martes, 21 de junio de 2016

El miedo a Podemos


Hace unos meses estábamos en 1934 y ahora ya estamos en el 36. En enero todavía. Las épocas son diferentes, los problemas también. El Frente Popular ya está en marcha, pero ahora es más sutil y más ñoño. Ya no hay desfiles ni vivas a Rusia (ni a Venezuela), ahora se ataca al corazón: una retrasada que lloraba con Espinete, la sonrisa, corazoncitos, mariposas, la capacidad de defender una cosa y su contraria en el mismo día, las sensaciones, los besos, los abrazos, las lágrimas en el escenario, etc. es decir, la infantilización total del electorado.

Hay que felicitar a los publicitarios, la campaña es excepcional, sensual y tiene una lógica sencilla, que apunta directamente al corazón pero que a la vez está dirigida a muchos públicos, cosa que es siempre muy difícil:

  1. La generación de los “millennials”, mantequillosa y ligth a la vez: Esos que dicen que son la "generación más preparada de la historia" y han crecido con mucha técnica y muy poco espíritu crítico, sin capacidad de reacción ante el pensamiento, pero muy preparados para la acción. A esos hay que hablarles al corazón, con cosas “molonas”, como el catálogo de Ikea, que no se lo van a leer, pero les da igual, con memes y vídeos cortos, ideas sueltas de amor a lo que ellos aman: la vaciedad, el flirteo, el flash ingenioso. 
  2. Niños de papá de todas las clases sociales que han visto reducido su nivel de consumo con La Crisis, esos que el 15M pedían casa, coche y curro a Papá Estado, porque sus padres ya no podían pagarles… y wi-fi gratis. Niños de papá que por definición están insatisfechos y que por lo tanto son consumidores de cualquier discurso que les lleve a romper con algo (con la rutina, la/el novia/o, los padres, el trabajo). Estos no necesitan un mensaje especial, solo les vale que Podemos no es "lo de siempre".
  3. Los viejos socialistas, ya apartados de la vida activa, aquellos que lucharon -desde su sillón- contra el régimen de Franco, y pasaron miedo el 23 F. A esos Podemos intenta convencerles de que son el PSOE con su disfraz más izquierdoso, es decir, cuando llegó Felipe González (y no cuando se fue, gordo y millonario). El Zapatero del matrimonio Gay y el de los acontecimientos planetarios (no el de la reforma laboral ni el de los ERES).
  4. Los parados de la clase media, esos que pueden mantenerse porque tenían dinero ahorrado, los que llevaban un tren de vida enorme y regalado, aquellos que se conocen medio mundo y compraron varios pisos en plena burbuja inmobiliaria y hoy están entre arrepentidos y desganados. A esos hay que decirles que con Podemos podemos volver a tener veranos en Mauricio.

Todos quieren cambiar su triste realidad, todos quieren ilusión y Podemos les vende eso mismo: “Por el cambio” de Felipe, y por la ilusión.

Ahora bien, cambio e ilusión no es un programa de gobierno, es simplemente una estrategias para llegar al poder.¿Pero qué va a cambiar si Podemos se hace con el Poder, con la ayuda de los dos tontos útiles del PSOE e IU?:

Lo primero es que la sociedad se va a dividir en dos, las famosas dos españas azuzadas desde el Estado (sí, el Estado, Podemos no llega al Gobierno, llega al Estado): los patriotas de podemos a un lado y -al otro- los antidemócratas, los fachas. El objetivo de la propaganda -una vez en el poder- será convencer a La Gente de que “Democracia” es Podemos, o sea, La gente. Y nada más. Todos los anteriores no serán demócratas. Ninguno de la transición, solo los viejos socialistas de la República. No será democrático, por ejemplo, que haya prensa contraria, ya que Podemos encarna la Democracia, todo el que diga lo contrario es antidemócrata. Ni colegios religiosos, ni partidos políticos. Como en toda dictadura habrá un partido único y “la oposición”.

Lo segundo es una medida de control que ya se ha probado con éxito en Madrid y en Venezuela: la “participación ciudadana”. Votos y más votos de los ciudadanos sobre las propuestas municipales. ¿No ven nada malo? No, ¿verdad? Nadie lo ve, de ahí el éxito. De este modo el Estado sabe quién piensa qué. Cada voto se ejerce con nombres y apellidos, sin protección de datos. El voto deja de ser secreto, pasa a ser un dato del Estado y esos datos pueden ser usados para cualquier cosa, por ejemplo, para filtrar los candidatos óptimos para oposiciones o subvenciones.

Lo tercero será el ataque a los dos centros de contracultura: la educación concertada religiosa y la Iglesia. Con el objetivo de dotar a la pública de recursos (cosa que todo el mundo está de acuerdo) se retirarán -paulatinamente- las subvenciones a la concertada, o se hará un sistema para que muchos centros tengan que cerrar o hacerse públicos (quizá haciendo funcionarios a sus profesores). El objetivo será que con el tiempo solo haya enseñanza pública. Y la Iglesia será atacada por lo económico: se le retirarán las partidas destinadas a la Iglesia vía IRPF, se le hará pagar el IBI (lo que no deja de ser otra desamortización encubierta) y por lo social, minimizando su presencia en la calle y fomentando otras religiones.

Lo cuarto será cumplir la amenaza de subir los impuestos a las grandes empresas (cosa que todo el mundo está a favor, claro) pero eso no quedará en una subida aislada, se irá incrementando y las empresas tendrán que sufragar todos los gastos del Estado con sus beneficios (lo cual no deja de ser una expropiación). Cuando no puedan pagar comenzarán las expropiaciones y el corralito para evitar la fuga de capitales. Muchas empresas cerrarán y otras se irán, dejando más paro que hará subir las ayudas y –por lo tanto- los impuestos. Y se retroalimentará el ciclo. Y crecerán los funcionarios, y el gasto estatal para garantizar los servicios básicos. Y entonces se subirán los impuestos a las clases medias y bajas.

Las leyes contra la vida, la familia y el orden natural seguirán en su camino ascendente, porque eso ya empezó hace décadas, pero ahora sin el freno de la Iglesia será todo más fácil.


En definitiva, si gana Podemos (que representa realmente a un 10% de los españoles), el 26 de junio será el inicio de una revolución social y cultural que no culminará hasta ahogar a la oposición (es decir, a usted y a mi) se ejercerá una presión intolerable contra todos hasta lograr un apoyo incondicional a su nuevo Estado: federal, republicano y socialista. Un buen número de españoles ya apoyan con su voto, sin saber muy bien las consecuencias de lo que hacen, pero más de la mitad de los españoles serán considerados malos españoles y serán atacados (como está ocurriendo en Cataluña, que un 20% de independentistas radicales han controlado todo).

¿Que cuáles son los principios de esa revolución?:No están en el catálogo de IKEA, están en un libro más viejo llamado Manifiesto Comunista y versan así (p.76):

1. Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos.
2. Fuerte impuesto progresivo.
3. Abolición del derecho de herencia.
4. Confiscación de la fortuna de los emigrados y rebeldes.
5. Centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio.
6. Nacionalización de los transportes.
7. Multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.
8. Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo.
9. Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.
10. Educación pública y gratuita de todos los niños. Prohibición del trabajo infantil en las fábricas bajo su forma actual.Régimen combinado de la educación con la producción material, etc.


Y termina... (lo digo por si a alguno le suena...):

"Podemos no tiene por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declara que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de un cambio. La gente, con el cambio, no tiene nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar" 

O.c., p. 93

(El subrayado es mío)

Más: 

miércoles, 15 de junio de 2016

Estupidófobos


He de reconocer que soy un estupidófobo. Tengo un odio irracional hacia los estúpidos y no lo puedo evitar. Sé que esto me va a causar ataques furibundos, porque los estúpidos abundan por Internet (y en el mundo real) y son los peores a la hora de insultar y desprestigiar a cualquiera que ataque sus tesis, de hecho la estupidez no tiene que defenderse, basta con argumentar contra una estupidez asentada y te llueven insultos y piedras. 

No es racional. Lo que tengo es una fobia y no una creencia racional, por eso seguiré siendo estupidofóbico aunque me insulten. Me da igual. No me queda otra que odiar la estupidez en silencio, en privado y no hacer chistes de estúpidos. Yo era -lo confieso- de esos que hacían chistes de Morán. Pero ya no se puede. Ahora meterse con un estúpido o contra la estupidez en general, te convierte en un enfermo, en un estúpidófobo. Y no digamos si decimos que la estupidez se puede curar. Entonces te llueven palos, "¿es entonces una enfermedad?", "¡la estupidofobia es una enfermedad!". Y si argumentas que con un tratamiento adecuado puede minimizarse o que no sea la nota característica de la persona entera... entonces estás atacando a sus derechos fundamentales, porque el derecho del estúpido a la visibilidad y a tomar decisiones estúpidas sin que por ello nadie tenga que mirarle mal es un derecho humano. 

El lobby estupidofílico nos gobierna y se ha hecho transversal, tanto la fragmentada oposición como el partido del gobierno y se plantean cada día más seriamente luchar contra la estupidofobia. La "estupidofobia mata" -dicen- y piensan en hacer leyes que limiten las críticas o los comentarios estupidófobos. Miles de víctimas de la estupidofobia, que son criticados a diario por sus estúpidos actos reclaman un puesto visible en la sociedad. Estúpidos que nadie pensaba que lo eran, pero un día salen del armario con una frase, o una decisión que solo un estúpido puede tomar, son atacados sin piedad, y "así no se puede vivir" -dicen. "Basta ya -contaba uno en un programa de La Tele- llevaba años siendo estúpido sin que lo notase nadie, y por fin me he liberado, ahora soy yo mismo y no me importan las críticas". 

Lo peor de este clima estupidofílico es que personas que no son estúpidas en absoluto terminan defendiendo estupideces y el derecho a que los estúpidos sean aceptados como tales en la sociedad de una manera cada vez más contumaz: en los partidos políticos, los medios de comunicación, las universidades y la Iglesia; ninguna institución se libra. 

El imperio de la estupidez avanza y desde Bildelberg se ha programado un plan quinquenal para que la estupidez sea enseñada en las escuelas en forma de talleres y dinámicas enriquecedoras para el facilitador o la facilitadora y los alumnos y alumnas. 

En la Universidad ya hay grupos de investigación y de prevención de la estupidofobia e incluso se va a crear en la universidad pública la figura del Defensor del estúpid@, así, con la arroba, para no dejar fuera a las estúpidas, que son el 50% de la población. De este modo no se podrá suspender a un alumno que diga o escriba estupideces. Y mucho menos afearle la conducta en público, la misión de la Universidad es crear técnicos capaces de insertarse laboralmente.

Mientras... el Estado Islámico es derrotado por los tanques de Putin y en Occidente se le ponen flores a las víctimas de Orlando en ceremonias muy cursis (porque la estupidez va asociada a la horterada, pero ese es otro cantar). 

Pronto el Allegro ma non troppo  va a ser el libro manifiesto de obligada lectura en todos los colegios. La nueva era estupidofílica ha comenzado.

martes, 14 de junio de 2016

Ser, estar, parecer... y hacer


Hay una corriente de pensamiento que se filtra por todos los rincones de Occidente que hace primar al hacer frente al ser. Si lo piensan un poco es una idea injustificada e incluso irracional, porque las cosas son y por ser de una manera determinada, por tener tales características, actúan en el mundo real. El ser es siempre previo, aunque lógicamente solo vemos el ser por el hacer, es decir, si algo no hace nada, si no afecta siquiera a nuestros instrumentos de medida ni a nuestros sentidos... entonces no es nada para nosotros. Aunque podría ser, de alguna manera, para sí mismo, para un observador ideal o para Dios. En este caso diríamos que es un ser al que, con la ciencia positiva (que es un juego que nos traemos los humanos en el que solo participan las cosas observables), o para la ciencia positiva, no existe. Pero las cosas que existen hacen porque son y nada puede hacer si previamente no es.

En todo caso el primado del hacer frente al ser no es una teoría filosófica, es una actitud ante la vida, fruto de una decisión epistemológica o existencial, pero al fin y al cabo una actitud. Una actitud que toma por sentimiento, sin utilizar la razón y quizá por ello está muy extendida en nuestro mundo. Pero a pesar de ser irracional tiene tres raíces, dos filosóficas y una pragmática o económica. La primera raíz filosófica nos viene de la filosofía positivista del siglo XIX, aunque desarrollada en el XX como punto de partida de toda otra filosofía, que hace primar el dato, la experiencia sensible “nuda” o el hecho frente a la realidad de las cosas, que es siempre mucho más amplia y viene acompañada de causas (1). Ante un suceso determinado el positivista se plantea "qué ha pasado”, con independencia de las causas, las motivaciones, las circunstancias del hecho, etc. solo importa lo observable, lo medible, lo cuantificable. 

La segunda raíz filosófica es el existencialismo, que planteaba la primacía del existir frente al ser. J.P. Sartre, (que es uno de esos filósofos malpensantes que su pensamiento ha entrado, como un virus, en casi todos los pensamientos de los bienpensantes europeos) decía en El existencialismo es un humanismo que el hombre “empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho”(3). La existencia es una forma de hacer, puesto que solo existe lo que hace algo. Si algo no hace nada, no es nada.

Para Sartre el hombre es pues nada, pero nada que quiere (voluntad nietzscheana) hacer cosas pero en definitiva no es nada. Si esto fuese así el ser humano sería una especie de ser ridículo, un animal engreído, que quiere salir de su nada haciendo cosas, pero que está condenado a volver a la nada. Tiene que hacer cosas, para no decaer en la nada, como decía Unamuno: “insistir para existir”.

El hombre para el existencialismo es un náufrago después del hundimiento del Titanic (el Titanic es la civilización técnica). Flotando en el mar, sin poder más que nadar, moverse incesantemente, para no congelarse y ser tragado por el océano, por la nada. Su única misión consiste en patalear, aún sabiendo que va a ser engullido por la nada.

Claro que si el hombre no es más que nada-nadando-en-la-nada, solo asido a la realidad por su propio esfuerzo (como en la historia del Barón de Munchausen), hay que repensar todos los grandes conceptos, que nos hacen seres dignos, importantes, trascendentes y que no vemos: Dios no sería más que un ser creado por el hombre para justificar su nada; el mundo no tendría existencia propia (Markus Gabriel) y sería un concepto creado para no tomar conciencia de nuestra nada, y -por supuesto- el alma y la libertad serían meras ilusiones de un ser que quiere ser cuando realmente no es. Es decir, el programa postmoderno no consiste más que en destruir todo lo que el hombre es por naturaleza para dejarlo 'libre de ataduras', flotando en un mundo donde la voluntad de poder es la única verdad, donde cada uno es lo que quiere ser y al resto solo le queda aceptarlo en su voluntad, por absurda que esta sea.

Este cambio cosmovisional, que ya casi ha penetrado por completo en el pensamiento occidental, consiste en aceptar la acción observable como la única verdad. No importa que el ser quiera o diga, no importa su proyecto, ni su pasado. Ya no importa qué haya “dentro” solo el resultado de la acción. No importan, por ejemplo, las ilusiones, las pasiones, las ideas, importan solo los resultados, los objetivos logrados, los éxitos materiales. 

Y aquí tenemos la tercera raíz, la económica: "eres lo que ganas", eres lo que haces en el trabajo, lo que vendes, lo que "mueves". Miles de libros para emprendedores, miles de programas de autoayuda, y ese "rehacer" la vida constante, reinventarse, innovar constante (como si lo nuevo fuese un valor en sí), nos llevan por el camino del hacer sin pensar. Los políticos, que ahora están en berrea, nos dicen lo mismo: lo importante es la economía, no las virtudes para crear estructuras adecuadas o para mantener la fortuna, no. Tampoco la pregunta sobre para qué sirve el dinero. Solo crecer, sin dirección; solo crear riqueza, sin el para qué de tal riqueza, solo emprender. Nadie se pregunta realmente si lo que da dinero es importante o no, si merece la pena hacerse o si merece realmente la pena dar la vida por ello. Solo hacer. No parece importar la dignidad de los pueblos, las misiones históricas o la salvaguarda de las cosas por las que merece la pena vivir, no. Solo la economía.



Este hacer por hacer, gratuito, es el principio de todo degenerar humano y divino. Puesto olvidados del ser se produce la transvaloración de los grandes valores hacia los instrumentales: el dinero y el poder. Si el hombre no es nada, y es solo lo que hace, aquél que adquiera dinero o poder, aunque realmente sea un pobre hombre digno de lástima, se convierte en el único ser auténtico. No por casualidad en los grupos que tradicionalmente buscan el poder para destruir toda espiritualidad desde el liberalismo se buscan las obras más que los pensamientos, por ejemplo, «en la iniciación en el primer grado o de aprendiz masónico se pregunta al candidato: "¿Sois masón?" y él responde: "Por mis obras me tienen por tal"»(3), porque no importa qué sea uno, sino que se comporte como tal. O desde el comunismo se preocupan por la praxis antes que por el pensamiento de sus militantes. Y desde el capitalismo algo similar: trabajo, prácticas, saber hacer, etc. 

Y esto trae sus consecuencias (cualquiera que haya leído Un mundo feliz lo sabe). Por ejemplo, en bioética si uno es lo que hace y llega un momento en el que no puede hacer nada lo correcto es aplicarle una inyección letal y terminar con el absurdo de una vida-sin-hacer, es decir, una no-vida. Si los embriones no hacen nada, no son nada; si los ancianos no hacen nada, no son nada; si los enfermos mentales, los comatosos, los niños nacidos con serios problemas vitales no hacen nada… no son dignos, no tienen vidas para vivir "con dignidad". Por otro lado, el animalismo postmoderno tiene algo también de práxis: los animales da la impresión de que siempre hacen cosas (es una deformación producto de ver los animales por La Tele, puesto que en realidad no hacen casi nada). En todo caso si nuestra diferencia esencial está en lo interior, lo que no se ve (la percepción de realidad y en nuestro espíritu atemporal, en la capacidad estética, etc.), fijándonos solo en el exterior tendremos un parecido mayor con los animales, o mejor: éstos con nosotros.



Otra consecuencia es el sensualismo. Si un ser humano se siente mujer, independientemente de lo que sea, y se comporta como tal... es mujer; si se siente vasco es vasco, aunque su familia provenga de Sevilla o de Argentina. Ser es cuestión de sentir, porque el sentir lleva a la acción: si uno se comporta (se viste, piensa, habla) como equis, es equis. 



Aplicado al mundo de la empresa al que no hace cosas visibles y palpables se le excluye y se premia a quien logra beneficios o resultados palpables. Hace tiempo (no encuentro dónde) leí a uno de estos gurús empresariales que aplicaba la matriz del Boston Consulting Group para la toma decisión sobre la vida de los productos en función de lo que dan o podían dar a la empresa, a las distintas áreas o departamentos. Ahí se decía que había departamentos a los que se denominaban “estrellas” o -creo recordar- "cerdos", que daban una buena rentabilidad y que debían cobrar por objetivos (planificación estratégica, por ejemplo), puesto que ellos hacían el beneficio a largo plazo; otros podían ser tildados de "vacas", ya que daban todos los días beneficios (ventas, marketing); hay también departamentos “Incógnita” que podían a largo plazo dar beneficios, pero que no los daban en realidad... pero había también departamentos “perros”, que solo gastaban y no aportaban nada al beneficio...

Dejando a un lado la indignidad que es llamar a los trabajadores 'perros' o 'cerdos', siguiendo esta lógica del hacer, a los perros y a las incógnitas hay que bajarles el sueldo y retirarles los recursos, para destinarlos sobre todo a los que hacen, es decir, a los que traen clientes, a los que diseñan la producción. Sobre todo si los directivos están de paso y poco les importan los resultados a largo plazo.

Evidentemente las empresas tienen que dar beneficio, pero no todo en una empresa es beneficio económico. Es hacer que la productividad no sea frenada, e incluso en las empresas meramente mercantiles los "perros" juegan un papel determinante a la hora de afianzar la empresa y la marca, ya que en ellos está la responsabilidad social, la relación con los stakeholders, la dimensión ecológica o las políticas adecuadas de Recursos Humanos. Y en muchos casos están en ellos la misión de la empresa. Reducir una empresa al beneficio es lo mismo que reducir una persona a su patrimonio.


Por último, si seguimos y aplicamos estos criterios del hacer frente al ser a instituciones de espíritu (universidad, educación, Iglesia, arte o política) el resultado es siempre los mismo: eliminación de ideas, reducción de las instituciones a su dimensión instrumental y no a su función social, perder la idea fundacional y trascendente de la educación, la iglesia, etc. y quedarse solo con el poder, el dinero, las estructuras, etc. 

Hay quien cree que la escuela consiste en crear buenos ciudadanos, que la Iglesia está para ordenar la vida de la gente, casar, bautizar y enterrar. Hay quien cree que la política consiste en dar trabajo a "la gente"; el arte para deleite de los sentidos y la Universidad para crear técnicos capaces de operar en el mundo empresarial sin que se les note que son humo. 

Pero esos son los del tener, los del hacer, los que solo les conoces por el resultado de sus obras. Las obras buenas, es cierto, muestran a las personas buenas, pero de ahí no se sigue la reducción de la persona a sus obras. 

(1)  "Nuestras investigaciones positivas deben deducirse esencialmente, en todos los géneros, a la apreciación sistemática de lo que es, renunciando a descubrir su primer origen y su destino final" Comte, A.: Discurso sobre el espíritu positivo§ 13 (Ed. y trad. de Julián Marías), Alianza Editorial, 2000.
(2) Sartre, J.P.: El existencialismo es un humanismo, Ediciones del 80, Barcelona
(3) Guerra, M. Masonería religión y política. Sekotia, Madrid 2012, p.197

viernes, 8 de enero de 2016

Mensaje de Benedicto XVI a los estudiantes de la Pontificia Universidad Urbaniana


Quisiera en primer lugar expresar mi cordial agradecimiento al Rector Magnífico y a las autoridades académicas de la Pontificia Universidad Urbaniana, a los oficiales mayores, y a los representantes de los estudiantes por su propuesta de titular en mi nombre el Aula Magna reestructurada. Quisiera agradecer de modo particular al Gran Canciller de la Universidad, el Cardenal Fernando Filoni, por haber acogido esta iniciativa. Es motivo de gran alegría para mí poder estar siempre así presente en el trabajo de la Pontificia Universidad Urbaniana.
En el curso de las diversas visitas que he podido hacer como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, siempre me ha impresionado la atmosfera de la universalidad que se respira en esta universidad, en la cual jóvenes provenientes prácticamente de todos los países de la tierra se preparan para el servicio al Evangelio en el mundo de hoy. También hoy veo interiormente ante mí, en este aula, una comunidad formada por muchos jóvenes que nos hacen percibir de modo vivo la estupenda realidad de la Iglesia Católica.
«Católica»: Esta definición de la Iglesia, que pertenece a la profesión de fe desde los tiempos antiguos, lleva consigo algo del Pentecostés. Nos recuerda que la Iglesia de Jesucristo no miró a un solo pueblo o a una sola cultura, sino que estaba destinada a la entera humanidad. Las últimas palabras que Jesús dice a sus discípulos fueron: ‘Id y haced discípulos a todos los pueblos’. Y en el momento del Pentecostés los apóstoles hablaron en todas las lenguas, manifestando por la fuerza del Espíritu Santo, toda la amplitud de su fe.
Desde entonces la Iglesia ha crecido realmente en todos los continentes. Vuestra presencia, queridos estudiantes, refleja el rostro universal de la Iglesia. El profeta Zacarías anunció un reino mesiánico que habría ido de mar a mar y sería un reino de paz. Y en efecto, allá donde es celebrada la Eucaristía y los hombres, a partir del Señor, se convierten entre ellos un solo cuerpo, se hace presente algo de aquella paz que Jesucristo había prometido dar a sus discípulos. Vosotros, queridos amigos, sed cooperadores de esta paz que, en un mundo rasgado y violento, hace cada vez más urgente edificar y custodiar. Por eso es tan importante el trabajo de vuestra universidad, en la cual queréis aprender a conocer más de cerca de Jesucristo para poder convertiros en sus testigos.
El Señor Resucitado encargó a sus discípulos, y a través de ellos a los discípulos de todos los tiempos, que llevaran su palabra hasta los confines de la tierra y que hicieran a los hombres sus discípulos. El Concilio Vaticano II, retomando en el decreto Ad Gentes una tradición constante, sacó a la luz las profundas razones de esta tarea misionera y la confió con fuerza renovada a la Iglesia de hoy.
¿Pero todavía sirve? Se preguntan muchos hoy dentro y fuera de la Iglesia ¿de verdad la misión sigue siendo algo de actualidad? ¿No sería más apropiado encontrarse en el diálogo entre las religiones y servir junto las causa de la paz en el mundo? La contra-pregunta es: ¿El diálogo puede sustituir a la misión? Hoy muchos, en efecto, son de la idea de que las religiones deberían respetarse y, en el diálogo entre ellos, hacerse una fuerza común de paz. En este modo de pensar, la mayoría de las veces se presupone que las distintas religiones sean una variante de una única y misma realidad, que ‘religión’ sea un género común que asume formas diferentes según las diferentes culturas, pero que expresa una misma realidad. La cuestión de la verdad, que al comienzo movió a los cristianos más que a todos los demás, es aquí puesta entre paréntesis. Se presupone que la auténtica verdad sobre Dios, en último término, es inalcanzable y que, como mucho, lo que es inefable sólo puede hacerse presente con una variedad de símbolos. Esta renuncia a la verdad parece realista y útil para la paz entre las religiones del mundo. Y, sin embargo, es letal para la fe. En efecto, la fe pierde su carácter vinculante y su seriedad si todo se reduce a símbolos intercambiables en el fondo, capaces de remitirse sólo de lejos al inaccesible misterio de lo divino.
Queridos amigos, veis que la cuestión de la misión nos pone no solamente frente a las preguntas fundamentales de la fe, sino también frente a la pregunta de qué es el hombre. En el ámbito de un breve saludo, evidentemente no puedo intentar analizar de modo exhaustivo esta problemática que hoy se refiere a todos nosotros. Quisiera al menos hacer mención a la dirección que debería invocar nuestro pensamiento. Lo hago desde dos puntos de partida.


PRIMER PUNTO DE PARTIDA

1. La opinión común es que las religiones estén por así decirlo, una junto a otra, como los continentes y los países en el mapa geográfico. Todavía esto no es exacto. Las religiones están en movimiento a nivel histórico, así como están en movimiento los pueblos y las culturas. Existen religiones que esperan. Las religiones tribales son de este tipo: tienen su momento histórico y todavía están esperando un encuentro mayor que les lleve a la plenitud.
"La opinión común es que las religiones estén por así decirlo, una junto a otra, como los continentes y los países en el mapa geográfico"

Nosotros como cristianos, estamos convencidos que, en el silencio, estas esperan el encuentro con Jesucristo, la luz que viene de Él, que sola puede conducirles completamente a su verdad. Y Cristo les espera. El encuentro con Él no es la irrupción de un extraño que destruye su propia cultura o su historia. Es, en cambio, el ingreso en algo más grande, hacia el que están en camino. Por eso, este encuentro es siempre, al mismo tiempo, purificación y maduración. Por otro lado, el encuentro es siempre recíproco. Cristo espera su historia, su sabiduría, su visión de las cosas.
Hoy vemos cada vez más nítido otro aspecto: mientras en los países de su gran historia, el cristianismo se convirtió en algo cansado y algunas ramas del gran árbol nacido del grano de mostaza del Evangelio se secan y caen a la tierra, del encuentro con Cristo de las religiones en espera brota nueva vida. Donde antes solo había cansancio, se manifiestan y llevan alegría las nuevas dimensiones de la fe.
2. La religiones en sí mismas no son un fenómeno unitario. En ellas siempre van distintas dimensiones. Por un lado está la grandeza del sobresalir, más allá del mundo, hacia Dios eterno. Pero por otro lado, en esta se encuentran elementos surgidos de la historia de los hombres y de la práctica de las religiones. Donde pueden volver sin lugar a dudas cosas hermosas y nobles, pero también bajas y destructivas, allí donde el egoísmo del hombre se ha apoderado de la religión y, en lugar de estar en apertura, la ha transformado en un encerrarse en el propio espacio.
Por eso, la religión nunca es un simple fenómeno solo positivo o solo negativo: en ella los dos aspectos se mezclan. En sus inicios, la misión cristina percibió de modo muy fuerte sobretodo los elementos negativos de las religiones paganas que encontró. Por esta razón, el anuncio cristiano fue en un primer momento estrechamente critico con las religiones. Solo superando sus tradiciones que en parte consideraba también demoníacas, la fe pudo desarrollar su fuerza renovadora. En base a elementos de este tipo, el teólogo evangélico Karl Barth puso en contraposición religión y fe, juzgando la primera en modo absolutamente negativo como comportamiento arbitrario del hombre que trata, a partir de sí mismo, de apoderarse de Dios. Dietrich Bonhoeffer retomó esta impostación pronunciándose a favor de un cristianismo sin religión. Se trata sin duda de una visión unilateral que no puede aceptarse. Y todavía es correcto afirmar que cada religión, para permanecer en el sitio debido, al mismo tiempo debe también ser siempre crítica de la religión. Claramente esto vale, desde sus orígenes y en base a su naturaleza, para la fe cristiana, que, por un lado mira con gran respeto a la profunda espera y la profunda riqueza de las religiones, pero, por otro lado, ve en modo crítico también lo que es negativo. Sin decir que la fe cristiana debe siempre desarrollar de nuevo esta fuerza crítica respecto a su propia historia religiosa.
Para nosotros los cristianos, Jesucristo es el Logos de Dios, la luz que nos ayuda a distinguir entre la naturaleza de las religiones y su distorsión.
3. En nuestro tiempo se hace cada vez más fuerte la voz de los que quieren convencernos de que la religión como tal está superada. Solo la razón crítica debería orientar el actuar del hombre. Detrás de símiles concepciones está la convicción de que con el pensamiento positivista la razón en toda su pureza se ha apoderado del dominio. En realidad, también este modo de pensar y de vivir está históricamente condicionado y ligado a determinadas culturas históricas. Considerarlo como el único válido disminuiría al hombre, sustrayéndole dimensiones esenciales de su existencia. El hombre se hace más pequeño, no más grande, cuando no hay espacio para un ethos que, en base a su naturaleza auténtica retorna más allá del pragmatismo, cuando no hay espacio para la mirada dirigida a Dios. El lugar de la razón positivista está en los grandes campos de acción de la técnica y de la economía, y todavía esta no llega a todo lo humano. Así, nos toca a nosotros que creamos abrir de nuevo las puertas que, más allá de la mera técnica y el puro pragmatismo, conducen a toda la grandeza de nuestra existencia, al encuentro con Dios vivo.

SEGUNDO PUNTO DE PARTIDA

1. Estas reflexiones, quizá un poco difíciles, deberían mostrar que hoy, en un modo profundamente mutuo, sigue siendo razonable el deber de comunicar a los otros el Evangelio de Jesucristo.
Todavía hay un segundo modo, más simple, para justificar hoy esta tarea. La alegría exige ser comunicada. El amor exige ser comunicado. La verdad exige ser comunicada. Quien ha recibido una gran alegría, no puede guardársela solo para sí mismo, debe transmitirla. Lo mismo vale para el don del amor, para el don del reconocimiento de la verdad que se manifiesta.
Cuando Andrés encontró a Cristo, no pudo hacer otra cosa que decirle a su hermano: ‘Hemos encontrado al Mesías’. Y Felipe, al cual se le donó el mismo encuentro, no pudo hacer otra cosa que decir a Bartolomé que había encontrado a aquél sobre el cual habían escrito Moisés y los profetas. No anunciamos a Jesucristo para que nuestra comunidad tenga el máximo de miembros posibles, y mucho menos por el poder. Hablamos de Él porque sentimos el deber de transmitir la alegría que nos ha sido donada.
Seremos anunciadores creíbles de Jesucristo cuando lo encontremos realmente en lo profundo de nuestra existencia, cuando, a través del encuentro con Él, nos sea donada la gran experiencia de la verdad, del amor y de la alegría.
2. Forma parte de la naturaleza de la religión la profunda tensión entre la ofrenda mística de Dios, en la que se nos entrega totalmente a Él, y la responsabilidad para el prójimo y para el mundo por Él creado. Marta y María son siempre inseparables, también si, de vez en cuando, el acento puede recaer sobre la una o la otra. El punto de encuentro entre los dos polos es el amor con el cual tocamos al mismo tiempo a Dios y a sus Criaturas. ‘Hemos conocido y creído al amor’: esta frase expresa la auténtica naturaleza del cristianismo. El amor, que se realiza y se refleja de muchas maneras en los santos de todos los tiempos, es la auténtica prueba de la verdad del cristianismo.
Benedicto XVI.

martes, 29 de diciembre de 2015

Podemos al poder


Estoy admirado de lo bien que Pablo Iglesias juega sus cartas, en muy poco tiempo un grupito de antisistema están viendo la posibilidad de romper el sistema liberal desde dentro. Un sueño imposible hace bien poco. Lo que está pasando es que sus enemigos, es decir, los ciudadanos, en cada escalón que suben, les aúpan y con sus acciones les catapultan al siguiente. Es inconcebible porque realmente no es mérito de Pablo, es demérito de todos los demás.

Los medios, los partidos, los activistas esteparios: todos parecen haberse vuelto ciegos o, al menos, actúan como tales. ¿Es que nadie ve lo que está pasando? ¿Es que no saben cómo actuar? 

Yael Farache, una periodista española, judía de religión y con un gracioso acento de culebrón venezolano, lo dice, con toda claridad en sus vídeos: Podemos sigue la estrategia de los populismos de ultramar. Si Yael Farache y muchos más se dan cuenta ¿cómo los periodistas, los partidos, los centros de poder no lo ven? ¡Pero si la estrategia comienza en 2012!

No entiendo a los políticos. Les pagamos para que gasten el dinero en lo que de verdad importa, tienen unos servicios de inteligencia que deberían funcionar para alertar y sin embargo ven el ascenso de este predictador y nadie hace nada antes de que adquiera más poder. 

Lo que pasa es que en vez de plantarle cara dejamos que ellos, los de Podemos, marquen el ritmo de la información y los tiempos de la democracia. Tanto en Cataluña como en el resto de España son los antisistema los que deciden cuándo y cómo habrá elecciones. Y el resto, los que han sacado el 80% de los votos válidos esperan a que los neocomunistas hablen para contestar airados. ¿No se dan cuenta de la polarización del discurso? ¿Es que nadie sabe lo que ha pasado en la historia reciente de Europa y América?

A los políticos les pagamos para que nos marquen el rumbo con ideales grandes. Porque para gobernar para el día a día, siguiendo el ritmo que marca Europa, vale cualquiera.

(Es una de las grandes enseñanzas del neocomunismo es que cualquiera vale para el gobierno: Maduro, conductor de autobús ahora conduce un país hacia la ruina; o los concejales del Ayuntamiento de Madrid, pasan del paro y de animar socioculturalmente a su distrito, a gobernar -cinco concejales nunca han trabajado y otros tantos que tienen un nivel de administrativo, con lo que se da la paradoja de que secretaria y conserjes del Ayuntamiento tienen más categoría y experiencia que los propios concejales. Por si alguien quiere echar un vistazo a sus curricula brevis puede ver la web del Ayuntamiento).

Lo difícil es adelantarse a los acontecimientos, prever el futuro, tomar medidas hoy para el día de mañana, aunque sean impopulares. Tener claro el proyecto de ciudad, de Comunidad, de Estado a cinco, diez y veinte años vista.

Para eso les pagamos, para que con su sabiduría (y la de sus asesores, subsecretarios, Directores Generales y demás) tengan claro no solo el gobierno actual, sino cosas como cómo pagaremos nuestras pensiones en 2040; o cómo vamos a beber agua y a regar en 2050 si el cambio climático se acentúa; o cómo vamos a cambiar el petróleo terrorista por otro tipo de energía más democrática.

Me hubiese gustado que en plena burbuja inmobiliaria, cuando éramos ricos, el Gobierno hubiese diseñado un plan de exportaciones o de industrialización adelantándose a la crisis. Pero no, el ministro Rodrigo Rato andaba en otras cosas y su jefe, Aznar, miraba para otro lado. Los servicios de inteligencia españoles no se enteraban de nada, los grandes economistas que cobraban 6000 al mes por asesorar a Rato tampoco lo veían….

¿Nadie podía haber calculado que la corrupción iba a estallar por todos los lados? ¿Ni siquiera ellos que estaban corruptos hasta las cejas?¿Nadie se enteró de la fortuna de los Pujol, de los Rato, de los Granados, de los Urdangarín? ¿Nadie sabía nada de nada?

Lo propio es que los políticos se pregunten cosas que no todos se preguntan, como por ejemplo ¿qué pasa si dejamos la educación en manos de los nacionalistas? ¿No tendremos un problema creciente de separatismo en diez años? O ¿Es de recibo que dejemos crecer a movimientos ultraizquieristas como Podemos que pueden acabar con nuestra democracia? Si siguen creciendo ¿No nos llevarán a un enfrentamiento cívico en un futuro? O si dejamos entrar a miles de musulmanes que además se reproducen el doble que nosotros ¿No tendremos un problema de identidad europeo en un futuro próximo?

Yo creo que un político debe pensar estas cosas y actuar en consecuencia, es decir, debe poner freno al nacionalismo, al islamismo y al neocomunismo independientemente de su posicionamiento a la izquierda o a la derecha, porque los valores que están en juego son –o deberían ser- transversales. 

Y por eso es necesario un recambio de toda la clase política, es necesario que se regenere la democracia por este lado, que impida que oportunistas como Aznar, González, Zapatero o Rajoy lleguen a ocupar cargos públicos. Porque no solo han gobernado de espaldas al pueblo, sino que además han causado los graves problemas que ahora sufrimos y no han previsto nada.

Pero parece que todo seguirá igual y Pablito seguirá jugando contra aficionados. 

Por si alguno de esos asesores que cobran 6000 euros por no hacer nada quiere unas ideas aquí van 10 consejos para aniquilar a Podemos:

  1. No contesten a sus provocaciones o “Carmenadas”. Ignórenles.
  2. Dejen de compartir en sus redes vídeos y memes con los malos que son los de Podemos y no hagan más columnas y entradas blogueras diciendo que son comunistas, que ya lo sabemos.
  3. Si tienen que hablar de ellos coloquen delante el adjetivo: el partido neocomunista Podemos; o el antisistema Pablo Iglesias.
  4. No les inviten a los debates, no representan a casi nadie, a un 20%, pero realmente a un 10% si sacamos las candidaturas conjuntas.
  5. No pacten con ellos, liberen –señores del PSOE- Madrid o de lo contrario se verán fagocitados por ellos (Bolcheviques que se comen a mencheviques, las SA y las SS ¿les suena?)
  6. Apoyen a Izquierda Unida y a los disidentes del soviet supremo. Entrevistas a Monedero y a los que fueron expulsados del partido, y a los auténticos 11M, primeras víctimas del afán devorador del antisistema Iglesias.
  7. No les copien, no jueguen los del sistema a ver quién es más antisistema. Pónganse corbata. Dejen de hablar de sueldos a los que no trabajan y de subsidios y hablen de trabajo e industria.
  8. Y hagan hincapié en lo que funciona: la noticia no es el desahucio, la noticia es que el sistema les da casa al día siguiente.
  9. Y monten un Podemos de derechas, tipo Le Pen, capaz de aunar el voto descontento desde el otro lado, pero que enfrente a un extremismo con el otro.
  10. Y, por último, ahonden en las noticias sobre Grecia y Venezuela.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Otra vez el Islam



Sobre el Islam y el terrorismo entramos en un diálogo en Facebook con personas que me constan bien informadas, racionales y con criterio, pero con una preferencia clara y definida por los musulmanes y, por ende, contra el sionismo, EEUU y Europa. 

Mi tesis es que la religión musulmana genera el odio. Pero eso no supone para mi tomar partido por uno de los contendientes de la tercera guerra. No creo que sea una cuestión de buenos y malos. Tomar partido por unos o por otros no es mi tarea porque los valores de occidente son universales y los valores del Islam particulares. Lo que trajo el cristianismo al mundo fue precisamente esa llamada a la universalidad, a la unidad de todos y a la creencia en que hay una verdad, un bien y una belleza a la que todos (incluidos  los terroristas, Putin, los americanos y Bin Landen) tendemos. Si en la guerra hay dos bandos (los del petroleo y los yijadistas) en el plano de las ideas solo hay razón y sinrazón. 

Pero no se asusten, no identifico la razón con Occidente y la sinrazón con Oriente. No. Identifico solo la idea generadora del cristianismo con la razón y la idea generadora del islamismo con la sinrazón. Esto, evidentemente no es afirmar que todos los musulmanes son unos descerebrados, no es así, los hay por millones buenos. No se trata tampoco de decir que en Occidente todos son racionales, no. Occidente creó el barroco y el fútbol. Los Derechos Humanos y las cámaras de gas. Los grandes santos que se fueron (y se van) por el mundo a predicar y los que matan por petróleo. Todo está mezclado, claro, pero creo que la idea cristiana conviene al hombre, le hace mejor, le eleva, le hace artista y filósofo, le hace bueno. Y sin embargo creo que la idea musulmana hace al hombre peor, mantiene la sociedad dividida y empobrecida, genera odio y luchas, impide el crecimiento de los pueblos. 

Efectivamente si usted está contento de leer estas líneas o terriblemente enfadado es normal, estamos ante un tema donde los sentimientos priman sobre la razón. No hay razones para hacer ciertas preguntas, o dicho de otro modo,  cualquier razón que se dé es siempre inferior a la experiencia previa. Poco o nada se puede hacer desde el plano intelectual, porque si esas ideas son defendidas rápidamente se asocia a una enfermedad mental ("islamófobo"), a un problema de ignorancia y hasta se puede pensar que te pagan por defender ideas (cosa que -por otro lado- no estaría mal). 

Los temas sentimentales no se pueden solventar así por las buenas, entran a través de la experiencia y forman parte de la vida de las personas. Por eso es imposible acabar con el nacionalismo por muchos programas políticos que se impongan. La única manera es sembrar en la escuela y esperar treinta años a que la educación dé sus frutos. En España, que somos más chulos que nadie permitimos que se cree ese sentimiento nacionalista desde el Estado, pero este es otro cantar. No hay palabra que pueda decir que cambie lo más mínimo lo que se piensa del Islam, del puesto de las mujeres en la sociedad o de la necesidad o no de un Estado de Israel. 

Tampoco se trata de débiles y fuertes. Los débiles están en todos los lados, son los que reciben las bombas terroristas y las bombas del ejército ruso. Los poderosos son los jequecillos e imanes y los políticos europeos.

Internet no es lugar para el pensamiento racional. Es el reino de taifas del relativismo. Un reino (red) donde todo es posible. Para defender el buenismo del islam se pueden ver vídeos y webs en las que se ve cómo los americanos volaron las torres gemelas o cómo los americanos montaron el ISIS o los atentados de París. Facebook tampoco es lugar para debatir, les contesto a todos por aquí, dejando claro que es imposible el diálogo y por lo tanto no queda más que el monólogo a dos voces.

Volvamos a la tesis. Yo afirmo que el islam solo ha traído sangre, pobreza y división y que lo que tiene de bueno (esa moral hacia el grupo) es lo que pudo entender Mahoma del cristianismo que conoció a través de las conversaciones con un cristiano antes de comenzar todas sus aventuras como jefe militar.

Agrupo los argumentos en tres:

1. Por un lado lo personal frente a lo científico: vivir con musulmanes, compartir su techo, disfrutar de su hospitalidad no aclara nada sobre un juicio al islam, al contrario, te llena de pre-juicios sobre la cultura. Creo que la ciencia no se puede hacer con estos presupuestos. A la experiencia de convivencia pacífica con musulmanes puede oponerse otra experiencia similar de otra convivencia con judíos, por ejemplo, que están todos los días sometidos al terrorismo de baja intensidad; o con la experiencia de quienes sufren directamente el terrorismo islámico. No es argumento a favor del PP decir que uno conoce a políticos de éste partido honrados, ni ser del PP te da derecho a juzgarlo mejor, creo que lo ideal es no tomar partido para juzgarlo. Creo que si queremos hacernos un juicio de algo debemos hacer una epojé (ἐποχή) de las experiencias positivas y negativas y ver el cuadro en su conjunto. 

Lo particular es justo lo contrario, Maribel: hay que tomar distancia para hacer juicios: leer de todo, no solo lo que apoya nuestra idea y si se convive, con todos, no solo con una parte del conflicto.

He visto la película (El fundamentalista reticente) que me recomendabas y vuelvo a decir que eso no dice nada de la realidad del islam. Dice que personas particulares que inician una guerra política por la defensa de un país. En la película, es verdad, hay frases lapidarias, cuando el editor turco que ha hecho quebrar su editorial le compara con los jenífaros... "cuando decidas cuál es tu posición el color volverá a tu mundo". O "muchos musulmanes pueden participar de forma pasiva, pero un muyaidin actua. Nuestra única esperanza son las verdades fundamentales que nos dieron en el Corán"... Está claro: así se hace un terrorista.

Otra idea previa precientífica es creer que demostrando el origen corrupto de algo se ataca a todos los miembros actuales. Por ejemplo, demostrando el origen antipersona del Islam no se dice nada de los musulmanes actuales; o demostrando el origen americano del ISIS tampoco se dice nada de su barbarie actual. O el origen franquista de nuestra democracia. Pero creo que es correcto tenerlo presente para juzgar y cambiar algo.

2. Por otro lo político. Si enfrentamos a las ideas sobre la religión ideas políticas no podemos tampoco tener un diálogo fructífero. La política es como el fútbol: a unos le gusta un equipo y a otros otro, todo el mundo opina y nunca puede darse un cambio de posiciones. La política así entendida demoniza a una parte del mundo y diviniza a otra. En este caso si el islam es siempre bueno por definición todo mal que hace el islam es bueno y si hacen algo malo es consecuencia directa de "Los Otros", los malos, los americanos, los occidentales, el petroleo, la industria armamentística, Israel y la trilateral, como poco tendrán la culpa de la miseria, de las lapidaciones, de las ablaciones, de los homosexuales colgados en grúas, de los talibanes, el ISIS, las gargantas cortadas y hasta de los atentados de Madrid. Si nada de esto tiene que ver con Mahoma será que sus enemigos manejan muy bien la propaganda, y resulta que quizá sean santos Almanzor Solimán, Bin Laden y Jomeini.

Yo creo que el que empuña un arma y se lanza contra sus hermanos a acribillarlos a tiros, el que pone una mochila llena de bombas en un tren, el que se lanza contra las torres llenas de personas es un criminal y luego podemos buscar causas, pero el criminal es el criminal. Las causas de los conflictos hay que buscarlas en la historia de las ideas y no en esas teorías de ricos y pobres, moros y cristianos.

Si tenemos la idea previa, el pre-juicio, de que el islam es paz y amor, por ejemplo, no hay posibilidad de pensamiento recto si los que matan en nombre del Islam resulta que no son más que "malos musulmanes", "armados por los servicios secretos de los países occidentales" , o simplemente agentes secretos disfrazados... mal andamos. La prueba de realidad que debe tener cualquier idea política es simple: si uno mata en nombre de una idea no pasa nada pero si en todas las latitudes, en todos los momentos históricos en todas las clases sociales hay musulmanes que matan en nombre de Alá, y los que le rodean no le denuncian y anulan.. quizá -solo quizá- sea el islam favorable al crimen político / religioso. 

Otro tanto ocurre con el comunismo: como existe la creencia casi religiosa de que el comunismo es bueno y el capitalismo malo, todos los crímenes (los 80.000.000 según su libro negro) son justificados en pro del progreso. 

3. Por otro lado lo religioso. Se dice que todos los libros religiosos tienen incitación a la guerra y a la violencia. No es cierto. En el Nuevo Testamento no hay ninguna incitación al asesinato o a la violencia. En el Tao Te King tampoco. La religión cristiana se funda bajo el signo del amor. En los primeros años del cristianismo el número de mártires es directamente proporcional a su expansión por el mundo. No hubo batallas ni guerras ni violencias. El cristianismo avanzó y se hizo religión oficial del Estado. Entonces sí, cuando se mezcló lo político comienza el lado oscuro del cristianismo, que por otro lado no hacía más que defenderse para llegar al estadio actual en el que ningún cristiano querría matar por expandir el cristianismo; Cristo predicó justo lo contrario, por lo que es fácil inferir que el cristianismo que mata es una deformación del mismo. El cristianismo avanzó sobre territorio de barbarie, templando el espíritu y haciéndolo más refinado. Allá donde triunfó el progreso, la unidad y la paz se instauraron. Eso sí, esta unidad costó muchos años de sufrimiento y de guerra, sobre todo para frenar el avance de la barbarie en los primeros años y del Islam después.

Discrepo profundamente con Rafa Millán (obviando los argumentos ad hominem) cuando dice que si identifico el cortar cuellos, hacer explotar personas o lapidar adúlteras como barbarie tenga que decir, a continuación que hay que aniquilarlos a todos. Pues no, lo que hay que hacer es civilizarlos. Como hicimos con los alemanes del norte a lo largo de 1000 años (es cierto que el espíritu de barbarie afloró con el nazismo, pero en todo caso ahora parece que ya están civilizados). Civilización y barbarie son dos vórtices de la acción humana que están en todos, dependiendo de qué alentemos tendremos una sociedad bárbara o una sociedad civilizada.  Mi crítica a la religión musulmana es que hace poco, muy poco, por aniquilar la barbarie. Que si hiciese más habría movimientos de masas contra el terrorismo en Siria, Gaza o Libia y realmente estos movimientos brillan por su ausencia. Cuando hay elecciones salen elegidos los partidos más radicales, cuando hay bombas contra Israel no hay ni un musulmán que lo denuncie. Por ejemplo, en la Mezquita de la M30 se recogían fondos para mandar a yijadistas a Siria ¿Cuántos musulmanes pacíficos lo denunciaron? 

Los datos dicen que algunos de los musulmanes, muy pocos, son terroristas, un 4% los apoya moral o logísticamente y un 20% ve bien que se mate, aunque no harían nada por los terroristas. Si el 80% de los musulmanes quisiese acabar con la violencia acabarían en dos días. Lo que ocurre y esto es tesis y no dato, es que en la propia religión está la violencia. 

Y no es una cosa que me invente, es fruto del propio pensamiento de Mahoma y de lo supuestamente dictado. Me decía Rafa Millán que el Islam nació en un contexto de guerra. Pues no. Cuando nació el Islam no había guerra en Arabia, fue el islam el que empezó la guerra que casi dura hasta nuestros días. Que Mahoma organizó asesinatos políticos (¿Quien quiere desembarazarme de Kaab ibn ´Asraf?) no hay duda, que Mahoma inició guerras y persecuciones tampoco, y que sus seguidores continuaron no es tampoco algo que haya que demostrar ¿Decir esto es incitar al odio? Pues yo creo que no, que el odio surge de la ignorancia ¿Qué tenemos que hacer? ¿Mirar para otro lado? ¿Saltarnos las suras que hablan de odio y hacer un cortapega de Islam moderado? ¿No quedamos en que el Corán es un libro dictado por el Arcángel? Entonces no hay interpretación. La cosa es si el arcángel manda matar cristianos o si no. 

Yo creo que si queremos pensar y desentrañar el problema tendremos que ir a la raíz, a la religión, y más en concreto al fundador. Hágase lo mismo con la religión cristiana, vayan al Fundador, vayan a Cristo.

Creo que el debate no da para más. 
Saludos y gracias.





viernes, 27 de noviembre de 2015

Europa, el cristianismo y Berdiaeff


La idea cristiana de la unidad ha presidido toda la historia de Occidente. Cualquiera de las facetas humanas de las que estamos más orgullosos es fruto de lo que el cristianismo ha realizado en el espíritu de barbarie. 

Los derechos humanos, la ciencia, la química, la física, la matemática, la biología, la tecnología, la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, la literatura, la democracia, el ecumenismo, la secularización, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la caridad, la universalización, las universidades, la justicia, el comercio, etcétera, etcétera.

Basta ver los países islámicos, animistas o budistas cómo viven en un estado de letargo, de pobreza, de insalubridad y división. Y no es culpa de occidente, de la colonización y esas cosas. No, puesto que el cristianismo se extiende por países ricos y pobres, con riquezas naturales o sin ellas, con climas fríos y desérticos... y allí donde se implanta florece la medicina, el arte, la caridad. 

Berdiaeff lo vio claro: la religión auténtica es la que ha estado obrado en Europa a lo largo de los siglos en un doble movimiento: por un lado elimina paulatinamente la barbarie y la desigualdad social, por otro, actúa en cada hombre como una fuerza civilizadora interior. Al igual que el hombre de naturaleza recibe el espíritu y da comienzo al proceso de humanización desde dentro, el cristianismo actúa exactamente igual: desde dentro acaba con el hombre primitivo, tribal, nacionalista, y lo va convirtiendo, poco a poco, siglo a siglo, en un ser civilizado.

Pero vayamos al texto (¡escrito en 1924!): 

"A juzgar por numerosos síntomas, nos aproximamos a una nueva época histórica, a una época que se  parecería a la primera Edad Media, esa edad todavía oscura de los siglos VII, VIII Y IX que precedió el Renacimiento medieval. Y muchos de nosotros no pueden sino sentir afinidad con los últimos romanos. Es éste un noble sentimiento. ¿No se desperté algo semejante en la nueva alma cristiana de san Agustín cuando amenazaba a Roma el peligro de la irrupción del mundo bárbaro? Así, muchos de nosotros pueden considerarse a sí mismos como los últimos y fieles representantes de la vieja cultura cristiana de Europa, amenazada por muy grandes peligros exteriores e interiores. 

A lo largo de esta época de barbarie nueva, aunque civilizada, que nosotros presentimos, será urgente llevar la luz inextinguible como otrora fue llevada por la Iglesia cristiana. Sólo en el cristianismo se revela y se conserva la imagen dél hombre, el rostro del hombre. El cristianismo ha librado al hombre de los demonios de la naturaleza que lo desgarraban en el universo pagano; me refiero a la demonolatría. Sólo la Redención cristiana ha dado al hombre el poder para erguirse y, espiritualmente, mantenerse derecho; ella arrancó al hombre del imperio de las fuerzas elementales de la naturaleza bajo las cuales el hombre había caído, de las que se había hecho esclavo. El mundo antiguo elaboró la forma del hombre. En él apareció la energía creadora del hombre, pero la personalidad humana no se había liberado aún del dominio de las fuerzas elementales de la naturaleza; el hombre espiritual no había nacido aún.

El segundo nacimiento del hombre, que no es ya natural sino espiritual, tuvo lugar en el cristianismo. El propio humanismo recibe su verdadera humanidad de manos del cristianismo: la Antigüedad no era suficiente para dársela. Pero el humanismo, en el curso de su desarrollo, separó a la humanidad de sus fundamentos divinos y he aquí cómo el humanismo, cuando finalmente desgajó al hombre de la Divinidad, se volvió simultáneamente contra el hombre y se puso a destruir la imagen de éste, porque el hombre es la imagen y la semejanza de Dios. Cuando el hombre no quiso ser más que la imagen y la semejanza de la naturaleza, un hombre meramente natural, se sometió por ello mismo a fuerzas elementales interiores y alienó su imagen. El hombre vuelve a ser desplazado por los demonios, es impotente para resistirles y defenderse. El centro espiritual de la personalidad humana se ha perdido. La tragedia de los tiempos modernos comiste en que el humanismo se ha vuelto contra el hombre. Ésta es la causa de la derrota fatal del Renacimiento y de su ruina inevitable. La gente de nuestra época se complace en decir que el cristianismo no ha triunfado, que no ha cumplido sus promesas, y sacan de allí la conclusión de que es inverosímil y absurdo tornarse hacia él. Pero el hecho de que la humanidad europea no haya realizado el cristianismo, que lo haya desfigurado y traicionado, no podría constituir un argumento válido contra su verdad y autenticidad. Porque el Cristo no prometió la realización de su reino de aquí abajo; él decía que su reino no era de este mundo, predecía para el final el desnudamiento de fe y de amor. La no-verdad de la humanidad cristiana es una no-verdad humana, una traición y una caída humana, es una debilidad y una falta humana, no una no-verdad cristiana, no una no-verdad divina. Toda la indignación que suscitó el catolicismo no hubiera sido injusta si se hubiera dirigido contra la humanidad católica, pero no contra las cosas auténticamente santas de la Iglesia católica. Sólo el hombre, desde el comienzo, alteraba el cristianismo, lo desfiguraba mediante sus caídas. Finalmente, se levanta contra él y lo traiciona, responsabilizando a la vida cristiana de sus propios pecados y sus propias caídas"

Berdiaeff, N.: Una nueva Edad Media, Ediciones Carlos Lohlé,  
Buenos Aires 1979, pág. 47-49.
 (Traducción de la versión francesa de Un Nouveau Moyen  Âge por Ramón Alcalde)



¿Vamos a mejor? ¡Compruébelo ud. mismo!