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martes, 3 de abril de 2018

Sentimiento y razón




Últimamente me encuentro con un recurrente argumento frente a mi defensa de la razón frente al sentimiento: el sentimiento -dicen- es la experiencia y es previa a la razón, por lo tanto debe ser predominante.

Los partidarios de la experiencia, del sentimentalismo, del desnudo de las emociones, me suelen mirar con pena, como diciendo “pobre, si supiese lo que se pierde al no expresar los sentimientos”. Creo que pensé en este artículo cuando un profesor budista me decía que él lloraba varias veces al día (o a la semana) y que había que “sacar” todos los sentimientos en todo momento, yo -la verdad- pensé que no debería llevar una vida buena para llorar tanto. Pero esto de "sacar" sentimientos es más que una moda. De hecho hay grupos de risoterapia, lloroterapia, teatralización, gritoterapia, cantoterapia (creo que no lo llaman así), etc. A algunos grupos de Iglesia les encantan las lágrimas grupales, las confesiones a la comunidad, los "testimonios" de personas que estaban en lo peor y que al conocer a Dios cambiaron radicalmente. En los debates sobre el nacionalismo, cuando les digo lo bien que viven los nacionalistas españoles en comparación con los países con los que les gusta compararse, me dicen que los sentimientos de los catalanes independentistas son muy importantes, casi tanto como el derecho o la economía. 

En fin, de nuevo otro fantasma recorre Europa: el del sentimentalismo, que ya pasó en el siglo XIX y dejó muy mal la cosa…

Mi tesis es que la experiencia sentimental ni es ni previa a la razón ni debe ser predominante. No es previa porque el ser humano no puede dejar la razón a un lado para tener experiencias y luego recogerla para analizarlas. La percepción no funciona así, la razón no está para analizar, quizá confunden el término razón con la ciencia, quizá, o quizá estemos estrenando un  tiempo de renacimiento del irracionalismo.

La razón es lo que nos permite ver el mundo como seres humanos, es decir, desligarnos del espacio y del tiempo y poder salirnos de lo cotidiano, de la percepción inmediata, del carpe diem y crear una realidad consistente e intersubjetiva. Los animales y los niños perciben así, sin razón: lo que hay es lo que ven, sin un posible análisis, y lo que ven es lo que su instinto -o su inteligencia- le permite ver. Pero nosotros, los humanos adultos,  no vemos lo que tenemos que ver, vemos lo que queremos ver, seleccionamos de toda la realidad lo que nos interesa por situación, por ideas preconcebidas o por historia personal. Por eso necesitamos un análisis de esta realidad, porque nosotros construimos la realidad y le damos sentido como sociedad.

Si después de percibir, de tener una experiencia sentimental, queremos salir de nuestro solipsismo y comunicarla a los demás, no nos vale con la experiencia nuda, necesitamos salirnos de lo inmediato, romperla, analizarla y descubrir la verdad objetiva que pueda haber en ella, porque sí, puede haber experiencias que no merecen ser tenidas en cuenta. 

Así podemos distinguir dos niveles de verdad: un primer nivel donde lo que se siente, lo que se percibe, no es discutible, es verdad el sentimiento (es verdad que sientes lo que sientes); y otro nivel superior donde esa verdad se pone a prueba con la realidad intersubjetiva y se integra en un proyecto de vida donde se ordena. No son dos actos, es un mismo acto con dos niveles o momentos. En el primer momento no hay discusión, lo que percibimos percibido queda y no hay forma de convencernos de que lo sentido es real o falso. Aquí no hay diálogo ni posibilidad de cambiar, solo hay tolerancia: tú con tu verdad, yo con la mía, nadie puede quitárnosla. Pertenece por lo tanto al mundo de la opinión, donde no podemos entrar más que a clasificar las opiniones y experiencias, todas al mismo nivel. Si uno siente la energía del Universo, el Amor de Dios, la humanidad de su perro, la opresión del Estado, la soledad o la tristeza nadie puede decirle nada, nadie puede quitarle esta idea previa, digamos que es su experiencia y por lo tanto es verdad para la persona que lo experimenta. Solo queda mirar al otro con pena, con alegría, abrazarlo o apalearlo.

Pero con estas experiencias y sentimientos no hacemos nada, no nos formamos como comunidad ni como sociedad, ni como personas. Como mucho podemos buscar quienes hayan tenido experiencias similares y por lo tanto la forma de unidad que genera este sentimentalismo es la de grupos de reafirmación del sentimiento: grupos religiosos que se esmeran en vivir las experiencias místicas (música, color, iluminación, cánticos), grupos de nacionalistas donde todos comparten el amor a la patria utópica basado en experiencias inmarcesibles: las montañas, la lengua, los ríos y las fuentes de Rosalía de Castro son compartidos por un pequeño grupo de experimentadores que excluyen por lógica a aquellos que no lo han vivido. La raza, la lengua, la patria chica, la pacha mama: abracémonos todos en la lucha…

Claro que del sentimiento espontáneo pasamos fácilmente a la manipulación: bien dirigidos, con un conductismo social, puede hacerse que un grupo grande de personas se enciendan con estas experiencias previas, personales, incomunicables; e incluso personas que no las vivieron originalmente vivan las experiencias al ver a los demás contarlas, al repetir esquemas, canciones, lemas, imágenes, relatos. Entramos en el resbaladizo terreno del populismo y de la postverdad.

Pero por encima de este sentimentalismo existe la razón que siente, la que aplica los criterios de verdad sobre la experiencia sensible. Vemos el mundo que queremos, pero ¿podemos ponernos en el lugar del otro para sentir lo mismo? Ciertamente en el primer nivel no, como mucho podemos reproducir la experiencia, pero en el segundo nivel podemos hacer abstracción y por medio de comparaciones comprender lo que no hemos experimentado o no experimentamos por nuestra perspectiva, podemos ir a la realidad a comprobar si ese sentimiento es adecuado. Lo que hacemos en este segundo momento es despegarnos de nuestra realidad y ponernos en el lugar del otro y por lo tanto podemos tener experiencias para compartir, para pensar en común. Aquí ya no está solo tu verdad y mi verdad, aquí entramos en una nueva realidad que no es ni tuya ni mía, una verdad que hay que buscar en común.

La razón es pues una especie de mediador entre nosotros, que tiende a unir experiencias para poder llegar a una verdad. Ya no es la tolerancia, virtud del relativista, la que prima por encima de la búsqueda en común de la verdad. Ahora es la veracidad la virtud que nos mueve. 

La razón hace que las experiencias vividas sean aprovechables y permitan la vida en común y el crecimiento personal. Podemos dialogar con Platón y con Nietzsche porque ambos usan la razón (y vean que pongo ejemplos de filósofos no racionalistas), y con Lao Tse o con Ana Catalina Emmerick no, solo su experiencia nos vale como punto de partida, pero no hay razones detrás, hay videncias, experiencias directas que solo pueden servir si se integran en un proyecto vital.

El sentimentalismo de experiencia vital, alejado de la razón, nos inunda desde que Freud descubrió el inconsciente, Nietzsche y Schopenhauer las fuerzas ocultas de la vida y Marx las de la historia: como la razón nos lleva a un estado de cosas que no queremos tenemos que sacudirnos de la misma para progresar y entonces crear una realidad paralela donde la experiencia individual sea el centro de la vida. Muchas vidas se mueven, cada vez más, en esta irrealidad de lo sentimental, buscando acumular experiencias para sentir la vida, creando un mundo ficción solipsista o en grupo, donde las cosas suceden de acuerdo a estas experiencias. Y lo peor es que los medios de comunicación y audiovisuales con frecuencia apoyan esta ficción retroalimentando la experiencia previa. 

Si dejamos actuar al sentimiento, el amor se convierte en sensualismo, en seducción, en enamoramiento. Aunque el amor también es razón, propósito, promesa, de lo contrario ocurriría lo que suele ocurrir con demasiada frecuencia: que cuando el sentimiento se apaga o aparece otro sentimiento las relaciones se rompen. El amor no es enamoramiento.

En la lógica del sentimiento la realidad se convierte en la realidad experimentada y querida. Pero la realidad debe ser medida, articulada, probada, de lo contrario las convicciones de hoy mañana pueden ser desarticuladas sin prueba alguna, simplemente porque se me presenta con mayor atractivo la tesis contraria.

La religión tampoco puede reducirse a la experiencia religiosa. La religión, que puede comenzar por el sentimiento de unidad con Dios, por una experiencia, no es lo que debe primar, sino la racionalización de la misma y la integración en la vida, en toda la vida, como proyecto de salvación que haga más fecundo el diálogo con Dios y no se quede en pura experiencia.

Cada vez más el arte se quiere reducir a obras que dicen algo a alguien en un momento estético, el efecto Stendhal. El arte es sentimiento, sí, pero también trascendencia y canon, y forma, y sentido.

La nueva política quiere ser un juego de encandiladores atacando a los sentimientos más bajos del pueblo (el resentimiento ante la riqueza, el sentimiento nacional, el sentimiento de abandono, la desafección…). La política puede tener que ver con la psicología social, pero hay que tener claro el fin práctico de la misma: el bien común.

La educación se está convirtiendo en un juego para despertar las emociones del niño. La educación tiene mucho de encandilamiento, pero éste debe fluir hacia el conocimiento y hacia la formación de la persona completa, no solo de sus emociones.


La experiencia auténtica debemos integrarla en la vida sin darle más importancia que la que tiene, porque todos los sentimientos son iguales, pero algunos nos pueden llevar al error, en cambio la razón puede descubrir el error y permite el diálogo.

jueves, 24 de abril de 2014

8 ideas imprescindibles para dirigir centros educativos


1. Un director no puede estar en su despacho. Dirigir significa cuidar, cuidar de todos, y -por lo tanto- hablar con todos y saber qué pasa en su Centro.
2. A un director no le pueden dar igual los problemas de las familias, de los profesores o de los trabajadores del Centro. Debe conocerlos y saber adaptar las normas generales a las circunstancias particulares. Un director no puede ser un mero ejecutor de normas superiores.
3. Pero así como las circunstancias materiales deben ser tenidas en cuenta y trabajar adaptándolas y negociando; las ideas, los idearios del PEC, no son negociables y debe dirigir de acuerdo al ideario del centro. La libertad está en que haya muchos centros educativos con distintos idearios, no en que cada Centro tenga que perder su identidad para dar gusto a todos. No es obligatorio que todos los padres estén de acuerdo, pero se deben buscar a familias que comulguen con el ideario. 
4. El director no puede estar pendiente de las renovaciones pedagógicas de moda. La educación es una cosa muy seria que no se improvisa en un curso académico ni se realiza en los despachos. La educación es una tarea de comunicación personal, por ello...
5. La verdadera renovación pedagógica consiste en mejorar el clima de trabajo, la ilusión por la enseñanza y la formación del profesorado en la materias que imparten.
6. En todo caso la verdadera educación occidental tiene alma cristiana. Las propuestas de renovación pedagógica del estructuralismo (LOGSE), nuevas versiones de la Escuela Moderna y la Institución Libre de Enseñanza, de corte masónico, solo han traído (pese a su inmerecida fama) una pérdida de la calidad y un detrimento de las virtudes intelectuales y morales. 
7. El principal trabajo del director de un centro educativo es generar un clima positivo, propositivo y de libertad donde cada profesor se implique hasta el límite de sus posibilidades en la educación de los alumnos.
8. El director de un centro educativo debe saber que la identidad debe plasmarse en obras y no en palabras. Estas obras deben enfocarse hacia los niños, no permitiendo ninguna discriminación y conociendo sus problemas; hacia las familias, generando un clima de ayuda mutua y hacia los profesores, dándoles las herramientas y el apoyo necesario para la realización de su trabajo.



viernes, 24 de febrero de 2012

Comprendiendo a los políticos 2


Interesante vídeo en el que aparece un político común en acción

Fíjense en tres elementos:

1. Lo que pasa por la mente de un político de "izquierdas". Es decir se cree eso de los dos modelos como única diferencia entre dos marcas (PP PSOE).

Da a entender que

a. El PP sube los impuestos y mantiene la ley del aborto apelando al miedo, a que si no lo hace las cosas irán peor. El miedo se debe a la desconfianza: "discurso del pasado".

b. El PSOE sube los impuestos y mantiene la ley del aborto apelando al progreso y diciendo que cree en la gente, tiene mirada positiva, etc.: "discurso del futuro"

2. No le importa dar su opinión política y sesgada (toda opinión política es sesgada) a niños en contexto escolar. Si esto lo hace de visita y con cámaras ¿qué no hará un socialista en su tatrea diaria en la educación? ¿por qué ninguno de los presentes dijo nada?

3. En la segunda parte del vídeo se ve que la mentira no es más que una herramienta política, lo único que tiene de malo es que te pueden coger, entonces se utilizan otras herramientas políticas (el insulto, el despiste, etc.)

viernes, 28 de octubre de 2011

Manifiesto CONCAPA por la Educación [con comentarios]

1. Lo que define la relación educativa es el vínculo entre maestro y alumno. Este vínculo compromete a la persona de ambos, pero especialmente a la del adulto, esto es, el docente. El vínculo educativo está definido por la entrega, la generosidad, la disponibilidad personal del maestro al alumno. Occidente ha designado a este tipo de relación con la palabra amor. La educación se basa en el amor a la persona del alumno.

[Bueno, bueno, sin pasarse. Si el alumno debe ser amado es discutible. Este amor que exige la CONCAPA es un amor que debemos pedir a los políticos: que amen al pueblo; a los comerciantes: que amen a sus clientes; etc. Pero no se lo pedimos ¿verdad? El profesor debe tener un vínculo amoroso, sí, pero con la Verdad y con la sociedad a la que sirve].

2. Las condiciones laborales en las que se desarrolla la relación educativa no son determinantes, aunque sí importantes. Es necesario que el maestro ejerza su vocación en las mejores condiciones posibles. Pero la educación no se reduce a tales condiciones laborales. El problema de la educación no es de recursos.

[No solo, ahora ya sin acento, pero hay que pagar más. No puede ser que el profesor no participe en los beneficios de la educación privada, ya que el profesor es el centro de la educación de calidad, el precio hora del profesor, muy similar al del trabajo no cualificado le recuerda al profesor, cada mes, el estatus social al que es relegado, es lamentable que en educación, para ganar sustancialmente más haya que abandonar las aulas].

3. La situación económica de la Comunidad, como la de España, es de quiebra técnica. Es lógico que la escuela, como el resto de las instituciones, sufra la crisis económica. Sin embargo, nada puede ser excusa para que la calidad educativa experimente una merma significativa por razones económicas.

[Dudo que lo que no existe pueda experimentar una merma].

4. Está plenamente justificado el malestar de los profesores de nuestra Comunidad. Sin duda, es necesario mejorar la comunicación entre la Consejería y los docentes. No obstante, la huelga no es la respuesta adecuada al problema educativo que vive nuestra región desde decenios. Dejar de impartir clase no beneficia en nada a nuestros alumnos ni al ambiente que debería imperar en nuestros centros.

[Me opongo: dejar de impartir clase, pero para siempre, sería el mejor regalo que recibirían los alumnos].

5. Las asociaciones firmantes consideramos que la educación debe ser un ámbito en el que la política de partidos o los intereses ideológicos queden relegados en beneficio del alumno y sus familias. Por todo ello proponemos algunas líneas de actuación:

a. Prestigiar la figura del profesor, como factor fundamental para una enseñanza de calidad.
[Pagándoles más, ya que somos patronal, podemos unilateralmente y como medida de presión subirles el sueldo].
b. Trabajar por una escuela en la que el mérito personal del alumno, basado en el esfuerzo, sea valorado.
[Y para ello nos proponemos dejar de presionar a los profesores para que suban las notas a sus alumnos, dejar de preocuparnos por los rankings de notas en selectividad, etc.].  


c. Potenciar la diversificación en la ESO, adaptando los diferentes itinerarios a los intereses y capacidades de los alumnos, con la posibilidad de poder elegir a partir de 2º ESO
[Justo al contrario: a mayor diversificación previa mayor desprecio por la cultura]

d. Potenciar la autonomía de los centros para que puedan llevar a cabo sus proyectos educativos de modo autónomo.
[Y para ello nos negamos a cumplir, unilateralmente, la LOE, y exigimos su derogación inmediata, en espera de otra Ley que garantice la libertad y la autonomía de los centros]

e. Luchar por llegar a un pacto educativo en nuestra Comunidad.
[¿Y si no hay pacto porque unos no quieren? No, sres. de la CONCAPA, las cosas esenciales no se pactan...] 

Pensamos que estos difíciles momentos son una excelente ocasión para sacar adelante entre todos a nuestra Comunidad y a su escuela de la crisis económica y educativa en la que vivimos.


Asociación de profesores Educación y Persona
Plataforma Toledo Educa en Libertad
Plataforma ¿X Q te callas?

jueves, 8 de septiembre de 2011

Asamblea de los 2000 profesores


2000 profesores agitando las manitas: "que si hacemos huelga", "que si no", "que si ahora tenemos que decidir en los claustros", "que si los sindicatos no nos representan" y el Follonero azuzando contra el pp. Bonito panorama. Más de la mitad salieron de la asamblea jurando en hebreo. Y la otra mitad respiró, pues eran esos agentes sindicales que cobran sin dar una clase.


El sueldo del profesor en España es una miseria. Los beneficios sociales nulos. Las posibilidades de promoción no existen prácticamente. El prestigio social del profesor hace tiempo que está en números rojos. 

Es duro, lo sé. Y la vida diaria del maestro consiste en sufrir estoicamente, o saber evitar con astucia, un acoso constante y continuo de las madres y de los padres, de las administraciones, de las direcciones y jefaturas de estudios. Todo el mundo supone que el profesor es un imbécil y un vago, y por eso tienen que perseguirle para que no diga lo que piensa en clase, para que no haga lo que quiere, para que no evalúe correctamente.

La enseñanza en España es la salida profesional que tienen aquellos que no encuentran otra cosa mejor que hacer en la vida. Es la búsqueda del sueldo fijo, del Estado, para siempre. Una licenciatura y 72 temas de naderías y generalidades, que paralizan el pensamiento. Es relativamente fácil hacerse profesor. Lo difícil es seguir siéndolo, porque nadie enseña al profesor a serlo.

Aún con el sueldo fijísimo, los profesores están quemados. Sólo trabajan por ese sueldo querido que se incrementa de vez en cuando con una huelga general. Ese sueldo que permenece igual pase lo que pase, con ligeros incrementos del IPC, pero seguro. El sueldo que los bancos apetecen para dar préstamos e hipotecas. Bueno, a veces un alumno hace los deberes, y eso nos llena de satisfacción, pero es raro.

Los chicos pasan, abandonan 31% la Educación Secundaria Obligatoria sin haber concluido sus estudios, no tienen educación, ni cultura, ni preparación, pero pasan de curso, y el sueldo entra mes a mes.

Vacaciones de verano, de Semana Santa, de Navidad. Semana blanca, semana cultural, viaje de paso del ecuador. Puente, puente, puente. Y sueldo, sueldo, sueldo. Y extras.

Y a nadie le importa que un tercio de los españoles esté compuesto por medio analfabetos, que aprueben por la cara y para evitar presiones, insultos y amenazas a un energúmeno que no sabe ni quién es.

A nadie le importa que todo esto pase. Cuando en la situación de indigencia en la que se encuentra la Educación en España hay 2000 docentes que lo ven correcto y que sólo les interesan sus dos horitas o que aumente su ración de sueldo fijo fijísimo que se incrementa con el IPC poco a poco, la cosa está muy mal

Sobra el funcionariado en la Enseñanza. Sobra la gente que ve que un 31% de fracaso personal de los españoles es lo normal y piden que, por favor, les dejen dos horas de contemplación de su sueldo mensual que crece y crece con el IPC. Cada año, cada vez que sale el Informe Pisa para decirles que su labor es un fracaso.

Necesitamos docentes que no se presten a hacer el ridículo de esta manera, con la Sexta, silbidos, abucheos, sudor, demagogia y falta de solidaridad, cordura y diligencia.

http://www.youtube.com/watch?v=UZ4sppXt6z0

martes, 6 de septiembre de 2011

Crítica de Juan Arana a "Viaje al poder de la mente", de Punset

Reproduzco este artículo del Prof. Arana porque me parece que no se puede decir mejor lo que dice.

Testamento fallido.
Más sombras que luces en el reciente libro de Eduardo Punset.


Juan Arana. Universidad de Sevilla

Reseña de: Eduardo Punset. El viaje al poder de la mente. Los enigmas más fascinantes de nuestro cerebro y del mundo de las emociones. Destino. Barcelona (2010). 364 págs.
Versión ampliada de la reseña publicada en Aceprensa, 8 septiembre 2010 (n.º 66/10)
¿Qué ocurre cuando llega a tus manos un libro escrito por una persona que acumula una larga ejecutoria y goza de notoriedad pública, que ha rebasado ya los setenta años, que confiesa sufrir una importante cardiopatía y haber recibido tratamiento para superar un cáncer de pulmón? Lo más natural es que surja en ti un sentimiento de respeto y admiración. He aquí, te dices, un hombre que ha sabido afrontar los desafíos de la existencia y que tampoco desvía la mirada cuando la muerte le sale al paso. Abres el volumen como si estuvieras ante un testamento, no porque pienses que va a ser lo último que escriba —Dios no lo quiera—, sino porque esperas encontrar allí una sabiduría esclarecedora, una ayuda para solventar tus propios problemas.
En esa disposición de ánimo di comienzo a la lectura de El viaje al poder de la mente. Los enigmas más fascinantes de nuestro cerebro y del mundo de las emociones (Barcelona, Destino, 2010, 364 pp.), la más reciente obra del economista, político, divulgador y polígrafo Eduardo Punset. Una de las tesis que defiende en ella es que los hombres somos reacios a cambiar de opinión. ¡Ea!, al menos en este caso, ha conseguido que yo cambiara la mía: antes de empezarlo pensaba que estaba ante un trabajo serio e importante; ahora que lo he leído estoy convencido de que se trata de un mal libro. Malo de solemnidad, lo digo sin paliativos, aunque mantenga la consideración y deferencia que merece quien lo ha compuesto. Ojalá escriba él muchas más cosas y tenga yo oportunidad de leérselas, pero la misma gravedad de las circunstancias que he evocado en el párrafo anterior me obliga a prescindir de paños calientes a la hora de llamar a las cosas por su nombre. Tal vez esté profundamente equivocado, pero tampoco soy un niño, y creo que es urgente darle (y darme, en el caso de que se digne ejercer su derecho de réplica) la oportunidad de mejorar lo que sea mejorable, pues ya no estamos ninguno de los dos en situación de perder el tiempo con eufemismos e indirectas.
Encuentro en primer lugar que es un texto muy descuidado. Parece mentira que, disponiendo de toda una batería de documentalistas y revisores (mencionados en el apartado de agradecimientos), cometa tantos errores de bulto. ¿Ejemplos? Los hay a puñados: convierte en prusiano al polaco Copérnico (p. 15); otorga 150 años de vida a la teoría del Big bang, que empezó a esbozarse después de 1920 y sólo se consolidó en 1965 (p. 27); atribuye a Einstein el descubrimiento de formas de energía que repelen cuando desde la más remota antigüedad se conocen las fuerzas de impenetrabilidad, magnética y eléctrica, que son total o parcialmente repulsivas (p. 30); atribuye pensamiento no ya a los animales, sino a los fósiles de amonites (p. 38); pretende que cuando el agua se evapora sus moléculas se disocian en átomos de hidrógeno y oxígeno (p. 46); confunde los conceptos de densidad y peso (p. 48); coloca los bosques de Turingia «en plena Selva Negra», la cual está en la otra punta de Alemania (p. 148); convierte la «garnacha» en un vino impresentable hasta que lo redimieron en el Priorato, cuando se trata de una uva con la que al menos en la Rioja y Navarra siempre se hicieron excelentes claretes (p. 209)... A veces el desliz se prolonga hasta convertirse en novela: transforma a la buena anglicana Emma Darwin en ferviente católica (p. 165) y hace que el gran Charles se enamore perdidamente de ella, a pesar de que el diario privado del creador de la teoría de la evolución demuestra que jamás hubo una boda menos romántica y más fríamente premeditada (p. 271).
Si hay poco respeto a los hechos, tampoco encuentro deferencia alguna a las reglas de la lógica: menciona en cierto lugar una insospechada «fuerza de atracción repulsiva» (p. 16) con la que tal vez quiera aludir a la «gravedad negativa» que han popularizado los modelos cosmológicos inflacionarios. No menos sorprendente es que en otro pasaje se pregunte cómo «evitar las crisis inevitables» (p. 165), o que pretenda que el primer organismo existente sobre la tierra era heterótrofo, lo que significa —aclara por si quedaba alguna duda— que «se alimenta de otros» (p. 288). Tengo serias dudas sobre qué pudo comer entonces, dado que estaba solo en el escenario de la vida. También resulta perturbador que, tras explicar con detalle cómo nació la vida en «los mares y lagos» (p. 293), termine con la aseveración: «Todo sucedió en la atmósfera. La vida llovió del cielo» (p. 294). Si abundaran libros así, el principio de contradicción acabaría por dejar de tener sentido.
Todo lo anterior constituye una casuística penosa, pero a la vez es índice de algo de mayor calado. Estamos ante un autor que se ha dedicado con gran impacto mediático a la divulgación científica, noble arte que exige en quien lo ejerce mucho trabajo y una considerable dosis de modestia. Para llevar al gran público lo que se debate en los selectos cenáculos de los expertos hay que olvidarse de uno mismo. Se trata de actuar como abogado de los sabios ante los ignorantes, y de los ignorantes ante los sabios. Es comprensible que a la hora de confeccionar un programa de televisión la obtención de efectos a corto plazo prime sobre la mesura y el rigor. Ahora bien, cuando se escribe un libro hay que presuponer en el destinatario mayor discernimiento, aunque el objetivo sea colocar 150.000 ejemplares y más. De lo contrario resultará un producto apto para la venta masiva, pero que envejecerá antes de que acabe de secarse la tinta con que ha sido impreso. Para mí ha sido decepcionante comprobar que, en lugar de aprovechar la oportunidad que tenía para asentar las ideas y ahondar en sus presumibles consecuencias, ha optado por presumir de la amistad personal que le une a los grandes gurús de la ciencia actual y sacar de contexto resúmenes apresurados de sus descubrimientos. No es extraño que llegue a creer que también él ha hecho sustanciales aportaciones al progreso del conocimiento, sobre la amplia base empírica que le proporciona la observación de sus dos nietas y su perro Darwin. Más provechoso hubiera sido trabajar un poco más a fondo la bibliografía que aquellos autores han producido, en lugar de acumular anécdotas superficiales y comentarios realizados en passant. Así quizá hubiera evitado la penosa trivialización del conocimiento científico que caracteriza todo el libro, como por ejemplo cuando habla del principio de incertidumbre. En mecánica cuántica este principio concierne al límite en la precisión obtenible al medir simultáneamente ciertos pares de magnitudes físicas, lo cual imposibilita la completa adecuación a la realidad de las teorías que las utilizan. Se trata de algo muy importante, pero bastante técnico. Sin embargo, según Punset: «El principio de incertidumbre de Heisenberg significa que debemos vivir para siempre con probabilidades, no con certidumbres» (p. 84). Por la misma regla de tres podría habernos dicho que la teoría de la relatividad enseña que todo es relativo, o que el principio de conservación de la energía nos obliga a poner dobles ventanas en nuestro domicilio para evitar que se pierda la energía térmica de la calefacción.
Este modo de deformar el verdadero mensaje de la ciencia ya es de por sí suficientemente deplorable, pero además ni siquiera se atiene a lo que dice, puesto que en el caso referido, después de proscribir cualquier certidumbre, afirma literalmente en la página siguiente: «Se habrá recorrido en poco tiempo un camino que va de no saber nada sobre el funcionamiento de la memoria... a predecir su composición exacta en el curso del tiempo» (p. 85). ¿No habíamos quedado en que era imposible averiguar nada con exactitud? El caso señalado es uno entre un montón. La estrategia de extraer de las más abstrusas investigaciones recetas de aplicación inmediata a la vida humana provoca continuas salidas en falso, de las que luego hay que desdecirse para afirmar lo contrario. Así, anuncia en una ocasión que se ha descubierto «el minuto preciso» en que se originó el primer organismo replicante para matizar en el mismo párrafo: «aunque no podamos precisar cuándo surgió» (p. 293). Sospecho que el recurso al «donde dije digo, digo Diego» debe ser una marca de la casa, porque lo emplea incluso en cuestiones que nada tienen que ver con la ciencia o su curiosa filosofía socio-antropológica. Las consecuencias son a veces chistosas: hay un pasaje donde afirma que uno de los principales méritos de su escritor favorito, Stefan Zweig, es haberle descubierto a él (esto es, a Eduardo Punset) la vida y obra del ginecólogo Semmelweis (pp. 90-1). A continuación confiesa que no ha conseguido localizar en cuál de sus obras figura la correspondiente biografía, para acabar diciendo que lo que sabe del personaje «tal vez lo aprendiera en otros lugares» (p. 92).
Una cualidad que nadie regateará a Punset es el entusiasmo. Su libro sería un buen candidato al premio que destacara la más alta proporción de superlativos por página de la literatura universal. Va de sorpresa en sorpresa, de éxtasis en éxtasis... y de indignación en indignación, porque está convencido de que no se enseña en las escuelas ni se difunde como debiera todo lo que ha llegado a aprender en sus peregrinaciones por el mundo de la tecnociencia. Una cita nada más para ilustrar el procedimiento: «¿Cómo es posible que ninguna institución educativa, ningún ministro o ministra nos haya enseñado a ninguno de nosotros lo que era la transición de fase? ¿Cómo nos dejaron desde la más tierna infancia explorar la vida sin darnos los instrumentos, por lo menos conceptuales, para medir el pH de cualquier medio?» (p. 52). Y eso lo dice él, que estudió el bachillerato en Estados Unidos. A mí, que lo preparé por libre en un colegio pueblerino de la España franquista, me proporcionaron con toda naturalidad tanto la definición del pH como el papel tornasolado para hacer una valoración aproximada. A menudo el descubrimiento presuntamente silenciado es tan sabido y tan obvio, que uno se pregunta si Punset no confunde sus propias averiguaciones con las del resto de la humanidad, como si padeciese algo así como un «síndrome del descubrimiento del Mediterráneo», lo que le lleva a sentenciar: «En este libro nos estamos refiriendo a los grandes descubrimientos de los que nadie habla y que, no obstante han transformado la vida del ser humano corriente hasta niveles inimaginables» (p. 238). Para hacer honor a su compromiso, anuncia repetidamente el mayor descubrimiento de la ciencia, título efímero que pasa de unos hallazgos a otros (pp. 35, 130, 276), aunque lo habitual es que haya sido realizado hace menos de diez años por alguna de las grandes cabezas con las que tiene trato íntimo y sea objeto de conspiraciones judeo-masónicas para que pase desapercibido.
Hay personas que profesan convicciones humanísticas y/o religiosas y están prevenidas contra los mensajes de Eduardo Punset, porque presumen en él un sagaz defensor de los puntos de vista materialistas o cientificistas. Ojalá pudiera confirmar sus temores, porque considero que tanto el materialismo como el cientificismo constituyen desafíos teóricos muy serios, que todo el que crea en Dios o en el Hombre debiera conocer y discutir en profundidad. Pero por desgracia no es el caso. Su orientación doctrinal apunta por supuesto en esas direcciones, pero los argumentos sustantivos que aporta para abonarlas son demasiado flojos. A pesar de no ser materialista ni cientificista, los conozco mucho mejores. En el fondo, lo que define mejor su ubicación en el espectro ideológico es el sincretismo. Como en una batidora mezcla casi todas las consignas y opiniones de uso corriente, sin averiguar hasta qué punto casan unas con otras. Los Leitsmotivs en los que más insiste en El viaje al poder de la mente son: la importancia de cambiar de opinión (aunque sin especificar cómo, cuándo ni por qué); nuestra insignificancia en el conjunto de cosmos (una sentencia repetida ad nauseam desde Freud para acá , enraizada en viejos tópicos de la ascética cristiana y que ahora propone como gran novedad); la conveniencia de tomar decisiones sin estar demasiado informado (en lo cual, hay que confesarlo, Punset es modélico, véase p. 105); la utilidad de dejar de ser racionales para dar paso a la intuición y al mismo tiempo la ventaja de seguir siéndolo para no desautorizar a la ciencia (en ocasiones sugiere obscuramente que la ciencia es la única instancia competente para efectuar una especie de hara-kiri de la razón). También figuran entre las tesis capitales del libro que la inteligencia y la especificidad irrepetible de los humanos son, junto con el pensamiento autoritario y dogmático, fuente de infelicidad, violencia y terrorismo; que es más importante desaprender que aprender (frente en el que, a la vista del rumbo que está llevando últimamente el sistema educativo, estamos haciendo muchos progresos). Propugna asimismo superar a Darwin para redescubrir y dar nueva validez a Lamarck. Por último, aboga para que cambiemos la identidad genética y epigenética de nuestra especie, a fin de convertirnos en entes clorofílicos capaces de nutrirnos del sol y el aire... Si alguien opina que esta última tesis es demasiado demencial para ser defendida por una autoridad tan solvente como Eduardo Punset, vaya a la p. 291, en la que aparece un esbozo del hombre del futuro con ramas y hojas brotando de su frente, o la 309, en que apremia a los padres progresistas para que bauticen a sus hijas (por lo civil, claro está) con el nombre de Elysia chlorotica, una babosa de color verde que, por medio de la ingesta de algas y el trasiego de genes, ha conseguido incorporar cloroplastos a sus células.
Es fácil imaginar el cesto que se acaba fabricando con estas mimbres. Ignoro qué tanto por ciento de los numerosos compradores del libro habrá conseguido llegar a los capítulos finales. Los que hayan superado la prueba encontrarán sabrosos párrafos en los que, según mi poco autorizado juicio, el autor desbarra a sus anchas sin el menor apuro: «En cualquier otro animal pensamos que la dieta es muy importante para conformar el organismo, y no obstante, la gente no tiene asumido, apenas ha pensado en ello, que no podemos vivir sin comida cocinada. Las mujeres no pueden reproducirse sin comida cocinada. Incluso un varón, si sólo se alimenta de comida cruda, deja de producir esperma» (p. 250).
Idéntica falta de seriedad revelan los ataques a la religión, aunque he de reconocerle la originalidad de no sacar a relucir el caso Galileo. En realidad, el único argumento que usa para demostrar la inevitabilidad del conflicto entre la ciencia y la fe es la perspectiva —inmediata según él— de sintetizar bacterias en los laboratorios (p. 166). Un escrúpulo poco comprensible, habida cuenta que la teoría de la generación espontánea estuvo en vigor hasta el siglo XIX. Quizá se deba a que el supercatólico Pasteur fue quien la refutó. Lo cierto es que incluso Tomás de Aquino pensaba que bastaban causas meramente físicas para producir, no ya microbios, sino insectos, sabandijas y hasta ratones.
Uno esperaría encontrar proyectiles de más grueso calibre en el arsenal de un ateo o un materialista digno de ser escuchado. El de mayor poder ofensivo sería alegar que bastan las leyes descubiertas por la ciencia o las causas naturales vislumbradas por la razón para explicar el entendimiento y la voluntad humanas, o bien el surgimiento y destino final del universo. Conviene recordar que Punset ha publicado en 2006 otro libro con el provocativo título de El alma está en el cerebro, pero, francamente, decir que el alma está en el cerebro no tiene mayor trascendencia que pretender que también lo está en la habitación, ciudad o planeta donde ese cerebro se ubica. Para el caso, lo mismo daría afirmar que el hombre conserva su alma en el almario. Lo importante, lo decisivo, lo que pondría en aprietos la fe de una persona adulta y mínimamente informada, es si se puede o no describir con exactitud y predecir sin ambigüedad el conjunto de impulsos nerviosos que, partiendo de la incidencia de la luz en la retina, desemboca en la estimulación de las neuronas motoras que activan la respuesta deliberada y consciente a la información que aquella luz aportó. Todo lo demás son metáforas. Ahora bien, en un mundo regido por la indeterminación cuántica y donde campea la dinámica de sistemas complejos, pretender tal cosa es una pura imposibilidad. Es elogiable la búsqueda de localizaciones cerebrales para las funciones de la mente, aunque con las técnicas disponibles de tomografía por emisión de positrones o resonancia magnética funcional la resolución espacio-temporal es todavía muy baja (estas pruebas no registran la actividad nerviosa propiamente dicha, sino sus concomitancias metabólicas y circulatorias). Ojalá den con procedimientos de mayor refinamiento. También hay que alabar y fomentar el estudio de los mecanismos biológicos asociados a la memoria, la motivación e incluso la reflexión consciente, ¡faltaría más! Pero hay buenas razones para cuestionar que por esta vía se llegue pronto o tarde a una completa reducción materialista de la mente. Punset pretende que el cerebro, lejos de ser el mecanismo más sofisticado del universo, es un mero apaño evolutivo (p. 287), como si ambas cosas fueses incompatibles. Si se conocieran otros mecanismos —hasta donde la palabra «mecanismo» sea apropiada en este contexto— más complejos, bueno sería que los mencionara. Y en todo caso, no se trataría de un único apaño, sino de una cadena ininterrumpida de ellos que ha tardado miles de millones de años en completarse. Hasta que sea descubierto otro objeto más intrincado aún, no conocemos ninguno con tantas bifurcaciones y vericuetos, ninguna estructura que constituya un desafío comparable para cualquier esfuerzo de racionalización unívoca. El propio Punset acaba reconociendo que en lo tocante a las decisiones morales, «es incluso una cuestión abierta saber hasta qué punto tenemos la opción de elegir» (p. 170). ¡Y dice eso inmediatamente después de haber conjeturado la existencia de un mecanismo biológicamente predeterminado para emitir juicios morales! (p. 168). Difícilmente podría darse mayor incoherencia entre una toma de postura materialista y un corolario que abre la puerta a la presencia de libertad en sentido fuerte.
En un mundo cada día más necesitado de auténtico diálogo interdisciplinar, es una pena que quien está en una posición inmejorable para llevarlo a cabo malogre sus esfuerzos y deje a la clientela sin la oportunidad de conocer la proyección que el trabajo de la comunidad científica tiene sobre la vida humana. Coquetear con las modas intelectuales e improvisar genialidades sobre la marcha no es la mejor receta para aportar discernimiento a nuestro atribulado mundo. Por todo ello considero que la obra recensionada es un testamento fallido. Lo valiente no quita lo cortés, y diré para terminar que, a pesar de sus años y enfermedades, pocas personalidades alberga nuestro país con tantas ilusiones y juventud de espíritu como Eduardo Punset. Ello me hace concebir la esperanza de que los defectos señalados (en la medida en que sean tales) desaparezcan en la próxima entrega que recibamos de él, de modo que en lugar de la censura lo obligado sea el aplauso.

martes, 1 de marzo de 2011

10 estrategias de manipulación docente (7)

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad

Es común que los profesores tengan la percepción de que los alumnos no saben de nada. Pero eso no importa. Aprobado fácil, que eso no cuesta. Porque el profesor que suspende es puesto en el punto de mira y todo son quejas. Aprobar, aprobar, aprobar. Hay que luchar contra el "fracaso escolar": grupos de diversificación, apoyo, etc. el objetivo: el aprobado. Si no saben, con que tengan las "actitudes" ya vale.

Los teóricos dicen incluso que hacer pasar a todos los alumnos por el conocimiento de los mismos
contenidos, cuado ellos son "diversos" es atentar contra la diversidad y excluir.

Mediocridad: el éxito o el fracaso son relativos, la verdad es relativa, lo que importa es el esfuerzo invertido, el trabajo realizado; nunca el resultado. El alumno lo sabe y sabe que el mundo de los mayores (padres, profesores, etc.) premia rápidamente un esfuerzo fugaz. SI el alumno estudia un día hay que aprobarle porque de esa manera conseguimos "reforzar" la actitud. SI se le suspende él mismo lamentará en alto, para lograr tu misericordia: "haga lo que haga suspendo igual".

Mediocridad también del profesorado que no coge un libro serio desde que aprobó la oposición. Sólo libros de didáctica, de texto, masticaditos.

Les dejo un canto a la mediocridad
(escuchar)




martes, 22 de febrero de 2011

10 estrategias de manipulación docente (5)

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad

Hay un continuo movimiento en educación que tiende a rebajar el nivel de los alumnos y profesores.

1. Alumnos. Evidentemente la educación se dirige a "criaturas de poca edad", pero la educación debe tratar a los alumnos como si tuviesen más edad de la que tienen y no menos. Cada alumno en su casa puede ser mimado y tratado como un bebé, pero en el colegio hay que tratar a los alumnos como adultos.
Como todo el mundo les trata como niños han generado unas capacidades infantiles que les duran hasta la Universidad. Por ejemplo, si no entienden algo no van al libro, ni a la enciclopedia, ni le prestan más atención, sino que protestan al Jefe de Estudios, a los padres, al Director, para que el profesor se adapte y lo de masticadito, si tiene que darlo, y en todo caso no entre en la evaluación. La negociación consiste en rebajar poco a poco el nivel general, porque esto contenta a padres, profesores y alumnos.
Y aquí ayudan sobremanera las nuevas tecnologías, que hacen asimilar los contenidos sin causar ningún esfuerzo al alumno (ni al profesor-cuidador). En todo caso, con NNTT o sin ellas, todo el proyecto educativo se basa en que los alunos no se traumen en su infancia idílica y extrañamente alargada.
2. Los profesores. La Administración trata a los profesores como infantes que no deben pensar por sí mismos y no deben en ninún caso aprender nada más que lo que les enseñan en los cursitos que organizan los sindicatos, los Centros de Formación de Profesores y afines.
[No sé porqué las Administraciones del Estado entienden que los profesores son informes o deformes y tienen que "formarlos", y nadie protesta]
Las editoriales se cuidan mucho de hacer libros facilitos, llenos de esquemas y fotos, para que el profesor no se pierda. Adjuntan a los libros otro libro para "ayudar" al profesor, pobre idiota, que no sabe su materia ni cómo enseñarla. Se preocupan de elaborar "propuestas" didácticas y material interactivo para que el profesor, desconocedor de todo, pueda dar su clase.
El pelele que se deja llevar por administraciones y editoriales rebaja también el nivel de sus alumnos tratándoles como idiotas, dándole todo masticadito. Se ve como un problema que los alumnos, por ejemplo, no entiendan algo a la primera. Así, sin estudiar y en 45 minutos. Si eso ocurre, los alumnos "desconectan" y el profesor tiene un problema. La próxima vez, ya aprendido, dará esquemas, refuerzos, juegos, etc. de manera que haga facil lo dificil. Para que los alumnos no se traumen ni se distraigan.

miércoles, 16 de febrero de 2011

10 estrategias de manipulación docente (4)

4. La estrategia de diferir

Con el tiempo esto volverá a ser lo que era.
"Cuando lleguen a Bachillerato ya espabilarán", y nada, "cuando lleguen a la Universidad van a ver lo que es bueno", y no hacen nada; "cuando lleguen a quinto"; y siguen igual. Y en el trabajo son un desastre, y no pasa nada.
Todo el mundo espera y espera que se solucionen los problemas y nadie hace nada. El clamor intelectual contra la LOGSE fue espectacular y los políticos nos decían que había que esperar a que se vean los resultados, "aún es pronto para hacer una valoración", puesto que los efectos de la Ley son a largo plazo.
Y cuando PISA y el sentido común y el hartazgo de la comunidad educativa és ya insoportable, se plantea una nueva Ley "de consenso". Y la Ley es una nueva LOGSE, con la misma ideología detrás contraria al sentido común. Pero ahora hay que esperar los resultados. Con el tiempo todo cambiará.

jueves, 10 de febrero de 2011

10 estrategias de manipulación docente (1)

1. La estrategia de la distracción

Consiste en poner los medios para que el alumno no reflexione sobre los grandes asuntos. Usado adecuadamente se puede lograr el gran objetivo de la educación: el llevar una vida pacata y triste. La técnica que podemos emplear consiste principalmente en desviar su atención de lo importante y centrarla en lo accesorio, en lo facil, en lo espontáneo.

Evitar a toda costa la virtud de la atención es lo que se conoce como aprendizaje activo opuesto, evidentemente, al pasivo que consiste precisamente en el fomento de la capacidad de escuchar, de meditar, de reflexionar unas explicaciones sobre el mundo.
Se dice que el alumno debe actuar... no debe pensar. El aprendizaje ya no es por asimilación de los conocimientos que hay en los libros o en las lecciones, sino por experiencia, por descubrimiento. Da la impresión de que el aprendizaje heterónomo (el profesor enseña, el alumno aprende) es menos libre que el aprendizaje autónomo (el alumno aprende solo, el profesor es un guía). Pero la realidad es que el aprendizaje por descubrimiento, activo, es una forma de manipulación porque aleja al alumno de las grandes cuestiones y se queda con las más vulgares, las que él mismo puede aprender solo.

Para manipular adecuadamente hay que centrar la atención en lo in-mediato (en el Conocimiento del medio, v.g.), y distraer su atención del sentido de la vida, de Dios, de la verdad, del bien y belleza... y hacerle recortar, leer, estudiar informaciones insignificantes de la prensa diaria o de libros de texto llenos de imágenes, gráficos y colores, hay que ponerles vídeos, y anuncios.
Una buena herramienta para este tipo de manipulación es el uso abusivo de las pizarras electrónicas, los ordenadores en clase (un ordenador para cada alumno) y el aprendizaje a través de juegos informáticos en los que el alumno está atento, pero él no pone de su parte para mantener la atención, sino que es la máquina la que marca los tiempos.
Otra herramienta adecuada consiste en escribirles cuentos y novelas adaptados. Cuentos que hablen de chicas y chicos de su edad que se inician en el mundo como ellos... Y alejarles de los ingeniosos hidalgos o las juanas de arco, que les cogen muy lejos (en el pensamiento) y pueden confundirles: el objetivo es presentar la vida como lo que aparece, es decir, como un estúpido ir y venir, crecer y morirse (y entre tanto producir, comprar y votar).

Alejar al alumno de los verdaderos problemas del mundo del espíritu y -en su lugar- plantearles superficialmente problemas sociales, alejados, geográfica y mentalmente. Quizá para saciar las ansias de grandeza de alguno.

Mantener al alumno constantemente ocupado sin ningún tiempo para pensar, llenando su tiempo de actividades escolares extraescolares y televisivas.
En los lapsos de tiempo, cuando no es posible recortar algo o ver la tele, se deben colocar altavoces en las orejas de los niños para que piensen lo que las letras de las canciones les sugieran, cada cinco segundos un tema distinto de pensamiento, muy-muy cercano al adolescente (amor, amigos, drogas, etc.). Con esto se previene la aparición repentina de algún atisbo de argumento que furtivamente aparezca en su mente.

[Simone Weil tiene una obrita (A la espera de Dios (1942)) con un artículo dedicado al fomento de la oración en los estudios escolares que aclarará la cosa a quien pueda comprenderlo]

Las 10 estrategias de manipulación docente

Leo en un blog, de cuyo nombre no quiero acordarme (y me gustaría que nadie lo hiciese), las 10 estrategias de manipulación mediática que elaboró el lingüista Noam Chomsky.

Además de ilustrarnos con las técnicas teóricas del maestro en manipulación Chomsky, el autor nos deleita con un ejercicio constante de manipulación práctica.

Las copio tal y como el original las tiene para pasar, en los 10 post-eriores a aplicarlas a la pedagogía, que se ha convertido en la rama de la demagogia enfocada a la manipulación de los niños (y las niñas, que se me olvidaba)

Inicio así, sin decir nada, las 10 estrategias de manipulación docente que debe conocer cualquier opositor al sistema educativo español, pues son la base de nuestra pedagogía.

10 Estrategias de Manipulación. Por Noam Chomsky

1. La estrategia de la distracción

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.
“Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto 'Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.


2. Crear problemas y después ofrecer soluciones

ste método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.


3. La estrategia de la gradualidad

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.


5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.


6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…


7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…


9. Reforzar la autoculpabilidad

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

Únase la lectura de éste al que titulé "Manual de deconstrucción de la enseñanza", o "Cómo cargarse la enseñanza"