lunes, 28 de mayo de 2018

Odoacro y Orestes (fin de la serie)

Rendición de Rómulo Augústulo a  Odoacro
Como veníamos diciendo en primavera de 472, se hizo pública la enemistad entre Antemio y Ricimero y éste se unió al bárbaro Genserico. Antemio fue vencido, destituido y su cabeza entregada a Ricimer, o Ricimero, el 12 de julio de 472.

Gundevaldo, sobrino de Ricimero, accede al puesto de magister millitum, desde el que se ejercía de facto la dirección del imperio. Tuvo que eliminar a tres de sus hermanos para ser rey de Burgundia y se olvidó del imperio, puso de Emperador a Glicerio (curso 473/474), pero se lo destituyeron rápidamente y se olvidó del imperio. 

El que se hizo con el poder, por última vez, fue Orestes, un personaje curioso, que luchó con Roma y contra ella, asesorando ni más ni menos que al propio Atila, el Huno. A la muerte de Atila, vuelve a Roma y va a poner orden desde las Galias hasta Dalmacia luchando con rebeliones locales a las órdenes del emperador Nepote, que se lo habían impuesto desde oriente. En Dalmacia adquiere tal popularidad que todos quieren nombrarle emperador, pero él no podía por no ser de la casta gobernante de siempre y nombra a su hijo Rómulo (curso 475/476), de 10 años, que sí tenía pedigrí por parte de madre, deponiendo al legítimo Nepote (curso 474/475) y siendo él regente.

Orestes es la única esperanza: llega con ayuda del ejército, de las principales familias romanas y de los bárbaros. Llega al poder sabiendo lidiar con grupos de poder, reyezuelos, generales que se habían hecho con el control de pequeñas zonas, prometiendo tierras, privilegios y riquezas a quien le apoyase. 

El final del imperio, especialmente en estos últimos cursos académicos tenía algo de patético y de enternecedor: unos actores intentando restaurar algo que ya había pasado a la historia, pero que por intereses, por costumbre, por necedad, se quería mantener vivo mirando al pasado"Todavía había soldados que creían en el imperio y en que algún emperador lograría devolverle su antigua gloria, para ellos el imperio seguía existiendo, -afirma  Kelly Devries- aunque ahora sabemos que nunca habrían logrado recuperarlo". Algunos pensaban que mientras hubiese un emperador, Roma tenía esperanza, como si las palabras pudiesen convertir en realidad lo que se deseaba. Roma era una forma de vida, una forma de civilización, no una forma de poder, por eso era impensable que Roma viviese sin un espíritu detrás que la justificase. 

La escena final del imperio fue el enfrentamiento entre Odoacro y Orestes, al rebelarse la guardia de Orestes, éste fue a apaciguarla y a devolverla a su causa, pero ellos habían pactado con Odoacro. No llegaron a un acuerdoy tuvieron que luchar. En en la batalla de Rávena (475) Orestes perdió la vida y su hijo fue depuesto de inmediato. 


Según Kelly Devries  (...) "Odoacro y Orestes eran los dos personajes más importantes del imperio occidental, el futuro de Roma dependía de ellos y deberían haber colaborado juntos, nunca se plantearon llegar a un acuerdo, eran demasiado ambiciosos y recurrieron a la guerra". 


Con esto termina una historia de pobredumbre, necedad, asesinatos, traiciones, persecuciones y degeneración que da paso a una nueva época de renacimiento de la cultura, la ética y la cordura: la edad media.




martes, 22 de mayo de 2018

El comentario de texto


Hacer un comentario de texto no consiste en seguir las pautas de la PAU y soltar un rollo largo de contexto, ideas principales, secundarias y esas cosas a las que someten a los estudiantes de Bachillerato. El comentario de texto estándar, creado en serie para aprobar un examen no sirve para nada, al menos no sirve para analizar el texto.

Un comentario de texto tiene un solo objetivo: dar cuenta del texto, es decir, comprender y saber expresar por qué ese texto que tienes delante es significativo, importante para la cultura occidental o universal (que casi es lo mismo), básico, prometedor, significativo, sugestivo, etc.

Un texto es un fragmento de una vida de un autor, de una obra, de un contexto histórico, de una tradición determinada y lo primero que hay que hacer, si fuese el caso, es explicar ese contexto, esa vida, esa obra o esa tradición. En ocasiones no importa nada el contexto y el texto vale por sí mismo: aunque fuese anónimo tendría valor por lo que dice y no por cuándo fue dicho. Por eso es artificioso y totalmente fuera de lugar plantear que lo primero que hay que hacer en un comentario de texto es soltar un tema de contextualización y hablar del autor y su biografía. No. Se trata de aclarar el texto, no de usarlo como pre-texto para demostrar la capacidad de memorizar y volcar contenidos a corto plazo.

Digamos que el autor, la vida y el contexto histórico son importantes solo si son importantes, y es por eso que lo primero que hay que hacer es leer el texto y comprenderlo perfectamente para saber si estas cosas importan. Este ejercicio (la lectura atenta) es muy importante en un tiempo en el que los textos se leen siempre rápidamente, transversalmente, sin comprender del todo.  La digitalización, el exceso de información y la aceleración de la vida hacen que este ejercicio de leer un texto comprendiéndolo plenamente sea más difícil hoy que hace unos pocos años, pero hay que hacerlo.

Así que la lo primero es leer pausada y atentamente, con un lápiz en la mano y con el propósito de comprender el texto y sus matices. Como técnica es adecuado subrayar, hacer círculos, dibujos, colocar flechas internas y externas: una lectura adecuada debe relacionar el texto tanto interna como externamente, esto quiere decir que para contextualizar correctamente un fragmento hay que leer la obra entera y algunas otras obras del autor, así como saber de su tiempo y su vida, por ejemplo, si yo leo en el Discurso del Método, de Descartes:

"El primero era nunca aceptar como verdadera ninguna cosa que no conociese con evidencia que lo era"

Tengo una primera palabra: “primero”, que hace referencia a una serie de pasos para alcanzar algo (el conocimiento verdadero), podría enumerar el resto, los cuatro siguientes, pero hay algo más importante: que no se dan una serie de pasos para algo si ese algo que queremos conseguir se puede lograr directamente, por lo que debemos entender que el conocimiento es un problema, que hay distintos tipos de conocimiento y que aquí Descartes se refiere a uno que no se alcanza de repente, sino de forma metódica.

Aquí sí está el contexto, Descartes –como sabéis- es el punto de inflexión hacia la filosofía moderna, y se encuentra con la necesidad de buscar luz entre los textos científicos de su época, que alejados de la realidad debatían sobre ideas y teorías que se habían despegado, más de lo necesario, de lo real y por lo tanto de la verdad como adecuación. Quizá la vida de Descartes sea interesante para comprender esta palabra, primero. Porque había viajado por el mundo y le había entrado un principio de enfermedad filosófica grave: el relativismo. Con este método pretendía curarse e inmunizar a la sociedad de su época.

Como veis, la palabra primero dice mucho más de lo que habíais imaginado…, puesta aquí indica eso, un método para alcanzar un conocimiento depurado, verdadero. Después tenemos otra idea: “no aceptar como verdadera” Significa que la costumbre, la vaguería intelectual, el miedo o los prejuicios, nos llevan a veces a aceptar por verdadero lo falso. Si uno lee el periódico se dará cuenta de que buena parte del mismo es una mentira disfrazada, muchos intereses ocultos y patentes están en un periódico, por lo que debemos leer sabiendo que lo que leemos es una visión de una realidad que no conocemos, debemos intentar buscar esa verdad que está detrás de la interpretación del periodista.

En el texto de Descartes se dice que es la evidencia lo que importa, es decir, que no podemos dar por buena una noticia, una teoría, una palabra que no sea evidente a nuestro entendimiento o a nuestros sentidos como principio del conocimiento.

Una vez leído y comprendido iremos ya a escribir el comentario:

1.      Presentación del texto: unas breves palabras del mismo en todo caso, centrado en tiempo y autor, unas breves palabras del autor. A veces si la época es importante o si el autor lo es mucho o es poco conocido sí se debe hacer una exposición del autor o de la época.
2.      Decir lo que dice el texto, es decir, intentar ser lo más objetivo posible, primero solo lo que dice. V.g. “Descartes enuncia la primera regla de su método que consiste en no dar por válido ningún conocimiento que no sea evidente”.
3.      Decir lo que no dice el texto, y aquí todas las posibles relaciones del texto, cada palabra, cada idea, está relacionada con otras ideas que conocemos o que nos sugieren. Aquí, en el texto de ejemplo hay que hablar de tipos de conocimiento, de la importancia de los sentidos, de la escolástica y el Renacimiento, de los viajes de Descartes, del concepto de verdad, de la filosofía y de todo lo que nos venga a la mente (o a una búsqueda en Internet (qué se le va a hacer).
4.      Concluir, sintetizar, y reivindicar el texto.  En este apartado demostramos que lo hemos comprendido, reducimos todo el conocimiento adquirido por la lectura en unas pocas líneas que aportan significado.
Este último apartado es lo que se llama crítica, que a veces se malinterpreta por algunos profesores-funcionarios como criticar, en el sentido de buscar los defectos a la vecina. No, a Descartes no se le critica. A veces incluso hay quien dice que en este apartado hay que poner la opinión que merece el texto al alumno. No. Ni criticar ni opinión personal. La opinión que un neófito tenga de Descartes, por ejemplo, es del todo irrelevante, no aporta conocimiento. La única opinión es la que relaciona el texto con otros textos del autor o con la tradición filosófica anterior y posterior. En este apartado lo que hay que destacar es qué relevancia tiene el texto para el mundo, qué importancia tiene, por qué está ahí.

Como veis es simple: un comentario es presentar un texto, decir lo que dice y lo que no dice y aportar una visión que aporte realmente conocimiento.

viernes, 27 de abril de 2018

"Para que todo el mundo sepa quién es esta escoria humana"

La Manada

Por un lado todo el mundo clama por la independencia de los jueces pero cuando juzgan y aplican la ley y la sentencia no coincide con la opinión de la chusma, azuzada por políticos y periodistas, entonces hay que ir a por el juez, o a por toda la justicia. Como si los jueces tuviesen la culpa de hacer su trabajo, que consiste en aplicar la ley sin dejarse llevar por nada que no sean los hechos probados, la ley vigente y la jurisprudencia. 

Hoy he recibido una foto del juez que ha condenado a los degenerados de San Fermín con la leyenda "Os invito a difundir su cara para que todo el mundo sepa quién es esta escoria humana"

Parece que a un sector de la sociedad tuitera le hubiese gustado una condena más fuerte, o incluso la pena de muerte, la castración o el linchamiento público y posterior hoguera y entonces arremeten contra el juez... pero ¿qué tiene este caso que tanto interés público suscita? ¿Qué tiene esta chica, este caso, esos energúmenos? 

Me sorprende el revuelo porque hay mil casos similares a "la manada". Apuesto a que vd. no sabía de estas tres noticias recientes: 

1. "Tres detenidos por violar a una mujer en un piso de Alicante", de 17 de abril de 2018, y los acusados están en libertad (pero eran argelinos). 

2. "Diez detenidos por violar repetidamente a tres chicas fugadas de un centro de menores", de 22 de marzo de 2018 (vaya, también argelinos)

3. "Cuatro encapuchados violan a una mujer tras robar en su chalé", de 2 de abril de 2018 (esta vez gente del Este)

Estos tres casos, decenas si nos remontamos a los sucesos de San Fermín de 2016, no interesan, y quizá sea porque las chicas no se liaron con nadie ni quisieron sexo de ningún tipo, simplemente estaban en el lugar equivocado a la hora equivocada. 

Lo que ha dado alas mediáticas a este hecho es que surge en un contexto de degeneración moral que se quiere aceptar como normal. No es machismo relacionar las conductas previas de las mujeres con las agresiones. Una agresión machista es una agresión contra una mujer por el hecho de serlo, no una agresión a cualquier mujer en cualquier circunstancia. No todas las mujeres se ponen en esas situaciones de degeneración ética y estética. Yo creo que si alguien provoca una actitud en las personas, por muy reprobable que sea esa actitud, debe evitarla. Y esto no es "criminalizar" a la pobre chica, es resaltar que en un ambiente de relajación moral suceden estas cosas. Si yo insulto a la gente por la calle, en un barrio conflictivo, es muy probable que me agredan. Y la agresión física está muy mal, nadie debe ejercer la violencia contra nadie, pero el juez no puede condenar igual a uno que agrede sin mediar provocación que a otro que provoca la agresión. Lo que no puede pasar es que la sociedad critique los efectos y no las causas. Y tampoco que se quiera ver lo inmoral como normal. El discurso feminista, a mi juicio, está equivocado, creen que solo hay una causa de todas las agresiones a mujeres (el machismo ancestral heteropatriarcal), y realmente hay muchas causas, tantas como agresiones. En concreto, el consumo de pornografía, la sexualización del ocio, la relativización del sexo, el consumo de estupefacientes y alcohol en exceso, el efecto de la masa, etc.

Y este es el quid de la cuestión: que la sociedad se empeña en normalizar lo que va contra la naturaleza humana, lo que no puede ser aceptado como normal es que una chica de 17 años ande sola, borracha, en un ambiente donde todos van con las facultades mentales y morales alteradas, y que en ese estado busque sexo en un portal un desconocido. El discurso imperante políticamente correcto dice que ella puede hacer lo que quiera, pero en esos estados, en esos momentos, es evidente que los límites morales se deshacen.  

Nos guste o no, la justicia tiene que valorar las situaciones, y el pueblo debe callar para que hablen los expertos, que para eso les pagamos, y ese feminismo sensibilero debe dejarse a un lado: cuando una mujer dice no, es no, de acuerdo, pero si una mujer o un hombre se pone en situación de riesgo manifiesto debe conocer las consecuencias. 

Y, por último, una nota para evitar mi linchamiento, si todavía es posible: creo que cualquier hombre (y cualquier mujer) debe respetar a cualquier mujer (y a cualquier hombre) en cualquier circunstancia y creo que el respeto a las mujeres va más allá de la ley o de las violaciones: aunque quiera, aunque ella hubiese accedido a ello desde el principio hasta el final, sería igualmente asqueroso que cinco hombres tuviesen sexo con una chica en un portal. En cuestiones morales poco importa el deseo o la apetencia, lo que está mal, está mal, por mucho que se quiera hacer coincidir el sentimiento con la moral.  

lunes, 16 de abril de 2018

Discurso del papa Francisco a los miembros de la Universidad de Villanova




Queridos amigos, me complace dar la bienvenida al Padre Presidente, al Consejo y a los Directores de la Universidad de Villanova con la ocasión de su reunión en Roma. Rezo para que su estancia en la Ciudad Eterna sea una ocasión de renovación espiritual para cada uno de ustedes.

Como herederos de gran “escuela” agustina, inspirada en la búsqueda de la sabiduría, vuestra Universidad fue fundada para preservar y transmitir la riqueza de la tradición católica a las nuevas generaciones de estudiantes, que, como el joven Agustín, están en búsqueda del verdadero significado y del valor de la vida. En fidelidad a esta visión, la Universidad, como comunidad de investigación y estudio, también debe lidiar con los complejos desafíos éticos y culturales que surgen en los cambios de época y que afectan a nuestro mundo de hoy. Espero que, en cada aspecto de su vida y misión, la Universidad de Villanova perseverará en su compromiso de comunicar los valores, intelectuales, espirituales y morales que puedan preparar a los jóvenes para participar con sabiduría y responsabilidad, en los grandes debates que construyen el futuro de la sociedad.

Un aspecto urgente de la tarea educativa es el desarrollo de una visión universal, “católica”, de la unidad de la familia humana y de un compromiso en la eficacia de la solidaridad necesaria para combatir las graves desigualdades e injusticias que marcan el mundo actual. Las Universidades, por su naturaleza, están llamadas a ser laboratorios de diálogo y de encuentro al servicio de la verdad, de la justicia y de la defensa de la dignidad humana a todos los niveles. Esto es particularmente válido para una institución católica como la vuestra, que contribuye en la misión de la Iglesia de promover el crecimiento auténtico e integral de la familia humana hacia su definitiva plenitud en Dios (véase Const. Ap. Veritatis gaudium, 1).

Nadie mejor que San Agustín ha conocido la inquietud del corazón humano hasta que encuentra descanso en Dios, en Jesucristo, que nos revela la verdad más profunda sobre nuestra vida y nuestro destino final. Que estos días de reflexión, discusión y encuentro os confirmen en vuestro compromiso con la misión de la Universidad al servicio de la verdad que nos hace libres (Jn. 8, 32).

Con afecto os encomiendo a vosotros y a vuestras familias, y a toda la comunidad de la Universidad de Villanova a las oraciones de San Agustín y Santa Mónica, y a todos imparto mi Bendición Apostólica como prenda de alegría y paz en el Señor Jesús resucitado.


domingo, 8 de abril de 2018

Conspiranoicos


Los conspiraniocos crecen de manera desmesurada gracias a Internet, a la rebelión de las masas y a la conjura de los necios. La cibersociedad, al dar cabida a todos sin excepción no es espacio de racionalidad, es espacio de la opinión infundada, manipulada en muchos casos, y en casi todos no pasada por el filtro de la razón. Cualquier idiota puede ser youtuber y en cualquier foro un estudiante de bachillerato puede discutir con un catedrático sobre su materia. 

Sin duda estamos ante una crisis de credibilidad, que es aprovechada por profesionales del fake, de la mentira, de la mentira que vende y esto hace que cualquier teoría, por absurda que parezca, pueda ser vox pópuli o trending topic.

En la red la opinión es defendida como si fuese una verdad absoluta, la opinión, que por su propia naturaleza debería ser cambiante y depurada por la realidad y la razón, para dar nacimiento a una creencia, en Internet se convierte en una especie de cosa sagrada, por encima de cualquier otra idea o pensamiento. Siendo sagrada la opinión, todo vale para defenderla y ponerla en valor: la repetición de los mismos mensajes, la unanimidad pretendida, la presión contra el disidente, el insulto, el uso de falacias, la saturación del medio, etc, hacen de una opinión una verdad compartida. Y de esta forma la opinión se enquista, se convierte en una idea única, verdad-verdadera antes de toda experiencia, y lo que es peor, a pesar de toda experiencia. 

Pero esto es lo que pasa visiblemente, vamos al tipo humano, al personaje que está detrás de los ataques, el que repite hasta la saciedad una "verdad" y no admite réplica. Este tipo de persona, a mi juicio, padece un vértigo, es decir, una pasión desordenada y destructiva, en este caso puede terminar en un fanatismo exacerbado.

Surge el conspiranoico de una idea, la que sea, que se repite como un lema. "España nos roba", "la tierra es plana", "el cáncer es producto de experiencias infantiles negativas", "el agua de Valencia está contaminada", "el azúcar es un veneno", "Bildelber domina el mundo" etc., etc. Una idea aislada se comporta como un virus y va generando todo un estado mental de alerta que se retroalimenta en comunidades de Internet y de la realidad exterior y crea un cuadro completo obsesivo. Hay gente, créanme, que empieza por dejar de tomar azúcar (un veneno) y termina defensor de la libertad de las gallinas de granja. Hay quien parte de una conspiración masónica del siglo XIX y termina pensando que en su ordenador han instalado un software espía los Iluminatis.

El conspiranoico es un fanático. Un fanático es, etimológicamente,  quien se coloca fuera del templo. Ojo, no dentro del templo, el fanático está a las puertas de la religión, de la iglesia, de la política o de la ciencia y gritan a través de las redes sociales avisando a la gente de grandes peligros.

Pero hay algo de verdad en las conspiraciones. Espero no parecer conspiranoico si digo que hay un interés político y social porque crezcan los conspiranoicos, o dicho de una manera más racional: hay un grupo de personas que se aprovechan de los conspiranoicos para lanzar sus mensajes. Por ejemplo, corren imágenes de esqueletos de gigantes encontrados en algún lugar de áfrica, un burdo montaje, claro. No hay gigantes. Y es que el Corán habla de gigantes y algunos musulmanes necesitan pruebas de que es verdad. Lo mismo ocurre con la “teoría” de la Tierra plana, una tesis doctoral no aceptada que responde también a una historia coránica. También Rusia se ha sumado a la creación en serie de fakes o noticias falsas, a veces increíbles, pero esto no quita para que los conspiranoicos crezcan de manera desmesurada.

Sin ánimo de ser exhaustivo, podemos plantear ocho tipos de conspiranoicos, aunque en muchos casos se entrecruzan.

1. Conspiranoico religioso: si la religión busca la salvación de las almas y la unión con Dios, los conspiranoicos religiosos buscan conspiraciones satánicas, mensajes ocultos en la Biblia, profecías terribles, mensajes en clave de los santos, mensajes de la Virgen comentando la actualidad. Amantes del agua bendita viven obsesionados por el diablo, el pecado y la herejía. Su religión es hamártica y el género humano está condenado a priori y debe sanarse constantemente por medio de acciones humanas para acceder a una salvación segura. "Si repites tres veces x obtendrás y".

El conspiranoico religioso se olvida de la verdadera fe y cree que está cerca el juicio final, el milenio o la apostasía general. Incluso hay católicos que afirman que Francisco es el Anticristo y tras él vendrá de nuevo Pedro. Ven masones en el Vaticano, asesinatos oscuros, poderes ocultos de Satanás que hace que la gente se aleje de las buenas costumbres. 

2. Conspiranoico finmileniarista. Muy ligado al anterior. Buscan mensajes de iluminados, de apariciones, de la biblia o de profetas clásicos como Nostradamus o san Malaquías. No paran con anuncios de la catástrofe que ponen en boca de la virgen o de los santos. Se caracterizan por las "señales" que ven en el cielo en la naturaleza o en la sociedad humana. Guerras, hambrunas, pestes, persecuciones, martirios, escándalos, odios, discordias, falsos profetas o engaños. Fieles a las noticias, ven estas señales (¿cuándo el mundo ha estado en paz, sin martirios, ni falsos profetas?) y las comparten en las redes sociales. Algunos no son ni religiosos, afirman la llegada de extraterrestres, desastres naturales, meteoritos, etc. Tienen en común el miedo al final. Pero no llega nunca. El Apophis siempre pasa justo rozando. Cuando llegó el año 2000 muchos pensaban que tocaba ya, pero pasó y no pasó nada. Pero da igual, cualquier día de estos, cuando se alineen ciertos planetas...  

3. Conspiranoico político. Nada es lo que parece, grupos de oscuros seres grises manipulan toda la información en todo momento. Oligarquías internacionales lo controlan todo. Desde la ONU hasta Bildelberg controlan los gobiernos y las oposiciones. Todo el poder del mundo lo controlan ellos. Nuestros ordenadores y nuestras vidas están en sus manos, cualquier líder mundial es o un miembro oculto de la masonería y todas las leyes, las cosas que pasan se mueven desde despachos grises, fumando habanos y bebiendo bourbon. Hoy hacen una revolución en África y mañana una guerra en Asia, montan y desmontan grupos terroristas, etc.

 
Dentro de estos conspiranoicos hay unos muy graciosos que afirman que los atentados que hace el Islam en todo el mundo son atentados "de falsa bandera", es decir, que son los malos, grises del Club de Roma o de Bildelberg que hacen el atentado para culpar a los pacíficos seguidores de Mahoma. Sí, esos que ponen vídeos de las torres gemelas que afirman que fueron los judíos.

4. Conspiranoico macrobiótico. Nada de lo que comemos es sano, el cáncer, las enfermedades degenerativas y casi todas las enfermedades son producto de venenos que nos dan para controlar a la población y ganar dinero. El agua está envenenada. Nos fumigan desde el cielo creando infertilidad y cáncer. Los transgénicos, los conservantes y producción industrial crean veneno.

Pero no todo es malo. A pesar de que los grandes laboratorios quieren ocultarlo, la Curcumina, la Espelta, el Kalanchoe, la Equinácea o el Jenjibre se puede curar el cáncer, el alzheimer, los tumores cerebrales y cualquier cosa que el paciente decida. 

5. Conspiranoico informático. La CIA y agencias secretas controlan todos los ordenadores, todos los mensajes, todos los teléfonos. Imponen su ley y no dejan el software libre. Algunas empresas implantan michrochips a sus empleados, en el futuro los tendremos todos. Cualquier persona es escuchada a través del móvil y nos espían hasta en la ducha. 

6. Conspiranoico social. Hay una conspiración también en Bildelberg y los iluminati que diseña la sociedad desde arriba. Aborto, matrimonio gay, divorcio, etc. se reúnen y buscan a dónde va la sociedad. Nada tienen que ver los ciudadanos con sus votos, con sus libros, con sus ideas, es todo de arriba a abajo.

7. Conspiranoico interestelar. Reptilianos, rahelianos, teorías de la evolución o de una especie de matrix o show de Truman dominado por extraterrestres. Los grandes poderes ocultos realmente son reptiles disfrazados, Obama es reptiliano.

8. Conspiranoicos científicos. Teoría de la Tierra plana, homeópatas, curanderos del cáncer basándose en experiencias de la infancia y regresiones, la medicina alemana.  
La teoría de la conspiración se alimenta desde posiciones interesadas, pero caerían en saco roto sin conspiranoicos.

En definitiva, creo que la razón debe abrirse paso entre tanta conspiración y que sin duda el gran motor oculto de la historia es la estupidez, la dejadez de los buenos y la pérdida de valores. 

martes, 3 de abril de 2018

Sentimiento y razón




Últimamente me encuentro con un recurrente argumento frente a mi defensa de la razón frente al sentimiento: el sentimiento -dicen- es la experiencia y es previa a la razón, por lo tanto debe ser predominante.

Los partidarios de la experiencia, del sentimentalismo, del desnudo de las emociones, me suelen mirar con pena, como diciendo “pobre, si supiese lo que se pierde al no expresar los sentimientos”. Creo que pensé en este artículo cuando un profesor budista me decía que él lloraba varias veces al día (o a la semana) y que había que “sacar” todos los sentimientos en todo momento, yo -la verdad- pensé que no debería llevar una vida buena para llorar tanto. Pero esto de "sacar" sentimientos es más que una moda. De hecho hay grupos de risoterapia, lloroterapia, teatralización, gritoterapia, cantoterapia (creo que no lo llaman así), etc. A algunos grupos de Iglesia les encantan las lágrimas grupales, las confesiones a la comunidad, los "testimonios" de personas que estaban en lo peor y que al conocer a Dios cambiaron radicalmente. En los debates sobre el nacionalismo, cuando les digo lo bien que viven los nacionalistas españoles en comparación con los países con los que les gusta compararse, me dicen que los sentimientos de los catalanes independentistas son muy importantes, casi tanto como el derecho o la economía. 

En fin, de nuevo otro fantasma recorre Europa: el del sentimentalismo, que ya pasó en el siglo XIX y dejó muy mal la cosa…

Mi tesis es que la experiencia sentimental ni es ni previa a la razón ni debe ser predominante. No es previa porque el ser humano no puede dejar la razón a un lado para tener experiencias y luego recogerla para analizarlas. La percepción no funciona así, la razón no está para analizar, quizá confunden el término razón con la ciencia, quizá, o quizá estemos estrenando un  tiempo de renacimiento del irracionalismo.

La razón es lo que nos permite ver el mundo como seres humanos, es decir, desligarnos del espacio y del tiempo y poder salirnos de lo cotidiano, de la percepción inmediata, del carpe diem y crear una realidad consistente e intersubjetiva. Los animales y los niños perciben así, sin razón: lo que hay es lo que ven, sin un posible análisis, y lo que ven es lo que su instinto -o su inteligencia- le permite ver. Pero nosotros, los humanos adultos,  no vemos lo que tenemos que ver, vemos lo que queremos ver, seleccionamos de toda la realidad lo que nos interesa por situación, por ideas preconcebidas o por historia personal. Por eso necesitamos un análisis de esta realidad, porque nosotros construimos la realidad y le damos sentido como sociedad.

Si después de percibir, de tener una experiencia sentimental, queremos salir de nuestro solipsismo y comunicarla a los demás, no nos vale con la experiencia nuda, necesitamos salirnos de lo inmediato, romperla, analizarla y descubrir la verdad objetiva que pueda haber en ella, porque sí, puede haber experiencias que no merecen ser tenidas en cuenta. 

Así podemos distinguir dos niveles de verdad: un primer nivel donde lo que se siente, lo que se percibe, no es discutible, es verdad el sentimiento (es verdad que sientes lo que sientes); y otro nivel superior donde esa verdad se pone a prueba con la realidad intersubjetiva y se integra en un proyecto de vida donde se ordena. No son dos actos, es un mismo acto con dos niveles o momentos. En el primer momento no hay discusión, lo que percibimos percibido queda y no hay forma de convencernos de que lo sentido es real o falso. Aquí no hay diálogo ni posibilidad de cambiar, solo hay tolerancia: tú con tu verdad, yo con la mía, nadie puede quitárnosla. Pertenece por lo tanto al mundo de la opinión, donde no podemos entrar más que a clasificar las opiniones y experiencias, todas al mismo nivel. Si uno siente la energía del Universo, el Amor de Dios, la humanidad de su perro, la opresión del Estado, la soledad o la tristeza nadie puede decirle nada, nadie puede quitarle esta idea previa, digamos que es su experiencia y por lo tanto es verdad para la persona que lo experimenta. Solo queda mirar al otro con pena, con alegría, abrazarlo o apalearlo.

Pero con estas experiencias y sentimientos no hacemos nada, no nos formamos como comunidad ni como sociedad, ni como personas. Como mucho podemos buscar quienes hayan tenido experiencias similares y por lo tanto la forma de unidad que genera este sentimentalismo es la de grupos de reafirmación del sentimiento: grupos religiosos que se esmeran en vivir las experiencias místicas (música, color, iluminación, cánticos), grupos de nacionalistas donde todos comparten el amor a la patria utópica basado en experiencias inmarcesibles: las montañas, la lengua, los ríos y las fuentes de Rosalía de Castro son compartidos por un pequeño grupo de experimentadores que excluyen por lógica a aquellos que no lo han vivido. La raza, la lengua, la patria chica, la pacha mama: abracémonos todos en la lucha…

Claro que del sentimiento espontáneo pasamos fácilmente a la manipulación: bien dirigidos, con un conductismo social, puede hacerse que un grupo grande de personas se enciendan con estas experiencias previas, personales, incomunicables; e incluso personas que no las vivieron originalmente vivan las experiencias al ver a los demás contarlas, al repetir esquemas, canciones, lemas, imágenes, relatos. Entramos en el resbaladizo terreno del populismo y de la postverdad.

Pero por encima de este sentimentalismo existe la razón que siente, la que aplica los criterios de verdad sobre la experiencia sensible. Vemos el mundo que queremos, pero ¿podemos ponernos en el lugar del otro para sentir lo mismo? Ciertamente en el primer nivel no, como mucho podemos reproducir la experiencia, pero en el segundo nivel podemos hacer abstracción y por medio de comparaciones comprender lo que no hemos experimentado o no experimentamos por nuestra perspectiva, podemos ir a la realidad a comprobar si ese sentimiento es adecuado. Lo que hacemos en este segundo momento es despegarnos de nuestra realidad y ponernos en el lugar del otro y por lo tanto podemos tener experiencias para compartir, para pensar en común. Aquí ya no está solo tu verdad y mi verdad, aquí entramos en una nueva realidad que no es ni tuya ni mía, una verdad que hay que buscar en común.

La razón es pues una especie de mediador entre nosotros, que tiende a unir experiencias para poder llegar a una verdad. Ya no es la tolerancia, virtud del relativista, la que prima por encima de la búsqueda en común de la verdad. Ahora es la veracidad la virtud que nos mueve. 

La razón hace que las experiencias vividas sean aprovechables y permitan la vida en común y el crecimiento personal. Podemos dialogar con Platón y con Nietzsche porque ambos usan la razón (y vean que pongo ejemplos de filósofos no racionalistas), y con Lao Tse o con Ana Catalina Emmerick no, solo su experiencia nos vale como punto de partida, pero no hay razones detrás, hay videncias, experiencias directas que solo pueden servir si se integran en un proyecto vital.

El sentimentalismo de experiencia vital, alejado de la razón, nos inunda desde que Freud descubrió el inconsciente, Nietzsche y Schopenhauer las fuerzas ocultas de la vida y Marx las de la historia: como la razón nos lleva a un estado de cosas que no queremos tenemos que sacudirnos de la misma para progresar y entonces crear una realidad paralela donde la experiencia individual sea el centro de la vida. Muchas vidas se mueven, cada vez más, en esta irrealidad de lo sentimental, buscando acumular experiencias para sentir la vida, creando un mundo ficción solipsista o en grupo, donde las cosas suceden de acuerdo a estas experiencias. Y lo peor es que los medios de comunicación y audiovisuales con frecuencia apoyan esta ficción retroalimentando la experiencia previa. 

Si dejamos actuar al sentimiento, el amor se convierte en sensualismo, en seducción, en enamoramiento. Aunque el amor también es razón, propósito, promesa, de lo contrario ocurriría lo que suele ocurrir con demasiada frecuencia: que cuando el sentimiento se apaga o aparece otro sentimiento las relaciones se rompen. El amor no es enamoramiento.

En la lógica del sentimiento la realidad se convierte en la realidad experimentada y querida. Pero la realidad debe ser medida, articulada, probada, de lo contrario las convicciones de hoy mañana pueden ser desarticuladas sin prueba alguna, simplemente porque se me presenta con mayor atractivo la tesis contraria.

La religión tampoco puede reducirse a la experiencia religiosa. La religión, que puede comenzar por el sentimiento de unidad con Dios, por una experiencia, no es lo que debe primar, sino la racionalización de la misma y la integración en la vida, en toda la vida, como proyecto de salvación que haga más fecundo el diálogo con Dios y no se quede en pura experiencia.

Cada vez más el arte se quiere reducir a obras que dicen algo a alguien en un momento estético, el efecto Stendhal. El arte es sentimiento, sí, pero también trascendencia y canon, y forma, y sentido.

La nueva política quiere ser un juego de encandiladores atacando a los sentimientos más bajos del pueblo (el resentimiento ante la riqueza, el sentimiento nacional, el sentimiento de abandono, la desafección…). La política puede tener que ver con la psicología social, pero hay que tener claro el fin práctico de la misma: el bien común.

La educación se está convirtiendo en un juego para despertar las emociones del niño. La educación tiene mucho de encandilamiento, pero éste debe fluir hacia el conocimiento y hacia la formación de la persona completa, no solo de sus emociones.


La experiencia auténtica debemos integrarla en la vida sin darle más importancia que la que tiene, porque todos los sentimientos son iguales, pero algunos nos pueden llevar al error, en cambio la razón puede descubrir el error y permite el diálogo.

viernes, 22 de diciembre de 2017

La mitad de la mitad de los catalanes

Pero también la inteligencia tiene su manera de amar...


Dos millones (2.063.361) de catalanes han elegido un camino que -en el mejor de los casos - no les va a solucionar nada y que lo más probable es que les lleve a una mayor pobreza, una pérdida de libertades y un aislamiento internacional como no hemos conocido desde el fin de la segunda guerra mundial. Eso de la utopía, de la construcción de Estados nacionales, de la Arcadia feliz que se opone radicalmente a la convivencia, a la fraternidad y a la coherencia más vulgar,

La verdad es que parece incomprensible que la mitad de un pueblo civilizado se olvide de lo bonito que es ir por la calle sin miedo a que te maten, que se olviden de que buena parte del mundo está pasando hambre mientras ellos brindan con cava y que en una masa de dos millones de personas antepongan la utopía a su propio bienestar queriendo separarse de quienes les compran el 80% de lo que producen.

Que haya lunáticos no es ningún misterio, más o menos debe haber un 10% en cada población para que el mundo funcione. El independentismo radical, republicano y comunista, ERC, obtenía siempre eso, entre un 5 y un 10%, y el resto eran moderados, (moderados corruptos, pero moderados).

La pregunta es ¿Qué ha pasado para que la mitad de los catalanes decida apoyar con su voto a un imposible que les traerá la ruina? El análisis facilón es que dominan los medios de comunicación y la educación, pero eso no explica el paso de cien mil votos a un millón en ocho años.

Mi tesis es que nos han llevado a esta situación no la mitad de los catalanes, sino que es la mitad de cada uno de ellos la que ha decidido. Me explico: dicen que el hombre es sentimiento y razón (es mucho más), pero este sentimiento y razón es un solo acto, solo que a veces prevalece lo sentimental y a veces lo racional, dependiendo en el ámbito que estemos. Lo que ha ocurrido es que ha decidido el sentimiento y no la razón en un espacio donde debe primar ésta última. La razón –que busca el orden, la paz, la economía, la serenidad- ha perdido en las elecciones internas de esos dos millones de catalanes, ha ganado el sentimiento, que no es malo que gane a veces, sobre todo en los espacios donde debe ganar, por ejemplo, en el amor sería inadecuado usar el cálculo para saber con quién compartiremos nuestra vida. Cuando es el sentimiento y no la razón  la que domina en casi todos los ámbitos estamos ante un adolescente, ante alguien que hace tonterías “porque lo siente”.

Es posible que el ser humano haga tonterías cuando es adolescente, o en la edad adulta cuando está bajo presión, cuando no tiene lo suficiente para vivir, cuando sus derechos están amenazados, pero no es nada explicable que el sentido común no aflore en momentos como este, en los que una clase política se decide a esa aventura incierta de la independencia cuando otros dos millones no la quieren ni de cerca.

Ha fracasado Kant, la ilustración, la civilización y ha ganado el campo, la barbarie, la tierra y el baile tribal, los lazos de sangre y el sentimiento paleolítico de amenaza exterior.

Si los catalanes estuviesen en la miseria y en el resto de España se viviese a lo grande; si hubiese cientos de detenciones arbitrarias cada día; si tuviesen miedo de salir a la calle; si les prohibiesen hablar su idioma, bailar la sardana, hacer torres humanas o hacer calçotadas; si hubiese inspectores de una policía política en busca de disidentes de un Estado totalitario y en constante guerra contra los enemigos internos... en ese caso sí entendería que votasen liberarse del enemigo opresor y lanzarse por la senda tenebrosa de la independencia y de esos años de búsqueda progresiva del reconocimiento internacional, del aislamiento, de la apertura de nuevos mercados mientras la miseria y el paro crecen, las fronteras de la UE se cierran, se les expulsa del euro y la cae empicada la competitividad. 

Pero nada de esto se da ni se ha dado. En Cataluña no hay ninguna persecución, y si la hay son los independentistas los que persiguen a la mitad no independentista, y no al revés. La Generalidad ha puesto más de mil multas lingüísticas (¡multa por hablar como te dé la gana!) y muchos catalanes han tenido que recurrir a los tribunales para exigir su derecho a ser escolarizados en castellano. La represión siempre viene del  lado independentista y solo una vez, el 1º de octubre, el Estado reaccionó, tras cuarenta años de olvidarse de los derechos de los catalanes que quieren hablar castellano o rotular su negocio en la lengua que les venga en gana, por ejemplo. 

La Generalidad tiene el control de los funcionarios, de la policía, de la televisión, de la educación, de la universidad y de la cultura; millones de euros se van a la promoción del idioma y de la cultura catalana marcando la diferencia de la cultura del resto de España, y sin embargo, no se sienten del todo independientes. Y a mí me parece bien, es un sentimiento, quizá uno pueda pensar que estarían mejor sin el resto de España, pero me parece una demencia hacer de esto un "proceso" o poner en peligro aquellas cosas que han costado sangre sudor y lágrimas por ese sentimiento de querer ser más independientes.

A mi particularmente me gustaría que Portugal formase parte de España, pero aunque mi sentimiento fuese compartido por la mitad de los portugueses y la mitad de los españoles no se me ocurriría invadir Portugal. Así de sencillo, porque el sentimiento no puede moverme a poner en riesgo la seguridad, la economía y la justicia. Seguiré yendo a Portugal y, como es Europa, casi no se nota que es otro país. Pues lo mismo deberían hacer esos catalanes que quieren separarse. 

Pero está claro que visto el problema solo queda enfrentarse a él con sentimientos y no con razones, de ahí el acierto de Ciudadanos: un corazón con tres banderas (deberían haber sido dos, a mi juicio sobraba la europea), pero les ha faltado el relato de todo lo que nos une: las vacaciones en Madrid, o en Mallorca, o en Galicia, las cañas, la alegría de ser españoles, la selección, el orgullo de nuestra historia en común, el recuerdo de los abuelos andaluces o extremeños, las montañas de Aragón, Cuéntame, la EGB y el flamenco de Peret.

Y el fracaso del PP estaba cantado: no se puede oponer al sentimiento razones, ley, orden. Y si lo quieres hacer debes antes hacer que la gente se olvide del sentimiento, es decir, gobernar un año dos o los que hagan falta hasta que los ánimos se calmen.

martes, 3 de octubre de 2017

Mensaje del Rey. Resumen


Sin Ley nada, todo lo puede la Ley... pero los nacionalistas que gobiernan Cataluña...


  1. Han incumplido la Constitución y su Estatuto de Autonomía.
  2. Han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente.
  3. Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho
  4. Han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles
  5. Se han apropiado de las instituciones históricas de Cataluña.
  6. Se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia.
  7. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común.


Por ello… ¡¡¡que vuelva todo a la normalidad!!!! ¡¡¡Por favor!!!


Mensajes sentimentales de autoayuda (la aportación de Letizia):


  1.       Si estás preocupado o inquieto… no estás solo
  2.       Si vives con desasosiego y tristeza… tranquilidad, confianza y esperanza.
  3.       Son momentos difíciles… pero lo superaremos.
  4.       Son momentos muy complejos…  pero saldremos adelante.



domingo, 20 de agosto de 2017

¿Qué pasaría si Cataluña se independizara?

Los Pujol en un paraíso natural... y fiscal
Sé que espera que le diga qué hacemos con el Barça o si permanecerían en la UE o no. Pero no va a ser así, si eso espera deje de leer, porque no va a encontrar un diagrama de consecuencias. 

Mi tesis: la pregunta es improcedente porque “Cataluña” no es una entidad diferente de España, es esencialmente España. La pregunta es tan absurda que no puede contestarse ¿Qué pasaría si a Jordi le cortamos la cabeza? Evidentemente, la pregunta no tendría sentido porque ya no sería Jordi, estaría muerto. Pues eso mismo pasa con Cataluña.

No es que haya habido dos países, dos naciones,  que se han unido en algún momento de su historia, España es una unidad desde antes de formarse siquiera los términos 'Cataluña' y 'España'. Lo que lo correcto es decir que algunos (algunos catalanes, vascos, andaluces o castellanos) quieren destruir España, y la quieren destruir por una razón: el poder.

España, como toda nación, ha tenido sus enemigos y los tendrá siempre, porque una nación es una forma de poder frente al mundo, es una unidad de poder, una forma de ser natural que quiere seguir existiendo y como tal pueden salirle enemigos exteriores o interiores, como a todo organismo vivo. En un tiempo  pasado fue Inglaterra la que quería ver a España sumida en el desastre para apropiarse de sus territorios o mercados. En otro tiempo el mal estaba dentro y los reyezuelos de taifas o los señores feudales querían un Estado débil para hacerse con un poder absoluto en un territorio pequeño. En ambos casos es el ansia de arrebatar el poder  a la nación el que mueve al ataque contra la misma. Pero España siempre soluciona sus problemas temporales, porque es una unidad metafísica, va más allá de lo temporal y es superior a los elementos que la componen.

En Cataluña lo que ocurre es lo segundo: unos señores feudales se cansan de tener que someterse a la ley para hacer lo que quieran. Y lo hacen en dos movimientos que se superponen:

Por un lado se crea una casta de corruptos representados por CiU y el PSC que va acaparando poder a costa de la retirada progresiva del Estado Español. Más poder significa presupuestos más amplios, muchos más altos cargos, muchos más enchufes, más mordidas y demás… y sobre todo más impunidad, cada vez son más los catalanes que viven de una u otra forma de la Autonomía o del catalanismo.  

Por otro lado se difunde el sentimiento nacionalista que consiste en crear un país desde arriba. Normalmente los nacionalismos funcionan al revés: un pueblo con una identidad y una historia, sometido a otro pueblo, genera políticos que lo llevan a la independencia. En Cataluña, no hay ni historia diferente, ni dos pueblos, ni ningún sometimiento. No hay ninguna ley española, de ninguna época, que limite los derechos de los catalanes. No hay ningún hecho diferencial. Por eso el nacionalismo se organiza de arriba abajo: son los políticos los que crean la identidad y el problema. 

Decía Ortega, que el nacionalismo necesita además de un sentimiento, un territorio que reivindicar y un enemigo al que hacer frente, por eso en el diseño nacionalista se basa en crear artificialmente el sentimiento, organizar campañas de odio a lo español (que en este caso es un odio hacia sí mismo de carácter freudiano en el que no me puedo detener) y reivindicar territorios españoles.


Siendo así las cosas (como ante cualquier problema) tenemos tres opciones: dejar que el grupo de los corruptos y corruptores sigan creando desde arriba su estado catalán, creando una nación artificial para satisfacer sus deseos de poder; plantarles cara de forma contundente y definitiva; o aplazar el problema (que es lo que suelen hacer los gobiernos democráticos).

Evidentemente la primera opción no tiene ningún sentido: ¿les dejamos? ¿qué pasaría si les dejásemos? La respuesta es evidente. Esto no puede pasar, no se trata de que yo no quiera, sino que es imposible. No se puede romper una nación así con una ley, porque una nación es un intercambio constante de todo, de bienes, de servicios, de gentes, valores, esperanzas, historia y genes. Es muy difícil determinar qué es catalán y qué andaluz, qué castellano y qué catalán. 

En los momentos difíciles, como en los atentados terroristas, sentimos que somos una nación. No importa el lugar de la geografía en la que suceden los hechos, porque simplemente han atacado a españoles, a todos los españoles, en este caso es un ataque extranjero, pero si a cualquier español se le le ataca por el hecho de serlo, toda la nación se pone en guardia.

Cuando las naciones no estaban delimitadas ni territorialmente ni espiritualmente sí podían unidades destinadas a ser lo mismo romperse en dos, como ocurrió entre España y Portugal o entre Alemania y Austria. Pero el andar de los tiempos ya hace imposible la ruptura de unidades históricas naturales. Cuando Alemania fue partida en dos tras la Segunda Guerra Mundial, todo el mundo sabía que esa situación era momentánea.

Es cierto que la política a veces no corresponde con lo natural: irlandeses, serbios, estonios, saben perfectamente quiénes son, porque tienen una raza, una religión, una historia diferente, y han estado sometidos, pero en España no existe ningún tipo étnico o cultural puro, somos todos lo mismo, la misma historia, los mismos genes, el mismo futuro, el mismo sentir ante la adversidad.

Por esto, porque somos en realidad lo mismo, los políticos catalanes plantean el problema como algo sentimental, en tiempos de la postverdad la realidad importa poco, solo el sentimiento –el poder de la voluntad- de la gente: es catalán el que se siente catalán… pero claro el sentimiento es manipulable, si en el colegio, en la radio y en la televisión, si en el Ayuntamiento y en la calle solo se habla de Cataluña como nación, buscando hechos diferenciales e historias inventadas sobre un previo reino catalán independiente…

Somos una nación, en lo económico ¿Es la Caixa una empresa catalana?, ¿De dónde sacan las materias primas, la mano de obra o los clientes las empresas catalanas?, ¿De dónde sacan las materias primas, la mano de obra o los clientes las empresas de Zaragoza?, en la historia ¿No había catalanes en la corte de los Reyes Católicos? ¿No participamos juntos en la conquista de América? ¿No luchamos juntos por el catolicismo en Europa? ¿No tuvimos la misma invasión francesa y la misma reacción en 1812? ¿No tuvimos la misma guerra civil? ¿No trabajamos juntos por la reconstrucción tras la guerra? ¿No eran catalanes los 18 ministros catalanes de Franco?; en lo personal ¿los hijos de los andaluces que fueron después de la guerra son catalanes? ¿Son catalanes los Puig que llevan tres generaciones en Valladolid? ¿Son catalanes los que se fueron a América? ¿Son catalanes los zamoranos del Barça? ¿Y los inmigrantes africanos afincados en Cataluña? ¿son catalanes?; en los valores ¿No somos todos mediterráneos? ¿No tenemos una misma forma de rezar, de cuidar, de vivir?

Siendo lo mismo, el Estado debe mantener su integridad y lo debe hacer no solo por no abandonar a la mayoría de los catalanes que sufren constantemente los envites del nacionalismo, sino por preservar el poder nacional, exactamente igual que si España sufriese una invasión, debería reaccionar con todo su poderío, político y militar, si amenaza una división debe reaccionar.

Urgentemente hay que cambiar la Constitución y crear eso que Rosa Díez llamaba el techo competencial, es decir, blindar las competencias autonómicas para todos, sin excepciones, y evitar de una vez por todas este sistema de representación que permite negociar la gobernabilidad de España a cambio de pérdida de soberanía o transferencias de poder a las autonomías, que como decimos son trocitos de poder que se reparten unos pocos.

Urge retirar las competencias en Educación y Sanidad, y garantizar los derechos de los españoles en Cataluña, es decir, de los catalanes. Y por supuesto evitar las duplicidades, por ejemplo, las policías locales, autonómicas, Guardia Civil y Nacional no tiene ningún sentido. 

Una Constitución que garantice el bilingüismo, único hecho diferencial catalán, pero que en caso de conflicto prevalezca el idioma común, pues es el único que garantiza la igualdad de oportunidades y la movilidad nacional e internacional. Que cada uno utilice el idioma que quiera, claro está, en cualquier parte de España, pero que a la hora de elegir u obligar solo sea el castellano el idioma de todos.

Una nueva Constitución que garantice la movilidad interna en la nación, que permita a los funcionarios pasar de una comunidad a otra sin problemas, que cualquier funcionario pueda usar la lengua que le apetezca en cada momento, sin que sea un derecho el ser atendido en una o en otra, y en todo caso la primacía del castellano, que es idioma común y que todos tenemos el deber de conocer.

Una nueva Constitución que llame como llame a las regiones, deje claro que la sedición o el intento de ruptura de la nación es delito y debe ser castigado de la misma manera que lo sería la invasión de un país extranjero. La apología del separatismo debería estar tipificada en el código penal equiparándola a la conspiración golpista.


Entonces queda contestada la pregunta: ¿qué pasaría si un grupo de corruptos quiere romper España? Que tendríamos que reformular las reglas del juego para que la pregunta sea impensable.