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miércoles, 8 de marzo de 2017

Ley de Género Totalitaria Popular (LGTP)



Cristina Cifuentes, la Presidente de la Comunidad de Madrid, nos presenta una Ley de Género que sacraliza una ideología determinada, y la convierte en ideología oficial del Estado, cosa que es contraria a derecho porque el Estado es aconfesional de acuerdo con la Constitución, que proclama, en el Artículo 16:

  1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
  2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
  3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.
Sin embargo la Ley de Cristina Cifuentes dice: 
"La definición del sexo-género de una persona va mucho más allá de la apreciación visual de sus órganos genitales externos en el momento del nacimiento" (Preámbulo)
Y eso es una ideología determinada que no coincide con la opinión de la mayoría ni con la realidad, es más, la Ley pretende imponerla y desarrolla una serie de medidas de propaganda de la ideología en cuestión.

La realidad, sin teorías, es que la definición del sexo-género es dada por la genética, los órganos sexuales, el cerebro y -consecuentemente- por el rol social, en escalones sucesivos que pueden fallar dando lugar a trastornos y disfuncionalidades perfectamente estudiadas y descritas por la literatura especializada. 

Afirmar que la instalación sexuada de la persona humana, constitutiva de la misma, es cuestión de elección y no de naturaleza es como decir que las personas no tienen dos manos o dos pies, dado que algunos nacen sin extremidades. Si alguien defendiese algo así me parecería una tontería, pero tendría todo el derecho a decirlo. Pero que una Ley pretenda decir cómo es la realidad humana es un ataque a la libertad incompatible con la democracia, porque las leyes en un sistema democrático y plural no están para imponer una única forma de ver la realidad. 

Una ley puede (y debe) luchar contra la discriminación de las personas, pero no puede entrar en el derecho a que yo, que no discrimino a nadie, tenga que pensar que es lo mismo ser transexual que una persona normal. No es lo mismo ni lo será. Tampoco es propio de la democracia imponer todo un sistema de propaganda en todos los niveles (ocio, cultura, tercera edad, colegios, universidades, cooperación, etc.), convirtiendo la ideología en una confesión estatal a la que hay que ser sumiso o proscrito. Y menos prever sanciones para quien se niegue o impida que el Estado entre en espacios que debería respetar, tales como la familia o el ideario de la escuela pública o privada (que elige la familia). 

La legislación está para preservar derechos y obligar al cumplimiento de deberes, la legislación en un estado democrático no puede proclamar el Dogma de la Inmaculada, ni sancionar sobre la verdad de las leyes de Plank. Si esto hiciese el Estado dejaría de ser democrático pasando a ser totalitario, y en esta ley hay dogmas y hay presiones a la comunidad científica para que dejen de considerar una enfermedad la transexualidad (aunque luego proclamen en el Título II de la LGTP el derecho a ser atendidos por la sanidad pública ¿pero no quedamos en que no es una enfermedad? ¿Qué necesidad hay entonces de médico?).

Yo pienso que un psiquiatra, tras años de estudio, puede opinar que la homosexualidad es una enfermedad, y también pienso que otro puede opinar lo contrario. Ambos tendrán que presentar datos y debatir, así de fácil. Así se dialoga y se avanza. Una teoría no denigra, no incita al odio, no es contrario a derecho, es simplemente una teoría, que está ahí para ser criticada, no para encarcelar, multar o vejar al pensador. Si la transexualidad es o no una enfermedad no afecta al transexual, no debe producir rechazo ni discriminación ¿o discriminamos a los enfermos? Es simplemente una realidad personal que puede ser tratada y por tanto produce una mejor autopercepción del paciente y una posible mejor adaptación. Nada tiene que ver con el que no es transexual. 

Puede ser un trastorno momentáneo o crónico (que alguien piense que lo es y no serlo en realidad, especialmente en niños y en púberes) que podría reconducirse si no hubiese una Ley que impida al profesional planteárselo, En todo caso no se discrimina a los enfermos, o no debe discriminarse. La orientación sexual puede ser aceptada y vivida con normalidad, al igual que la diabetes puede ser vivida con normalidad, pero eso no hace que el diabético esté sano. 

Si una persona estudia las religiones y cree descubrir que Dios no existe, está en su derecho. Pero si a continuación entra con violencia en una Iglesia o ataca a los sentimientos religiosos de las personas disfrazado de mujer y con iconografía cristiana; está cometiendo un delito que debería ser sancionado. Para evitarlo no hay que hacer una Ley contra el ateísmo. Como es lógico nos opondríamos a una ley que prohibiese los estudios sobre el ateísmo, o tildase de enfermos ("teofobos") a los ateos y más todavía si en ella se diseñase una batería de medidas de propagación de la fe. Diríamos entonces que el Estado es confesional.

La Ley Cifuentes es confesional, es el culmen de años de trabajo de una ideología que es totalitaria y abarca todos los ámbitos de la vida: la ciencia, la política y las relaciones sociales. Durante años todas las universidades occidentales han tenido su departamento, cátedra o grado de "Gender Studies" que pretenden -entre otras- dos grandes cambios:

1. La transmutación de los valores

La transmutación de la sexualidad, que viene a ser algo así como dar la vuelta a todos nuestros conceptos morales sobre el sexo. La transmutación consiste en afirmar lo contrario de lo que había: lo normal es lo anormal, los hombres son mujeres, las mujeres son hombres, lo desviado es normal, lo normal es desviado, los enfermos están sanos, los sanos están enfermos, etc. 

Con esta lógica nietzscheana, el enfermo no es el minoritario con identidad sexual conflictiva, es el ser humano que rechaza la equiparación moral entre la conducta correcta humana (monógama y heterosexual) y con el abanico de variantes sexuales que se pueden imaginar, aceptadas unas y otras no, tales como la homosexualidad, la promiscuidad,  la pederastía, el onanismo, la sodomía, el fetichismo, el sadomasoquismo, etc. 

La normalización de conductas anormales es parte del trabajo de la ideología de género en esta línea de transmutación de los valores. De hecho la mayoría de estos trastornos antes mencionados se piensa, generalmente, que son más comunes de lo que en realidad son, y el objetivo es que pasen a ser considerados "normales", frecuentes e incluso deseables y -consecuentemente- se extiende la sospecha de que los normales de que en algún lugar del inconsciente freudiano, albergan estos comportamientos reprimidos.

Digan lo que digan, la familia: un hombre y una mujer, abiertos a la vida y con voluntad de eternidad, es lo correcto, lo que da más felicidad, lo que evita trastornos y enfermedades, crea riqueza y garantiza un correcto desarrollo social. 

2. El triunfo de la voluntad sobre la realidad

Otra herencia de Nietzsche, traída por Shopenhauer, y mezclada recientemente con ideas de Foucault. 

Como todo el mundo sabe una cosa es una cosa, A=A. Y las cosas son lo que son... pues ahora es la voluntad la que decide: si A quiere ser B, es B y como no hay nada por encima de B que permita pensar lo contrario. Cualquier impedimento: la naturaleza, la ley, la tradición, los usos y costumbres, las creencias, los otros... todo debe doblegarse a "la nueva realidad", donde A (ahora) es B. Debemos someternos, ser sumisos a la voluntad de A que -por querer ser B- ya es B. El triunfo de la voluntad lo sanciona la Ley Cifuentes en su Preámbulo (declaración de intenciones) con esta sentencia: 


"Se ha de otorgar soberanía a la voluntad humana sobre cualquier otra consideración física".
Y en el articulado (Art. 3.3.), se otorga el "derecho" "a ser tratado de conformidad a su identidad de género en los ámbitos públicos y privados". Es decir, que si alguien que es hombre decide ser mujer y tú le dices que es un hombre que quiere ser mujer, estás actuando en contra de la Ley, que sanciona que la voluntad va por delante de la realidad. Que una ley me obligue a tratar a la gente de una manera me parece de mal gusto. 

La idea es que ante una realidad-querida todos tenemos que hacer como si fuese realidad-dada, y quien se niegue será considerado primero un atacante, un ser que fomenta el odio. En el caso de la llamada transexualidad, la ciencia efectivamente dice lo contrario, que un hombre es un hombre y una mujer una mujer, pero quien quiera negarlo será proscrito, el problema recae sobre el que niega lo que es real, y no sobre el que afirma que la realidad-deseada sea la realidad-dada.

Nietzsche, lo percibió de forma clara:

“Todo lo que imagine un individuo deberá valer para todos los demás, inaugurando en este punto una nueva y gran tolerancia, por mucho que nos contraríe nuestros gustos”
F. Nietzsche: Así habló Zaratustra

Esto genera un problema, puesto que no solo la transexualidad, sino que cualquier otra actitud personal puede ser sobrepasada. Este mensaje cala profundamente en la mente de la gente, que le dicen al oído: "tú puedes ser lo que quieras"; "llegarás tan lejos como quieras", etc. El sueño y la realidad desdibujan sus fronteras y los otros son enemigos si se empeñan en afirmar la realidad. Una pareja estéril, si quiere, tiene que poder tener hijos (aunque sea alquilando una mujer); las Parejas de Hecho pasan a ser de derecho y de ahí a ser tratadas como si estuviesen casadas.

La voluntad sacralizada en la Ley, llevada a todos los órdenes puede generar un caos importante ¿Y si un español no se siente español? ¿No estaríamos haciéndole una ofensa si nos empeñamos en decir que es español? ¿Y si una persona se cree pájaro? Evidentemente es el poder el que debe poner los límites a los deseos, como luego veremos. 

Pero decía que en la transexualidad hay un error de base científico, la ciencia dice que no, que un hombre es un hombre y una mujer una mujer. En el desarrollo humano hay tres niveles que se van sumando uno a otro:

  • En el nivel genético, donde es incontestable que los hombres y las mujeres tienen cromosomas distintos: xx, xy. Esto es innegable y se da en otras especies. 
  • En el plano corporal, donde el sexo de los xx y xy genera un cuerpo masculino o femenino. En este proceso es cierto que hay errores, que la medicina, los afeites y las ropas han intentado siempre solucionar. Es decir, la mujer barbuda, el hombre con pechos, el hombre que no tiene desarrollado el pene o los síndromes cercanos al hermafroditismo, que existen y son un porcentaje ínfimo de la población. La mujer barbuda, o sin pechos, se afeita o se opera, el hombre con un pene ridículo hace lo que puede. La naturaleza no es matemática, a veces genera seres raros, extraños, que debemos comprender, mejorar y cuidar. Llamamos, en ciencia, raro, lo que no es común, lo que no pasa casi nunca y además llamamos raro y catalogamos como enfermedad lo que además de ser escaso es un problema para el desarrollo de la persona. Por ejemplo, la transexualidad es uno de los trastornos de la identidad sexual que recoge el manual de la Asociación Psiquiátrica Americana que se da en uno de cada 50.000 personas, exactamente el número que se utiliza para considerarlo una enfermedad rara.
  • En el tercer nivel un cuerpo masculino se socializa como varón y el femenino como mujer. Es decir, color azul, pelo corto, pantalones y balones. Si sus cromosomas son xy y tiene caracteres femeninos se les viste de rosa, se deja el pelo largo y se le adorna con pendientes y lazos.
Esto es lo que dice la ciencia. No hay, para la ciencia y para ninguna religión almas masculinas o femeninas. Es ridícula la expresión de "un alma femenina atrapada en un cuerpo masculino", lo que sí hay es una transcripción errónea de la genética que genera cerebros sexuados hacia el otro sexo y órganos sexuales deformes. No puede haber ninguna normalidad en esto, ni puede ser, como dice Cifuentes "una más de las manifestaciones de la diversidad sexual del ser humano". La diversidad, como su propio nombre indica, es la doble instalación sexuada: como hombre o como mujer.

Esta es la realidad, pese a que algunos extremistas de género proponen que esto todo es una construcción social aunque todos los experimentos que se han hecho dicen que esto no es real, que el sexo está arraigado en la naturaleza y no en la naturaleza social. De vez en cuando algún investigador de segunda de una universidad de tercera lanza la idea de que se prohiba el fútbol en los colegios o que se les den muñecas a los niños, para que no haya tantas diferencias, y algún Consejero de Educación o Director de colegio lo pone en práctica y el experimento solo genera frustración entre niños y niñas.

Si la sexualidad fuese una construcción social, entonces la voluntad puede cambiarla, es algo por lo tanto que pertenece a la ética, que pretende, con la voluntad, mejorar la realidad en la que vivimos, porque la justicia quiere cambiar la realidad para hacerla más humana. Si todo, absolutamente todo, es una construcción humana y que por lo tanto es la voluntad la que decide qué es cada cosa, tenemos la puerta abierta a la reconceptualización del mundo. Pero si llega una ley y sanciona esto en una dirección solo y en un ámbito solo entramos en una nueva dictadura. Porque el problema que se planteó ya después de Kant era precisamente este: si es la voluntad del sujeto el único legislador ¿qué voluntad se impone? ¿la mía?, ¿la de la mayoría?, ¿la de los poderosos?, ¿la de los pueblos?, ¿la de "la gente"?, ¿la de La Tele? ¿la del colectivo LGTB? ¿La de la LGTP?

En todo caso la ideología de género-Cifuentes proclama que la voluntad del individuo, respaldada por el Poder es la que es el criterio de realidad. Así yo no puedo ser pingüino porque el Estado todopoderoso no me ampara, pero puedo ser mujer, o puedo casarme con un hombre porque el Estado todopoderoso me da el visto bueno para ello. Y como el Estado es todopoderoso, el Estado decide lo que se puede ser. 

Pero hemos dado un paso más, estamos en la ética social. Ya no se trata de que cada uno sea lo que quiere ser, ahora se trata de que todos debemos aceptarlo. Este paso es crucial, porque el debemos aquí no significa que sea bueno para nuestra felicidad, sino que es bueno para el Estado todopoderoso (el pecado es ofensa a Dios, además de que te haga daño) que asume la voluntad del transexual como suya y la sagrada voluntad no admite ofensas.

La pregunta, claro está es ¿quién le ha dado al Estado la potestad de crear y defender una ética social que ataca el principio básico de libertad de pensamiento? El Estado normal, no el totalitario, puede permitir o prohibir que la gente se cambie de sexo, o que tengan relaciones con personas del mismo sexo, animales, menores o lo que quieran, pero en democracia nadie le ha dado al Estado la potestad de crear una ética social que doblegue la voluntad y el pensamiento de aquellos que no lo ven bien.

En este intento de resistir a la voluntad de los poderosos quedan pequeños grupos de resistencia: la Iglesia, que por tener la visión en la salvación de las almas, que no es de este mundo, se somete mal al poder; la escuela, que es el lugar donde se educa a las nuevas generaciones de acuerdo a las convicciones morales de las familias; los científicos, que en busca de la verdad no se doblegan fácilmente a las presiones del poder. 

A todos les da la ley y les amenaza con graves daños si osan oponerse, pero a los científicos les atacan especialmente pidiéndoles que dejen a un lado la verdad y se dobleguen a lo que manda la política, y en especial el Nuevo Orden Mundial de la ONU, es decir que dejen de tratar como enfermedad lo que realmente es enfermedad: los trastornos de los transexuales y, de paso, pasar el síndrome a los que nos oponemos a hacer normal.

Así, la Ley Cifuentes sanciona contra la ciencia que:

Durante cerca de setenta años la transexualidad ha figurado como enfermedad en los principales manuales de diagnóstico y en las principales clasificaciones de enfermedades como la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-IO) de la Organización Mundial de la Salud o el Manual de diagnóstico de enfermedades psiquiátricas DMS-R de la American Psychiatric Association (APA) bajo los calificativos de "trastorno de la identidad sexual" o "desorden de la identidad de género" cuyo diagnóstico médico asociado era la "disforia de género". (...) Recientemente, la propia APA ha retirado su diagnóstico de trastorno de la identidad de género y son muchas las voces que abogan en los terrenos científicos y sociales por la definitiva despatologización de la transexualidad y por la consideración de la misma como una más de las manifestaciones de la diversidad sexual del ser humano, ya que aunque la APA lo ha retirado como trastorno de la identidad de género sigue permaneciendo en el mismo manual de trastornos con el epígrafe de "disforia de género".

Es decir, el poder político se opone a la ciencia y quiere influir sobre lo que se considera científicamente una enfermedad que hasta ahora se trata, logrando mejorar la vida de los pacientes. Si esto llega a término, que llegará, se prohibirá tratar a un transexual (como ha ocurrido con la homosexualidad), lo que generará sin duda más sufrimiento para las personas con dicha enfermedad. 


En fin, ante esta ley no queda más que la resistencia, el recurso de inconstitucionalidad y su paralización preventiva.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Otra vez el Islam



Sobre el Islam y el terrorismo entramos en un diálogo en Facebook con personas que me constan bien informadas, racionales y con criterio, pero con una preferencia clara y definida por los musulmanes y, por ende, contra el sionismo, EEUU y Europa. 

Mi tesis es que la religión musulmana genera el odio. Pero eso no supone para mi tomar partido por uno de los contendientes de la tercera guerra. No creo que sea una cuestión de buenos y malos. Tomar partido por unos o por otros no es mi tarea porque los valores de occidente son universales y por lo tanto no pueden ser propiedad de un bando. Lo que trajo el cristianismo al mundo fue precisamente esa llamada a la universalidad, a la unidad de todos y a la creencia en que hay una verdad, un bien y una belleza a la que todos (incluidos los terroristas, Putin, los americanos y Bin Landen) tendemos. Si en la guerra hay dos bandos (los del petroleo y los yijadistas) en el plano de las ideas solo hay razón y sinrazón. 

Pero no se asusten, no identifico la razón con Occidente y la sinrazón con Oriente. No. Identifico solo la idea generadora del cristianismo con la razón y la idea generadora del islamismo con la sinrazón. Esto, evidentemente no es afirmar que todos los musulmanes son unos descerebrados, no es así, los hay por millones buenos. No se trata tampoco de decir que en Occidente todos son racionales, no. Occidente creó el barroco y el fútbol. Los Derechos Humanos y las cámaras de gas. Los grandes santos que se fueron (y se van) por el mundo a predicar y los que matan por petróleo. Todo está mezclado, porque todo en cada ser humano está mezclado. 

Creo que la idea cristiana conviene al hombre, le hace mejor, le eleva, le hace artista y filósofo, le hace bueno. Y sin embargo creo que la antropología musulmana (si la hubiera) hace al hombre peor, mantiene la sociedad dividida y empobrecida, genera odio y luchas, impide el crecimiento y el desarrollo de los pueblos. 

Efectivamente si usted está contento de leer estas líneas o terriblemente enfadado es normal, estamos ante un tema donde los sentimientos priman sobre la razón. Pero lo que digo es verdad, así que si le irrita o le emociona es su problema. Porque si vemos el asunto desde el punto de vista sentimental no hay nada que hacer. Cualquier razón que se dé es siempre inferior a la experiencia previa, al prejuicio. Poco o nada se puede hacer desde el plano intelectual, porque si esas ideas son defendidas rápidamente se asocia a una enfermedad mental ("islamófobo"), a un problema de ignorancia y hasta me han llegado a decir que me pagan por defender estas ideas (cosa que -por otro lado- no estaría mal). 

Los temas sentimentales no se pueden solventar así por las buenas, entran a través de la experiencia y forman parte de la vida de las personas. Por eso es imposible acabar con el nacionalismo por muchos programas políticos que se impongan. La única manera es sembrar en la escuela sentimientos correctos de universalidad y esperar treinta años a que la educación dé sus frutos. En España, que somos más chulos que nadie permitimos que se cree ese sentimiento nacionalista desde el Estado, pero este es otro cantar. No hay palabra que pueda decir que cambie lo más mínimo lo que se piensa del Islam, del puesto de las mujeres en la sociedad o de la necesidad o no de un Estado de Israel. 

Tampoco se trata de débiles y fuertes. Los débiles están en todos los lados, son los que reciben las bombas terroristas y las bombas del ejército ruso. Los poderosos son los jequecillos e imanes y los políticos europeos.

Por otro lado, Internet no es lugar para el pensamiento racional. Es el reino de taifas del relativismo. Un reino (red) donde todo es posible. Para defender el buenismo del islam se pueden ver vídeos y webs en las que se dice que los americanos volaron las torres gemelas o cómo los americanos montaron el ISIS o los atentados de París. Facebook tampoco es lugar para debatir, les contesto a todos por aquí, dejando claro que es imposible el diálogo y por lo tanto no queda más que el monólogo a dos voces.

Volvamos a la tesis. Yo afirmo que el islam solo ha traído sangre, pobreza y división y que lo que tiene de bueno (esa moral hacia el grupo) es lo que pudo entender Mahoma del cristianismo que conoció a través de las conversaciones con un cristiano antes de comenzar todas sus aventuras como jefe militar.

Agrupo los argumentos en tres tipos:

1. Por un lado lo personal frente a lo científico: vivir con musulmanes, compartir su techo, disfrutar de su hospitalidad no aclara nada sobre un juicio al islam, al contrario, te llena de pre-juicios sobre la cultura. Creo que la ciencia no se puede hacer con estos presupuestos. A la experiencia de convivencia pacífica con musulmanes puede oponerse otra experiencia similar de otra convivencia con judíos, por ejemplo, que están todos los días sometidos al terrorismo de baja -o alta- intensidad; o con la experiencia de quienes sufren directamente el terrorismo islámico. No es argumento a favor del PP decir que uno conoce a políticos de éste partido honrados, ni ser del PP te da derecho a juzgarlo mejor, creo que lo ideal es no tomar partido para juzgarlo. Creo que si queremos hacernos un juicio de algo debemos hacer una epojé (ἐποχή) de las experiencias positivas y negativas y ver el cuadro en su conjunto. Pero el sentimiento no permite hacer este cuadro, el sentimiento no toma distancia de perspectiva y se empasta con la realidad que juzga.

Lo particular es justo lo contrario: hay que tomar distancia para hacer juicios: leer de todo, no solo lo que apoya nuestra idea y si se convive, con todos, no solo con una parte del conflicto.

He visto la película El fundamentalista reticente que me recomendaban en un debate para que "comprendiese" la realidad del Islam, como si los libros no bastasen. Y vuelvo a decir que eso no dice nada de la realidad del islam. Dice que personas particulares que inician una guerra política por la defensa de un país. En la película, es verdad, hay frases lapidarias, cuando el editor turco que ha hecho quebrar su editorial le compara con los jenífaros... "cuando decidas cuál es tu posición el color volverá a tu mundo". O "muchos musulmanes pueden participar de forma pasiva, pero un muyaidin actúa. "Nuestra única esperanza son las verdades fundamentales que nos dieron en el Corán"... Está claro: así se hace un terrorista. No quiere decir que el islam sea terrorista, pero sería imposible que miles de niños y adultos tirasen piedras y granadas contra Israel durante 50 años sin el componente político-religioso. El nacionalismo no da para tanto. 

Otra idea previa precientífica es creer que demostrando el origen corrupto de algo se ataca a todos los miembros actuales. Por ejemplo, demostrando el origen antipersona del Islam no se dice nada de los musulmanes actuales; o demostrando el origen americano del ISIS tampoco se dice nada de su barbarie actual. O el origen franquista de nuestra democracia no dice nada de nuestras leyes. Pero creo que es correcto tenerlo presente para juzgar y cambiar algo, porque las instituciones crecen solo bebiendo de sus ideas originales. Es decir, es bueno conocer el origen de algo para juzgarlo, pero no es determinante.

2. Por otro lo político. Si enfrentamos a las ideas sobre la religión ideas políticas no podemos tampoco tener un diálogo fructífero. La política es como el fútbol: a unos le gusta un equipo y a otros otro, todo el mundo opina y nunca puede darse un cambio de posiciones. La política así entendida demoniza a una parte del mundo y diviniza a otra. En este caso si el islam es siempre bueno por definición, todo mal que hace el islam es bueno y si hacen algo malo es consecuencia directa de "Los Otros", los malos (los americanos, los occidentales, el petroleo, la industria armamentística, Israel, la Trilateral, los iluminati, por ejemplo). Tampoco tiene el islam la culpa de la miseria de los pueblos donde se instala, de las lapidaciones, de las ablaciones, de los homosexuales colgados en grúas, de los talibanes, el ISIS, las gargantas cortadas o de los atentados de Madrid, París o Nueva York. La política hace cerrar los ojos a estas realidades y buscar un responsable fuera.  Si Mahoma a priori era un santo de mofletes colorados, nada de esto tiene que ver con Mahoma, y resulta que quizá sean santos Almanzor Solimán, Bin Laden y Jomeini.

Yo creo que el que empuña un arma y se lanza contra sus hermanos a acribillarlos a tiros, el que recomienda cortar el cuello a los enemigos, el que pone una mochila llena de bombas en un tren, el que se lanza contra unas torres llenas de personas es un criminal y su causa queda criminalizada. Las causas de los conflictos hay que buscarlas en la historia de las ideas y no en sus antagonistas. 

Si tenemos la idea previa, el pre-juicio, de que el islam es paz y amor, por ejemplo, no hay posibilidad de pensamiento recto si los que matan en nombre del Islam resulta que no son más que "malos musulmanes", "armados por los servicios secretos de los países occidentales" , o simplemente agentes secretos disfrazados... mal andamos. La prueba de realidad que debe tener cualquier idea política es simple: si uno mata en nombre de una idea no pasa nada (puede ser un loco) pero si en todas las latitudes, en todos los momentos históricos en todas las clases sociales hay musulmanes que matan en nombre de Alá, y los que le rodean no le denuncian y anulan. Quizá -solo quizá- sea el islam favorable al crimen político / religioso. 

3. Por otro lado lo religioso. Se dice que todos los libros religiosos tienen incitación a la guerra y a la violencia. No es cierto. En el Nuevo Testamento no hay ninguna incitación al asesinato o a la violencia. En el Tao Te King tampoco. La religión cristiana se funda bajo el signo del amor. En los primeros años del cristianismo el número de mártires es directamente proporcional a su expansión por el mundo. No hubo batallas ni guerras ni violencias. El cristianismo avanzó y se hizo religión oficial del Estado. Entonces sí, cuando se mezcló lo político comienza el lado oscuro del cristianismo, que -por otro lado- no hacía más que defenderse para llegar al estadio actual en el que ningún cristiano querría matar por expandir el cristianismo, pero sí dar su vida; Cristo predicó justo lo contrario, por lo que es fácil inferir que el cristianismo que mata es una deformación del mismo. El cristianismo avanzó sobre territorio de barbarie, templando el espíritu y haciéndolo más refinado. Allá donde triunfó el progreso, la unidad y la paz se instauraron. Eso sí, esta unidad costó muchos años de sufrimiento y de guerra, sobre todo para frenar el avance de la barbarie en los primeros años y del Islam después.

Y está claro quién es el agresor y el agredido. Si el Islam se hubiese quedado en la Península Arábiga no habría habido ni reconquista ni cruzadas. Los cristianos salieron a defender lo suyo y las batallas siempre se dieron en casa, no en territorio árabe. Roma y Jerusalén fueron atacadas pero La Meca y Medina no.

Una persona poco ilustrada me decía en Facebook que "si identifico el cortar cuellos, hacer explotar personas o lapidar adúlteras como barbarie" luego (forzosamente) tengo que decir, que hay que aniquilarlos a todos. Pues no, lo que hay que hacer es civilizarlos. Como hicimos con los alemanes del norte a lo largo de 1000 años (es cierto que el espíritu de barbarie afloró con el nazismo, pero en todo caso ahora parece que ya están civilizados). Civilización y barbarie son dos vórtices de la acción humana que están en todos, dependiendo de qué alentemos tendremos una sociedad bárbara o una sociedad civilizada. La cultura es importantísima para crear sociedades respetuosas con el vecino. Mi crítica a la religión musulmana es que hace poco, muy poco, por aniquilar la barbarie. Que si hiciese más habría movimientos de masas contra el terrorismo en Siria, Gaza o Libia y realmente estos movimientos brillan por su ausencia. Cuando hay elecciones salen elegidos los partidos más radicales, cuando hay bombas contra Israel no hay ni un musulmán que lo denuncie. Por ejemplo, en la Mezquita de la M30 se recogían fondos para mandar a yijadistas a Siria ¿Cuántos musulmanes pacíficos lo denunciaron? ¿Imaginan la reacción de la Iglesia romana si un grupo terrorista se dedicase a cortar cuellos? ¿Creen que podría hacerse una colecta para comprar armas en una Iglesia? 

Los datos dicen que algunos de los musulmanes, muy pocos, son terroristas, un 4% los apoya moral o logísticamente y un 20% ve bien que se mate, aunque no harían nada por los terroristas. Si el 80% de los musulmanes quisiese acabar con la violencia acabarían en dos días. Lo que ocurre y esto es tesis y no dato, es que en la propia religión está la violencia. 

Y no es una cosa que me invente, es fruto del propio pensamiento de Mahoma y de lo supuestamente dictado. Me decía ese señor desleído que el Islam nació en un contexto de guerra. Pues no. Cuando nació el Islam no había guerra en Arabia, fue el islam el que empezó la guerra que casi dura hasta nuestros días. Que Mahoma organizó asesinatos políticos (¿Quien quiere desembarazarme de Kaab ibn ´Asraf?) no hay duda, que Mahoma inició guerras y persecuciones, tampoco, y que sus seguidores continuaron no es tampoco algo que haya que demostrar ¿Decir esto es incitar al odio? Pues yo creo que no, que el odio surge de la ignorancia ¿Qué tenemos que hacer? ¿Mirar para otro lado? ¿Saltarnos las suras que hablan de odio y hacer un cortapega de Islam moderado? ¿No quedamos en que el Corán es un libro dictado por el Arcángel? Entonces no hay interpretación. La cosa es si el arcángel manda matar cristianos o si no. 

Yo creo que si queremos pensar y desentrañar el problema tendremos que ir a la raíz, a la religión, y más en concreto al fundador. Hágase lo mismo con la religión cristiana, vayan al Fundador, vayan a Cristo.





viernes, 10 de octubre de 2014

El ébola y preparación de los sanitarios españoles



Si algo me ha quedado claro sobre la falsa crisis del ébola en España es la falta de preparación del personal sanitario y de los periodistas que han tratado el tema. También ha dejado en evidencia la ineptitud de los políticos a la hora de comunicar las malas noticias, aunque  esto último ya no debería sorprendernos.

El personal sanitario debe (está obligado a) saber, saber hacer y actuar responsablemente.

Todo trabajador de un hospital debe tener nociones más que básicas sobre las enfermedades infecciosas, sobre los tratamientos, precauciones, etc. La estructura jerárquica de los hospitales no les exime de sus responsabilidades. Las auxiliares no son enfermeras ni son médicos; no se les pide que sepan de tratamientos o diagnósticos, pero sí de precauciones y modos de transmisión de enfermedades. Hay que saber para cuidar al paciente, limpiar un quirófano o desinfectar el material clínico.  Las personas que se dedican a la salud deben estudiar, es su obligación. Por su cuenta o por cuenta de la Administración, en las universidades, en escuelas o academias; el sistema público (o privado) de salud no debe contratar a nadie que no demuestre saber estas cosas y si lo hace debe también enseñar por medio de cursos. Pero la responsabilidad moral es del trabajador.

Además de saber tienen que saber hacer, es decir, saber aplicar los protocolos, incluso si no los hay crearlos. Y por último deben ser diligentes: son responsables de la vida de los pacientes y de la suya propia (por este orden) y deben responder adecuadamente a lo que les mandan, meticulosa y responsablemente. 

En este asunto salen a relucir cosas terribles, como que nadie iba a los cursos, o que muchos se negaron a tratar con el padre Pajares. O que actualmente algunos de los compañeros de Teresa prefieren renunciar a la plaza antes que formar parte del equipo... 

Muchos periodistas y otros que no lo son, han difundido dos tipos líneas editoriales muy peligrosas: 

1. Convertir un caso de contagio en una pandemia mundial (a mi me han llegado mensajes sobre cuarentenas masivas en los hospitales de Madrid, con avisos de cierres de colegios y universidades, etc.) 2. Exculpar del todo a los santos trabajadores y culpar en su lugar a los políticos

En fin. La información adecuada debe centrarse en los datos, los hechos y si los valora será para mostrar el error y mover a la precaución futura, es decir, hacer que las personas sean responsables en su trabajo. En todo caso hay UN caso de ébola contagiado en España, un caso que es muy probable que se cure y que se acabe con él el problema. Quién cometió el fallo no se sabrá, quién lo convirtió en un caso aislado y acabó con él es claro: las autoridades sanitarias (que dicho sea de paso es su obligación, para eso les pagamos).

En todo caso creo que hay que recuperar la responsabilidad individual como primera causa de las catástrofes, es decir, que cada uno cuide de sí mismo y que dejen todos de mirar a papá Estado constantemente. 

Ni el Estado ni la empresa son responsables de "dejarte" hacer barbaridades. Por ejemplo, si hay un cartel que dice "póngase el casco", "no crucen las vías", "peligro de electrocución" o "cuidado con el perro" y uno cruza, no se pone el casco, toca un cable de alta tensión o salta una valla... es problema del agente, aunque la tendencia sea a exculpar a la víctima... la cosa está clara desde el punto de vista moral.

Eso sí, cuando hay accidentes, el infantilizado trabajador llama a papá Estado. Y Papá Estado cariñosamente y le cura y despliega todos los medios para "salvarle".

jueves, 9 de octubre de 2014

Los perros, perros son

Fotomontaje que circula por la red con un #DEPExcalibur

Todo profesional sanitario debe saber qué es un ser humano y qué es un animal. Debe saber distinguirlos y saber que por ser cosas distintas hay que tratarlos de distinta manera. Es decir, unas nociones de antropología y filosofía de la naturaleza que puedan fundamentar una ética.

Cualquier persona que se dedique a los enfermos tiene que saber bioética. Quizá no todos tengan que hacer el mejor Máster Universitario en Bioética de España, pero todos tienen que tener unas nociones de ética aplicada en las que incluyen –deben incluir- el valor de las personas y el de los animales. Y si no se lo enseñan tiene que aprenderlo por su cuenta.

Los animales, todos, desde la mosca que matamos o la vaca que nos comemos; desde la rata con la que investigamos, pasando por las bacterias… todos:  salvajes, mimados, comestibles, protegidos, perjudiciales, parásitos o preciosos, todos son animales y su ser no está completo sin el medio en el que viven. No puedo alargarme mucho más en esto, pero digamos que son parte de un todo mayor (y a veces ese todo es una familia o una persona la que hace de medio). 

Los seres humanos son, en cambio, fines en sí, como diría Kant y por lo tanto tienen un valor por lo que podrían hacer, proyectar, pensar, imaginar… en definitiva porque pueden crear relaciones con todo lo que hay (y no solo con su medio) y porque en este crear relaciones crean un mundo. Por eso (y por otras muchas cosas) los seres humanos somos importantes y dignos, todos.

En las carreras de medicina y enfermería deberían todos los alumnos aprender Antropología Filosófica. No es de recibo que las personas que van a cuidar de nosotros cuando enfermemos vayan a ser personas que no conocen el valor  el significado de cada vida humana.

Si hay una mínima posibilidad de salvar una vida humana debemos lanzar todos nuestros recursos por lograrlo, cada minuto de cada vida humana es un triunfo contra la nada, o puede llegar a serlo (otra cosa es que algunos se empeñen en vivir como animales). Por eso había que traer al misionero, porque quizá con buenos cuidados podría vivir algo más, y despedirse de sus hermanos.

Si hay que sacrificar a un perro, a una vaca, a un lince ibérico o a un delfín para salvar una sola vida humana se hace sin dilación, se procura que no sufran, pero se hace. Si hay una posibilidad entre mil de que un perro, una vaca, un lince ibérico o un delfín maten a una persona hay que hacer todo lo posible por evitarlo.

Quizá  hubiese alguna otra manera de tratar el asunto de un perro que ha convivido con una enferma de  ébola, pero lo seguro seguro es que los miles de manifiestos y apoyos en su favor solo mostraban la incapacidad de pensar adecuadamente. Un perro no puede ponerse en el lugar, ni puede ser culpable o inocente, ni puede descansar en paz una vez muerto. Era un perro. Y los perros, perros son. 

jueves, 5 de diciembre de 2013

La ciencia, la verdad, la manipulación

Fotografía tomada del excelente Blog "Los papeles de Don Cógito"



Una persona me preguntaba sobre la validez de mi discurso sobre Dios... pero en realidad no era una pregunta, era la etesia queja del materialismo decimonónico ambiente, que viene a la Universidad a negar todo discurso racional amparándose en que solo el discurso científico es racional y objetivo y -sin embargo- el discurso filosófico es pura opinión. Da la impresión de que igual lo que diga, de que estamos en un debate de La Tele, puesto que cualquier razón va a ser opuesta a otra razón sin afán de verdad, y todo pretende ser relativo. No hay forma de buscar la verdad -dicen- pero ellos tienen un elenco de verdades que guardan bajo la manga. 

Iba a hacer una entrada llena de textos de Popper (el mismo Popper que tanta gracia hacía a mis alumnos de Bachillerato), de Kuhn y de Lakatos; un discurso sobre la provisionalidad de los saberes científicos y el carácter fragmentario de las ciencias positivas, o sobre las limitaciones y los aciertos del método, etc. Pero me remito a los apuntes y a artículos pasados.

Todo lo que pueda decir sobre ello ya está ya escrito y no es bueno escribir sobre lo que ya se ha dicho. Nadie que haya pensado un poco sobre el tema, o que haya leído, lo discute. La ciencia del siglo XX abandonó la búsqueda de ideas absolutas y ya no queda ningún científico que crea que lo que hace es descubrir es la verdad. Los científicos saben que la realidad es más amplia que lo que ellos estudian y que es imposible controlar todas las variables, y suponiendo que en un sistema acotado se controlen absolutamente todas las posibilidades de cambio, siempre el conocimiento será relativo a los paradigmas y a las teorías generales. En todo caso, aunque fuese así, la ciencia sólo dice cómo funciona el mundo, y renunció a describirlo en tiempos de la revolución de la cuántica.

Si hubiese un científico hoy que pensase realmente que la verdad de la ciencia es absoluta e indiscutible, podría afirmar sin lugar a dudas que una persona con con la ὕϐρις inflada que no puede llegar muy lejos en ninguna disciplina. Simplemente porque si alguien que está realizando una actividad no se preocupa de estudiar las normas de esa actividad, en este caso la epistemología, no será nunca bueno en lo suyo. Ojo, que esto no es malo, no es malo que haya científicos sin pretensiones, lo malo es serlo y a la vez creerse un "científico" que conoce la verdad... y no ser más que un titulado de ciencias, repetidor de experimentos, a la orden de verdaderos científicos, que por definición son personas con la mente más abierta, humanistas, con amplitud de miras, etc. ¿Cómo va alguien a interrogar a la Naturaleza sin preguntarse cómo es, a dónde va, de qué va todo? ¿Cómo va un médico a curar a los pacientes adecuadamente sin saber antropología? ¿Cómo un economista no va a saber nada de la sociedad en la que negocia? ¿Cómo va alguien a dirigir un laboratorio o una investigación sin conocer nada de ética o de estética?

Es evidente que los científicos que quieran hacer algo deben estudiar la realidad y estar atentos a todo. Es evidente también que la ciencia no agota la realidad y que debe apoyarse en las ciencias del espíritu, como las ciencias del espíritu se apoyan en las ciencias positivas.  Y esto no es una opinión, es verdad. No admite discusión. 

Pero la ideología quiere hacer una guerra donde no puede haberla, simplemente porque sin filosofía la ciencia se vuelve contra el hombre, y sin ciencia la filosofía no le sirve a nadie, queda en las nubes. 

La ideología que denuncio puede verse en sus cuatro dimensiones:

1. Imponer por medio de las grandes productoras y editoriales unas verdades supuestamente científicas que se alejan mucho de la realidad de la ciencia actual (en especial en los orígenes)
2. Obligar a todos a tener una idea relativista en la metafísica, por un lado, y -por otro- en lo relativo a la filosofía práctica. 
3. Imponer una dictadura irracional sobre ciertos conceptos e ideas que funcionan como tabúes y han sido descritos eufemísticamente como lo "políticamente correcto", tales como las cuestiones de género, las cuestiones democráticas o el laicismo. 
4. Aceptar la espiritualidad exótica o exógena, por muy deficiente que sean, antes que la religión revelada, racional y liberadora de Occidente, de manera que lo religioso se equipara a las demencias de la Nueva Era y de la espiritualidad falsa.


Con estas cuatro dimensiones del fenómeno, todas prácticas, sin posibilidad de reflexión, el Mercado y el Estado se apoderan de nosotros y nos quedamos sin posibilidad de liberación. 

Frente a esta dictadura nos queda la filosofía, la religión y el arte. 

lunes, 11 de noviembre de 2013

La ciencia no niega a Dios

Artículo de Javier Igea publicado en El MUNDO el 08/11/2013

SIEMPRE me ha impresionado la seguridad con la que algunos ateos niegan la existencia de Dios. Sin embargo, he buscado en internet los argumentos más comunes para probar su no existencia y no los he encontrado. Es más, muchos ateos reconocen la dificultad de probar lo que se llama un «universal negativo», esto es, demostrar con certeza lógica que algo no exista. Cuando los debates llegan a este punto pasan al ya citado ataque a las religiones o a admitir que se puede ser moralmente bueno sin reconocer la existencia de Dios (por cierto, algo que me parece muy difícil viendo el panorama que nos rodea). Sólo he encontrado un argumento para probar que algo no pueda existir y es el de que su existencia llevase a contradicciones lógicas, como por ejemplo el famoso círculo cuadrado. Personalmente no me cuadra este argumento en las dos aplicaciones que se me ocurren, que son las de conjugar mi libertad con la omnisciencia divina o el problema del mal. Por ello me parecería más coherente que el ateo se declarase agnóstico antes que ateo.
Una de las contradicciones que se plantean es la imposibilidad de creer en Dios en la era de la ciencia. Como este tema me afecta personalmente porque soy sacerdote, esto es, hombre de fe en un Dios personal y que interviene en la historia, y además científico, doctor en astrofísica, el tema de las relaciones fe-ciencia me afecta por partida doble, y por eso me he decidido a escribir con la honradez del científico y del sacerdote que intenta vivir conforme a su fe. Me guía la primera frase latina atribuida a Aristóteles, y de la que se hace eco Cervantes en el Quijote. Soy amigo tanto de Platón y de Aristóteles como de Benedicto XVI o de Piergiorgio Odifreddi, pero soy más amigo de la verdad, que creo que existe y que es cognoscible, que está fuera de mí y que nunca abarcaré totalmente. Pero basta de introducciones y vayamos al grano.
Considero que existen al menos tres puntos de diálogo entre la neurociencia y la religión: la cuestión del alma y su relación con el cerebro, las experiencias religiosas ordinarias y las experiencias religiosas psicóticas. La primera cuestión, desde el punto de vista filosófico, es simple: alma y cuerpo (no cerebro) se relacionan como materia y forma mediante una unión substancial. Esta es la manera habitual de evitar el monismo materialista y el dualismo cartesiano salvando que en el hombre hay un componente espiritual que explica nuestra libertad y capacidad de conocimiento abstracto. Sin embargo, para que esto pueda ser aceptado es necesario que la materia (en este caso las neuronas, sus sinapsis u otras estructuras cerebrales) tengan propiedades que permitan una correlación alma-cuerpo. Una hipótesis sobre como este contacto puede darse es la propuesta por Beck y Eccles en 1994, quienes desarrollaron un modelo cuántico para un proceso de la exocitosis en las sinapsis cerebrales basándose en el efecto túnel de los electrones. Una física no determinista como es la cuántica posibilitaría la acción del «yo» en el cerebro. Para ser honestos hay que decir que este modelo no ha sido universalmente aceptado, pero la hipótesis es sugerente.
La neurociencia actual indaga otras líneas de investigación para explicar los fenómenos conscientes del hombre y busca sus mecanismos. En general saca como conclusión que la postura que se debe mantener es la de un monismo emergentista. La mente sería el resultado de la interacción de miles de millones de neuronas a través de sus sinapsis en el cerebro y del cerebro con otros órganos del cuerpo y con el mundo que nos rodea. Este sería, en resumen, el modo como el cerebro crea la mente o, en otras palabras, como la mente emerge del cerebro.
Yo sostengo que la opción por el monismo en base a unos datos científicos es una opción más filosófica que científica. El ánima es el principio que anima un cuerpo vivo, lo que distingue un ser inanimado de un ser animado. Por ello, ánima es lo que hace que exista vida. Y también el ánima es lo que da forma a la materia, esto es su in-formación. Por ello, no es incompatible conocer los mecanismos con los que se maneja la información en el cerebro y los mecanismos de la vida humana y creer en el alma tal como se concibe en la filosofía aristotélica: por medio de la causalidad formal. Es más, no me terminan de convencer las propuestas monistas para explicar el más sagrado de los elementos del hombre: su libertad. Por todo esto no veo ninguna incompatibilidad entre la neurociencia y la existencia de Dios.
Otro punto que la neurociencia analiza es el de los mecanismos cerebrales que explicarían las experiencias religiosas. Se han hecho experimentos para ver qué zonas del cerebro están activas en los momentos de meditación en los que dicen experimentar la presencia de Dios. Se han descubierto dichas zonas e incluso se formulan teorías evolutivas del cerebro que explican el origen de la religión en base a estos descubrimientos. Algunos incluso llegan a decir que si se suprimieran estas áreas cerebrales desaparecería la fe en Dios. Sin embargo, se puede argumentar que relacionar la fe en Dios con la existencia de estas áreas es lo mismo que decir que los olores se deben a que existe la nariz. ¡Amputemos la nariz y desaparecerán los olores! Aun cuando es cierto que durante la oración pueden activarse determinadas áreas del cerebro, la existencia de Dios no depende de que uno lo llegue a experimentar por medio de lo que los creyentes llamamos la experiencia mística. Ésta es subjetiva, mientras que Dios es para el creyente un ser objetivo independiente de él, y del que tiene serias razones metafísicas para admitir su existencia. Pero basta con esto en lo referido a la neurociencia.
El filósofo Piergiorgio Odifreddi nos argumentaba a favor del ateísmo poniendo como prueba que sólo un 7% de los científicos de altura creen en Dios. Este porcentaje tan pequeño me recuerda al número tan pequeño de sabios que creían en la Edad Media que la Tierra era redonda; era bajo el porcentaje, pero tenían razón. Y uno de los que lo sostuvo fue San Alberto Magno. Encuentro que lo más peculiar de la negación de Dios desde la matemática es la rotundidad de la misma. Yo no me atrevería a tanto. Sostengo que ni la física ni la matemática pueden afirmar o negar la existencia de Dios por una razón muy simple: el teorema de Gödel que limita la posibilidad de hacer afirmaciones absolutas. John Barrow lo expone de la siguiente manera: si se define una religión como un sistema de pensamiento que requiere una creencia en unas verdades que no se pueden probar, entonces la matemática es la única religión que puede probar que es una religión. Y la física también tiene limitada la posibilidad de hacer afirmaciones porque se basa en la matemática, aunque según algunos es posible que se den las condiciones para que no se le apliquen a la física las limitaciones impuestas por el teorema de Gödel.
PERO VOLVIENDO a Odifreddi, no veo coherente su afirmación de que existen solo logoi en matemáticas; es cierto que la matemática contiene logoi, pero la existencia de estos logoi lleva a la existencia de un único logos, que él reconoce; las razones que él expone para llamarlo Dios vienen más bien de no creer en el misterio de la Encarnación o en la historicidad de Jesucristo. Con razón el papa Benedicto XVI le dice que si el logos es racional y existe, teniendo en cuenta las limitaciones de la teología apofática y la analogía para hablar de Dios, podemos afirmar la existencia del Logos con mayúscula que los creyentes llamamos Dios. Por ello, el ateísmo de Odifreddi es más bien un rechazo del cristianismo que una negación de la existencia de Dios, pero el análisis de la coherencia de su rechazo del cristianismo no es el objeto de este artículo.
Pero no todos los matemáticos han sido ateos. Gödel fue un hombre de fe, conocedor de la filosofía de Leibniz. Esto le distinguió de Einstein, conocido seguidor de Spinoza. El planteamiento religioso de Einstein se puede resumir en su siguiente afirmación, que leída con atención no afirma la existencia de un Dios personal: todo aquel que está seriamente comprometido con el cultivo de la ciencia, llega a convencerse de que en todas las leyes del universo está manifiesto un espíritu infinitamente superior al hombre, y ante el cual, nosotros con nuestros poderes debemos sentirnos humildes. Gödel fue más lejos. Estudió el argumento ontológico incluyendo las modificaciones de Leibniz. Una revisión de la literatura sobre el tema indica un creciente interés en el argumento ontológico por parte de lógicos y filósofos.
En conclusión, la negación de Dios se hace muchas veces a la ligera. La fe en Dios tampoco es fácil para quien quiere tomársela en serio. El creyente tiene en la fe un tesoro que, por desgracia, no siempre vive. Pero también desde la fe el creyente aprende a ver a todos con los ojos del Dios en que cree, y asume las palabras que el libro de la sabiduría predica de Dios: «Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado» (Sab 11,23).
Javier Igea es sacerdote y doctor en Astrofísica por la Universidad de Nueva York.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Persecución


A la vida nacemos, como quien dice, desnudos; y todo lo que tenemos lo perdemos al morir. Esto, que parece misticismo del barato, es simplemente la constatación de un hecho que no parece ser evidente a todos. Y por eso lo resalto porque no me deja de sorprender el miedo que tienen algunos a quedarse "sin nada".

He conocido a muchas personas qué están en contante alerta ante lo que pueda pasar. Y creen que esa alerta les hace profesionales, listos o sabe Dios qué. Creo que era Degrell (¿o era Nietzsche?) quien decía que "ese miedo" nos hacía "muy personales". Pero no es cierto. Como todos los miedos, cumplida su función biológica, es ridículo, afea el espíritu y genera pena al que lo percibe desde fuera.

El miedo a perder lo que se tiene es un miedo infantil que genera una serie de mecanismos de defensa muy feos de ver y muy difíciles de sufrir: 


1. La vanagloria. El miedoso no deja de encumbrarse para lograr cierto halo de grandeza. Y hay quien le cree. su espejo y sus iguales.
2. La Insinceridad. El que tiene miedo miente siempre, incluso cuando dice la verdad no la dice sinceramente.
3. El ansia de medrar a toda costa. Uno de los peores defectos que pueden asolar a un espíritu humano viene de este estar alerta. Incluso llegan a casarse para medrar, y quieren a toda costa medallas y distintivos, para parecer, de algún modo seres de arriba, celestiales.
4. La displicencia con quienes no se consideran ni escalones en su ascenso.
5. La soledad. En compañía. Son especialistas (¡y mira que es difícil!) en no ver al que tienen delante, si éste no es considerado un pedestal o un escalón. Saben de sobra mirar la hora y disimuladamente escapar a la mirada.
6. La persecución al que pueda hacerle algún daño.
La Etc.
Lo peor es que el resultado suele ser exitoso, salvo en caso de crisis.

Porque en caso de crisis es al contrario: quien se ha creado lazos por encima de los intereses es quien supera la prueba, quien puede salir. Pero quien se ha dedicado a tenerlo todo controlado cae, cae y  cae.

Y según va para abajo más extraño se siente.

Bienvenida la crisis que devuelve las cosas a su sitio.
 

jueves, 23 de agosto de 2012

Los bononos universitarios de Israel

 
Investigadores de la universidad de Haifa (?) en Israel "descubren" que los bononos "fabrican" "herramientas" COMO los primeros humanos.
 
1. Los animales hacen cosas como los humanos. Respiran, comen, duermen. Pero no hacen herramientas como los humanos.
2. Hacer una herramienta presupone la existencia de un mundo exterior distinto a sí mismos, cosa que no tienen los bononos.
3. Ese mundo interior de los animales en general obliga a vivir por mero cálculo de acuerdo con unas reglas prefijadas.
4. Una piedra no es una heramienta en manos de un animal. Una i-phone en manos de un animal es una piedra.
5. Una herramienta es la extensión de la mano, y la mano es la extensión del yo. Si no hay yo no hay ni mano ni herramienta. hay (mero) mundo, pero no realidad. 
6. Esto quiere decir que el animal no vien en la realidad, y por lo tanto no es un yo que vive en la realidad sino un ser estimúlico, que es capaz de relacionar muchísimas líneas de información estimúlica, pero ni una realista.
 
Los humanos no estaban en jaulas, sujetos a la investigación, no aprendieron, poco a poco lo que los investigadores querían, no aprendieron cómo el investigador se emocionaba ante el golpeo de una piedra ni sabían que todo lo que había estaba ahí para ser utilizado.
 
Algo suena a amarillismo científico: Universidad de Haifa, vídeo cutrillo enviado a la prensa, una sola observación, un "experimento" no repetible...