que sacan dinero de los fondos de la Fundación Tripartita, la falsa formación a empresas, los falsos ERES, el PER, los falsos CFP, los planes de igualdad, el salario arrancado a la empresa por Ley, etc. etc. Además de lo que les toca "legalmente". Los fraudes de los sindicatos son tales que superan su patrimonio, que -por cierto- se lo dió el Estado como compensación a las expropiaciones de antes de la Guerra. 

-Que la UGT fue una organización terrorista que tuvo sus checas repartidas por todo el territorio nacional, donde se torturaba y se asesinaba a españoles sin juicio y sin la mediación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. No hay que olvidar también que hubo expropiaciones previo fusilamiento de los legítimos propietarios.Y que esos asesinatos y esos robos de antes de la guerra  les permiten tener ahora un patrimonio, porque luego les fue "devuelto".

-Que no hay que escribir la arroba en el género, que se entiende que el amigo puede ser amiga. Horteras. Paletos.

Pero no lo dice y yo voy a trabajar el 29 por todas y cada una de las razones que abajo se dicen, simplemente por llevar la contraria al parásito que escribió esto:

CITA
Si tienes cierta incomodidad cuando alguien te pregunta qué harás el 29M, no te preocupes
¡Elige tu excusa para no hacer huelga!

Si el 29 de marzo no vas a hacer huelga y sientes cierta incomodidad cuando alguien te pregunte si la vas a secundar, no te preocupes. No hace falta que pienses qué vas a responder. A continuación tienes un listado de excusas. Elige la que más vaya con tu estilo y tranquiliza tu conciencia:
Excusa “coyuntural”: “La situación no está como para hacer huelga”. Está claro que es mucho mejor tener nuestros derechos todavía más recortados para seguir diciendo lo mismo. Cuanto peor esté la situación menos razones habrá para hacer huelga…
Excusa “pan para hoy, hambre para mañana”: “No me puedo permitir perder el sueldo de un día”. Es evidente que el sueldo de ese día será lo que te permita tener una vida digna. Y además, está claro que no perderás nada con esta reforma laboral y con las que vendrán después…
Excusa “dócil”: “No puedo hacer huelga porque en la empresa las cosas están muy mal y pueden tomar represalias”. Es incuestionable que con las medidas que se están aprobando contra los trabajadores se limitará muchísimo el poder de la patronal para poder tomar represalias contra los trabajadores, incluid@ tú. También es evidente que, si el/la jef@ ve que eres dócil, tus derechos serán más respetados…
Excusa “todos son iguales”: “No estoy de acuerdo con la reforma, pero tampoco estoy de acuerdo con los sindicatos, porque sólo defienden sus intereses”. Indudablemente, lo mejor que se puede hacer para luchar contra la reforma es despotricar con l@s amig@s en charlas de taberna y no participar en una movilización coordinada junto con l@s demás trabajador@s. Mucho más efectivo, sin ninguna duda…
Excusa “yo soy quien levanta el país”: “La gente que hace huelga lo que busca es tomarse un día de fiesta”. Es obvio que lo realmente sacrificado es ignorar la convocatoria de huelga e ir a trabajar, para poder seguir sacrificándose cada vez más con lo que nos viene y vendrá con las reformas contra l@s trabajador@s.
Excusa “gran personalidad”: “En mi empresa muy poca gente hará huelga”. Está claro que, al no hacer huelga tú tampoco, serán más quienes secunden la huelga. Además, si tu compañer@ te escucha diciendo esto y está igual de convencido que tú, seguro que se siente mucho más motivad@ para sumarse a la huelga contigo. Y no olvidemos que, en último término, la mayoría siempre tiene la razón; o al menos si sirve para justificar la actitud propia...
Excusa “no tengo tiempo para huelgas”: “Haría huelga, sí, pero tengo mucho trabajo acumulado y no me puedo permitir perder un día entero”. Es evidente que ese día de trabajo que no perderás será mucho más decisivo que los derechos que te serán recortados por la aplicación de la reforma laboral. De todas formas, existe otra posibilidad: convocar una macroasamblea para saber qué día te viene bien hacer huelga, para que así puedas participar.
Excusa “jefecillo”: “En mi empresa tengo importantes responsabilidades y tengo varios empleados a mi cargo. No puedo hacer huelga”. Está claro que tú no eres un/a trabajador/a cualquiera. ¡Faltaría más! Tú eres algo más. Tranquil@, tú no eres un/a asalariad@ y la reforma no te afectará…
Excusa “políticamente correcto”: “Las huelgas son algo demasiado radical y eso es lo que les gusta a los radicales”. Claro, el brutal recorte de derechos que nos impondrán no será nada radical. Lo harán con buenos modales, bien vestidos, con una sonrisa y una palmadita en la espalda… ¡Así sí que se pueden hacer las cosas!
Excusa “apolítica”: “¿Que si voy a hacer huelga? Yo no me meto en política…”. Es indudable que aceptar sin protestar las medidas contra los trabajadores no es ser cómplice de las mismas… Y además, claro está, participar en política es algo altamente desaconsejable. Eso lo tienen que hacer los políticos, no nosotr@s...
“Estoy de acuerdo con la reforma y es necesaria.”   ¡Felicidades! Tú no necesitas buscar excusas. Has conseguido (han conseguido) que te imbuyas de pensamiento burgués y aspires a ser como ellos. Sólo te falta el pasaje para dejar de ser trabajador/a y convertirte en patrón. ¡Eso sí que es un sueño! Tienes toda una vida para seguir buscando. ¡Hay miles de premios!


miércoles, 23 de febrero de 2011

Texto de Aristóteles (Pol. Lib I, cap.1-3)

Libro primero. De la sociedad civil. De la esclavitud. De la propiedad. Del poder doméstico

Capítulo I. Origen del Estado y de la Sociedad

Todo Estado es, evidentemente, una asociación, y toda asociación no se forma sino en vista de algún bien, puesto que los hombres, cualesquiera que ellos sean, nunca hacen nada sino en vista de lo que les parece ser buen ser bueno. Es claro, por tanto, que todas las asociaciones tienden a un bien de cierta especie, y que el más importante de todos los bienes debe ser el objeto de la más importante de las asociaciones, de aquella que encierra todas las demás, y a la cual se llama precisamente Estado y asociación política.


No han tenido razón, pues, los autores para afirmar que los caracteres de rey, magistrado, padre de familia y dueño se confunden. Esto equivale a suponer que toda la diferencia entre éstos no consiste sino en el más y el menos, sin ser específica; que un pequeño número de administrados constituiría el dueño, un número mayor el padre de familia, uno más grande el magistrado o el rey; es de suponer, en fin, que una gran familia es en absoluto un pequeño Estado. Estos autores añaden, por lo que hace al magistrado y al rey, que el poder del uno es personal e independiente, y que el otro es en parte jefe y en parte súbdito, sirviéndose de las definiciones mismas de su pretendida ciencia.

Toda esta teoría es falsa; y bastará, para convencerse de ello, adoptar en este estudio nuestro método habitual. Aquí, como en los demás casos, conviene reducir lo compuesto a sus elementos indescomponibles, es decir, a las más pequeñas partes del conjunto. Indagando así cuáles son los elementos constitutivos del Estado, reconoceremos mejor en qué difieren estos elementos, y veremos si se pueden sentar algunos principios científicos para resolver las cuestiones de que acabamos de hablar. En esto, como en todo, remontarse al origen de las cosas y seguir atentamente su desenvolvimiento es el camino más seguro para la observación.

Por lo pronto, es obra de la necesidad la aproximación de dos seres que no pueden nada el uno sin el otro: me refiero a la unión de los sexos para la reproducción. Y en esto no hay nada de arbitrario, porque lo mismo en el hombre que en todos los demás animales y en las plantas existe un deseo natural de querer dejar tras sí un ser formado a su imagen.

La naturaleza, teniendo en cuenta la necesidad de la conservación, ha creado a unos seres para mandar y a otros para obedecer. Ha querido que el ser dotado de razón y de previsión mande como dueño, así como también que el ser capaz por sus facultades corporales de ejecutar las órdenes, obedezca como esclavo, y de esta suerte el interés del señor y el del esclavo se confunden.

La naturaleza ha fijado, por consiguiente, la condición especial de la mujer y la del esclavo. La naturaleza no es mezquina como nuestros artistas, y nada de lo que hace se parece a los cuchillos de Delfos fabricados por aquéllos. En la naturaleza un ser no tiene más que un solo destino, porque los instrumentos son más perfectos cuando sirven, no para muchos usos, sino para uno sólo. Entre los bárbaros, la mujer y el esclavo están en una misma línea, y la razón es muy clara; la naturaleza no ha creado entre ellos un ser destinado a mandar, y realmente no cabe entre los mismos otra unión que la de esclavo con esclava, y los poetas no se engañan cuando dicen:

«Sí, el griego tiene derecho a mandar al bárbaro,»

puesto que la naturaleza ha querido que bárbaro y esclavo fuesen una misma cosa.

Estas dos primeras asociaciones, la del señor y el esclavo, la del esposo y la mujer, son las bases de la familia, y Hesíodo lo ha dicho muy bien en este verso:

«La casa, después la mujer y el buey arador;»


porque el pobre no tiene otro esclavo que el buey. Así, pues, la asociación natural y permanente es la familia, y Corondas ha podido decir de los miembros que la componen «que comían a la misma mesa», y Epiménides de Creta «que se calentaban en el mismo hogar».

La primera asociación de muchas familias, pero formada en virtud de relaciones que no son cotidianas, es el pueblo, que justamente puede llamarse colonia natural de la familia, porque los individuos que componen el pueblo, como dicen algunos autores, «han mamado la leche de la familia», son sus hijos, «los hijos de sus hijos». Si los primeros Estados se han visto sometidos a reyes, y si las grandes naciones lo están aún hoy, es porque tales Estados se formaron con elementos habituados a la autoridad real, puesto que en la familia el de más edad es el verdadero rey, y las colonias de la familia han seguido filialmente el ejemplo que se les había dado. Por esto,

Homero ha podido decir:

«Cada uno por separado gobierna como señor a sus mujeres y a sus hijos.»

En su origen todas las familias aisladas se gobernaban de esta manera. De aquí la común opinión según la que están los dioses sometidos a un rey, porque todos los pueblos reconocieron en otro tiempo o reconocen aún hoy la autoridad real, y los hombres nunca han dejado de atribuir a los dioses sus propios hábitos, así como se los representaban a imagen suya.

La asociación de muchos pueblos forma un Estado completo, que llega, si puede decirse así, a bastarse absolutamente a sí mismo, teniendo por origen las necesidades de la vida, y debiendo su subsistencia al hecho de ser éstas satisfechas.

Así el Estado procede siempre de la naturaleza, lo mismo que las primeras asociaciones, cuyo fin último es aquél; porque la naturaleza de una cosa es precisamente su fin, y lo que es cada uno de los seres cuando ha alcanzado su completo desenvolvimiento se dice que es su naturaleza propia, ya se trate de un hombre, de un caballo o de una familia. Puede añadirse que este destino y este fin de los seres es para los mismos el primero de los bienes, y bastarse a sí mismos es, a la vez, un fin y una felicidad. De donde se concluye evidentemente que el Estado es un hecho natural, que el hombre es un ser naturalmente sociable, y que el que vive fuera de la sociedad por organización y no por efecto del azar es, ciertamente, o un ser degradado, o un ser superior a la especie humana; y a él pueden aplicarse aquellas palabras de Homero:

«Sin familia, sin leyes, sin hogar...»

El hombre que fuese por naturaleza tal como lo pinta el poeta, sólo respiraría guerra, porque sería incapaz de unirse con nadie, como sucede a las aves de rapiña.

Si el hombre es infinitamente más sociable que las abejas y que todos los demás animales que viven en grey, es evidentemente, como he dicho muchas veces, porque la naturaleza no hace nada en vano. Pues bien, ella concede la palabra al hombre exclusivamente. Es verdad que la voz puede realmente expresar la alegría y el dolor, y así no les falta a los demás animales, porque su organización les permite sentir estas dos afecciones y comunicárselas entre sí; pero la palabra ha sido concedida para expresar el bien y el mal, y, por consiguiente, lo justo y lo injusto, y el hombre tiene esto de especial entre todos los animales: que sólo él percibe el bien y el mal, lo justo y lo injusto y todos los sentimientos del mismo orden cuya asociación constituye precisamente la familia y el Estado.

No puede ponerse en duda que el Estado está naturalmente sobre la familia y sobre cada individuo, porque el todo es necesariamente superior a la parte, puesto que una vez destruido el todo, ya no hay partes, no hay pies, no hay manos, a no ser que por una pura analogía de palabras se diga una mano de piedra, porque la mano separada del cuerpo no es ya una mano real. Las cosas se definen en general por los actos que realizan y pueden realizar, y tan pronto como cesa su aptitud anterior no puede decirse ya que sean las mismas; lo único que hay es que están comprendidas bajo un mismo nombre. Lo que prueba claramente la necesidad natural del Estado y su superioridad sobre el individuo es que, si no se admitiera, resultaría que puede el individuo entonces bastarse a sí mismo aislado así del todo como del resto de las partes; pero aquel que no puede vivir en sociedad y que en medio de su independencia no tiene necesidades, no puede ser nunca miembro del Estado; es un bruto o un dios.

La naturaleza arrastra, pues, instintivamente a todos los hombres a la asociación política. El primero que la instituyó hizo un inmenso servicio, porque el hombre, que cuando ha alcanzado toda la perfección posible es el primero de los animales, es el último cuando vive sin leyes y sin justicia. En efecto, nada hay más monstruoso que la injusticia armada. El hombre ha recibido de la naturaleza las armas de la sabiduría y de la virtud, que debe emplear sobre todo para combatir las malas pasiones. Sin la virtud es el ser más perverso y más feroz, porque sólo tiene los arrebatos brutales del amor y del hambre. La justicia es una necesidad social, porque el derecho es la regla de vida para la asociación política, y la decisión de lo justo es lo que constituye el derecho.



Capítulo II. De la esclavitud


Ahora que conocemos de una manera positiva las partes diversas de que se compone el Estado, debemos ocuparnos ante todo del régimen económico de las familias, puesto que el Estado se compone siempre de familias. Los elementos de la economía doméstica son precisamente los de la familia misma, que, para ser completa, debe comprender esclavos y hombres libres. Pero como para darse razón de las cosas es preciso ante todo someter a examen las partes más sencillas de las mismas, siendo las partes primitivas y simples de la familia el señor y el esclavo, el esposo y la mujer, el padre y los hijos, deberán estudiarse separadamente estos tres órdenes de individuos para ver lo que es cada uno de ellos y lo que debe ser. Tenemos primero la autoridad del señor, después la autoridad conyugal, ya que la lengua griega no tiene palabra particular para expresar esta relación del hombre a la mujer; y, en fin, la generación de los hijos, idea para la que tampoco hay una palabra especial. A estos tres elementos, que acabamos de enumerar, podría añadirse un cuarto, que ciertos autores confunden con la administración doméstica, y que, según otros, es cuando menos un ramo muy importante de ella: la llamada adquisición de la propiedad, que también nosotros estudiaremos.

Ocupémonos, desde luego, del señor y del esclavo, para conocer a fondo las relaciones necesarias que los unen y ver, al mismo tiempo, si podemos descubrir en esta materia ideas que satisfagan más que las recibidas hoy día.

Se sostiene, por una parte, que hay una ciencia, propia del señor, la cual se confunde con la del padre de familia, con la del magistrado y con la del rey, de que hemos hablado al principio. Otros, por lo contrario, pretenden que el poder del señor es contra naturaleza; que la ley es la que hace a los hombres libres y esclavos, no reconociendo la naturaleza ninguna diferencia entre ellos; y que, por último, la esclavitud es inicua, puesto que es obra de la violencia.

Por otro lado, la propiedad es una parte integrante de la familia; y la ciencia de la posesión forma igualmente parte de la ciencia doméstica, puesto que sin las cosas de primera necesidad los hombres no podrían vivir, y menos vivir dichosos. Se sigue de aquí que, así como las demás artes necesitan, cada cual en su esfera, de instrumentos especiales para llevar a cabo su obra, la ciencia doméstica debe tener igualmente los suyos. Pero entre los instrumentos hay unos que son inanimados y otros que son vivos; por ejemplo, para el patrón de una nave, el timón es un instrumento sin vida y el marinero de proa un instrumento vivo, pues en las artes al operario se le considera como un verdadero instrumento. Conforme al mismo principio, puede decirse que la propiedad no es más que un instrumento de la existencia, la riqueza una porción de instrumentos y el esclavo una propiedad viva; sólo que el operario, en tanto que instrumento, es el primero de todos. Si cada instrumento pudiese, en virtud de una orden recibida o, si se quiere, adivinada, trabajar por sí mismo, como las estatuas de Dédalo o los trípodes de Vulcano, «que se iban solos a las reuniones de los dioses»; si las lanzaderas tejiesen por sí mismas; si el arco tocase solo la cítara, los empresarios prescindirían de los operarios y los señores de los esclavos. Los instrumentos propiamente dichos son instrumentos de producción; la propiedad, por el contrario, es simplemente para el uso. Así, la lanzadera produce algo más que el uso que se hace de ella; pero un vestido, una cama, sólo sirven para este uso. Además, como la producción y el uso difieren específicamente, y estas dos cosas tienen instrumentos que son propios de cada una, es preciso que entre los instrumentos de que se sirven haya una diferencia análoga. La vida es el uso y no la producción de las cosas, y el esclavo sólo sirve para facilitar estos actos que se refieren al uso. Propiedad es una palabra que es preciso entender como se entiende la palabra parte: la parte no sólo es parte de un todo, sino que pertenece de una manera absoluta a una cosa distinta de ella misma. Lo mismo sucede con la propiedad; el señor es simplemente señor del esclavo, pero no depende esencialmente de él; el esclavo, por lo contrario, no es sólo esclavo del señor, sino que depende de éste absolutamente. Esto prueba claramente lo que el esclavo es en sí y lo que puede ser. El que por una ley natural no se pertenece a sí mismo, sino que, no obstante ser hombre, pertenece a otro, es naturalmente esclavo. Es hombre de otro el que, en tanto que hombre, se convierte en una propiedad, y como propiedad es un instrumento de uso y completamente individual.

Es preciso ver ahora si hay hombres que sean tales por naturaleza o si no existen, y si, sea de esto lo que quiera, es justo y útil el ser esclavo, o bien si toda esclavitud es un hecho contrario a la naturaleza. La razón y los hechos pueden resolver fácilmente estas cuestiones. La autoridad y la obediencia no son sólo cosas necesarias, sino que son eminentemente útiles. Algunos seres, desde el momento en que nacen, están destinados, unos a obedecer, otros a mandar; aunque en grados muy diversos en ambos casos. La autoridad se enaltece y se mejora tanto cuanto lo hacen los seres que la ejercen o a quienes ella rige. La autoridad vale más en los hombres que en los animales, porque la perfección de la obra está siempre en razón directa de la perfección de los obreros, y una obra se realiza dondequiera que se hallan la autoridad y la obediencia. Estos dos elementos, la obediencia y la autoridad, se encuentran en todo conjunto formado de muchas cosas que conspiren a un resultado común, aunque por otra parte estén separadas o juntas. Esta es una condición que la naturaleza impone a todos los seres animados, y algunos rastros de este principio podrían fácilmente descubrirse en los objetos sin vida: tal es, por ejemplo, la armonía en los sonidos. Pero el ocuparnos de esto nos separaría demasiado de nuestro asunto.

Por lo pronto, el ser vivo se compone de un alma y de un cuerpo, hechos naturalmente aquélla para mandar y éste para obedecer. Por lo menos así lo proclama la voz de la naturaleza, que importa estudiar en los seres desenvueltos según sus leyes regulares y no en los seres degradados. Este predominio del alma es evidente en el hombre perfectamente sano de espíritu y de cuerpo, único que debemos examinar aquí. En los hombres corruptos, o dispuestos a serlo, el cuerpo parece dominar a veces como soberano sobre el alma, precisamente porque su desenvolvimiento irregular es completamente contrario a la naturaleza. Es preciso, repito, reconocer ante todo en el ser vivo la existencia de una autoridad semejante a la vez a la de un señor y a la de un magistrado; el alma manda al cuerpo como un dueño a su esclavo, y la razón manda al instinto como un magistrado, como un rey; porque, evidentemente, no puede negarse que no sea natural y bueno para el cuerpo el obedecer al alma, y para la parte sensible de nuestro ser el obedecer a la razón y a la parte inteligente. La igualdad o la dislocación del poder, que se muestra entre estos diversos elementos, sería igualmente funesta para todos ellos. Lo mismo sucede entre el hombre y los demás animales: los animales domesticados valen naturalmente más que los animales salvajes, siendo para ellos una gran ventaja, si se considera su propia seguridad, el estar sometidos al hombre. Por otra parte, la relación de los sexos es análoga; el uno es superior al otro; éste está hecho para mandar, aquél para obedecer.

Esta es también la ley general que debe necesariamente regir entre los hombres. Cuando es un inferior a sus semejantes, tanto como lo son el cuerpo respecto del alma y el bruto respecto del hombre, y tal que es la condición de todos aquellos en quienes el empleo de las fuerzas corporales es el mejor y único partido que puede sacarse de su ser, se es esclavo por naturaleza. Estos hombres, así como los demás seres de que acabamos de hablar, no pueden hacer cosa mejor que someterse a la autoridad de un señor; porque es esclavo por naturaleza el que puede entregarse a otro; y lo que precisamente le obliga a hacerse de otro es el no poder llegar a comprender la razón sino cuando otro se la muestra, pero sin poseerla en sí mismo. Los demás animales no pueden ni aun comprender la razón, y obedecen ciegamente a sus impresiones. Por lo demás, la utilidad de los animales domesticados y la de los esclavos son poco más o menos del mismo género. Unos y otros nos ayudan con el auxilio de sus fuerzas corporales a satisfacer las necesidades de nuestra existencia. La naturaleza misma lo quiere así, puesto que hace los cuerpos de los hombres libres diferentes de los de los esclavos, dando a éstos el vigor necesario para las obras penosas de la sociedad, y haciendo, por lo contrario, a los primeros incapaces de doblar su erguido cuerpo para dedicarse a trabajos duros, y destinándolos solamente a las funciones de la vida civil, repartida para ellos entre las ocupaciones de la guerra y las de la paz.
Muchas veces sucede lo contrario, convengo en ello; y así los hay que no tienen de hombres libres más que el cuerpo, como otros sólo tienen de tales el alma. Pero lo cierto es que si los hombres fuesen siempre diferentes unos de otros por su apariencia corporal, como lo son las imágenes de los dioses, se convendría unánimemente en que los menos hermosos deben ser los esclavos de los otros; y si esto es cierto, hablando del cuerpo, con más razón lo sería hablando del alma; pero es más difícil conocer la belleza del alma que la del cuerpo.

Sea de esto lo que quiera, es evidente que los unos son naturalmente libres y los otros naturalmente esclavos; y que para estos últimos es la esclavitud tan útil como justa.
Por lo demás, difícilmente podría negarse que la opinión contraria encierra alguna verdad. La idea de esclavitud puede entenderse de dos maneras. Puede uno ser reducido a esclavitud y permanecer en ella por la ley, siendo esta ley una convención en virtud de la que el vencido en la guerra se reconoce como propiedad del vencedor; derecho que muchos legistas consideran ilegal, y como tal lo estiman muchas veces los oradores políticos, porque es horrible, según ellos, que el más fuerte, sólo porque puede emplear la violencia, haga de su víctima un súbdito y un esclavo.

Estas dos opiniones opuestas son sostenidas igualmente por hombres sabios. La causa de este disentimiento y de los motivos alegados por una y otra parte es que la virtud tiene derecho, como medio de acción, de usar hasta de la violencia, y que la Victoria supone siempre una superioridad laudable en ciertos conceptos. Es posible creer, por tanto, que la fuerza jamás está exenta de todo mérito, y que aquí toda la cuestión estriba realmente sobre la noción del derecho, colocado por los unos en la benevolencia y la humanidad y por los otros en la dominación del más fuerte. Pero estas dos argumentaciones contrarias son en sí igualmente débiles y falsas; porque podría creerse, en vista de ambas, tomadas separadamente, que el derecho de mandar como señor no pertenece a la superioridad del mérito.

Hay gentes que, preocupadas con lo que creen un derecho, y una ley tiene siempre las apariencias del derecho, suponen que la esclavitud es justa cuando resulta del hecho de la guerra. Pero se incurre en una contradicción; porque el principio de la guerra misma puede ser injusto, y jamás se llamará esclavo al que no merezca serlo; de otra manera, los hombres de más elevado nacimiento podrían parar en esclavos, hasta por efecto del hecho de otros esclavos, porque podrían ser vendidos como prisioneros de guerra. Y así, los partidarios de esta opinión tienen el cuidado de aplicar este nombre de esclavos sólo a los bárbaros, no admitiéndose para los de su propia nación. Esto equivale a averiguar lo que se llama esclavitud natural; y esto es, precisamente, lo que hemos preguntado desde el principio.

Es necesario convenir en que ciertos hombres serían esclavos en todas partes, y que otros no podrían serlo en ninguna. Lo mismo sucede con la nobleza: las personas de que acabamos de hablar se creen nobles, no sólo en su patria, sino en todas partes; pero, por el contrario, en su opinión los bárbaros sólo pueden serlo allá entre ellos; suponen, pues, que tal raza es en absoluto libre y noble, y que tal otra sólo lo es condicionalmente. Así, la Helena de Teodectes exclama:


«¿Quién tendría el atrevimiento de llamarme esclava descendiendo yo por todos lados de la raza de los dioses?»


Esta opinión viene, precisamente, a asentar sobre la superioridad y la inferioridad naturales la diferencia entre el hombre libre y el esclavo, entre la nobleza y el estado llano. Equivale a creer que de padres distinguidos salen hijos distinguidos, del mismo modo que un hombre produce un hombre y que un animal produce un animal. Pero cierto es que la naturaleza muchas veces quiere hacerlo, pero no puede.

Con razón se puede suscitar esta cuestión y sostener que hay esclavos y hombres libres que lo son por obra de la naturaleza; se puede sostener que esta distinción subsiste realmente siempre que es útil al uno el servir como esclavo y al otro el reinar como señor; se puede sostener, en fin, que es justa, y que cada uno debe, según las exigencias de la naturaleza, ejercer el poder o someterse a él. Por consiguiente, la autoridad del señor sobre el esclavo es a la par justa y útil; lo cual no impide que el abuso de esta autoridad pueda ser funesto a ambos. Y así, entre el dueño y el esclavo, cuando es la naturaleza la que los ha hecho tales, existe un interés común, una recíproca benevolencia; sucediendo todo lo contrario cuando la ley y la fuerza por sí solas han hecho al uno señor y al otro esclavo.

Esto muestra con mayor evidencia que el poder del señor y el del magistrado son muy distintos, y que, a pesar de lo que se ha dicho, todas las autoridades no se confunden en una sola: la una recae sobre hombres libres, la otra sobre esclavos por naturaleza; la una, la autoridad doméstica, pertenece a uno sólo, porque toda familia es gobernada por un solo jefe; la otra, la del magistrado, sólo recae sobre hombres libres e iguales. Uno es señor, no porque sepa mandar, sino porque tiene cierta naturaleza: y por distinciones semejantes es uno esclavo o libre. Pero sería posible educar a los señores en la ciencia que deben practicar ni más ni menos que a los esclavos, y en Siracusa ya se ha practicado esto último, pues por dinero se instruía allí a los niños, que estaban en esclavitud, en todos los pormenores del servicio doméstico. Podríase muy bien extender sus conocimientos y enseñarles ciertas artes, como la de preparar las viandas o cualquiera otra de este género, puesto que unos servicios son más estimados o más necesarios que otros, y que, como dice el proverbio, hay diferencia de esclavo a esclavo y de señor a señor. Todos estos aprendizajes constituyen la ciencia de los esclavos. Saber emplear a los esclavos constituye la ciencia del señor, que lo es, no tanto porque posee esclavos, cuanto porque se sirve de ellos. Esta ciencia, en verdad, no es muy extensa ni tampoco muy elevada; consiste tan sólo en saber mandar lo que los esclavos deben saber hacer. Y así tan pronto como puede el señor ahorrarse este trabajo, cede su puesto a un mayordomo para consagrarse él a la vida política o a la filosofía.

La ciencia del modo de adquirir, de la adquisición natural y justa, es muy diferente de las otras dos de que acabamos de hablar; ella participa algo de la guerra y de la caza.

No necesitamos extendernos más sobre lo que teníamos que decir del señor y del esclavo.



Capítulo III. De la adquisición de los bienes

Puesto que el esclavo forma parte de la propiedad, vamos a estudiar, siguiendo nuestro método acostumbrado, la propiedad en general y la adquisición de los bienes.

La primera cuestión que debemos resolver es si la ciencia de adquirir es la misma que la ciencia doméstica, o si es una rama de ella o sólo una ciencia auxiliar. Si no es más que esto último, ¿lo será al modo que el arte de hacer lanzaderas es un auxiliar del arte de tejer? ¿o como el arte de fundir metales sirve para el arte del estatuario? Los servicios de estas dos artes subsidiarias son realmente muy distintos: lo que suministra la primera es el instrumento, mientras que la segunda suministra la materia. Entiendo por materia la sustancia que sirve para fabricar un objeto; por ejemplo, la lana de que se sirve el fabricante, el metal que emplea el estatuario. Esto prueba que la adquisición de los bienes no se confunde con la administración doméstica, puesto que la una emplea lo que la otra suministra. ¿A quién sino a la administración doméstica pertenece usar lo que constituye el patrimonio de la familia?

Resta saber si la adquisición de las cosas es una rama de esta administración, o si es una ciencia aparte. Por lo pronto, si el que posee esta ciencia debe conocer las fuentes de la riqueza y de la propiedad, es preciso convenir en que la propiedad y la riqueza abrazan objetos muy diversos. En primer lugar, puede preguntarse si el arte de la agricultura, y en general la busca y adquisición de alimentos, están comprendidas en la adquisición de bienes, o si forman un modo especial de adquirir. Los modos de alimentación son extremadamente variados, y de aquí esta multiplicidad de géneros de vida en el hombre y en los animales, ninguno de los cuales puede subsistir sin alimentos; variaciones que son, precisamente, las que diversifican la existencia de los animales. En el estado salvaje unos viven en grupos, otros en el aislamiento, según lo exige el interés de su subsistencia, porque unos son carnívoros, otros frugívoros y otros omnívoros. Para facilitar la busca y elección de alimentos es para lo que la naturaleza les ha destinado a un género especial de vida. La vida de los carnívoros y la de los frugívoros difieren precisamente en que no gustan por instinto del mismo alimento, y en que los de cada una de estas clases tienen gustos particulares.

Otro tanto puede decirse de los hombres, no siendo menos diversos sus modos de existencia. Unos, viviendo en una absoluta ociosidad, son nómadas que sin pena y sin trabajo se alimentan de la carne de los animales que crían. Sólo que, viéndose precisados sus ganados a mudar de pastos, y ellos a seguirlos, es como si cultivaran un campo vivo. Otros subsisten con aquello de que hacen presa, pero no del mismo modo todos; pues unos viven del pillaje y otros de la pesca, cuando habitan en las orillas de los estanques o de los lagos, o en las orillas de los ríos o del mar, y otros cazan las aves y los animales bravíos. Pero los más de los hombres viven del cultivo de la tierra y de sus frutos.

Estos son, poco más o menos, todos los modos de existencia, en que el hombre sólo tiene necesidad de prestar su trabajo personal, sin acudir, para atender a su subsistencia, al cambio ni al comercio: nómada, agricultor, bandolero, pescador o cazador. Hay pueblos que viven cómodamente combinando estos diversos modos de vivir y tomando del uno lo necesario para llenar los vacíos del otro: son a la vez nómadas y salteadores, cultivadores y cazadores, y lo mismo sucede con los demás que abrazan el género de vida que la necesidad les impone.

Como puede verse, la naturaleza concede esta posesión de los alimentos a los animales a seguida de su nacimiento, y también cuando llegan a alcanzar todo su desarrollo. Ciertos animales en el momento mismo de la generación producen para el nacido el alimento que habrá de necesitar hasta encontrarse en estado de procurárselo por sí mismo. En este caso se encuentran los vermíparos y los ovíparos. Los vivíparos llevan en sí mismos, durante un cierto tiempo, los alimentos de los recién nacidos, pues no otra cosa es lo que se llama leche. Esta posesión de alimentos tiene igualmente lugar cuando los animales han llegado a su completo desarrollo, y debe creerse que las plantas están hechas para los animales, y los animales para el hombre. Domesticados, le prestan servicios y le alimentan; bravíos, contribuyen, si no todos, la mayor parte, a su subsistencia y a satisfacer sus diversas necesidades, suministrándole vestidos y otros recursos. Si la naturaleza nada hace incompleto, si nada hace en vano es de necesidad que haya creado todo esto para el hombre.

La guerra misma es, en cierto modo, un medio natural de adquirir, puesto que comprende la caza de los animales bravíos y de aquellos hombres que, nacidos para obedecer, se niegan a someterse; es una guerra que la naturaleza misma ha hecho legítima.

He aquí, pues, un modo de adquisición natural que forma parte de la economía doméstica, la cual debe encontrárselo formado o procurárselo, so pena de no poder reunir los medios indispensables de subsistencia, sin los cuales no se formarían ni la asociación del Estado ni la asociación de la familia. En esto consiste, si puede decirse así, la única riqueza verdadera, y todo lo que el bienestar puede aprovechar de este género de adquisiciones está bien lejos de ser ilimitado, como poéticamente pretende Solón:

«El hombre puede aumentar ilimitadamente sus riquezas.»

Sucede todo lo contrario, pues en esto hay un límite como lo hay en todas las demás artes. En efecto, no hay arte cuyos instrumentos no sean limitados en número y extensión; y la riqueza no es más que la abundancia de los instrumentos domésticos y sociales.

Existe, por tanto, evidentemente un modo de adquisición natural, que es común a los jefes de familia y a los jefes de los Estados. Ya hemos visto cuáles eran sus fuentes.

Resta ahora este otro género de adquisición que se llama, más particularmente y con razón, la adquisición de bienes, y respecto de la cual podría creerse que la fortuna y la propiedad pueden aumentarse indefinidamente. La semejanza de este segundo modo de adquisición con el primero es causa de que ordinariamente no se vea en ambos más que un solo y mismo objeto. El hecho es que ellos no son ni idénticos, ni muy diferentes; el primero, es natural, el otro no procede de la naturaleza, sino que es más bien el producto del arte y de la experiencia. Demos aquí principio a su estudio.

Toda propiedad tiene dos usos que le pertenecen esencialmente, aunque no de la misma manera: el uno es especial a la cosa, el otro no lo es. Un zapato puede a la vez servir para calzar el pie o para verificar un cambio. Por lo menos puede hacerse de él este doble uso. El que cambia un zapato por dinero o por alimentos, con otro que tiene necesidad de él, emplea bien este zapato en tanto que tal, pero no según su propio uso, porque no había sido hecho para el cambio. Otro tanto diré de todas las demás propiedades; pues el cambio, efectivamente, puede aplicarse a todas, puesto que ha nacido primitivamente entre los hombres de la abundancia en un punto y de la escasez en otro de las cosas necesarias para la vida. Es demasiado claro que en este sentido la venta no forma en manera alguna parte de la adquisición natural. En su origen, el cambio no se extendía más allá de las primeras necesidades, y es ciertamente inútil en la primera asociación, la de la familia. Para que nazca es preciso que el círculo de la asociación sea más extenso. En el seno de la familia todo era común; separados algunos miembros, se crearon nuevas sociedades para fines no menos numerosos, pero diferentes que los de las primeras, y esto debió necesariamente dar origen al cambio. Este es el único cambio que conocen muchas naciones bárbaras, el cual no se extiende a más que al trueque de las cosas indispensables; como, por ejemplo, el vino que se da a cambio de trigo.

Este género de cambio es perfectamente natural, y no es, a decir verdad, un modo de adquisición, puesto que no tiene otro objeto que proveer a la satisfacción de nuestras necesidades naturales. Sin embargo, aquí es donde puede encontrarse lógicamente el origen de la riqueza. A medida que estas relaciones de auxilios mutuos se transformaron, desenvolviéndose mediante la importación de los objetos de que se carecía y la exportación de aquellos que abundaban, la necesidad introdujo el uso de la moneda, porque las cosas indispensables a la vida son naturalmente difíciles de transportar.

Se convino en dar y recibir en los cambios una materia que, además de ser útil por sí misma, fuese fácilmente manejable en los usos habituales de la vida; y así se tomaron el hierro, por ejemplo, la plata, u otra sustancia análoga, cuya dimensión y cuyo peso se fijaron desde luego, y después, para evitar la molestia de continuas rectificaciones, se las marcó con un sello particular, que es el signo de su valor. Con la moneda, originada por los primeros cambios indispensables, nació igualmente la venta, otra forma de adquisición excesivamente sencilla en el origen, pero perfeccionada bien pronto por la experiencia, que reveló cómo la circulación de los objetos podía ser origen y fuente de ganancias considerables. He aquí cómo, al parecer, la ciencia de adquirir tiene principalmente por objeto el dinero, y cómo su fin principal es el de descubrir los medios de multiplicar los bienes, porque ella debe crear la riqueza y la opulencia. Esta es la causa de que se suponga muchas veces que la opulencia consiste en la abundancia de dinero, como que sobre el dinero giran las adquisiciones y las ventas; y, sin embargo, este dinero no es en sí mismo más que una cosa absolutamente vana, no teniendo otro valor que el que le da la ley, no la naturaleza, puesto que una modificación en las convenciones que tienen lugar entre los que se sirven de él, puede disminuir completamente su estimación y hacerle del todo incapaz para satisfacer ninguna de nuestras necesidades. En efecto, ¿no puede suceder que un hombre, a pesar de todo su dinero, carezca de los objetos de primera necesidad?, y ¿no es una riqueza ridícula aquella cuya abundancia no impide que el que la posee se muera de hambre? Es como el Midas de la mitología, que, llevado de su codicia desenfrenada, hizo convertir en oro todos los manjares de su mesa.

Así que con mucha razón los hombres sensatos se preguntan si la opulencia y el origen de la riqueza están en otra parte, y ciertamente la riqueza y la adquisición naturales, objeto de la ciencia doméstica, son una cosa muy distinta. El comercio produce bienes, no de una manera absoluta, sino mediante la conducción aquí y allá de objetos que son precisos por sí mismos. El dinero es el que parece preocupar al comercio, porque el dinero es el elemento y el fin de sus cambios; y la fortuna que nace de esta nueva rama de adquisición parece no tener realmente ningún límite. La medicina aspira a multiplicar sus curas hasta el infinito, y como ella todas las artes colocan en el infinito el fin a que aspiran y pretenden alcanzarlo empleando todas sus fuerzas. Pero, por lo menos, los medios que les conducen a su fin especial son limitados, y este fin mismo sirve a todas de límite. Lejos de esto, la adquisición comercial no tiene por fin el objeto que se propone, puesto que su fin es precisamente una opulencia y una riqueza indefinidas. Pero si el arte de esta riqueza no tiene límites, la ciencia doméstica los tiene, porque su objeto es muy diferente. Y así podría creerse, a primera vista, que toda riqueza, sin excepción, tiene necesariamente límites. Pero ahí están los hechos para probarnos lo contrario: todos los negociantes ven acrecentarse su dinero sin traba ni término.

Estas dos especies de adquisición tan diferentes emplean el mismo capital a que ambas aspiran, aunque con miras muy distintas, pues que la una tiene por objeto el acrecentamiento indefinido del dinero y la otra otro muy diverso. Esta semejanza ha hecho creer a muchos que la ciencia doméstica tiene igualmente la misma extensión, y están firmemente persuadidos de que es preciso a todo trance conservar o aumentar hasta el infinito la suma de dinero que se posee. Para llegar a conseguirlo, es preciso preocuparse únicamente del cuidado de vivir, sin curarse de vivir como se debe. No teniendo límites el deseo de la vida, se ve uno directamente arrastrado a desear, para satisfacerle, medios que no tiene. Los mismos que se proponen vivir moderadamente, corren también en busca de goces corporales, y como la propiedad parece asegurar estos goces, todo el cuidado de los hombres se dirige a amontonar bienes, de donde nace esta segunda rama de adquisición de que hablo. Teniendo el placer necesidad absoluta de una excesiva abundancia, se buscan todos los medios que pueden procurarla. Cuando no se pueden conseguir éstos con adquisiciones naturales, se acude a otras, y aplica uno sus facultades a usos a que no estaban destinadas por la naturaleza. Y así, el agenciar dinero no es el objeto del valor, que sólo debe darnos una varonil seguridad; tampoco es el objeto del arte militar ni de la medicina, que deben darnos, aquél la victoria, ésta la salud; y, sin embargo, todas estas profesiones se ven convertidas en un negocio de dinero, como si fuera éste su fin propio, y como si todo debiese tender a él.


Esto es lo que tenía que decir sobre los diversos medios de adquirir lo superfluo; habiendo hecho ver lo que son estos medios y cómo pueden convertirse para nosotros en una necesidad real. En cuanto al arte que tiene por objeto la riqueza verdadera y necesaria, he demostrado que era completamente diferente del otro, y que no es más que la economía natural, ocupada únicamente con el cuidado de las subsistencias; arte que, lejos de ser infinito como el otro, tiene, por el contrario, límites positivos.

Esto hace perfectamente clara la cuestión que al principio proponíamos; a saber, si la adquisición de los bienes es o no asunto propio del jefe de familia y del jefe del Estado. Ciertamente, es indispensable suponer siempre la preexistencia de estos bienes. Así como la política no hace a los hombres, sino que los toma como la naturaleza se los da y se limita a servirse de ellos, en igual forma a la naturaleza toca suministrarnos los primeros alimentos que proceden de la tierra, del mar o de cualquier otro origen, y después queda a cargo del jefe de familia disponer de estos dones como convenga hacerlo; así como el fabricante no crea la lana, pero debe saber emplearla, distinguir sus cualidades y sus defectos y conocer la que puede o no servir.


También podría preguntarse cómo es que mientras la adquisición de bienes forma parte del gobierno doméstico, no sucede lo mismo con la medicina, puesto que los miembros de la familia necesitan tanto la salud como el alimento o cualquier otro objeto indispensable para la vida. He aquí la razón: si por una parte el jefe de familia y el jefe del Estado deben ocuparse de la salud de sus administrados, por otra parte este cuidado compete, no a ellos, sino al médico. De igual modo lo relativo a los bienes de la familia bajo cierto punto compete a su jefe, pero bajo otro no, pues no es él y sí la naturaleza quien debe suministrarlos. A la naturaleza, repito, compete exclusivamente dar la primera materia. A la misma corresponde asegurar el alimento al ser que ha creado, pues en efecto, todo ser recibe los primeros alimentos del que le transmite la vida; y he aquí por qué los frutos y los animales forman una riqueza natural, que todos los hombres saben explotar.


Siendo doble la adquisición de los bienes, como hemos visto, es decir, comercial y doméstica, ésta necesaria y con razón estimada, y aquélla con no menos motivo despreciada, por no ser natural y sí sólo resultado del tráfico, hay fundado motivo para execrar la usura, porque es un modo de adquisición nacido del dinero mismo, al cual no se da el destino para que fue creado. El dinero sólo debía servir para el cambio, y el interés que de él se saca, le multiplica, como lo indica claramente el nombre que le da la lengua griega. Los padres, en este caso, son absolutamente semejantes a los hijos. El interés es dinero producido por el dinero mismo; y de todas las adquisiciones es esta la más contraria a la naturaleza.