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domingo, 8 de abril de 2018

Conspiranoicos


Los conspiraniocos crecen de manera desmesurada gracias a Internet, a la rebelión de las masas y a la conjura de los necios. La cibersociedad, al dar cabida a todos sin excepción no es espacio de racionalidad, es espacio de la opinión infundada, manipulada en muchos casos, y en casi todos no pasada por el filtro de la razón. Cualquier idiota puede ser youtuber y en cualquier foro un estudiante de bachillerato puede discutir con un catedrático sobre su materia. 

Sin duda estamos ante una crisis de credibilidad, que es aprovechada por profesionales del fake, de la mentira, de la mentira que vende y esto hace que cualquier teoría, por absurda que parezca, pueda ser vox pópuli o trending topic.

En la red la opinión es defendida como si fuese una verdad absoluta, la opinión, que por su propia naturaleza debería ser cambiante y depurada por la realidad y la razón, para dar nacimiento a una creencia, en Internet se convierte en una especie de cosa sagrada, por encima de cualquier otra idea o pensamiento. Siendo sagrada la opinión, todo vale para defenderla y ponerla en valor: la repetición de los mismos mensajes, la unanimidad pretendida, la presión contra el disidente, el insulto, el uso de falacias, la saturación del medio, etc, hacen de una opinión una verdad compartida. Y de esta forma la opinión se enquista, se convierte en una idea única, verdad-verdadera antes de toda experiencia, y lo que es peor, a pesar de toda experiencia. 

Pero esto es lo que pasa visiblemente, vamos al tipo humano, al personaje que está detrás de los ataques, el que repite hasta la saciedad una "verdad" y no admite réplica. Este tipo de persona, a mi juicio, padece un vértigo, es decir, una pasión desordenada y destructiva, en este caso puede terminar en un fanatismo exacerbado.

Surge el conspiranoico de una idea, la que sea, que se repite como un lema. "España nos roba", "la tierra es plana", "el cáncer es producto de experiencias infantiles negativas", "el agua de Valencia está contaminada", "el azúcar es un veneno", "Bildelber domina el mundo" etc., etc. Una idea aislada se comporta como un virus y va generando todo un estado mental de alerta que se retroalimenta en comunidades de Internet y de la realidad exterior y crea un cuadro completo obsesivo. Hay gente, créanme, que empieza por dejar de tomar azúcar (un veneno) y termina defensor de la libertad de las gallinas de granja. Hay quien parte de una conspiración masónica del siglo XIX y termina pensando que en su ordenador han instalado un software espía los Iluminatis.

El conspiranoico es un fanático. Un fanático es, etimológicamente,  quien se coloca fuera del templo. Ojo, no dentro del templo, el fanático está a las puertas de la religión, de la iglesia, de la política o de la ciencia y gritan a través de las redes sociales avisando a la gente de grandes peligros.

Pero hay algo de verdad en las conspiraciones. Espero no parecer conspiranoico si digo que hay un interés político y social porque crezcan los conspiranoicos, o dicho de una manera más racional: hay un grupo de personas que se aprovechan de los conspiranoicos para lanzar sus mensajes. Por ejemplo, corren imágenes de esqueletos de gigantes encontrados en algún lugar de áfrica, un burdo montaje, claro. No hay gigantes. Y es que el Corán habla de gigantes y algunos musulmanes necesitan pruebas de que es verdad. Lo mismo ocurre con la “teoría” de la Tierra plana, una tesis doctoral no aceptada que responde también a una historia coránica. También Rusia se ha sumado a la creación en serie de fakes o noticias falsas, a veces increíbles, pero esto no quita para que los conspiranoicos crezcan de manera desmesurada.

Sin ánimo de ser exhaustivo, podemos plantear ocho tipos de conspiranoicos, aunque en muchos casos se entrecruzan.

1. Conspiranoico religioso: si la religión busca la salvación de las almas y la unión con Dios, los conspiranoicos religiosos buscan conspiraciones satánicas, mensajes ocultos en la Biblia, profecías terribles, mensajes en clave de los santos, mensajes de la Virgen comentando la actualidad. Amantes del agua bendita viven obsesionados por el diablo, el pecado y la herejía. Su religión es hamártica y el género humano está condenado a priori y debe sanarse constantemente por medio de acciones humanas para acceder a una salvación segura. "Si repites tres veces x obtendrás y".

El conspiranoico religioso se olvida de la verdadera fe y cree que está cerca el juicio final, el milenio o la apostasía general. Incluso hay católicos que afirman que Francisco es el Anticristo y tras él vendrá de nuevo Pedro. Ven masones en el Vaticano, asesinatos oscuros, poderes ocultos de Satanás que hace que la gente se aleje de las buenas costumbres. 

2. Conspiranoico finmileniarista. Muy ligado al anterior. Buscan mensajes de iluminados, de apariciones, de la biblia o de profetas clásicos como Nostradamus o san Malaquías. No paran con anuncios de la catástrofe que ponen en boca de la virgen o de los santos. Se caracterizan por las "señales" que ven en el cielo en la naturaleza o en la sociedad humana. Guerras, hambrunas, pestes, persecuciones, martirios, escándalos, odios, discordias, falsos profetas o engaños. Fieles a las noticias, ven estas señales (¿cuándo el mundo ha estado en paz, sin martirios, ni falsos profetas?) y las comparten en las redes sociales. Algunos no son ni religiosos, afirman la llegada de extraterrestres, desastres naturales, meteoritos, etc. Tienen en común el miedo al final. Pero no llega nunca. El Apophis siempre pasa justo rozando. Cuando llegó el año 2000 muchos pensaban que tocaba ya, pero pasó y no pasó nada. Pero da igual, cualquier día de estos, cuando se alineen ciertos planetas...  

3. Conspiranoico político. Nada es lo que parece, grupos de oscuros seres grises manipulan toda la información en todo momento. Oligarquías internacionales lo controlan todo. Desde la ONU hasta Bildelberg controlan los gobiernos y las oposiciones. Todo el poder del mundo lo controlan ellos. Nuestros ordenadores y nuestras vidas están en sus manos, cualquier líder mundial es o un miembro oculto de la masonería y todas las leyes, las cosas que pasan se mueven desde despachos grises, fumando habanos y bebiendo bourbon. Hoy hacen una revolución en África y mañana una guerra en Asia, montan y desmontan grupos terroristas, etc.

 
Dentro de estos conspiranoicos hay unos muy graciosos que afirman que los atentados que hace el Islam en todo el mundo son atentados "de falsa bandera", es decir, que son los malos, grises del Club de Roma o de Bildelberg que hacen el atentado para culpar a los pacíficos seguidores de Mahoma. Sí, esos que ponen vídeos de las torres gemelas que afirman que fueron los judíos.

4. Conspiranoico macrobiótico. Nada de lo que comemos es sano, el cáncer, las enfermedades degenerativas y casi todas las enfermedades son producto de venenos que nos dan para controlar a la población y ganar dinero. El agua está envenenada. Nos fumigan desde el cielo creando infertilidad y cáncer. Los transgénicos, los conservantes y producción industrial crean veneno.

Pero no todo es malo. A pesar de que los grandes laboratorios quieren ocultarlo, la Curcumina, la Espelta, el Kalanchoe, la Equinácea o el Jenjibre se puede curar el cáncer, el alzheimer, los tumores cerebrales y cualquier cosa que el paciente decida. 

5. Conspiranoico informático. La CIA y agencias secretas controlan todos los ordenadores, todos los mensajes, todos los teléfonos. Imponen su ley y no dejan el software libre. Algunas empresas implantan michrochips a sus empleados, en el futuro los tendremos todos. Cualquier persona es escuchada a través del móvil y nos espían hasta en la ducha. 

6. Conspiranoico social. Hay una conspiración también en Bildelberg y los iluminati que diseña la sociedad desde arriba. Aborto, matrimonio gay, divorcio, etc. se reúnen y buscan a dónde va la sociedad. Nada tienen que ver los ciudadanos con sus votos, con sus libros, con sus ideas, es todo de arriba a abajo.

7. Conspiranoico interestelar. Reptilianos, rahelianos, teorías de la evolución o de una especie de matrix o show de Truman dominado por extraterrestres. Los grandes poderes ocultos realmente son reptiles disfrazados, Obama es reptiliano.

8. Conspiranoicos científicos. Teoría de la Tierra plana, homeópatas, curanderos del cáncer basándose en experiencias de la infancia y regresiones, la medicina alemana.  
La teoría de la conspiración se alimenta desde posiciones interesadas, pero caerían en saco roto sin conspiranoicos.

En definitiva, creo que la razón debe abrirse paso entre tanta conspiración y que sin duda el gran motor oculto de la historia es la estupidez, la dejadez de los buenos y la pérdida de valores. 

martes, 15 de enero de 2013

La crisis se pone interesante



"Esto lo arreglamos entre todos", decían las fuerzas oscuras  y  los grupos mediáticos que sostenían al gobierno del PSOE en mayo de 2010, esos compañeros de logia que decidieron un día salir del armario y generar ellos el "clima óptimo" para acabar con la crisis "pasajera". Mientras el gobierno de España se dedicaba a romper la familia, a reinventar el Estado de las Autonomías, a jugar con la Guerra Civil y a minar el Estado de Bienestar ¿recuerdan?

Pero ahora volvemos a oír, esas voces que vuelven a decirnos que estos problemas son ilusorios, que se solucionan con unidad, decisión... entre todos, etc. que ya hemos pasado lo peor. Que somos un gran país y que vamos a salir de esta etc.

¡Pero no es verdad!. No hemos pasado lo peor porque "lo peor" es que el entramado social está corrupto, no los políticos: toda una generación (políticos y ciudadanos) ha crecido creyendo que el dinero crecía en los árboles, que el relativismo y el hedonismo que se enseñó durante los 30 años a los jóvenes ha hecho mella y ya todo es relativo excepto el placer inmediato

La mayoría de los infelices ciudadanos piensan que la vida consiste en nada y que es lo mismo quedarse viendo la Tele que estudiar filosofía; que todas las opiniones valen lo mismo; que todas las músicas son iguales, que si a ti te gusta Bach y al otro Ramoncín... es cuestión de gustos. 

Con estos esquemas mentales, tercamente inmanentes, cerraditos ¿quién va a trabajar? aquí todo el mundo quiere el gran pelotazo del siglo, vender un programa informático que se hace en una tarde por millones de euros, o vivir de la canción que un día compuso, borracho y drogado, a los 20 años. Todo para lograr el mayor placer con el menor esfuerzo... y entre placer y placer,  Tele. 

Esto no se arregla en dos días. Esto se arregla en unos doscientos años, si nos encaminamos hacia la solución. Porque esto lo hemos estropeado entre todos y ya no tiene arreglo. Por esto, me refiero a la educación y a la cosmovisión general que han transmitido estúpidamente la mayoría de los medios de comunicación. 

Pero se acabó la fiesta. Porque eso de ser relativista está muy bien siempre y cuando uno tenga suficiente dinero para tumbarse en esas playas paradisíacas a ver pasar el mundo, mientras llega la muerte y/o la rubia de turno, paradisíaca y sustituible. 

El cuento de que tu casa valía 100 millones, dicho así, con los ojos en blanco, se lo creyeron muchos idiotas que ven que los 100 son ya 50, y que en euros nada de nada. Miren cómo merma el valor de sus pisos, miren cómo merman sus ahorros inmoralmente ganados, miren atentamente cómo el dinero falso, producto de los pelotazos inmobiliarios y políticos se acaba... Ese dinero público que se entregaba sin control, aquél dinero robado a las empresas que ni se enteraban porque no querían enterarse.

Porque, señores: el dinero no crece de los árboles y cuando se acaba, el relativismo también se esfuma: "todo es relativo, sí, sí, majete, te respeto mucho, a ti y a tus opiniones, pero ponte a currar para pagar la hipoteca o... ". 

Y la crisis durará hasta que a usted o a sus hijos se les acabe ese dinero sustraído al mercado. Dinero falso, dinero inflado que no representa la realidad de la riqueza. 

Así que o ese dinero se pone a producir (que para eso hay que saber, y no es relativo) o ese dinero irá mermándose hasta que desaparezca y usted vuelva -y sus hijos Ni Nis vuelvan- a donde nunca deberían haber salido. 

Entonces sí habremos salido de la crisis, pero para entonces, todos calvos. Y, antes, pobres.

jueves, 19 de abril de 2012

Dis-culpas

Las palabras tienen un cierto sabor mágico, como si pudiesen modificar la realidad por sí solas. Pero todos sabemos que las palabras no modifican nada, dejan la realidad como está.

Sólo en un contexto el poder de la palabra es real: en el contexto de la unidad del espíritu, cuando toda una comunidad se expresa y constata un cambio en la realidad. Es la voluntad popular la única voluntad con capacidad de modificar la realidad, de hecho lo intersubjetivo es lo que se considera científico ¿verdad? Pues cuando todos a la vez decimos que es culpable, lo es.

Este poder mágico de las palabras se muestra en los ritos nuestras instituciones: en la justicia, en la religión o en la universidad sí tienen sentido las palabras con su poder modificador: "yo os declaro marido y mujer", "queda inaugurado el curso académico", "le declaramos culpable" son palabras que cambian el curso de los acontecimientos, que modifican la realidad porque aunque las diga toda la comunidad, por boca de su representante, vienen de Dios.

Pero la palabra del sujeto particular no tiene esa fuerza de modificar la realidad, a no ser que se diga en este contexto particular (un sí quiero) y pretender que así sea es uno de los grandes errores modernos que trajo al mundo un enano apellidado Wittgenstein, que pensaba que la verdad es lo que se dice, lo que se expresa; todo lo que puede ser expresado es real, etc. De hecho esa pesadez de los psicólogos por expresar los pensamientos es propia de esta desviación; también con raíz freudiana ("expresa lo inexpresable y quedarás limpio") y de Schopenhauer/Nietzsche (primacía de la voluntad, etc.) que viene a decir que hablando se solucionan los problemas del mundo, pues no: hablando los problemas quedan igual que antes, lo único que hacemos al expresarnos es hacer consciente una preocupación o un problema, pero el problema sigue ahí. Para cambiar hay que actuar, del hacer se sigue el ser, no e la palabrería.

Pero también puede entenderse a la palabra pronunciada como modificadora del espíritu. Y aquí sí tienen algo más razón. En esta línea va Viktor Frankl y su logoterapia, y la Programación neurolingüística (PNL) y la vulgarización de la misma. Es posible que las palabras cambien los pensamientos, que afecten al espíritu y que, por lo tanto, a base de mucho repetirlas generen ideas nuevas, y éstas obras: "Hay que decir muchas veces 'te quiero'", dicen los terapeutas de pareja, "hay que pedir perdón", decimos a los niños y a los etarras... De hecho hace unos días hablaba en este mismo sitio del interés enfermizo de periodistas y políticos porque los círculos etarras pidiesen perdón, como si el pedir perdón resucitase a los muertos y lograse la paz por sí solo.

Pero en todo caso solo afecta al espíritu cuando se programa, cuando se dice constantemente, como un mantra, no cuando se dice una sola vez. De hecho la fina línea de la hipocresía viene por ahí, por expresar palabras en las que no se cree para obtener un beneficio real.

Por eso hay que pedir disculpas realmente. Pese a su etimología pedir dis-culpas no diluye de por sí la culpa, porque para que no haya culpa debe ser perdonado, es decir, debe gratuitamente alguien dar algo ¿y quién puede de por sí eximir de culpas? Es decir, librar de algo a alguien, liberarlo…. Está claro que nadie puede eximir la culpa de otro. Aunque sí perdonar en lo que se nos ha ofendido. De hecho una de las cosas que más escandalizaban a los judíos de Jesús era precisamente su costumbre de perdonar pecados, porque sólo puede eximir de culpas Dios.

Los hombres no podemos perdonar colectivamente ni quitar la culpa. Si así fuese los jueces antes de dictar sentencia tendrían que esperar a ver si el delincuente pide perdón y si es así diría algo como "vete en paz" y se acabó. Y no es así, una cosa es el perdón y otra la pena o la reparación.

Y todo esto lo digo porque al aparecer un ancianito recién operado -pero vestido de rey- y pedir disculpas al pueblo parece que es de mala persona no aceptarlas, como parte del pueblo, y olvidar. Pero ¿a quién tiene que pedir disculpas? ¿a mi? ¿al elefante? ¿a su mujer? ¿a sus antepasados Borbones?

La clave está en la pregunta que lanzó, en forma de twit el máximo responsable del Tea Party Dylaniano en España cuando se pregunta que por qué pide disculpas: ¿Por irse a Botsuana ? ¿Por matar elefantes? ¿Por romperse la cadera? ¿Por no estar en Argentina luchando por YPF? ¿Por ponerle los cuernos a su señora esposa ante la mirada atónita de todo el planeta? ¿Por no abdicar?

lunes, 16 de abril de 2012

¿Qué es peor la caza o el adulterio?



No comparto el falso escándalo de políticos y periodistas politizados ante la cacería del rey en Botsuana. ¿Qué está tan mal? ¿Cazar? ¿Hacerlo tal lejos? ¿Tan caro? ¿en tiempos de crisis? ¿Un poco de todo?

Yo creo que irse de caza, por ejemplo, el Ministro de Justicia con un juez de la Audiencia Nacional el fin de semana antes de procesar a importantes miembros del partido opositor está mal. No por la caza, sino por la prevaricación evidente.[Recuerde]

Gastar el dinero público en cosas innecesarias, como han hecho TODOS nuestros políticos, está mal. Gastarse el dinero que has ganado en lo que te venga en gana está bien.

Detrás está la crítica republicana que entiende que el Rey debería no existir y si existe hacer como si no existiese, es decir, nada, nada de nada, estar encerrado en su palacio como en una prisión.

Pero los que critican lo hacen por hipocresía más que por republicanismo: ¿Cuántos de los que se rasgan las vestiduras han dejado de vacacionar esta Semana Santa? ¿Cuántos han dado a la caridad lo que costaba aquella mariscada?

Pero lo más grave es que le han cogido con una amante. El adulterio, que es lo único reprobable de la conducta del monarca, a nadie parece escandalizar.

Porque el adulterio supone tomar la mentira como forma de vida y, es evidente que si miente en su vida privada... ¿cómo se va a comportar de manera adecuada en los negocios o en la política?

En Botsuana o en Palma una mentira es una mentira. Y una mentira es indigna. Y aquí todos a criticar el gasto.

viernes, 29 de abril de 2011

Dos biografías de Wittgenstein (II)

Biografía 2.


Esta sí, apta para la selectividad. (Biografía falseada y políticamente correcta)


Ludwig Wittgenstein (Viena 1889) hijo de Karl y Leopoldine Wittgenstein. Nació en una familia rica e influyente.


Sus abuelos eran antiguos judíos convertidos al protestantismo. Su padre era un industrial que controlaba todos los recursos del hierro y del acero del imperio. Fue uno de los hombres más ricos de su tiempo, incluso salvó su fortuna de la gran depresión colocándola en buenos valores.


Su madre estaba emparentada con el nobel de física Friedrich Hayek. A pesar de la conversión al protestantismo de sus abuelos paternos, Ludwig fue bautizado como católico romano —la fe de su abuela materna— y recibió un entierro católico.


Ludwig creció en un hogar ideal para las artes. Sus padres eran aficionados a la música. El hermano mayor Paul, se convirtió en un pianista de fama mundial. La casa de los Wittgenstein atraía a gente culta, especialmente a los músicos y pintores, pero también a intelectuales. La familia recibía visitas frecuentes de artistas como Gustav Mahler. Toda la educación musical de Ludwig sería muy importante para él. Incluso utilizó ejemplos musicales en sus escritos filosóficos.


Estudió ingeniería en Manchester donde diseñaba motores de aviones. En esta época y en inglés leyó a Russell y Frege.


En 1911 conoció personalmente a Frege, a Russell a G. E. Moore y a Keynes.


Dos años más tarde sufre una crisis y se aísla en una cabaña en Noruega hasta el principio de la primera guerra mundial. Vuelve al mundo y se alista en la artillería austriaca, fue condecorado, y hecho prisionero por el ejército italiano. Durante este tiempo escribe el Tractatus, obra que no logra publicar hasta 1922.


Renuncia a la fortuna de su padre y a la filosofía, y se hace maestro para enseñar en distintos pueblos de Austria.


Más tarde (en 1926) abandona la docencia para hacerse jardinero en un convento, pero una nueva crisis le hace también abandonar su nueva profesión y vuelve al mundo de la filosofía con ideas nuevas. Es ahora cuando entabla contacto con el círculo de Viena (Moritz Schlick, Carnap, Waisman y Herbert Feigl).


Vuelve a Cambridge para continuar sus investigaciones, obtine el grado de doctor en 1929 y será profesor al año siguiente del Trinity College, y allí ejerció la docencia hasta 1935. Su vida consistía en ir al cine y leer novelas de intriga. Mientras sus alumnos recopilan los apuntes de clase y les dan forma, gracias a ellos tenemos El Cuaderno Azul y El Cuaderno Marrón que son los dos libros representativos del “segundo Witgenstein”.


Vuelve a la cabaña de Noruega en 1935. En 1937 vuelve a Cambridge y los alumnos vuelven a hacer un libro (póstumo) con sus apuntes: Lecturas y conversaciones sobre estética, psicología y religión, que se publicará en 1966.


Al estallar la guerra se hace enfermero, renuncia definitivamente a la docencia y se va a Irlanda a una casa de campo, donde termina su último libro Philosophische Untersuchungen que no fue publicado hasta 1953.


En 1941 se le diagnosticó un cáncer de próstata murió el 29 de abril de 1951, tal día como hoy, en Cambridge. Dicen que sus últimas palabras fueron: “¡Decidles que he tenido una vida maravillosa!”

Dos biografías de Wittgenstein (I)

Biografía Proscrita (no leer si uno va a examinarse de selectividad)


Wittgenstein vivió una vida crítica y destructiva. Su personalidad era patológica. Su filosofía no es más que el síntoma de esa pésima instalación en la vida.


El suicidio de tres de sus (cuatro) hermanos varones quizá sea la causa de sus males. O el no haber aceptado los cambios que sufría su familia (judíos que se hacen cristianos, pobres que se hacen ricos...). Se mostraba especialmente violento, en especial con las niñas (dicen que tiraba del pelo con tal fuerza que arrancaba mechones enteros, daba palizas tales que dejaban inconscientes a sus compañeros). Durante su infancia fue partícipe de tres ataques muy violentos contra niños de su edad. Tan violentos fueron que dejaron honda huella entre sus convecinos y han podido, sesenta años después, ser relatados y pasar a las biografías.


Contaba como compañeros de juegos a un tal Adolf, de carácter similar, aunque éste último menos violento. De mayores casi destruyen la vieja Europa, uno en teoría y el otro en la práctica, porque la "filosofía" de Wittgenstein, es precisamente eso: un intento de demoler la filosofía, la ética y la cultura de Occidente, un conjunto de falacias al servicio de la irracionalidad.


Quizá las depresiones periódicas, su carácter violento, sus diferentes culturas no asimiladas, su desviación en la conducta o su genética (o una combinación de todo lo anterior) le llevaron a tener una tendencia suicida durante toda su vida y a un aislamiento cada vez más inhumano.


En su trato personal era un perfecto idiota, en vez de promocionar o intentar mejorar a sus estudiantes los machacaba, los humillaba, logrando que muchos abandonasen sus estudios y se dedicasen al trabajo manual. Con sus compañeros era igualmente implacable y maleducado, llenando las frías salas de Cambridge, donde reina el estudio y la humildad, de gritos y aspavientos. Pensaba que nadie estaba a su altura, que a un lado estaba el mundo y a otro él. Impregnado de ese hybris griego, esa soberbia del loco que piensa que su idea es la única aceptable.


Parte de su desprecio al género humano era su manera de escribir críptica y oscura, para que nadie lo entendiese (de hecho, en la correspondencia con Russell afirma que el Tractatus "nadie lo entenderá).


Su trabajo fue recibido como un texto sagrado en el Círculo de Viena, sus discusiones acaloradas (callaba a gritos a los eminentísimos profesores) hasta que logró enemistarse con todos, uno a uno (eso sí, después de haber logrado sus objetivos "filosóficos", es decir, que sea tomado en cuenta...). En su ataque a todo el mundo llega incluso a enemistarse con él mismo, puesto que a partir de una crisis y un intento de suicidio se desdice de todo lo dicho, por eso sus adeptos filósofos distinguen entre dos Wittgenstein: el primero y el segundo.



[Lo realmente patético es que este autor forme parte de la selección de los 12 autores más importantes de la Historia de la filosofía para las universidades de Madrid, cuando NINGÚN historiador de la filosofía le da ese carácter de gran filósofo, más bien es siempre tratado como una anécdota, un intento fallido más de destruir la metafísica. Lo realmente importante es que a pesar de Winttgenstein y de los demás enterradores de la filosofía, ésta sigue viva]

jueves, 24 de marzo de 2011

Aperitivo de Wittgenstein



Aquí los dos grandes destructores de Occidente, en una foto del colegio. Pregunta: ¿Qué clase de maestro tendrían para lograr ese resultado?





























El Maestro:



























"Fue sin duda en aquella época cuando forjé mis primeros ideales. Mis ajetreos infantiles al aire libre, el largo camino a la escuela y la camaradería que mantenía con muchachos robustos, que era frecuentemente motivo de hondos cuidados para mi madre, pudieron haber hecho de mí cualquier cosa menos un poltrón (...) ya entonces mis dotes oratorias se ejercitaban en altercados más o menos violentes con mis condiscípulos. Me había hecho un pequeño caudillo que aprendía bien y con facilidad en la escuela, pero que se dejaba tratar difícilmente".


(Adivine qué filósofo, de los dos de arriba, escribió este párrafo)


lunes, 21 de febrero de 2011

Texto de Wittgenstein (Investigaciones filosóficas 116 - 133)


116. Cuando los filósofos usan una palabra—”conocimiento”, “ser”, “objeto”, “yo”, “proposición”, “nombre”— y tratan de captar la esencia de la cosa, siempre se ha de preguntar: ¿Se usa efectivamente esta palabra de este modo en el lenguaje en el que tiene su tierra natal?



Nosotros reconducimos las palabras de su empleo metafísico a su empleo cotidiano.


117. Se me dice: “¿Entiendes, pues, esta expresión? Pues bien —la uso con el significado que tú sabes”—. Como si el significado fuera una atmósfera que la palabra conlleva y asumiera en todo tipo de empleo.



Si, por ejemplo, alguien dice que la oración “Esto está aquí” (a la vez que apunta a un objeto que hay delante de sí) tiene sentido para él, entonces podría él preguntarse bajo qué especiales circunstancias se emplea efectivamente esta oración. Es en éstas en las que tiene sentido.



118. ¿De dónde saca nuestro examen su importancia puesto que sólo parece destruir todo lo interesante, es decir, todo lo grande e importante? (Todo edificio en cierto modo; dejando sólo pedazos de piedra y escombros). Pero son sólo castillos en el aire los que destruimos, y dejamos libre la base del lenguaje sobre la que se asientan.



119. Los resultados de la filosofía son el descubrimiento de algún que otro simple sinsentido y de los chichones que el entendimiento se ha hecho al chocar con los límites del lenguaje. Éstos, los chichones, nos hacen reconocer el valor de ese descubrimiento.



120. Cuando hablo de lenguaje (palabra, oración, etc.), tengo que hablar el lenguaje de cada día. ¿Es este lenguaje acaso demasiado basto, material, para lo que deseamos decir? ¿Y cómo ha de construirse entonces otro?— ¡Y qué extraño que podamos efectuar con el nuestro algo en absoluto!



El que en mis explicaciones que conciernen al lenguaje ya tenga que aplicar el lenguaje entero (no uno más o menos preparatorio, provisional) muestra ya que sólo puedo aducir exterioridades acerca del lenguaje.


Sí, pero ¿cómo pueden entonces satisfacernos estos argumentos? —Bueno, tus preguntas ya estaban también formuladas en este lenguaje; ¡tuvieron que ser expresadas en este lenguaje si había algo que preguntar!


Y tus escrúpulos son malentendidos.


Tus preguntas se refieren a palabras; así que he de hablar de palabras.


Se dice: no importa la palabra, sino su significado; y se piensa con ello en el significado como en una cosa de la índole de la palabra, aunque diferente de la palabra. Aquí la palabra, ahí el significado. La moneda y la vaca que se puede comprar con ella. (Pero por otra parte: la moneda y su utilidad).


121. Pudiera pensarse: si la filosofía habla del uso de la palabra “filosofía” entonces tiene que haber una filosofía de segundo orden. Pero no es así; sino que el caso se corresponde con el de la ortografía, que también tiene que ver con la palabra “ortografía” sin ser entonces de segundo orden.


122. Una fuente principal de nuestra falta de comprensión es que no vemos sinópticamente el uso de nuestras palabras. —A nuestra gramática le falta visión sinóptica.— La representación sinóptica produce la comprensión que consiste en “ver conexiones”. De ahí la importancia de encontrar y de inventar casos intermedios.


El concepto de representación sinóptica es de fundamental significación para nosotros. Designa nuestra forma de representación, el modo en que vemos las cosas. (¿Es esto una Weltanschaung?)


123. Un problema filosófico tiene la forma: “No sé salir del atolladero”.


124. La filosofía no puede en modo alguno interferir con el uso efectivo del lenguaje; puede, a la postre, solamente describirlo.


Pues no puede tampoco fundamentarlo.


Deja todo como está.


Deja también la matemática como está y ningún descubrimiento matemático puede hacerla avanzar. Un “problema eminente de lógica matemática” es para nosotros un problema de matemáticas como cualquier otro.


125. No es cosa de la filosofía resolver una contradicción por medio de un descubrimiento matemático, lógico-matemático, sino hacer visible sinópticamente el estado de la matemática que nos inquieta, el estado anterior a la solución de la contradicción. (Y no se trata con ello de quitar del camino una dificultad.)


El hecho fundamental es aquí: que establecemos reglas, una técnica, para un juego, y que entonces, cuando seguimos las reglas, no marchan las cosas como habíamos supuesto. Que, por tanto, nos enredamos, por así decirlo, en nuestras propias reglas.


Este enredarse en nuestras reglas es lo que queremos entender, es decir, ver sinópticamente.
Ello arroja luz sobre nuestro concepto de significar. Pues en estos casos las cosas resultan de modo distinto de lo que habíamos significado, previsto. Decimos justamente, cuando, por ejemplo, se presenta la contradicción: “Yo no significaba esto”.


El estado civil de la contradicción, o su estado en el mundo civil: ése es el problema filosófico.


126. La filosofía expone meramente todo y no explica ni deduce nada. —Puesto que todo yace abiertamente, no hay nada que explicar. Pues lo que acaso esté oculto, no nos interesa.
Se podría llamar también “filosofía” a lo que es posible antes de todos los nuevos descubrimientos e invenciones.



132. Queremos establecer un orden en nuestro conocimiento del uso del lenguaje: un orden para una finalidad determinada; uno de los muchos órdenes posibles; no el orden. Con esta finalidad siempre estaremos resaltando constantemente distinciones que nuestras formas lingüísticas ordinarias fácilmente dejan pasar por alto. De ahí pudiera sacarse la impresión de que consideramos que nuestra tarea es la reforma del lenguaje.

Una reforma semejante para determinadas finalidades prácticas, el mejoramiento de nuestra terminología para evitar malentendidos en el uso práctico, es perfectamente posible. Pero éstos no son casos con los que hemos de habérnoslas. Las confusiones que nos ocupan surgen, por así decirlo, cuando el lenguaje marcha en el vacío, cuando no trabaja.

133. No queremos refinar o complementar de maneras inauditas el sistema de reglas para el empleo de nuestras palabras.



Pues la claridad a la que aspiramos es en verdad completa. Pero esto sólo quiere decir que los problemas filosóficos deben desaparecer completamente.


El descubrimiento auténtico es el que me hace capaz de dejar de filosofar cuando quiero. —Aquel que lleva la filosofía al descanso, de modo que ya no se fustigue más con preguntas que la ponen a ella misma en cuestión. —En cambio, se muestra ahora un método con ejemplos y la serie de estos ejemplos puede romperse. —Se resuelven problemas (se apartan dificultades), no un único problema.


No hay un único método en filosofía, si bien hay realmente métodos, como diferentes terapias.