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miércoles, 19 de diciembre de 2018

Filosofía y Universidad



Parece que la Filosofía va a regresar a la Secundaria con el apoyo de todo el Congreso de los Diputados, cosa que es de agradecer a nuestros políticos. Muchos licenciados en Filosofía tendrán una vida más digna y los alumnos volverán a enfrentarse con los textos que forjaron nuestra civilización. Algunos, solo algunos, aprovecharán la oportunidad para desarrollar un pensamiento racional y todos tendrán unas nociones básicas por si en algún momento de sus vidas deciden dedicarse a pensar por sí mismos.

Pero quiero con este artículo pensar el papel de la filosofía en toda la educación formal. Efectivamente no es posible afirmar de una persona que tiene formación si no tiene conocimientos filosóficos suficientes como para poder pensar por sí mismo, sobre el sentido de la vida y de al realidad. Por ello es necesario que el Sistema Educativo tenga en cuenta la filosofía como una asignatura imprescindible, ya que es más formativa que las que se consideran «instrumentales» tales como las matemáticas o la lengua, y mucho más que las Ciencias Naturales y Sociales, que todas se enseñan desde el inicio de la Primaria. Creo que lo que han hecho mal las autoridades educativas de siempre es colocar la filosofía en el Bachillerato y no darle la importancia que se merece: la filosofía debería acompañar a los alumnos desde primaria a la Universidad.

Actualmente la Filosofía se enseña en el Bachillerato y el último curso de la Educación Secundaria Obligatoria, entre los 15 y los 17 años, y pienso que es el peor momento para hacerlo.  El momento  adecuado sería comenzar en los primeros cursos de Primaria hasta primero de la ESO, 11 y 12 años, cuando el niño aún no ha afirmado plenamente su yo y puede aún aprender la naturaleza racional de todo lo que le rodea. Es entonces cuando puede necesitar la guía de la filosofía para ir formando su carácter, sus ideas y creencias y cuando puede desarrollar su intelecto con la ayuda de los grandes maestros y textos.

La filosofía en la adolescencia, tal y como se "estudia" ahora, no cumple su papel y es por eso que la Universidad subsidiariamente debe ofrecer a sus alumnos la posibilidad de acceder a un pensamiento racional sobre el hombre y el mundo.

Los niños y los universitarios son receptivos ante una nueva ciencia, pero los adolescentes no pueden porque están pasando por una etapa en la que no entienden de los claroscuros de la filosofía, no ven los matices. Si a esto le sumamos la preparación del acceso a la Universidad, las presiones por hacer un examen de filosofía estándar, definitivamente la filosofía necesita un complemento.

Filosofía en la Universidad


Al entrar en la Universidad los alumnos se enfrentan ya a decisiones que les empiezan a cambiar el rumbo de sus vidas de manera autónoma. En este momento la filosofía puede decirles algo y puede ser relacionada con sus aspiraciones profesionales. Digamos que el joven universitario está más predispuesto a aprender doctrinas nuevas, a contrastar sus datos, a indagar sobre algunos aspectos de la vida que le serán muy útiles para su futuro personal y profesional. Es el tiempo de abordar de manera racional, seria y crítica los grandes temas con los que –quiera o no- se va a tener que enfrentar a lo largo de su vida.

Por otro lado, en el ámbito universitario no se da (tanto) la ideologización de los niveles precedentes. Muchas clases de filosofía en la Secundaria son divagaciones del profesor sobre su forma particular de ver el mundo en una edad en la que los alumnos no han desarrollado estrategias que les permitan defenderse de las ideologías. Y esto sin hablar de los libros de filosofía para Bachillerato, que merece un capítulo aparte. 

En la Universidad, al estar sometidos a la tradición universitaria, es decir, a la racionalización y a la búsqueda de fuentes, ya puede el profesor expresar su punto particular, que los alumnos pueden contrastar con escritos y argumentos diferentes: por mucho que el profesor explique desde una óptica u otra el alumno puede acudir a la biblioteca y crearse su propia idea de las cosas.

En todo caso, en la Universidad el alumno debe enfrentarse con problemas particulares desde diferentes ópticas y no con filosofías totalizadoras. Por ello pienso que si una Universidad quiere enfrentar a sus alumnos a la filosofía debe optar por dos posibilidades: la filosofía práctica (ética, pensamiento político, estética) o la Antropología Filosófica, ya que de las tres disciplinas que forman la filosofía pura es la más adecuada para este nivel formativo por las razones que abajo expongo, de hecho muchas universidades en todo el mundo han introducido en sus planes de estudios la Antropología Filosófica como asignatura en todos o en muchos de sus Grados porque se trata de una disciplina que es previa a la filosofía práctica, es decir, a la ética, la estética o la política, y sin la cual cualquier abordaje de este tipo de filosofía quedará cojo, ya que se fundamentan en la Antropología: dependiendo de qué idea tengamos del ser humano nuestras acciones, ideas y creencias sobre el mundo serán diferentes.

Misión de la Universidad

La Universidad tiene la misión de ofrecer enseñanzas técnicas que preparen para el desempeño de una profesión, pero reducir la Universidad a esto es no comprender qué es realmente esta institución.  Ésta es una visión producto de una visión del ser humano materialista y funcionalista, es decir, ambas visiones recortadas de la realidad que darían una misión recortada también de la Universidad, convirtiéndola en una escuela de formación profesional.
Digamos que la formación de técnicos y profesionales cualificados es un quehacer de la Universidad, pero no su misión. La Universidad tiene tres misiones además de este quehacer: la búsqueda de la verdad, la preservación de la idea del hombre fruto de la tradición humanística cristiana y la preparación de los directivos del mañana.
1. La principal misión de la Universidad es la búsqueda de la verdad, que no es otra cosa que incrementar y depurar nuestro conocimiento -siempre insuficiente- sobre el hombre y el cosmos. En una época de relativismo y habiendo desgastado tanto el término "verdad" suena realmente vacía la proposición, pero no por ello deja de ser misión universitaria ésta búsqueda.
2. Además de la búsqueda de la verdad, la Universidad es la institución que transmite la idea occidental de pensar al hombre y al mundo, que -por combinar de manera magistral la tradición de la filosofía clásica, el derecho romano, la teología cristiana y la ciencia positiva- es sin duda la mejor manera de vivir como ser humano, la que ha logrado la mejor expresión del espíritu en el arte, la religión, la política, el derecho  o la ciencia.
En los tiempos de crisis que vivimos esta idea occidental del humano se pone en entredicho, propugnando un relativismo cultural que hace ver a Occidente como una más de las formas de vida posibles y es necesario que la Universidad tome conciencia de su misión de preservar la perspectiva cristiana sobre el mundo. Y esto no es solo tarea de la universidad cristiana, toda universidad europea o americana, católica o protestante, privada o pública, debe preservar los fundamentos antropológicos de la civilización que ha logrado tantos éxitos para el conjunto de la humanidad.

3. La otra gran función de la Universidad es preparar selectos: personas conscientes de la realidad y que con iniciativa y creatividad puedan tomar las riendas de la sociedad en el futuro para hacer un mundo mejor. Otra idea que en los tiempos de igualitarismo que sufrimos suena extraña. Pero da igual, la sociedad va a seguir regida por los inteligentes, los que comprenden las cosas, los que son capaces de tener visiones de conjunto y no se dejan llevar por los vaivenes del mundo. Ayer hoy y siempre.

Para las tres misiones, y para el quehacer cotidiano de dar profesionales al mundo, el alumno universitario lo primero que deben aprender es a conocerse a sí mismo y –consecuentemente- a convertirse en buena persona en todos los ámbitos, y para ello la Antropología filosófica, como inicio de un pensamiento, combinada en cursos superiores con Ética o Deontología es una pieza fundamental.

La Antropología Filosófica en los primeros cursos favorece de muy buen grado estas misiones de la Universidad. Lógicamente no agota las posibilidades y habrá que explorar la manera de que el alumno se pueda formar en filosofía en su paso por las aulas universitarias, en la actualidad es una buena propuesta para cualquier Universidad que se tome en serio su función de crear una mejor sociedad con su investigación y docencia.

Además es impensable una Universidad que quiera aportar a la sociedad algo más que títulos una Facultad o un Grado de Filosofía. Sin hablar del papel histórico de la Filosofía en el origen de la Universidad, la Facultad de Filosofía es el centro ideológico de la Universidad, sin ella todo el trabajo universitario se convierte en una producción intelectual ciega, sin  dirección ni fin. 

El conocimiento general del ser humano


El fin de la Universidad, como el de toda obra noble, es la mejora ser humano y su lugar adecuado en el Universo creado, por ello, es imprescindible la Antropología, porque las cuestiones que trata son cuestiones enraizadas en la naturaleza humana, preguntas que todo el mundo se hace y todos debemos buscar racionalmente una respuesta, aunque sea una respuesta provisional. Kant afirmaba en su Lógica que las tres preguntas fundamentales que todos deben hacerse en primera persona ¿Qué puedo conocer?, ¿Qué debo hacer?, ¿Qué puedo esperar? remiten todas a la pregunta fundamental de la Antropología: ¿Qué es el hombre? Por ello esta disciplina es fundamental para cualquier persona que quiera formarse de manera adecuada, dar sentido a su vida y crear un mundo mejor.

Si a la primera pregunta respondemos que solo podemos conocer, por ejemplo, lo que las ciencias positivas nos demuestran entramos en un relativismo moral, estético y político que nos impedirá crecer como personas. Si ante el qué debo hacer contestamos que todo lo posible, sin poner freno a nada, estaríamos rompiendo por la base todas nuestras libertades y conquistas. Si no puedo esperar nada después de esta vida los valores que han estado vigentes en Occidente perderán su sentido ante una vida intrascendente.

Por ello sería correcto que los alumnos pudiesen acceder a una Antropología que enseñe a afirmar al ser humano y a la civilización, comprendiendo las razones de nuestro modo de ser, lo que es el hombre en realidad, desde los distintos puntos de vista en los que podemos abordarlo: nuestro origen biológico, sí, pero también nuestra dimensión trascendente, social, la dignidad innata, la libertad, la inteligencia, la dimensión  histórica y sobre el sentido de la vida y la muerte. Cuestiones todas que tienen importancia para una formación completa como profesionales y como personas y a las que uno no puede sustraerse, o mejor dicho, cuestiones que si no se plantean de forma sistemática y racional, terminan siendo parcialmente contestadas por el relativismo ambiente.

En Antropología se estudian también las capacidades humanas esenciales que posibilitan el autodesarrollo personal y contribuyen a mejorar la personalidad. El objetivo central de la materia consiste en “mostrar, explicar y justificar los valores que hemos recibido de la tradición occidental para fomentar una adecuada conducta ética personal, social y ambiental como responsabilidad inherente del profesional de las distintas ramas del saber universitario”.



Un conocimiento específico para cada profesión


Creo que es cuestión evidente que un buen profesional no es solo buen técnico, que solo los que tienen ciertas virtudes intelectuales y morales son capaces de hacer de su profesión una forma de servicio al bien común y que sin esas virtudes las profesiones son medios para ganar dinero, empobreciendo a la persona y a la sociedad en la que se incardina, pero también creo que un buen profesional debe tener un conocimiento suficiente de qué es el hombre y qué cómo es el mundo en el que vive.

Un profesional de las Ciencias de la Salud debe conocer la Antropología más básica para tratar a los pacientes como fin y no como medio, de esta forma la praxis médica se enfocará en la persona y no en los procesos o las funciones particulares del especialista. El médico con formación humana tratará de curar enfermedades, sí, pero con un concepto claro de la dignidad humana será siempre respetuoso con la vida desde su concepción hasta su muerte natural.

Un empresario buscará el máximo beneficio de la empresa, sí, pero si conoce la dimensión social del ser humano y el inmenso valor de cada persona se preocupará de que sus decisiones sean respetuosas con todos: con sus trabajadores, con los consumidores, con el medio ambiente, etc.

Un arquitecto con formación filosófica sabrá a la hora de diseñar espacios que el habitar humano está relacionado con la cultura y con la naturaleza humana. Creará espacios donde el encuentro sea posible, donde la naturaleza esté presente, donde los habitantes puedan desarrollar su vida de la manera más humana posible.

Un abogado o jurista con formación filosófica se preocupará de la justicia como aspiración humana esencial y procurará en todo momento respetar la dignidad humana y su libertad a la hora de aplicar o crear normas.

Un periodista o un investigador que haya conocido las distintas formas de saber y la pretensión de verdad no parará hasta depurar su idea de las cosas o los sucesos y se preocupará del impacto de sus crónicas, ideas y formas de expresión en la opinión pública y del resultado de sus investigaciones en el bienestar de las personas que forman la sociedad..

En todas las profesiones está –debe estar- la dimensión humana presente, porque si sabemos qué es el hombre y tenemos clara su diferencia específica con los animales tendremos una idea ajustada de cómo tratarlo o modificar su ambiente para promocionarlo en busca del bien de todos.

La Ética y la Deontología después de la Antropología


Solo partiendo de la Antropología podemos abordar los temas de la filosofía práctica. La ética como ciencia práctica de la felicidad humana, la deontología parte de la ética aplicada a cada profesión solo tiene sentido cuando hay un fundamento que las sustentan.

Es bueno, deseable, que los alumnos universitarios conozcan nociones de ética general y específica de cada profesión, pero sin una antropología, una metafísica y una cosmología concretas poco se puede enseñar, y si se enseña quedará siempre como una serie de prohibiciones extrañas a la ciencia en cuestión. Esta idea (la de desligar la ética de la antropología) es pensamiento positivista actual, que convierte la ética en una serie de normas que nos damos los humanos voluntariamente o que aceptamos de otros, sin que haya una racionalidad detrás enraizada en la naturaleza humana.

Conclusión

En una sociedad como la nuestra, donde están entrando ideas contrarias a la naturaleza humana o que atentan contra la dignidad más básica es necesario formar a las personas en el conocimiento del ser humano de manera racional. Estamos en una encrucijada histórica donde las fuerzas antipersona están creando leyes y estados de opinión que atentan contra la vida humana desde su concepción hasta su muerte, leyes como la del aborto, la eutanasia, la investigación con embriones humanos etc. a la vez que se desarrollan otras que hablan directamente de los derechos de los animales hacen que peligrar las conquistas de Occidente en cuestiones tan importantes como los derechos humanos o la dignidad inherente de la persona; también se va creando un pensamiento sobre la sexualidad que rompe radicalmente con la naturaleza humana y una filosofía tecnológica que quiere deconstruir al ser humano para convertirlo en un ser tecnológico.

La Antropología como asignatura cubre las necesidades de educación de las personas en su afirmación de la naturaleza humana y da respuestas racionales a casi todos los problemas personales o sociales que van surgiendo y que surgirán en el futuro.

martes, 22 de mayo de 2018

El comentario de texto


Hacer un comentario de texto no consiste en seguir las pautas de la PAU y soltar un rollo largo de contexto, ideas principales, secundarias y esas cosas a las que someten a los estudiantes de Bachillerato. El comentario de texto estándar, creado en serie para aprobar un examen no sirve para nada, al menos no sirve para analizar el texto.

Un comentario de texto tiene un solo objetivo: dar cuenta del texto, es decir, comprender y saber expresar por qué ese texto que tienes delante es significativo, importante para la cultura occidental o universal (que casi es lo mismo), básico, prometedor, significativo, sugestivo, etc.

Un texto es un fragmento de una vida de un autor, de una obra, de un contexto histórico, de una tradición determinada y lo primero que hay que hacer, si fuese el caso, es explicar ese contexto, esa vida, esa obra o esa tradición. En ocasiones no importa nada el contexto y el texto vale por sí mismo: aunque fuese anónimo tendría valor por lo que dice y no por cuándo fue dicho. Por eso es artificioso y totalmente fuera de lugar plantear que lo primero que hay que hacer en un comentario de texto es soltar un tema de contextualización y hablar del autor y su biografía. No. Se trata de aclarar el texto, no de usarlo como pre-texto para demostrar la capacidad de memorizar y volcar contenidos a corto plazo.

Digamos que el autor, la vida y el contexto histórico son importantes solo si son importantes, y es por eso que lo primero que hay que hacer es leer el texto y comprenderlo perfectamente para saber si estas cosas importan. Este ejercicio (la lectura atenta) es muy importante en un tiempo en el que los textos se leen siempre rápidamente, transversalmente, sin comprender del todo.  La digitalización, el exceso de información y la aceleración de la vida hacen que este ejercicio de leer un texto comprendiéndolo plenamente sea más difícil hoy que hace unos pocos años, pero hay que hacerlo.

Así que la lo primero es leer pausada y atentamente, con un lápiz en la mano y con el propósito de comprender el texto y sus matices. Como técnica es adecuado subrayar, hacer círculos, dibujos, colocar flechas internas y externas: una lectura adecuada debe relacionar el texto tanto interna como externamente, esto quiere decir que para contextualizar correctamente un fragmento hay que leer la obra entera y algunas otras obras del autor, así como saber de su tiempo y su vida, por ejemplo, si yo leo en el Discurso del Método, de Descartes:

"El primero era nunca aceptar como verdadera ninguna cosa que no conociese con evidencia que lo era"

Tengo una primera palabra: “primero”, que hace referencia a una serie de pasos para alcanzar algo (el conocimiento verdadero), podría enumerar el resto, los cuatro siguientes, pero hay algo más importante: que no se dan una serie de pasos para algo si ese algo que queremos conseguir se puede lograr directamente, por lo que debemos entender que el conocimiento es un problema, que hay distintos tipos de conocimiento y que aquí Descartes se refiere a uno que no se alcanza de repente, sino de forma metódica.

Aquí sí está el contexto, Descartes –como sabéis- es el punto de inflexión hacia la filosofía moderna, y se encuentra con la necesidad de buscar luz entre los textos científicos de su época, que alejados de la realidad debatían sobre ideas y teorías que se habían despegado, más de lo necesario, de lo real y por lo tanto de la verdad como adecuación. Quizá la vida de Descartes sea interesante para comprender esta palabra, primero. Porque había viajado por el mundo y le había entrado un principio de enfermedad filosófica grave: el relativismo. Con este método pretendía curarse e inmunizar a la sociedad de su época.

Como veis, la palabra primero dice mucho más de lo que habíais imaginado…, puesta aquí indica eso, un método para alcanzar un conocimiento depurado, verdadero. Después tenemos otra idea: “no aceptar como verdadera” Significa que la costumbre, la vaguería intelectual, el miedo o los prejuicios, nos llevan a veces a aceptar por verdadero lo falso. Si uno lee el periódico se dará cuenta de que buena parte del mismo es una mentira disfrazada, muchos intereses ocultos y patentes están en un periódico, por lo que debemos leer sabiendo que lo que leemos es una visión de una realidad que no conocemos, debemos intentar buscar esa verdad que está detrás de la interpretación del periodista.

En el texto de Descartes se dice que es la evidencia lo que importa, es decir, que no podemos dar por buena una noticia, una teoría, una palabra que no sea evidente a nuestro entendimiento o a nuestros sentidos como principio del conocimiento.

Una vez leído y comprendido iremos ya a escribir el comentario:

1.      Presentación del texto: unas breves palabras del mismo en todo caso, centrado en tiempo y autor, unas breves palabras del autor. A veces si la época es importante o si el autor lo es mucho o es poco conocido sí se debe hacer una exposición del autor o de la época.
2.      Decir lo que dice el texto, es decir, intentar ser lo más objetivo posible, primero solo lo que dice. V.g. “Descartes enuncia la primera regla de su método que consiste en no dar por válido ningún conocimiento que no sea evidente”.
3.      Decir lo que no dice el texto, y aquí todas las posibles relaciones del texto, cada palabra, cada idea, está relacionada con otras ideas que conocemos o que nos sugieren. Aquí, en el texto de ejemplo hay que hablar de tipos de conocimiento, de la importancia de los sentidos, de la escolástica y el Renacimiento, de los viajes de Descartes, del concepto de verdad, de la filosofía y de todo lo que nos venga a la mente (o a una búsqueda en Internet (qué se le va a hacer).
4.      Concluir, sintetizar, y reivindicar el texto.  En este apartado demostramos que lo hemos comprendido, reducimos todo el conocimiento adquirido por la lectura en unas pocas líneas que aportan significado.
Este último apartado es lo que se llama crítica, que a veces se malinterpreta por algunos profesores-funcionarios como criticar, en el sentido de buscar los defectos a la vecina. No, a Descartes no se le critica. A veces incluso hay quien dice que en este apartado hay que poner la opinión que merece el texto al alumno. No. Ni criticar ni opinión personal. La opinión que un neófito tenga de Descartes, por ejemplo, es del todo irrelevante, no aporta conocimiento. La única opinión es la que relaciona el texto con otros textos del autor o con la tradición filosófica anterior y posterior. En este apartado lo que hay que destacar es qué relevancia tiene el texto para el mundo, qué importancia tiene, por qué está ahí.

Como veis es simple: un comentario es presentar un texto, decir lo que dice y lo que no dice y aportar una visión que aporte realmente conocimiento.

martes, 14 de junio de 2016

Ser, estar, parecer... y hacer


Hay una corriente de pensamiento que se filtra por todos los rincones de Occidente que hace primar al hacer frente al ser. Si lo piensan un poco es una idea injustificada e incluso irracional, porque las cosas son y por ser de una manera determinada, por tener tales características, actúan en el mundo real. El ser es siempre previo, aunque lógicamente solo vemos el ser por el hacer, es decir, si algo no hace nada, si no afecta siquiera a nuestros instrumentos de medida ni a nuestros sentidos... entonces no es nada para nosotros. Aunque podría ser, de alguna manera, para sí mismo, para un observador ideal o para Dios. En este caso diríamos que es un ser al que, con la ciencia positiva (que es un juego que nos traemos los humanos en el que solo participan las cosas observables), o para la ciencia positiva, no existe. Pero las cosas que existen hacen porque son y nada puede hacer si previamente no es.

En todo caso el primado del hacer frente al ser no es una teoría filosófica, es una actitud ante la vida, fruto de una decisión epistemológica o existencial, pero al fin y al cabo una actitud. Una actitud que toma por sentimiento, sin utilizar la razón y quizá por ello está muy extendida en nuestro mundo. Pero a pesar de ser irracional tiene tres raíces, dos filosóficas y una pragmática o económica. La primera raíz filosófica nos viene de la filosofía positivista del siglo XIX, aunque desarrollada en el XX como punto de partida de toda otra filosofía, que hace primar el dato, la experiencia sensible “nuda” o el hecho frente a la realidad de las cosas, que es siempre mucho más amplia y viene acompañada de causas (1). Ante un suceso determinado el positivista se plantea "qué ha pasado”, con independencia de las causas, las motivaciones, las circunstancias del hecho, etc. solo importa lo observable, lo medible, lo cuantificable. 

La segunda raíz filosófica es el existencialismo, que planteaba la primacía del existir frente al ser. J.P. Sartre, (que es uno de esos filósofos malpensantes que su pensamiento ha entrado, como un virus, en casi todos los pensamientos de los bienpensantes europeos) decía en El existencialismo es un humanismo que el hombre “empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho”(3). La existencia es una forma de hacer, puesto que solo existe lo que hace algo. Si algo no hace nada, no es nada.

Para Sartre el hombre es pues nada, pero nada que quiere (voluntad nietzscheana) hacer cosas pero en definitiva no es nada. Si esto fuese así el ser humano sería una especie de ser ridículo, un animal engreído, que quiere salir de su nada haciendo cosas, pero que está condenado a volver a la nada. Tiene que hacer cosas, para no decaer en la nada, como decía Unamuno: “insistir para existir”.

El hombre para el existencialismo es un náufrago después del hundimiento del Titanic (el Titanic es la civilización técnica). Flotando en el mar, sin poder más que nadar, moverse incesantemente, para no congelarse y ser tragado por el océano, por la nada. Su única misión consiste en patalear, aún sabiendo que va a ser engullido por la nada.

Claro que si el hombre no es más que nada-nadando-en-la-nada, solo asido a la realidad por su propio esfuerzo (como en la historia del Barón de Munchausen), hay que repensar todos los grandes conceptos, que nos hacen seres dignos, importantes, trascendentes y que no vemos: Dios no sería más que un ser creado por el hombre para justificar su nada; el mundo no tendría existencia propia (Markus Gabriel) y sería un concepto creado para no tomar conciencia de nuestra nada, y -por supuesto- el alma y la libertad serían meras ilusiones de un ser que quiere ser cuando realmente no es. Es decir, el programa postmoderno no consiste más que en destruir todo lo que el hombre es por naturaleza para dejarlo 'libre de ataduras', flotando en un mundo donde la voluntad de poder es la única verdad, donde cada uno es lo que quiere ser y al resto solo le queda aceptarlo en su voluntad, por absurda que esta sea.

Este cambio cosmovisional, que ya casi ha penetrado por completo en el pensamiento occidental, consiste en aceptar la acción observable como la única verdad. No importa que el ser quiera o diga, no importa su proyecto, ni su pasado. Ya no importa qué haya “dentro” solo el resultado de la acción. No importan, por ejemplo, las ilusiones, las pasiones, las ideas, importan solo los resultados, los objetivos logrados, los éxitos materiales. 

Y aquí tenemos la tercera raíz, la económica: "eres lo que ganas", eres lo que haces en el trabajo, lo que vendes, lo que "mueves". Miles de libros para emprendedores, miles de programas de autoayuda, y ese "rehacer" la vida constante, reinventarse, innovar constante (como si lo nuevo fuese un valor en sí), nos llevan por el camino del hacer sin pensar. Los políticos, que ahora están en berrea, nos dicen lo mismo: lo importante es la economía, no las virtudes para crear estructuras adecuadas o para mantener la fortuna, no. Tampoco la pregunta sobre para qué sirve el dinero. Solo crecer, sin dirección; solo crear riqueza, sin el para qué de tal riqueza, solo emprender. Nadie se pregunta realmente si lo que da dinero es importante o no, si merece la pena hacerse o si merece realmente la pena dar la vida por ello. Solo hacer. No parece importar la dignidad de los pueblos, las misiones históricas o la salvaguarda de las cosas por las que merece la pena vivir, no. Solo la economía.



Este hacer por hacer, gratuito, es el principio de todo degenerar humano y divino. Puesto olvidados del ser se produce la transvaloración de los grandes valores hacia los instrumentales: el dinero y el poder. Si el hombre no es nada, y es solo lo que hace, aquél que adquiera dinero o poder, aunque realmente sea un pobre hombre digno de lástima, se convierte en el único ser auténtico. No por casualidad en los grupos que tradicionalmente buscan el poder para destruir toda espiritualidad desde el liberalismo se buscan las obras más que los pensamientos, por ejemplo, «en la iniciación en el primer grado o de aprendiz masónico se pregunta al candidato: "¿Sois masón?" y él responde: "Por mis obras me tienen por tal"»(3), porque no importa qué sea uno, sino que se comporte como tal. O desde el comunismo se preocupan por la praxis antes que por el pensamiento de sus militantes. Y desde el capitalismo algo similar: trabajo, prácticas, saber hacer, etc. 

Y esto trae sus consecuencias (cualquiera que haya leído Un mundo feliz lo sabe). Por ejemplo, en bioética si uno es lo que hace y llega un momento en el que no puede hacer nada lo correcto es aplicarle una inyección letal y terminar con el absurdo de una vida-sin-hacer, es decir, una no-vida. Si los embriones no hacen nada, no son nada; si los ancianos no hacen nada, no son nada; si los enfermos mentales, los comatosos, los niños nacidos con serios problemas vitales no hacen nada… no son dignos, no tienen vidas para vivir "con dignidad". Por otro lado, el animalismo postmoderno tiene algo también de práxis: los animales da la impresión de que siempre hacen cosas (es una deformación producto de ver los animales por La Tele, puesto que en realidad no hacen casi nada). En todo caso si nuestra diferencia esencial está en lo interior, lo que no se ve (la percepción de realidad y en nuestro espíritu atemporal, en la capacidad estética, etc.), fijándonos solo en el exterior tendremos un parecido mayor con los animales, o mejor: éstos con nosotros.



Otra consecuencia es el sensualismo. Si un ser humano se siente mujer, independientemente de lo que sea, y se comporta como tal... es mujer; si se siente vasco es vasco, aunque su familia provenga de Sevilla o de Argentina. Ser es cuestión de sentir, porque el sentir lleva a la acción: si uno se comporta (se viste, piensa, habla) como equis, es equis. 



Aplicado al mundo de la empresa al que no hace cosas visibles y palpables se le excluye y se premia a quien logra beneficios o resultados palpables. Hace tiempo (no encuentro dónde) leí a uno de estos gurús empresariales que aplicaba la matriz del Boston Consulting Group para la toma decisión sobre la vida de los productos en función de lo que dan o podían dar a la empresa, a las distintas áreas o departamentos. Ahí se decía que había departamentos a los que se denominaban “estrellas” o -creo recordar- "cerdos", que daban una buena rentabilidad y que debían cobrar por objetivos (planificación estratégica, por ejemplo), puesto que ellos hacían el beneficio a largo plazo; otros podían ser tildados de "vacas", ya que daban todos los días beneficios (ventas, marketing); hay también departamentos “Incógnita” que podían a largo plazo dar beneficios, pero que no los daban en realidad... pero había también departamentos “perros”, que solo gastaban y no aportaban nada al beneficio...


Dejando a un lado la indignidad que es llamar a los trabajadores 'perros' o 'cerdos', siguiendo esta lógica del hacer, a los perros y a las incógnitas hay que bajarles el sueldo y retirarles los recursos, para destinarlos sobre todo a los que hacen, es decir, a los que traen clientes, a los que diseñan la producción. Sobre todo si los directivos están de paso y poco les importan los resultados a largo plazo.

Evidentemente las empresas tienen que dar beneficio, pero no todo en una empresa es beneficio económico. Es hacer que la productividad no sea frenada, e incluso en las empresas meramente mercantiles los "perros" juegan un papel determinante a la hora de afianzar la empresa y la marca, ya que en ellos está la responsabilidad social, la relación con los stakeholders, la dimensión ecológica o las políticas adecuadas de Recursos Humanos. Y en muchos casos están en ellos la misión de la empresa. Reducir una empresa al beneficio es lo mismo que reducir una persona a su patrimonio.


Por último, si seguimos y aplicamos estos criterios del hacer frente al ser a instituciones de espíritu (universidad, educación, Iglesia, arte o política) el resultado es siempre los mismo: eliminación de ideas, reducción de las instituciones a su dimensión instrumental y no a su función social, perder la idea fundacional y trascendente de la educación, la iglesia, etc. y quedarse solo con el poder, el dinero, las estructuras, etc. 

Hay quien cree que la escuela consiste en crear buenos ciudadanos, que la Iglesia está para ordenar la vida de la gente, casar, bautizar y enterrar. Hay quien cree que la política consiste en dar trabajo a "la gente"; el arte para deleite de los sentidos y la Universidad para crear técnicos capaces de operar en el mundo empresarial sin que se les note que son humo. 

Pero esos son los del tener, los del hacer, los que solo les conoces por el resultado de sus obras. Las obras buenas, es cierto, muestran a las personas buenas, pero de ahí no se sigue la reducción de la persona a sus obras. 

(1)  "Nuestras investigaciones positivas deben deducirse esencialmente, en todos los géneros, a la apreciación sistemática de lo que es, renunciando a descubrir su primer origen y su destino final" Comte, A.: Discurso sobre el espíritu positivo§ 13 (Ed. y trad. de Julián Marías), Alianza Editorial, 2000.
(2) Sartre, J.P.: El existencialismo es un humanismo, Ediciones del 80, Barcelona
(3) Guerra, M. Masonería religión y política. Sekotia, Madrid 2012, p.197

miércoles, 11 de marzo de 2015

La Ola, o el experimento de Werger


El profesor Reiner Werger experimenta con sus alumnos la seducción de las dictaduras. 

¿Podría usted ser nazi? ¿Eran los alemanes extraterrestres? ¿Cómo es posible que todos los alemanes se dispusiesen a apoyar al socialista Hitler? Había una gran crisis, Alemania había quedado muy malparada tras la primera guerra mundial, el paro era altísimo y había un señor, con bigote y no con coleta, que era capaz de atraer el voto y la voluntad de muchos con ideas nuevas que acabasen de una vez con la vieja política, con "la casta". ¿Pero cómo lograron que personas de bien, la mayoría cristianos, asimilasen tan rápido esa estética, ética y política socialista?  

El profesor Werger consigue con un experimento que los alumnos puedan contestar a esas preguntas solos. Aunque el experimento le costó el puesto.

[Aquí había un enlace a la película, que los sacrosantos derechos de autor impiden ver. Pues si la película no es de dominio público, no hay ni recomendación ni publicidad gratis]

¿Puede el vértigo ser social?

La Ola fue un estudio que se convirtió en novela, película y obra de teatro.

Visualiza o lee antes de contestar.






El experimento de Stanford


El Experimento de Stanford. Se analiza la capacidad de ser inmorales cuando las circunstancias lo favorecen.

¿Qué sucede cuando se pone a personas buenas en un sitio malo? ¿La humanidad gana al mal, o el mal triunfa? Éstas son algunas de las preguntas que nos planteamos en esta dramática simulación de la vida en la cárcel, realizada durante el verano de 1971 en la Universidad de Stanford.

El modo en que experimentamos estas cuestiones y lo que descubrimos tal vez os deje atónitos. Nuestra investigación de la psicología de la vida en la cárcel, planeada para dos semanas, tuvo que acabar prematuramente sólo seis días después de iniciarse a causa de cómo afectó la situación a los estudiantes universitarios que participaron en el experimento. Al cabo de pocos días, los guardas se volvieron sádicos y los reclusos depresivos, mostrando síntomas de estrés agudo. A continuación podéis seguir el itinerario de fotos y vídeos que describen este experimento, descubriendo lo que nos dice sobre la naturaleza de los seres humanos.





¿Hasta qué punto somos buenas personas?
¿Qué es el vértigo?




Zimbardo sigue viviendo del experimento que realizó en el 71: 
http://www.prisonexp.org/spanish


lunes, 23 de febrero de 2015

La Responsabilidad

¿Yo? ¡Yo no tengo nada que ver!
Recordemos que estamos con la serie de las superideas corporativas. Queremos (¿quien no?) "un entorno que fomente la excelenciael liderazgoel respeto por la personala transparenciala meritocracia, la objetividad, la responsabilidad, la innovación y el impacto en la sociedad". 

Pues bien, de todas ellas es la responsabilidad que más me gusta. Hace tiempo la serie de artículos sobre la Responsabilidad me trajo algún quebradero de cabeza, simplemente por decir que el ser responsable significa asumir las propias acciones, ser dueño de las mismas (y no descargar culpas en los políticos o en los demás).

La polémica de antaño vino porque la palabra responsabilidad se ha estropeado (la han estropeado, como tantas otras) los políticos y leguleyos metidos a política, convirtiéndola en una especie de culpa pública, política o judicial. Pero no es eso. 

Tampoco es asumir culpas personales y fustigarse sin motivo.  Vivimos en una sociedad un poco traumatizada con aquello de cargar con la culpa como si fuese una losa. Quizá sea Freud quien nos ha inculcado que ese miedo a las culpas, porque el sentimiento de culpa del psicoanálisis es producto de alguna cosa negra de nuestro inconsciente y no de hacer las cosas mal. 

Puede ser también (aunque pueden ser ambas cosas a la vez) que no se sepa pedir perdón adecuadamente y por lo tanto la culpa nos acompaña siempre impidiéndonos avanzar. No lo sé. Pero en todo caso asumir responsabilidades no es ni dimitir ni asumir las culpas, ni pedir perdón estúpidamente como el rey ("no lo volveré a hacer"). Asumir responsabilidades es precisamente lo contrario, no ponerte en situación de que te saquen los colores. 

La responsabilidad tiene que ver con la persona íntegra, que es la que asume sus decisiones y puede dar cuenta de ellas. De todas las decisiones, en todo momento, ante cualquiera. Hay quien se escuda en instituciones, tradiciones, imágenes corporativas y demás para ocultar sus malas acciones con el próximo. Hay quien elude la responsabilidad escudándose en los demás, en terceros, en circunstancias. Y luego viene el coaching a explicar que lo importante son los objetivos de la empresa y los tuyos propios y que no debes preocuparte si causas daño, que lo importante es avanzar y sentirte bien, etc. etc. 

Daría un consejo así general: menos coaching, mindfudness y demás chorradas (perdonen la expresión, es que no tengo término en español) y más ser una persona íntegra, como Dios manda, sin doble cara, sin la cara dura como para esconderte de lo que sabes que está mal.  

Estas son las ocho características de la persona responsable.


  1. Responsabilidad supone aceptar tus propias acciones, porque están motivadas por razones perfectamente comprensibles y claras y no por intereses ocultos, servidumbres inconfesables o voluntades mantequillosas. 
  2. Ser responsable es ser racional: ratio y pondere son la misma cosa, dar razón, ponderar. Es no dejarse llevar por el sentimiento.
  3. Ser responsable supone mostrarse públicamente. La persona responsable no se escuda en una institución, ni en una jerarquía, ni en una ley o en una excusa barata. Ni manda a su segundo o a su tercero a dar las noticias que debería dar él. Cuando tiene algo con alguien coge el teléfono y llama. 
  4. Ser responsable es no tener miedo al ridículo. La persona responsable no tiene que mentir, ni disimular y por lo tanto es libre y tiene la conciencia tranquila.
  5. La persona responsable es la que asume las cosas que hace. El que puede decir: "sí, estaba allí porque quise"; "Sí, he hecho esto por esta razón", "sí, soy yo quien tomó la decisión". Para bien o para mal.
  6. Ser responsable significa ser valiente, ser capaz de asumir las cosas que uno hace, ser capaz de decirle al jefe que no, si hace falta poner el puesto a disposición. 
  7. Ser responsable es cumplir con la palabra dada, porque la palabra es una declaración libremente asumida, algo que tiene un valor en sí. 
  8. Ser responsable es, por último, ser coherente. No se puede ser responsable siendo masón y obispo, por ejemplo. 


Se me ocurren unos cuantos ejemplos más, pero los dejaremos para próximas entregas, pues falta aún el impacto en la sociedad, que esa sí tiene su miga.

viernes, 30 de enero de 2015

La meritocracia y el Principio de Peters

El padre Ayala, creador de la verdadera meritocracia


Llegó el día de la meritocracia. Ganas tenía, he de confesarlo. Evidentemente la palabra meritocracia tiene un resalte especial entre el resto de ideas corporativas que estudiamos, no es habitual, parece ser puesta deliberadamente: "un entorno que fomente la excelencia, el liderazgo, el respeto por la persona, la transparencia, la meritocracia, la objetividad, la responsabilidad, la innovación y el impacto en la sociedad".

Lo que no tengo muy claro es la razón por la que se afirma tal cosa, es decir, ¿por qué una dirección estratégica envía el mensaje este de que "el mérito" va a ser la principal característica de los puestos directivos? Lo entendería a la perfección si dijese -en lugar de "mérito"- "valor", "capacidad", "talento", "preparación"... virtudes que debe tener el que va a dirigir algo (D. Ángel Ayala dixit)... pero ¿mérito?


Podemos encontrar el origen del término en un viejo libro de de Young. Pero sospecho que el sentido de la palabra meritocracia de esta declaración no es el de Young, ya que no puede funcionar en entornos abiertos, actuales, y solo es aplicable en instituciones no competitivas, cerradas y jerárquicas donde no importa especialmente el talento, y sí la realización de tareas protocolarias programadas en equipo desde tiempo inmemorial (funcionarios, religiosos, etc.). Estas instituciones ancestrales se caracterizan por premiar lo repetitivo, ordenado y obediente frente a lo eficaz, creativo y libre porque es la manera demostrada sobradamente de hacer bien su trabajo

Más bien me inclino a pensar que se haya tomado el término en un sentido laso, y que se quiera decir algo así como que se quiere premiar el mérito independientemente de los enchufes, la cuna de cada uno o la cantidad de amigos que se tenga en la organización.

Además, junto a la meritocracia de Young , que pretende "que todos asciendan de acuerdo con sus capacidades" (Young:1958), tenemos el Principio de Peters, que -aceptando el principio meritocrático de que "cuando alguien sabe hacer algo y lo hace bien, se le asciende"- "toda persona competente en una jerarquía subiría hasta el umbral de su incompetencia" (Peters: 1969), generando estructuras jerárquicas con incompetentes a la cabeza de cada escalón.

Pero creo que la historiografía del término no nos aporta demasiada luz, dejémosla a un lado y vayamos a lo etimológico, que siempre tiene más jugo. Se trata de una palabra mixta, del latín y el griego, el sufijo "-cratos", Κράτος, significa poder. Y meritus, mérito, que significa precio, salario en sus inicios (lo que se merecía cobrar, prix, salaire, dice Oudin en 1607; y el diccionario de Autoridades de 1734 decía "la acción o derecho que uno tiene tiene al premio por lo bien hecho..."). Con lo que nos encontramos con una contradicción un tanto curiosa: mérito implica una desigualdad, porque es un premio que se da al que se lo ha ganado... pero si le sumamos el cratos, tenemos que deseamos deseamos que tengan poder los que tengan o se hagan merecedores de premio. Es decir, premiar con poder...

¿Que el poder lo detenten quienes hagan méritos o quienes tengan mérito?

Mérito es segundo, primero viene la acción buena, después uno se hace merecedor del premio. El mérito, por tanto debe ser el resultado de las buenas acciones, que hacen a una persona benemérita (bene-meritus), aunque en la jerga actual, mérito pierde su ligazón al bien y se convierte en un sinónimo de eficacia o exigencia cuantificable.

El mayor peligro que corre el mérito es precisamente ese: que como mérito es hacer algo... ante alguien (para ser reconocido, de lo contrario no sería meritoso), puede convertirse la mentada meritocracia en el premio a quienes saben simular que hacen algo, o quienes cuentan a quien tienen que contar lo maravillosos que son, etc.

Corremos el riesgo de crear una jerarquía de hipócritas, donde el límite esté en la capacidad de engañar al de arriba y, uniéndolo al Principio de Peters, al mirar a los escalones intermedios encontraríamos hipócritas e incompetentes en su grado sumo.

Pero eso no es lo que se quiere con la meritocracia. El mérito debe estar ligado al bien y así, el poder para los beneméritos es algo así como el poder para los aristocráticos. Porque los beneméritos son "los mejores en sí" (los mejores seres humanos), como decía Aristóteles: los aristócratas ( ἄριστος - kράτος). Solo falta definir quiénes son "los mejores seres humanos" [pero para eso habría que saber antropología filosófica].


Parece que ya vamos aclarando algo: hay dos formas de entender esto del mérito: (1) meritocracia es, entonces, el gobierno de los mejores seres humanos... con lo que llegaríamos a Platón con su República buscando que gobiernen los más sabios, los mejores hombres, los que no tienen intereses terrenos y solo buscan la justicia... y por otro lado, (2) meritocracia con un toque relativista anglosajón, puede ser que gobiernen los mejores para realizar un cometido determinado. En este sentido podemos afirmar que siempre, en todo momento y lugar gobiernan los mejores, por definición. Porque los mejores en este sentido son los que han sabido hacerse con el poder, los que han logrado los méritos necesarios ante los de arriba.


Entonces nos tienen que decir en las declaraciones institucionales qué tipo de organización se quiere: si la meritocrática o la aristocrática. En decir, si se desea que gobiernen los mejores o los que hagan méritos.

La meritocracia así, sin adjetivos, no es más que eso: un palabro que viene a decir que si se esfuerza uno en una organización se le darán prebendas, pero no poder. Por eso es mejor llamarlo "cultura" del mérito, o de la excelencia. Y no meritocracia...

martes, 27 de enero de 2015

Transparencia


Seguimos con la serie de visión corporativa, recordemos que queremos "un entorno que fomente la excelenciael liderazgoel respeto por la personala transparenciala meritocracia, la objetividad, la responsabilidad, la innovación y el impacto en la sociedad"

Hoy, por orden de aparición hablamos de transparencia, que es la propiedad de algunos cuerpos que permite ver con claridad a través de ellos. Eso quiere decir que dentro de una organización transparente todo el mundo sabe lo que cobra el compañero, por ejemplo. Que cuando despiden a alguien o cuando toman una decisión que afecta a las personas, nadie se sorprende. La normalidad en la transparencia hace que las personas se impliquen de manera personal. Lo contrario, la opacidad, distancia. 

La transparencia, hablando de personas es una propiedad envidiable, ligada a la veracidad y a la valentía. Es transparente la persona que no tiene nada que ocultar, que se muestra como es y que dice las cosas como le parecen, a pesar de que eso traiga consecuencias negativas en muchos casos. 

Desde el punto de vista de las instituciones la transparencia es la que permite asumir la verdad sobre las cosas de una manera natural y sin complejos. La empresa transparente asume que las personas no son perfectas, que tienen sus errores y sus aciertos. Asume también que las empresas causan daño y a la vez hacen cosas buenas. Hacia fuera comunican los daños y los logros, hacia dentro se premian los aciertos y los errores se archivan. De esta manera las personas son capaces de hablar de sus faltas en público y los medios se toman en serio sus mensajes. 

En una empresa transparente no hay anónimos, hay cauces públicos de comunicación vertical. En una empresa transparente no hay miedo: ni miedo a denunciar algo ni miedo a ser denunciado haciendo las cosas bien. Los anónimos solo generan miedo e indefensión. Les pongo un ejemplo: 
En la empresa A todos los años realizan una encuesta en la que los clientes valoran a los vendedores. Año tras año se les pregunta lo mismo, para saber qué vendedor saca mejor nota etc. El vendedor que mejor nota saca es recompensado con un complemento en su nómina. Hasta ahí casi perfecto (porque no se mide la satisfacción del cliente con el producto, sino con el vendedor). Pero el cliente tiene la posibilidad de escribir en un apartado de observaciones lo que quiera. De hecho se pueden leer frases como esta: "me trató mal", "es un excelente vendedor", "no he visto patán mayor", "se insinuó", "me vendió cosas que no necesitaba" etc. Con esta pregunta la empresa está dando importancia al anónimo. Una persona descontenta puede sembrar las dudas sobre la valía o la adecuación de un vendedor determinado. Lo peor es que la empresa A se niega a dar las observaciones a los vendedores y solo sus jefes tienen acceso a eso. Aunque afirman que no lo toman en cuenta, muchos mandos intermedios de la empresa toma en serio las observaciones anónimas de los clientes a la hora de valorar, promocionar o despedir a sus vendedores

Como ven es claro ejemplo de falta de transparencia. Es lícito hacer encuestas, claro, que lo es, pero no es lícito favorecer anónimos. 


Cualquier información que ser tenga sobre una persona debe hacerse pública, o al menos debe conocerla el interesado. La transparencia no consiste en la muestra de los ingresos y gastos, sino en mostrar información relevante a los trabajadores y a su entorno. 

Consiste en que el trabajador está tranquilo sabiendo que no hay planes ocultos diseñados para despidos en masa, remodelaciones, o simplemente cambios estructurales. El trabajador de una empresa transparente descansa sabiendo que sus jefes, si estuviesen maquinando algo así se lo dirían primero. 


En otra empresa, llamémosla C, se da una situación similar: en cualquier momento los mandos intermedios pueden impedir que un trabajador ejerza sus funciones en esa planta sin tener que dar una explicación a nadie. Arbitrariamente los mandos, desprovistos de la más mínima ética profesional, deciden "este no", "este sí" y la dirección debe hacerles caso y mandarles a otra área o a la calle. Los trabajadores tienen que ver cómo son vetados de zonas de la empresa sin saber la razón y sin saber si mañana otro jefecillo le va a vetar y a lograr su despido. Esta situación es evidentemente contraria a la transparencia, porque oculta información clave a los trabajadores, información que afecta a su persona y a su futuro profesional. El error, en este caso está en quien permite estas normas tan obsoletas, tan fuera de lugar.  

Estas actitudes son contrarias a cualquier forma de liderazgo y su primera consecuencia es la pérdida progresiva de capital humano. Poco a poco los que pueden (que suelen ser los mejores) se van y son reemplazados por mediocres. 

La empresa transparente no tiene nada que temer. No tiene miedo a las reacciones adversas. No genera estos climas de miedo y crispación. Porque el miedo engendra miedo. Si se oculta la información de arriba a abajo, se ocultará también de abajo a arriba. Y cuando los canales naturales de información (los verticales) no funcionan surgen miles de canales horizontales con rumores verdaderos y falsos circulando en todas las direcciones. 

Esos canales del rumor, junto con las actitudes del disimulo, la ocultación, la apariencia, son propios de empresas ruinosas. 

El secreto, la ocultación, la confidencialidad es propio de tiempo de guerra, de luchas de clases, de separaciones. Acabada la guerra fría, no tienen sentido.