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miércoles, 19 de diciembre de 2018

Filosofía y Universidad



Parece que la Filosofía va a regresar a la Secundaria con el apoyo de todo el Congreso de los Diputados, cosa que es de agradecer a nuestros políticos. Muchos licenciados en Filosofía tendrán una vida más digna y los alumnos volverán a enfrentarse con los textos que forjaron nuestra civilización. Algunos, solo algunos, aprovecharán la oportunidad para desarrollar un pensamiento racional y todos tendrán unas nociones básicas por si en algún momento de sus vidas deciden dedicarse a pensar por sí mismos.

Pero quiero con este artículo pensar el papel de la filosofía en toda la educación formal. Efectivamente no es posible afirmar de una persona que tiene formación si no tiene conocimientos filosóficos suficientes como para poder pensar por sí mismo, sobre el sentido de la vida y de al realidad. Por ello es necesario que el Sistema Educativo tenga en cuenta la filosofía como una asignatura imprescindible, ya que es más formativa que las que se consideran «instrumentales» tales como las matemáticas o la lengua, y mucho más que las Ciencias Naturales y Sociales, que todas se enseñan desde el inicio de la Primaria. Creo que lo que han hecho mal las autoridades educativas de siempre es colocar la filosofía en el Bachillerato y no darle la importancia que se merece: la filosofía debería acompañar a los alumnos desde primaria a la Universidad.

Actualmente la Filosofía se enseña en el Bachillerato y el último curso de la Educación Secundaria Obligatoria, entre los 15 y los 17 años, y pienso que es el peor momento para hacerlo.  El momento  adecuado sería comenzar en los primeros cursos de Primaria hasta primero de la ESO, 11 y 12 años, cuando el niño aún no ha afirmado plenamente su yo y puede aún aprender la naturaleza racional de todo lo que le rodea. Es entonces cuando puede necesitar la guía de la filosofía para ir formando su carácter, sus ideas y creencias y cuando puede desarrollar su intelecto con la ayuda de los grandes maestros y textos.

La filosofía en la adolescencia, tal y como se "estudia" ahora, no cumple su papel y es por eso que la Universidad subsidiariamente debe ofrecer a sus alumnos la posibilidad de acceder a un pensamiento racional sobre el hombre y el mundo.

Los niños y los universitarios son receptivos ante una nueva ciencia, pero los adolescentes no pueden porque están pasando por una etapa en la que no entienden de los claroscuros de la filosofía, no ven los matices. Si a esto le sumamos la preparación del acceso a la Universidad, las presiones por hacer un examen de filosofía estándar, definitivamente la filosofía necesita un complemento.

Filosofía en la Universidad


Al entrar en la Universidad los alumnos se enfrentan ya a decisiones que les empiezan a cambiar el rumbo de sus vidas de manera autónoma. En este momento la filosofía puede decirles algo y puede ser relacionada con sus aspiraciones profesionales. Digamos que el joven universitario está más predispuesto a aprender doctrinas nuevas, a contrastar sus datos, a indagar sobre algunos aspectos de la vida que le serán muy útiles para su futuro personal y profesional. Es el tiempo de abordar de manera racional, seria y crítica los grandes temas con los que –quiera o no- se va a tener que enfrentar a lo largo de su vida.

Por otro lado, en el ámbito universitario no se da (tanto) la ideologización de los niveles precedentes. Muchas clases de filosofía en la Secundaria son divagaciones del profesor sobre su forma particular de ver el mundo en una edad en la que los alumnos no han desarrollado estrategias que les permitan defenderse de las ideologías. Y esto sin hablar de los libros de filosofía para Bachillerato, que merece un capítulo aparte. 

En la Universidad, al estar sometidos a la tradición universitaria, es decir, a la racionalización y a la búsqueda de fuentes, ya puede el profesor expresar su punto particular, que los alumnos pueden contrastar con escritos y argumentos diferentes: por mucho que el profesor explique desde una óptica u otra el alumno puede acudir a la biblioteca y crearse su propia idea de las cosas.

En todo caso, en la Universidad el alumno debe enfrentarse con problemas particulares desde diferentes ópticas y no con filosofías totalizadoras. Por ello pienso que si una Universidad quiere enfrentar a sus alumnos a la filosofía debe optar por dos posibilidades: la filosofía práctica (ética, pensamiento político, estética) o la Antropología Filosófica, ya que de las tres disciplinas que forman la filosofía pura es la más adecuada para este nivel formativo por las razones que abajo expongo, de hecho muchas universidades en todo el mundo han introducido en sus planes de estudios la Antropología Filosófica como asignatura en todos o en muchos de sus Grados porque se trata de una disciplina que es previa a la filosofía práctica, es decir, a la ética, la estética o la política, y sin la cual cualquier abordaje de este tipo de filosofía quedará cojo, ya que se fundamentan en la Antropología: dependiendo de qué idea tengamos del ser humano nuestras acciones, ideas y creencias sobre el mundo serán diferentes.

Misión de la Universidad

La Universidad tiene la misión de ofrecer enseñanzas técnicas que preparen para el desempeño de una profesión, pero reducir la Universidad a esto es no comprender qué es realmente esta institución.  Ésta es una visión producto de una visión del ser humano materialista y funcionalista, es decir, ambas visiones recortadas de la realidad que darían una misión recortada también de la Universidad, convirtiéndola en una escuela de formación profesional.
Digamos que la formación de técnicos y profesionales cualificados es un quehacer de la Universidad, pero no su misión. La Universidad tiene tres misiones además de este quehacer: la búsqueda de la verdad, la preservación de la idea del hombre fruto de la tradición humanística cristiana y la preparación de los directivos del mañana.
1. La principal misión de la Universidad es la búsqueda de la verdad, que no es otra cosa que incrementar y depurar nuestro conocimiento -siempre insuficiente- sobre el hombre y el cosmos. En una época de relativismo y habiendo desgastado tanto el término "verdad" suena realmente vacía la proposición, pero no por ello deja de ser misión universitaria ésta búsqueda.
2. Además de la búsqueda de la verdad, la Universidad es la institución que transmite la idea occidental de pensar al hombre y al mundo, que -por combinar de manera magistral la tradición de la filosofía clásica, el derecho romano, la teología cristiana y la ciencia positiva- es sin duda la mejor manera de vivir como ser humano, la que ha logrado la mejor expresión del espíritu en el arte, la religión, la política, el derecho  o la ciencia.
En los tiempos de crisis que vivimos esta idea occidental del humano se pone en entredicho, propugnando un relativismo cultural que hace ver a Occidente como una más de las formas de vida posibles y es necesario que la Universidad tome conciencia de su misión de preservar la perspectiva cristiana sobre el mundo. Y esto no es solo tarea de la universidad cristiana, toda universidad europea o americana, católica o protestante, privada o pública, debe preservar los fundamentos antropológicos de la civilización que ha logrado tantos éxitos para el conjunto de la humanidad.

3. La otra gran función de la Universidad es preparar selectos: personas conscientes de la realidad y que con iniciativa y creatividad puedan tomar las riendas de la sociedad en el futuro para hacer un mundo mejor. Otra idea que en los tiempos de igualitarismo que sufrimos suena extraña. Pero da igual, la sociedad va a seguir regida por los inteligentes, los que comprenden las cosas, los que son capaces de tener visiones de conjunto y no se dejan llevar por los vaivenes del mundo. Ayer hoy y siempre.

Para las tres misiones, y para el quehacer cotidiano de dar profesionales al mundo, el alumno universitario lo primero que deben aprender es a conocerse a sí mismo y –consecuentemente- a convertirse en buena persona en todos los ámbitos, y para ello la Antropología filosófica, como inicio de un pensamiento, combinada en cursos superiores con Ética o Deontología es una pieza fundamental.

La Antropología Filosófica en los primeros cursos favorece de muy buen grado estas misiones de la Universidad. Lógicamente no agota las posibilidades y habrá que explorar la manera de que el alumno se pueda formar en filosofía en su paso por las aulas universitarias, en la actualidad es una buena propuesta para cualquier Universidad que se tome en serio su función de crear una mejor sociedad con su investigación y docencia.

Además es impensable una Universidad que quiera aportar a la sociedad algo más que títulos una Facultad o un Grado de Filosofía. Sin hablar del papel histórico de la Filosofía en el origen de la Universidad, la Facultad de Filosofía es el centro ideológico de la Universidad, sin ella todo el trabajo universitario se convierte en una producción intelectual ciega, sin  dirección ni fin. 

El conocimiento general del ser humano


El fin de la Universidad, como el de toda obra noble, es la mejora ser humano y su lugar adecuado en el Universo creado, por ello, es imprescindible la Antropología, porque las cuestiones que trata son cuestiones enraizadas en la naturaleza humana, preguntas que todo el mundo se hace y todos debemos buscar racionalmente una respuesta, aunque sea una respuesta provisional. Kant afirmaba en su Lógica que las tres preguntas fundamentales que todos deben hacerse en primera persona ¿Qué puedo conocer?, ¿Qué debo hacer?, ¿Qué puedo esperar? remiten todas a la pregunta fundamental de la Antropología: ¿Qué es el hombre? Por ello esta disciplina es fundamental para cualquier persona que quiera formarse de manera adecuada, dar sentido a su vida y crear un mundo mejor.

Si a la primera pregunta respondemos que solo podemos conocer, por ejemplo, lo que las ciencias positivas nos demuestran entramos en un relativismo moral, estético y político que nos impedirá crecer como personas. Si ante el qué debo hacer contestamos que todo lo posible, sin poner freno a nada, estaríamos rompiendo por la base todas nuestras libertades y conquistas. Si no puedo esperar nada después de esta vida los valores que han estado vigentes en Occidente perderán su sentido ante una vida intrascendente.

Por ello sería correcto que los alumnos pudiesen acceder a una Antropología que enseñe a afirmar al ser humano y a la civilización, comprendiendo las razones de nuestro modo de ser, lo que es el hombre en realidad, desde los distintos puntos de vista en los que podemos abordarlo: nuestro origen biológico, sí, pero también nuestra dimensión trascendente, social, la dignidad innata, la libertad, la inteligencia, la dimensión  histórica y sobre el sentido de la vida y la muerte. Cuestiones todas que tienen importancia para una formación completa como profesionales y como personas y a las que uno no puede sustraerse, o mejor dicho, cuestiones que si no se plantean de forma sistemática y racional, terminan siendo parcialmente contestadas por el relativismo ambiente.

En Antropología se estudian también las capacidades humanas esenciales que posibilitan el autodesarrollo personal y contribuyen a mejorar la personalidad. El objetivo central de la materia consiste en “mostrar, explicar y justificar los valores que hemos recibido de la tradición occidental para fomentar una adecuada conducta ética personal, social y ambiental como responsabilidad inherente del profesional de las distintas ramas del saber universitario”.



Un conocimiento específico para cada profesión


Creo que es cuestión evidente que un buen profesional no es solo buen técnico, que solo los que tienen ciertas virtudes intelectuales y morales son capaces de hacer de su profesión una forma de servicio al bien común y que sin esas virtudes las profesiones son medios para ganar dinero, empobreciendo a la persona y a la sociedad en la que se incardina, pero también creo que un buen profesional debe tener un conocimiento suficiente de qué es el hombre y qué cómo es el mundo en el que vive.

Un profesional de las Ciencias de la Salud debe conocer la Antropología más básica para tratar a los pacientes como fin y no como medio, de esta forma la praxis médica se enfocará en la persona y no en los procesos o las funciones particulares del especialista. El médico con formación humana tratará de curar enfermedades, sí, pero con un concepto claro de la dignidad humana será siempre respetuoso con la vida desde su concepción hasta su muerte natural.

Un empresario buscará el máximo beneficio de la empresa, sí, pero si conoce la dimensión social del ser humano y el inmenso valor de cada persona se preocupará de que sus decisiones sean respetuosas con todos: con sus trabajadores, con los consumidores, con el medio ambiente, etc.

Un arquitecto con formación filosófica sabrá a la hora de diseñar espacios que el habitar humano está relacionado con la cultura y con la naturaleza humana. Creará espacios donde el encuentro sea posible, donde la naturaleza esté presente, donde los habitantes puedan desarrollar su vida de la manera más humana posible.

Un abogado o jurista con formación filosófica se preocupará de la justicia como aspiración humana esencial y procurará en todo momento respetar la dignidad humana y su libertad a la hora de aplicar o crear normas.

Un periodista o un investigador que haya conocido las distintas formas de saber y la pretensión de verdad no parará hasta depurar su idea de las cosas o los sucesos y se preocupará del impacto de sus crónicas, ideas y formas de expresión en la opinión pública y del resultado de sus investigaciones en el bienestar de las personas que forman la sociedad..

En todas las profesiones está –debe estar- la dimensión humana presente, porque si sabemos qué es el hombre y tenemos clara su diferencia específica con los animales tendremos una idea ajustada de cómo tratarlo o modificar su ambiente para promocionarlo en busca del bien de todos.

La Ética y la Deontología después de la Antropología


Solo partiendo de la Antropología podemos abordar los temas de la filosofía práctica. La ética como ciencia práctica de la felicidad humana, la deontología parte de la ética aplicada a cada profesión solo tiene sentido cuando hay un fundamento que las sustentan.

Es bueno, deseable, que los alumnos universitarios conozcan nociones de ética general y específica de cada profesión, pero sin una antropología, una metafísica y una cosmología concretas poco se puede enseñar, y si se enseña quedará siempre como una serie de prohibiciones extrañas a la ciencia en cuestión. Esta idea (la de desligar la ética de la antropología) es pensamiento positivista actual, que convierte la ética en una serie de normas que nos damos los humanos voluntariamente o que aceptamos de otros, sin que haya una racionalidad detrás enraizada en la naturaleza humana.

Conclusión

En una sociedad como la nuestra, donde están entrando ideas contrarias a la naturaleza humana o que atentan contra la dignidad más básica es necesario formar a las personas en el conocimiento del ser humano de manera racional. Estamos en una encrucijada histórica donde las fuerzas antipersona están creando leyes y estados de opinión que atentan contra la vida humana desde su concepción hasta su muerte, leyes como la del aborto, la eutanasia, la investigación con embriones humanos etc. a la vez que se desarrollan otras que hablan directamente de los derechos de los animales hacen que peligrar las conquistas de Occidente en cuestiones tan importantes como los derechos humanos o la dignidad inherente de la persona; también se va creando un pensamiento sobre la sexualidad que rompe radicalmente con la naturaleza humana y una filosofía tecnológica que quiere deconstruir al ser humano para convertirlo en un ser tecnológico.

La Antropología como asignatura cubre las necesidades de educación de las personas en su afirmación de la naturaleza humana y da respuestas racionales a casi todos los problemas personales o sociales que van surgiendo y que surgirán en el futuro.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Cómo afrontar la muerte. El hombre ante la nada o el infinito


Desde los comienzos, el hombre se plantea la cuestión sobre cómo afrontar la muerte. Con la perspectiva cristiana esa última puerta deja de ser un fin para ser principio.

Nos preguntamos desde la filosofía cómo afrontar la muerte, pero no hay respuesta racional.La muerte es el fin de todas las posibilidades y, por lo tanto, si es un problema no hay solución. Realmente da igual, la afrontemos bien o mal, la muerte llega, siempre de improviso, y se lleva todo lo que hemos construido en este mundo espaciotemporal.
Los contenidos de la vida son mero juego de afirmaciones, negaciones, adquisiciones y pérdidas, y la muerte tiene la última palabra: ante la pregunta de cómo afrontar la muerte, respondemos que de ninguna manera, no hay forma de afrontar que todo por lo que luchabas, que todo lo que te mantenía ocupado, la lucha por el acomodaticio nivel de vida, los esfuerzos por trabajar, tus deseos, tus amores y tus gustos se desvanecen como lágrimas en la lluvia.


En busca de la inmortalización

La muerte o es o no es. Si es, si existe, todo nuestro quehacer es inútil y nuestra vida no merece la pena. Y esto valdría para el hombre corriente y para el excelente. La vida del héroe, del santo, del sabio o del artista perecen también y se convierten en nada. ¿De qué me vale practicar la justicia si luego la muerte todo lo iguala, al justo y al canalla? ¿Es verdaderamente un héroe quien da su vida por otro si realmente ambos están condenados? ¿Es realmente un artista quien durante un tiempo impresiona la retina de sus contemporáneos con colores y sombras que se desvanecen? Es evidente que no, que si la muerte existe nada de lo humano tiene un sentido.
Y este sinsentido nos lleva a buscar formas de inmortalización que en ocasiones suenan ridículas o, al menos, incongruentes. ¿Por qué alguien que cree en la muerte lanza las cenizas en el Mediterráneo, por ejemplo? ¿Hay alguna diferencia entre dejarlas en la basura o arrojarlas al mar “porque a él le gustaba mucho”? Sí, le gustaba, pero ya no existe, no es. Otra posibilidad muy utilizada, y también muy poco consoladora, consiste en vivir en los demás cuando sabemos que los demás también morirán. Muy loable recordar a los muertos, sí, pero en realidad no los recordamos, nos recordamos a nosotros mismos con los muertos al fondo, efectivamente, y por ahí no hay salvación.
Miguel de Unamuno -el gran especialista en intentar responder a esta pregunta de cómo afrontar la muerte- piensa en todas estas formas de inmortalizarse y que, al fin, vivirá en sus personajes, pero también piensa que esos personajes no son él plenamente y él quiere a toda costa inmortalizarse siendo él mismo. Y aquí está el quid de la cuestión: que si uno es persona con todo lo que hay que tener, es decir, un espíritu con su cuerpo, su mente, sus recuerdos y experiencias, no quiere morir. Y esto sabemos que no es posible: si hay muerte, todo es vano, y al final todo es nada. Pero si algo soy no puedo morir. Y este es el dilema que solo puede romperse desde una perspectiva religiosa.
Efectivamente, la muerte solo se afronta si se niega. “Si Jesucristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”. Y quería decir, y vana nuestra vida, y la de todos, porque la Resurrección de Cristo marca un antes y un después en la historia evolutiva del ser humano, se logra por primera vez la ruptura con la muerte y, por lo tanto, salvar la vida.
Pensemos en esto. Si la humanidad había pasado de su estadio más animalizado a los periodos de tecnología lítica, control del medio y dominio de los elementos pero seguía muriendo, es decir, desapareciendo en la nada, ¿cómo vamos a conseguir avanzar? Porque cuando en la Grecia clásica se empieza a valorar a la persona y se empieza a creer que es la persona, y no la polis (la tribu, el pueblo), la que tiene importancia, es la persona la que debe sobrevivir a la muerte. Y este cambio es sustancial, porque aquí aparece por primera vez el deseo de que la vida de cada uno sea una realidad para trascender. Pero claro, si hacemos una obra de arte con nuestra vida o la perdemos en cuestiones sin importancia deberá ser para algo posterior; de lo contrario, entraríamos en el mismo problema que tenemos ahora: ¿todo para nada?
Y entonces -lógicamente- llegamos a ese descubrimiento helenístico: hay que vivir al día, que todo se acaba. Y así, de esta desesperación por la muerte certera y total, surgen las escuelas epicureístas y hedonistas. Si vas a morir -dicen- por lo menos disfruta de la vida.

De la nada al infinito

Y esta es, sin duda, la culminación de los tiempos, el tiempo en el que el hombre se ha sacudido sus ataduras de la naturaleza y se quiere comportar como un inmortal, siendo mortal. El hombre entonces, y solo entonces, necesitaba que Dios lo salvase, y vino Cristo al mundo a eso, a poner fin a la muerte. Desde entonces, como decía Unamuno, el ser humano deja de nadearse y empieza a infinitarse, y de ahí viene nuestra felicidad y completud. Ya no morimos, ahora nos infinitamos, tenemos una tarea absoluta por delante, un quehacer constante hacia lo bueno, lo bello y lo verdadero. Y la vida nunca acaba. La muerte es un accidente en la vida, una transformación, un paso.
Por eso solo hay una forma que responda a la pregunta de cómo afrontar la muerte: hacerlo desde una perspectiva cristiana, donde la muerte no es el fin, sino el principio de una felicidad completa y la continuidad de esta felicidad siempre necesitada de algo más. Y la vida es un quehacer urgente, donde todo cobra sentido y todo tiene importancia, cada minuto, cada acción.
Y así afrontamos la muerte, la propia y la ajena, como un paso a la felicidad verdadera.


Publicado en El Debate de Hoy  el 15/10/18 

martes, 22 de mayo de 2018

El comentario de texto


Hacer un comentario de texto no consiste en seguir las pautas de la PAU y soltar un rollo largo de contexto, ideas principales, secundarias y esas cosas a las que someten a los estudiantes de Bachillerato. El comentario de texto estándar, creado en serie para aprobar un examen no sirve para nada, al menos no sirve para analizar el texto.

Un comentario de texto tiene un solo objetivo: dar cuenta del texto, es decir, comprender y saber expresar por qué ese texto que tienes delante es significativo, importante para la cultura occidental o universal (que casi es lo mismo), básico, prometedor, significativo, sugestivo, etc.

Un texto es un fragmento de una vida de un autor, de una obra, de un contexto histórico, de una tradición determinada y lo primero que hay que hacer, si fuese el caso, es explicar ese contexto, esa vida, esa obra o esa tradición. En ocasiones no importa nada el contexto y el texto vale por sí mismo: aunque fuese anónimo tendría valor por lo que dice y no por cuándo fue dicho. Por eso es artificioso y totalmente fuera de lugar plantear que lo primero que hay que hacer en un comentario de texto es soltar un tema de contextualización y hablar del autor y su biografía. No. Se trata de aclarar el texto, no de usarlo como pre-texto para demostrar la capacidad de memorizar y volcar contenidos a corto plazo.

Digamos que el autor, la vida y el contexto histórico son importantes solo si son importantes, y es por eso que lo primero que hay que hacer es leer el texto y comprenderlo perfectamente para saber si estas cosas importan. Este ejercicio (la lectura atenta) es muy importante en un tiempo en el que los textos se leen siempre rápidamente, transversalmente, sin comprender del todo.  La digitalización, el exceso de información y la aceleración de la vida hacen que este ejercicio de leer un texto comprendiéndolo plenamente sea más difícil hoy que hace unos pocos años, pero hay que hacerlo.

Así que la lo primero es leer pausada y atentamente, con un lápiz en la mano y con el propósito de comprender el texto y sus matices. Como técnica es adecuado subrayar, hacer círculos, dibujos, colocar flechas internas y externas: una lectura adecuada debe relacionar el texto tanto interna como externamente, esto quiere decir que para contextualizar correctamente un fragmento hay que leer la obra entera y algunas otras obras del autor, así como saber de su tiempo y su vida, por ejemplo, si yo leo en el Discurso del Método, de Descartes:

"El primero era nunca aceptar como verdadera ninguna cosa que no conociese con evidencia que lo era"

Tengo una primera palabra: “primero”, que hace referencia a una serie de pasos para alcanzar algo (el conocimiento verdadero), podría enumerar el resto, los cuatro siguientes, pero hay algo más importante: que no se dan una serie de pasos para algo si ese algo que queremos conseguir se puede lograr directamente, por lo que debemos entender que el conocimiento es un problema, que hay distintos tipos de conocimiento y que aquí Descartes se refiere a uno que no se alcanza de repente, sino de forma metódica.

Aquí sí está el contexto, Descartes –como sabéis- es el punto de inflexión hacia la filosofía moderna, y se encuentra con la necesidad de buscar luz entre los textos científicos de su época, que alejados de la realidad debatían sobre ideas y teorías que se habían despegado, más de lo necesario, de lo real y por lo tanto de la verdad como adecuación. Quizá la vida de Descartes sea interesante para comprender esta palabra, primero. Porque había viajado por el mundo y le había entrado un principio de enfermedad filosófica grave: el relativismo. Con este método pretendía curarse e inmunizar a la sociedad de su época.

Como veis, la palabra primero dice mucho más de lo que habíais imaginado…, puesta aquí indica eso, un método para alcanzar un conocimiento depurado, verdadero. Después tenemos otra idea: “no aceptar como verdadera” Significa que la costumbre, la vaguería intelectual, el miedo o los prejuicios, nos llevan a veces a aceptar por verdadero lo falso. Si uno lee el periódico se dará cuenta de que buena parte del mismo es una mentira disfrazada, muchos intereses ocultos y patentes están en un periódico, por lo que debemos leer sabiendo que lo que leemos es una visión de una realidad que no conocemos, debemos intentar buscar esa verdad que está detrás de la interpretación del periodista.

En el texto de Descartes se dice que es la evidencia lo que importa, es decir, que no podemos dar por buena una noticia, una teoría, una palabra que no sea evidente a nuestro entendimiento o a nuestros sentidos como principio del conocimiento.

Una vez leído y comprendido iremos ya a escribir el comentario:

1.      Presentación del texto: unas breves palabras del mismo en todo caso, centrado en tiempo y autor, unas breves palabras del autor. A veces si la época es importante o si el autor lo es mucho o es poco conocido sí se debe hacer una exposición del autor o de la época.
2.      Decir lo que dice el texto, es decir, intentar ser lo más objetivo posible, primero solo lo que dice. V.g. “Descartes enuncia la primera regla de su método que consiste en no dar por válido ningún conocimiento que no sea evidente”.
3.      Decir lo que no dice el texto, y aquí todas las posibles relaciones del texto, cada palabra, cada idea, está relacionada con otras ideas que conocemos o que nos sugieren. Aquí, en el texto de ejemplo hay que hablar de tipos de conocimiento, de la importancia de los sentidos, de la escolástica y el Renacimiento, de los viajes de Descartes, del concepto de verdad, de la filosofía y de todo lo que nos venga a la mente (o a una búsqueda en Internet (qué se le va a hacer).
4.      Concluir, sintetizar, y reivindicar el texto.  En este apartado demostramos que lo hemos comprendido, reducimos todo el conocimiento adquirido por la lectura en unas pocas líneas que aportan significado.
Este último apartado es lo que se llama crítica, que a veces se malinterpreta por algunos profesores-funcionarios como criticar, en el sentido de buscar los defectos a la vecina. No, a Descartes no se le critica. A veces incluso hay quien dice que en este apartado hay que poner la opinión que merece el texto al alumno. No. Ni criticar ni opinión personal. La opinión que un neófito tenga de Descartes, por ejemplo, es del todo irrelevante, no aporta conocimiento. La única opinión es la que relaciona el texto con otros textos del autor o con la tradición filosófica anterior y posterior. En este apartado lo que hay que destacar es qué relevancia tiene el texto para el mundo, qué importancia tiene, por qué está ahí.

Como veis es simple: un comentario es presentar un texto, decir lo que dice y lo que no dice y aportar una visión que aporte realmente conocimiento.

viernes, 22 de diciembre de 2017

La mitad de la mitad de los catalanes

Pero también la inteligencia tiene su manera de amar...


Dos millones (2.063.361) de catalanes han elegido un camino que -en el mejor de los casos - no les va a solucionar nada y que lo más probable es que les lleve a una mayor pobreza, una pérdida de libertades y un aislamiento internacional como no hemos conocido desde el fin de la segunda guerra mundial. Eso de la utopía, de la construcción de Estados nacionales, de la Arcadia feliz que se opone radicalmente a la convivencia, a la fraternidad y a la coherencia más vulgar,

La verdad es que parece incomprensible que la mitad de un pueblo civilizado se olvide de lo bonito que es ir por la calle sin miedo a que te maten, que se olviden de que buena parte del mundo está pasando hambre mientras ellos brindan con cava y que en una masa de dos millones de personas antepongan la utopía a su propio bienestar queriendo separarse de quienes les compran el 80% de lo que producen.

Que haya lunáticos no es ningún misterio, más o menos debe haber un 10% en cada población para que el mundo funcione. El independentismo radical, republicano y comunista, ERC, obtenía siempre eso, entre un 5 y un 10%, y el resto eran moderados, (moderados corruptos, pero moderados).

La pregunta es ¿Qué ha pasado para que la mitad de los catalanes decida apoyar con su voto a un imposible que les traerá la ruina? El análisis facilón es que dominan los medios de comunicación y la educación, pero eso no explica el paso de cien mil votos a un millón en ocho años.

Mi tesis es que nos han llevado a esta situación no la mitad de los catalanes, sino que es la mitad de cada uno de ellos la que ha decidido. Me explico: dicen que el hombre es sentimiento y razón (es mucho más), pero este sentimiento y razón es un solo acto, solo que a veces prevalece lo sentimental y a veces lo racional, dependiendo en el ámbito que estemos. Lo que ha ocurrido es que ha decidido el sentimiento y no la razón en un espacio donde debe primar ésta última. La razón –que busca el orden, la paz, la economía, la serenidad- ha perdido en las elecciones internas de esos dos millones de catalanes, ha ganado el sentimiento, que no es malo que gane a veces, sobre todo en los espacios donde debe ganar, por ejemplo, en el amor sería inadecuado usar el cálculo para saber con quién compartiremos nuestra vida. Cuando es el sentimiento y no la razón  la que domina en casi todos los ámbitos estamos ante un adolescente, ante alguien que hace tonterías “porque lo siente”.

Es posible que el ser humano haga tonterías cuando es adolescente, o en la edad adulta cuando está bajo presión, cuando no tiene lo suficiente para vivir, cuando sus derechos están amenazados, pero no es nada explicable que el sentido común no aflore en momentos como este, en los que una clase política se decide a esa aventura incierta de la independencia cuando otros dos millones no la quieren ni de cerca.

Ha fracasado Kant, la ilustración, la civilización y ha ganado el campo, la barbarie, la tierra y el baile tribal, los lazos de sangre y el sentimiento paleolítico de amenaza exterior.

Si los catalanes estuviesen en la miseria y en el resto de España se viviese a lo grande; si hubiese cientos de detenciones arbitrarias cada día; si tuviesen miedo de salir a la calle; si les prohibiesen hablar su idioma, bailar la sardana, hacer torres humanas o hacer calçotadas; si hubiese inspectores de una policía política en busca de disidentes de un Estado totalitario y en constante guerra contra los enemigos internos... en ese caso sí entendería que votasen liberarse del enemigo opresor y lanzarse por la senda tenebrosa de la independencia y de esos años de búsqueda progresiva del reconocimiento internacional, del aislamiento, de la apertura de nuevos mercados mientras la miseria y el paro crecen, las fronteras de la UE se cierran, se les expulsa del euro y la cae empicada la competitividad. 

Pero nada de esto se da ni se ha dado. En Cataluña no hay ninguna persecución, y si la hay son los independentistas los que persiguen a la mitad no independentista, y no al revés. La Generalidad ha puesto más de mil multas lingüísticas (¡multa por hablar como te dé la gana!) y muchos catalanes han tenido que recurrir a los tribunales para exigir su derecho a ser escolarizados en castellano. La represión siempre viene del  lado independentista y solo una vez, el 1º de octubre, el Estado reaccionó, tras cuarenta años de olvidarse de los derechos de los catalanes que quieren hablar castellano o rotular su negocio en la lengua que les venga en gana, por ejemplo. 

La Generalidad tiene el control de los funcionarios, de la policía, de la televisión, de la educación, de la universidad y de la cultura; millones de euros se van a la promoción del idioma y de la cultura catalana marcando la diferencia de la cultura del resto de España, y sin embargo, no se sienten del todo independientes. Y a mí me parece bien, es un sentimiento, quizá uno pueda pensar que estarían mejor sin el resto de España, pero me parece una demencia hacer de esto un "proceso" o poner en peligro aquellas cosas que han costado sangre sudor y lágrimas por ese sentimiento de querer ser más independientes.

A mi particularmente me gustaría que Portugal formase parte de España, pero aunque mi sentimiento fuese compartido por la mitad de los portugueses y la mitad de los españoles no se me ocurriría invadir Portugal. Así de sencillo, porque el sentimiento no puede moverme a poner en riesgo la seguridad, la economía y la justicia. Seguiré yendo a Portugal y, como es Europa, casi no se nota que es otro país. Pues lo mismo deberían hacer esos catalanes que quieren separarse. 

Pero está claro que visto el problema solo queda enfrentarse a él con sentimientos y no con razones, de ahí el acierto de Ciudadanos: un corazón con tres banderas (deberían haber sido dos, a mi juicio sobraba la europea), pero les ha faltado el relato de todo lo que nos une: las vacaciones en Madrid, o en Mallorca, o en Galicia, las cañas, la alegría de ser españoles, la selección, el orgullo de nuestra historia en común, el recuerdo de los abuelos andaluces o extremeños, las montañas de Aragón, Cuéntame, la EGB y el flamenco de Peret.

Y el fracaso del PP estaba cantado: no se puede oponer al sentimiento razones, ley, orden. Y si lo quieres hacer debes antes hacer que la gente se olvide del sentimiento, es decir, gobernar un año dos o los que hagan falta hasta que los ánimos se calmen.

jueves, 16 de febrero de 2017

El discurso de la unidad


El discurso de la unidad puede esconder el deseo de imponer una sola forma de mirar el mundo. Cuando alguien habla de unidad para llegar al poder casi siempre está diciendo es que quiere acabar con “los otros”.

La unidad es algo que no se predica, de hecho no puede buscarse, solo puede buscarse lo que logra la unidad, esto es, un proyecto común y trascendente. Otra manera es buscando el pasado: puede plantearse que en un tiempo mejor estábamos juntos; hicimos cosas grandes… y entonces plantear el futuro… ¿No recuerdas lo bien que lo pasábamos en el 15M? ¿Recuerdas lo maravilloso que fue el noviazgo? 

Tiene razón Pablo Iglesias (sin que sirva de precedente) en el mantra que repite constantemente cuando le hablan de si está o no a favor de la independencia del País Vasco y Cataluña: “con un gobierno de Podemos no querrían irse”, es decir, si se quieren ir es porque aquí, en España, no hay un proyecto de país, son todos corruptos, etá todo muy mal, etc., etc.

Lo que descubre Pablo Iglesias (o el genio que ideó ese mantra), es que los catalanes y los vascos que hoy quieren independizarse –que no son muchos– no querrían hacerlo si en España las cosas funcionasen bien. Los románticos que son capaces de renunciar a todo por la patria chica son muy pocos; la mayoría queremos vivir en un país que crezca, que tenga una proyección en el mundo y del que podamos sentirnos orgullosos.  

No se puede pedir la unidad para nada, para seguir en la mediocridad o para mandar uno en vez del otro. La unidad se solicita cuando hay que hacer algo, se dice “vamos todos juntos a allá”, “vamos a trabajar en esto”, etc. No tiene sentido juntar a la gente para no hacer nada y cuando eso pasa (quizá un líder carismático pueda hacerlo) esa unidad falsa dura muy poco o nada.

Quienes tenían el discurso de la unidad bien aprendido eran los primeros falangistas, los que vivieron entre el 34 y el 37 del siglo pasado. En su juramento –esto tiene mucho que ver con Podemos–, se decía: “Juro mantener sobre todas la idea de unidad, Unidad entre las tierras de España. Unidad entre las clases de España. Unidad en el hombre y entre los hombres de España”. Se llamaba a la unidad no para estar, sino para cumplir una misión histórica de España: una unidad para crecer juntos y tener una preponderancia en el mundo. No era un discurso vacío, ni se pensaba en llegar al poder para aniquilar a los disidentes, sino para hacerlos participar en una tarea común.

El discurso de la unidad es vacío sin esa tarea. Conozco al menos tres asociaciones que llaman a la unidad cuando una facción quiere imponerse sobre las otras. Y curiosamente se oye el mismo discurso en todas las facciones. Y cumplen: cuando llegan con la unidad, depuran a los otros.

Si no hay algo trascendente que justifique esa unidad es (además de vacío) un discurso falso, puesto que lo único que busca es justamente lo contrario: expulsar del grupo a quienes no se alineen en la facción correcta. Y esto es lo que le ha pasado recientemente a Podemos, ambos bandos, los socialistas y los comunistas, llamaban a la unidad, pero sin hacer referencia a la causa común por la que luchaban. Y cuando se pierde la causa común trascendente solo queda el poder y lo mundano, las luchas internas, las rencillas, las manías y el mobbing.

Si además de vacío y falso el discurso de la unidad se quiere mantener, se convierte en un discurso violento. Es como el desengañado del amor que quiere estar con ella y ella nones; entonces lo que hace es acosarla hasta la saciedad. No es no, que dijo un gran perdedor. Y cuando alguien se empeña en lograr la unidad por deseo de una parte, ignorando a la otra, la cosa termina mal, como parece que puede pasar en Cataluña si se sigue apelando a la unidad sin darles la opción de participar en algún proyecto común ilusionante.


Así que, consejos gratis:
  •     Nunca apele a la unidad por las buenas, la unidad es siempre unidad-para
  •     Nunca se presente a su público sin un discurso de futuro
  •     Si le dicen que no y no tiene nada que ofrecer, nada que ilusione, abandone
  •     Si dirige un país con separatistas ofrezca desde el centro un discurso integrador hacia el futuro
  •     Si dirige un país con separatistas  y no funciona el discurso integrador hacia el futuro, enseñe historia


lunes, 2 de enero de 2017

El vestido de la Pedroche


Conste que soy el menos indicado para escribir de estas cosas. Primero porque no sé quién es Cristina Pedroche, bueno, sí la acabo de ver en la foto que todo el mundo comenta, pero no sé a qué se dedica (ni me importa). Segundo porque no tengo televisión (y me gusta decirlo, tomé las uvas con la Bárbara Archilla e Isabel Lobo en la COPE). Tercero porque no me interesa el asunto rosa.

[Y entonces ¿por qué escribe sobre algo que no le interesa y de lo que no tiene ni idea?]

Escribo esta primera entrada del año sobre ese asunto porque el tema no es ni Cristina Pedroche ni su vestido. Me interesa la estupidez humana como tema filosófico, y este asunto del vestidito es un ejemplo paradigmático. En concreto me mueven a escribir dos artículos: el primero de Lucía Etxebarria en El periódico  y el otro en El Huffingtonpost de Yolanda Domínguez, artista.

Se trata de una mujer que se viste como le da la gana y que gana un montón de euros, por hacer lo que le gusta. Y eso les escandaliza como mujeres y como feministas. El escándalo que mueve a las autoras es inmarcesible. Se escandalizan y no saben por qué, no saben dónde poner la crítica ¿en el vestido? ¿en la chica? porque están cansadas de decir que una mujer puede ponerse lo que quiera y que nadie puede juzgarla. ¿Quiénes son ellas para meterse con Cristina Pedroche y su traje de fiesta/baño? 

Como no pueden arremeter contra ella disparan contra el hombre que sale vestido a su lado o contra la empresa (ambos opresores en el imaginario marxista-feminista). 

Pero no es un caso fácil de opresion 'heteropatrialcal'. Porque lo que están diciendo es que una mujer semidesnuda es un objeto-propiedad-de-un-hombre y eso es muy grave en una sociedad en que se desnudan voluntariamente muchísimas mujeres y "muestran sus encantos" quienes así apetecen, como y cuando quieren; tan  libre y voluntariamente como Cristina Pedroche ¿Son todas las mujeres que enseñan parte de su cuerpo víctimas del heteropatriarcado? ¿Son todas esclavas? Porque también se dice esto de las que van con burka. Estaríamos ante un hecho terrible donde las mujeres que enseñan y las que no son esclavas del machismo.

Y es que el problema no está en las mujeres, el problema está en La Tele. No en la cadena, no en la empresa ni por supuesto en el hombre que viste elegante. En el concepto de La Tele. La misma que da de comer a Cristina Pedroche y, en parte, a las dos sesudas analistas: Etxebarría y Domínguez. 

El falso debate versaría sobre si es posible una televisión en la que no ocurriesen estas cosas... Pero si no hubiese mujeres desnudas saldrían las feministas a ponerlas (véase años 70). Si no hay censura no hay otra televisión posible, porque La Tele es un aparato que lanza imágenes que tienen que atraer la atención de mayoría, de la audiencia, y la mayoría es, por definición vulgar. A los hombres y a las mujeres vulgares les gusta la belleza sexuada de las mujeres (y de los hombres). No podemos luchar contra eso. Por eso la publicidad busca modelos con alto contenido erótico, solo porque eso gusta, atrae, acerca. La desnudez en las mujeres bellas gusta tanto a los hombres como a las mujeres.  

Además el propio medio lleva a lo superficial, a la mirada, a la corporeidad más que a la espiritualidad, como es lógico. Se trata de atraer, atrapar a la audiencia y eso solo se hace de manera zafia. La televisión de calidad es un oxímoron.

La belleza superficial femenina -decía- atrae a ambos sexos. A los hombres por el contenido sexual, la sexualidad del hombre es visual. A las mujeres por una idealización de su propio cuerpo. Lucía quiere ser como la Pedroche (eso deja ver en su artículo), aunque tiene el cuerpo de Lucía. Por eso se hace fotos semidesnuda y participa en entrevistas como la de esta de la foto.

No es posible otra cosa. La ley de las audiencias impide la elegancia, es La Tele la que manda, la que busca atraer, sorprender, estimular lo más bajo del ser humano. Cada cadena tiene su pedroche, su desnudez, su incitación a la lujuria disfrazada de originalidad, belleza o modernidad. Simplemente porque la lujuria es forma en la que el vulgo interpreta la belleza.

"yo me  sentí incómoda y ofendida al ver a Cristina Pedroche"

Todas las mujeres (y hombres) quieren sentirse miradas y admiradas por su belleza y esto es muy difícil porque la verdadera belleza es cosa de muy pocos y es pasajera. Entonces tenemos dos opciones: o atraer por la elegancia, es decir, por ser una persona plena que destaca por ella misma; o por la vulgaridad. Y como la elegancia es inaccesible para la mayoría es la vulgaridad la que triunfa mayoritariamente. El mostrar el cuerpo por entregas hace las veces de la belleza: iguala y permite que cualquiera pueda ser mirada con deseo. Da igual que seas fea, gorda o vieja: muestra un gran canalillo, una minifalda, un hombro o un ombligo y serás mirada, quizá con ardientes deseos, en todo caso serás visible. 

 "Es símbolo de una España zafia, grosera, rancia, inculta y sexista"


Pero claro, las miradas se pagan: una mujer que muestra su cuerpo está lanzando un mensaje (a veces inconsciente) que indica que solo puede ser valorada por su cuerpo y no por sí misma, es decir, que apuesta por lo vulgar y no por la elegancia. Se prepara para la cosificación. 

Que esto se haga en La Tele no es nada del otro mundo, es lo que hacen millones de españolas a diario. Que a la mayoría les guste es algo natural: lo vulgar es lo mayoritario ¿dónde está el problema?  ¿No éramos demócratas? ¿Votamos a ver qué quieren los españoles si a Pedroche o a Etxebarria? No hay que votar, hay audiencias.

Claro que aunque el pueblo (la audiencia) lo pida no podemos cosificar. ¡¡¡Sí, el problema está en la cosificación!!!, claro, claro... por eso no queremos cosificar a las mujeres y las tratamos con respeto, las valoramos como personas ¿verdad? aquí nadie quiere acostarse con nadie que no conozca y nadie valora a las mujeres por su cuerpo. Sobre todo la gente 'de izquierdas'. Los progres jamás se acuestan con una mujer por deporte, nunca. Nunca se fijan en los respetables cuerpos de sus iguales. Nunca. Y las feministas nunca nunca muestran escotes pronunciados ni minifaldas para atraer miradas de saldo... si lo hacen es "para sentirse bien". En fin. Feliz 2017.


Post Post. Editando la entrada he visto que el texto de Lucía Etxebarría es un plagio y que la autora es Carlota Miranda. Curioso que aún descubierta no haya retirado el plagio de Facebook y siga haciéndolo pasar por suyo, ganando fama de buena escritora, comentarios y visitas, como si lo fuese. De todos modos el artículo de Carlota es mucho mejor. Lo que aporta Lucía es de pésimo gusto como la comparación que hace entre el vestido y un niño vendiendo condones (¿?):
"Llamarnos machistas o retrógradas porque nos molestó la imagen de Cristina Pedroche en Nochevieja sería como llamarnos retrógradas y poco avanzadas si se utilizara la imagen de un menor de edad anunciando condones en la tele" [sic]

Que una escritora plagie un artículo hace sospechar de toda su obra. Es la corrupción mayor del oficio.

martes, 12 de mayo de 2015

Texto sobre la muerte de san Agustín


La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.

Yo soy yo, vosotros sois vosotros. Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo. Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste. Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.


Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra. La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado. ¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?

Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino. ¿Veis? Todo está bien.

No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.


Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.


Santa Mónica / San Agustín

viernes, 1 de mayo de 2015

Cobardía y ateísmo



El fantasma de la cobardía recorre Europa como una plaga bíblica que se extiende por todos los rincones del espíritu y amenaza con deshacer el alma de los europeos. Creo que la viene de la mano de nuestra democracia globalizante y masonizante. Aunque el miedo es consecuencia de la falta de fe, la cobardía está en todas partes, quizá porque en nuestra época la fe se ha perdido casi por completo. O dicho de otro modo, la increencia está en el ambiente y la respiran tanto ateos prácticos como creyentes (ya ni los ateos creen realmente que Dios no exista, simplemente no le prestan atención y viven como si no existiera, no lo niegan porque eso supondría creer en algo).

La cobardía -decimos- está en el ambiente y afecta por igual a ateos que a creyentes. Lo respira cualquiera en la televisión, el el parque, en el psicólogo o en el confesionario, adentrándose en el alma pensamientos nihilizantes que anidan en el cerebro: "solo se vive una vez", "disfruta de la vida mientras puedas", "eres muy valioso", "nadie puede contigo"...

La afirmación de la vida y del yo como única fuerza es la negación de la vida eterna y de Dios: por esta razón el miedo no es cristiano, porque todo miedo tiene su raíz en la muerte y Cristo venció a la muerte. Sí hubo varios casos de cobardía en la Iglesia primera. Y hubo un cobarde que se lavó las manos y poco antes (con toda lógica) había formulado un principio relativista (Quid est veritas?). Todo esto es lógico, porque en el mundo antiguo solo importaba esta vida, solo se vivía una vez. Pilatos tenía que hacer cálculos para no terminar asesinado, no podía hacer justicia, solo podía calcular el precio de su decisión. 

El ambiente de inmanencia, pilatiano, hace que el miedo sea valorado como algo positivo. A la cobardía la llaman estrategia, prudencia o inteligencia; y a la valentía locura. Hay un calculo ético, de hasta dónde puedo hacer "el bien" sin mojarme demasiado. Ya nadie se enfrenta al agresor: se llama a la policía, no se crucifica a Cristo, pero se deja que el pueblo decida. Los jóvenes no irían a la guerra ni por todo el oro del mundo. Ya nadie planta cara, se mira para otro lado. Y se convive y colabora con el mal, pensando en males mayores si no se hace. Como el miedo a la muerte es la raíz de todos los miedos, entonces hay miedo a perder el puesto de trabajo, o el de dirección ("¡tanto has luchado porque te tomaran en serio!"), miedo a no alcanzar lo que se desea, a comprometerse... y termina con un miedo a vivir o haciendo cualquier cosa por seguir haciendo cualquier cosa (lo cual no deja de ser paradójico). Y la vida consiste en estar alerta y tomar precauciones. hay que tener cuidado, dicen, si escribes esto o lo otro, si dices A o B, si alabas a X o denigras a Y. Tienes que andar con cuidado porque puedes perder lo que tienes. Pero realmente eso que tanto guardamos no es tan valioso, no merece la pena.

La cobardía campa a sus anchas por todos los rincones, pero especialmente por los ambientes religiosos, curioso síntoma que da miedo analizar. En todo caso, sabiendo que hay que morirse y que esto no merece la pena, no cabe espacio para la cobardía.

Hay que recordar, se recuerdan con demasiada frecuencia, las palabras del valiente caballero don Quijote, que cuando ya ha perdido la fe y la esperanza, se comporta como un cobarde huyendo de los rebuznadores, es decir, del pueblo, y dejando al pobre Sancho a expensas de los enemigos... y se justifica así:

"—No huye el que se retira —respondió don Quijote—, porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo. Y, así, yo confieso que me he retirado, pero no huido, y en esto he imitado a muchos valientes que se han guardado para tiempos mejores"
Segunda parte, capítulo XXVIII