miércoles, 14 de marzo de 2012

"Discurso a los universitarios españoles", de López Ibor

Recomiendo, y digitalizaré en breve, este libro de Juan José López Ibor sobre la universidad española



“La idea de este profesional arrancado a la Universidad, no es más que el deseo de un profesional sin cultura, aunque embebido de ciencia y de técnica. En el fondo, es una traducción de la idea luterana de profesión, que jamás encajó en nuestro modo de ser (…) En lugar de una Facultad de Cultura, es preciso hablar de una Cultura en las Facultades. Es necesario que la renovación de la ciencia moderna, que su ampliación de perspectivas llegue al más olvidado recoveco y no quede grieta alguna que rellenar”.
López Ibor, J.J.: Discurso a los universitarios españoles, Rialp, Madrid 1960, pp. 65-66.

martes, 13 de marzo de 2012

Investigar en filosofía, artículo de Nubiola en su blog

REPRODUZCO AQUÍ, POR SU INTERÉS, EL ARTÍCULO DEL PROF. DR. D. JAIME NUBIOLA, PUBLICADO EN SU BLOG: FILOSOFÍA PARA EL SIGLO XXI EL 07/09/2011 Y ESCRITO EN BUENOS AIRES EL 29/08/2011.

Durante casi 20 años he venido dando cursos de metodología de la investigación en filosofía, centrados en particular en cómo hacer una tesis doctoral. Publiqué un libro titulado El taller de la filosofía. Una introducción a la escritura filosófica, que está en su quinta edición, y llevo ocho años al frente de una de las mejores revistas de filosofía en lengua castellana: Anuario Filosófico. Me parece que estos datos personales pueden servir para contextualizar mi reflexión, pues durante todos estos años entendí que investigar en filosofía consistía básicamente en escribir, esto es, en publicar. Para quien desee hacer carrera académica —repetía yo a mis estudiantes con el lema norteamericano— no hay otra alternativa: to publish or to perish!

En un reciente viaje a Argentina han coincidido tres factores que me han llevado a cuestionar a fondo esta convicción tantas veces enseñada. Por una parte, la lectura del libro de Jordi Llovet Adeu a la Universitat en el que hace un balance muy negativo de lo que pasa por “investigación” en las humanidades; por otra, impartí un curso de metodología a un nutrido grupo de alumnos de un programa Máster que no tenían el menor interés en la investigación en filosofía, sino solo en hacer un trabajo de fin de Máster que resultara digno y les sirviera para completar el programa y obtener la correspondiente titulación. El tercer elemento fueron las conversaciones con doctorandos y colegas en las que —como suelo hacer siempre— les invitaba a pensar, a acercar su pensamiento a su vida, a intentar articular inteligentemente la erudición y la creatividad, a integrar la dilucidación histórica con los problemas que acucian hoy a nuestra sociedad. Siempre he pensado que esta es la manera responsable de hacer filosofía.

En un mundo como el nuestro en el que la vida de tantas personas y organizaciones se encuentra —casi siempre— alejada del examen inteligente de uno mismo y de lo que acontece en la sociedad, una filosofía que se aparte de los genuinos problemas humanos —tal como ha hecho buena parte de la filosofía moderna— me parece un lujo que no podemos permitirnos. Cuántas veces habré citado la afirmación de Husserl de que quienes nos dedicamos a cultivar el pensamiento somos los “funcionarios de la humanidad”: tenemos como misión propia el mantener vivos la libertad de espíritu, el afán por la justicia y la paz, el cultivo de las ansias de comprender que albergan los corazones humanos. Me gusta recordar las palabras finales de la famosa conferencia de Husserl en Viena el 10 de mayo de 1935, “la crisis de la existencia europea sólo tiene dos salidas: la decadencia de Europa, alienada de su propio sentido racional de la vida, [con la consiguiente] caída en el odio del espíritu y la barbarie, o el renacimiento de Europa desde el espíritu de la filosofía mediante un heroísmo de la razón que supere definitivamente el naturalismo”[1].
Han pasado 75 años desde aquellas memorables palabras. Europa atravesó la penosa experiencia de una terrible nueva guerra mundial y el horror del Holocausto. Sin embargo, son bastantes los elementos que llevan a pensar que la avanzada sociedad occidental sigue hoy en aquella peligrosa situación, caracterizada por una radical desconfianza hacia la razón libre, el pensamiento independiente y, por supuesto, el desprecio hacia las humanidades en general. Esto se traduce en multitud de elementos que afectan a la educación en todos sus niveles: desde la eliminación en los sistemas educativos de aquello que John Henry Newman llamó la liberal education hasta el predominio de las “habilidades” y “competencias” utilitaristas y prácticas en lugar de la lectura, el estudio y la reflexión que siempre caracterizaron a los verdaderamente sabios. Muchas veces pienso que quienes hoy en día cultivamos las humanidades nos asemejamos cada vez más a los monjes del medievo rodeados de una barbarie agresiva que ignora casi por completo la cultura, tal como preconizan tantas novelas de ciencia-ficción.

Todo esto viene a cuento de la pregunta sobre qué es hoy —y qué debería ser— investigar en filosofía y, por tanto, qué debo enseñar cuando enseño a investigar. Sin duda, una parte de la reflexión filosófica ha sido siempre la erudición histórica, esto es, la comprensión de por qué tal pensador afirmó una determinada tesis en un contexto concreto. Por poner un ejemplo cercano, he dedicado mis últimos años —con financiación pública y privada— al estudio de la correspondencia europea del filósofo y científico norteamericano Charles S. Peirce durante sus viajes por Europa que —pensamos mi grupo y yo— transforma en buena medida la imagen recibida de este autor y permite comprender mejor el valor de su pensamiento para la superación del naturalismo cientista dominante. Sin embargo, me parece a mí que la mayor parte de las investigaciones eruditas —incluidos los artículos que se publican en numerosas revistas de filosofía— solo interesan a sus propios autores que buscan con esas publicaciones su legítima promoción profesional, la obtención de una plaza, su acreditación o los llamados “sexenios de investigación”, esto es, un complemento retributivo.

Aun en estos casos, si la investigación se hace bien puede decirse que amplía nuestro conocimiento, pues acumula nuevos datos y nuevas interpretaciones, que quizás en un futuro puedan servir a otros para cambiar por completo la comprensión de ese campo. Esta es la tradición de investigación en humanidades, la scholarship, que consiste en el estudio de unos autores, en el aprendizaje de unas técnicas y estilos de investigación, en la exploración de unos problemas tradicionales. En mi curso de metodología suelo leer el severo juicio de George Steiner en Presencias reales: en humanidades “la noción misma de investigación está viciada por el postulado a todas luces falso según el cual decenas de miles de jóvenes tendrán algo nuevo y acertado que decir sobre Shakespeare, Keats o Flaubert. De hecho, el grueso de la «investigación» doctoral y posdoctoral en literatura y las publicaciones engendradas por ella no constituyen otra cosa más que un gris marasmo. (…) En todas las áreas menos la estrictamente filológico-histórica, la fabricación de «investigación» humanística es precisamente eso, fabricación. Las ilusiones resultantes en la Academia son calamitosas”[2].
Yo no soy tan pesimista, pero estoy persuadido de que la erudición sola no basta. Con los conocidos versos de T. S. Eliot: “Where is the wisdom we have lost in knowledge? / Where is the knowledge we have lost in information?” Hoy en día a los filósofos se nos piden “resultados de investigación” y los resultados son publicaciones en revistas acreditadas internacionalmente, si es posible, que tengan una evaluación de su impacto, esto es, del número de citas posteriores que reciben de otros colegas. ¿Tiene sentido esta asimilación del pensamiento filosófico a las pautas cuantitativistas que rigen las subvenciones en el ámbito de la medicina o la química? Y, más radicalmente, ¿es eso investigación? ¿Investigamos para aprender o para descubrir algo nuevo? Investigar lo ya conocido equivale simplemente a estudiar.

En puridad, la investigación ha de ser la respuesta novedosa e inteligente, individual o colectiva, a los problemas que nos acucian. Pero, ¿hay problemas filosóficos que acucien a nuestra sociedad? Más aún, ¿qué es un problema filosófico? Y ¿tienen esos problemas alguna característica que los haga filosóficos? Estas preguntas traen a mi memoria aquello que decía Hilary Putnam en una entrevista en 1992[3]:

“Quizá lo más importante que trato de defender sea la idea de que los aspectos teóricos y prácticos de la filosofía dependen unos de otros. Dewey escribió en Reconstruction in Philosophy que ‘la filosofía se recupera a sí misma cuando cesa de ser un recurso para ocuparse de los problemas de los filósofos y se convierte en un método, cultivado por filósofos, para ocuparse de los problemas de los hombres’. Pienso que los problemas de los filósofos y los problemas de los hombres y las mujeres reales están conectados, y que es parte de la tarea de una filosofía responsable extraer esa conexión”.

Por supuesto, pienso yo lo mismo. A Hilary Putnam le gusta recordar también que para John Dewey la filosofía es básicamente “education for grown-ups“, esto es, educación para gente adulta.
Algunos de mis colegas dicen que basta con que los filósofos despertemos a los demás ciudadanos, invitándoles a reflexionar, pero a mí eso no me es suficiente. Pienso que debemos enseñar la cuestión decisiva que es siempre la de cómo vivir. Hablando hace unos días con unos queridos colegas chilenos me hacían ver que la asombrosa especialización de la filosofía —como la de tantos otros saberes— es probablemente una de las causas de la transformación de buena parte de la investigación filosófica en erudición, pero también que un buen filósofo de estirpe socrática ha de sentirse vocacionalmente llamado a velar por la ciudad —como el tábano sobre el caballo— para que no se amodorre. Hoy en día se hará esto a través de la prensa, la televisión, un blog en internet. Habrá, por tanto, que escribir artículos superespecializados en revistas de alta consideración académica y a la vez empeñarse por estar en los medios de comunicación respondiendo lo mejor que podamos a las inquietudes de nuestros conciudadanos.

Pero, ¿es esto suficiente? Esto puede parecer más bien solo un parche o un remiendo. No puedo quitar de mi cabeza la tesis XI sobre Feuerbach: “Los filósofos hasta el momento no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata ahora es de transformarlo”. Estoy persuadido de que hay que pensar y encontrar nuevas maneras de hacerlo —o al menos intentarlo— en este mundo global: en todo caso, no basta con escribir libros que vayan a leer unos pocos.

Siempre sueño con que entre mis alumnos, doctorandos o lectores en general se encuentren aquellas personas jóvenes, inteligentes y con el corazón grande, capaces de llevar a cabo esa formidable y magnífica tarea.

Buenos Aires, 29 agosto 2011



[1] E. Husserl, “La crisis de la humanidad europea y la filosofía”, en La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental. Una introducción a la filosofía fenomenológica, Crítica, Barcelona, 1991, p. 358.
[2] G. Steiner, Presencias reales, Destino, Barcelona, 1991, pp. 50-53.
[3] J. Harlan, “Hilary Putnam, Acerca de la mente, el significado y la realidad“, Atlántida IV, pp. 77-83.
Recomendadísimo.
http://filosofiaparaelsigloxxi.wordpress.com/2011/09/07/investigar-en-filosofia/

Periódicos


Estoy leyendo dos libros. Uno sobre la caída del imperio romano, de esos historiadores del XIX que sólo citan fuentes latinas. Y otro de la edad media española.

No puede ser que haya tantas coincidencias entre estas épocas y la nuestra y que sea por casualidad. Sobre el paralelismo entre la caída de Roma y nuestra degeneración hay muchísimo escrito. No tanto sobre el paralelismo entre la Edad Media y nuestra época.

En la Edad Media se da el mismo esquema de auge-degeneración en las dos zonas que combatían en la península: en la zona mahometana tras la cruel dictadura de Almanzor (y su hijo Al Malik) todo lo construido se perdió en taifas (comunidades autónomas); y en el lado español desde la muerte de Alfonso VIII y hasta la llegada de los Reyes Católicos ocurrió otro tanto.

La explicación que da un árabe del siglo XI no anda mal: los pueblos del desierto son fuertes, cohesionados y morales. En el desierto prima la "moral de frontera", donde cualquier descuido es pagado con la muerte propia o la de toda la tribu. La libertad sólo se entiende si no pone a la tribu en peligro. 

Sin embargo en las cuidades hay conciencia de que haga uno lo que haga nunca pasa nada, el ejército nos cuida. La moral se relaja, la moneda y el vino corren... Y corre también el desprecio por lo que hace posible la vida regalada: por lo militar (que guarda al ciudadano), lo agrario (que le da de comer) y lo sagrado (que le eleva). Se pierde el hombre en lujos, y no digamos la mujer.

La corrupción de las almas hace que caiga la ciudad y entre el campo, la gente del desierto, hasta que éstos se vuelven ciudadanos y vuelta a empezar.

Sólo me pregunto qué pasa ahora que ya no hay gente del desierto ni campo ¿de dónde vendrá la regeneración?

viernes, 9 de marzo de 2012

Calidad y enseñanza pública

Servicios Públicos
Es imposible que nuestro sistema público de educación adquiera calidad, puesto que en el sistema de crisis moral que padecemos, la libertad responsable es condición necesaria para la calidad.

Sólo podría darse un sistema público de educación con calidad en caso de que los agentes sean libres, es decir, responsables, dueños de sí. Cuando esto se da la sociedad está cohesionada y se premia socialmente la conducta moralmente buena, el sacrificio, el esfuerzo, el dominio sobre las pasiones, etc. el sistema público adquiere calidad, y el privado puede perderla. Pero cuando -por el contrario- no hay cohesión social ni priman las conductas éticas el sistema público está destinado a fracasar y sólo el privado puede adquirir tintes de calidad.

La ley la podríamos enunciar así: la calidad de los servicios públicos es directamente proporcional a la cohesión social y la ética.

La razón de esta ley es muy simple: ningún sistema adquiere calidad por sí solo, necesita la voluntad para lograrlo. Si abandonamos un sistema a su suerte tiende al caos, pero si queremos que vaya bien, imprimimos fuerza en los sentidos oportunos hasta lograr que se enderece y alcance la calidad esperada.

Cuando fallan la cohesión social y la ética individual no hay quien imprima la dirección adecuada al sistema público, que nadie toma como suyo propio, y la responsabilidad se diluye entre los funcionarios, que apuntan a los políticos como responsables, que a su vez apuntan a sus partidos, que tienen necesidad de ganar unas elecciones, etc. Un sistema público donde no hay cohesión ni moral es un sistema de individualismo y corrupción. Y lo hemos visto en las empresas públicas, en los sindicatos, las cajas, la educación, etc. etc.

Por el contrario, cuando fallan la cohesión y la moral, el modelo liberal es el más adecuado, porque a los agentes les interesa que perdure el sistema y sólo puede perdurar si es bueno, para que compita, para que sea elegido, para que aparezca arriba y adquiera calidad, lo que equivale a poder subir el precio y a ganar más.

En las sociedades en crisis el modelo privado adquiere por su propia naturaleza calidad.

Hay una excepción a esta regla: cuando aún faltando la cohesión social y la moralidad un sistema privado es gobernado por ineptos, por políticos o por personas que tienen los interses personales lejos de la empresa.

Entonces funciona como un sistema público y va perdiendo calidad, primando los incrementos salariales de los directivos antes que la cuenta de resultados, primando el amiguismo antes que la competitividad, premiando al adulador, etc. Cuando esto ocurre el sistema privado se destruye a sí mismo si los accionistas o las personas que tienen intereses dentro de la empresa la abandonan a su suerte.

jueves, 8 de marzo de 2012

El profesor no es un trabajador

Contó el cardenal Rouco, en un encuentro con la comunidad universitaria, que unas monjas de Madrid se negaron en rotundo a tener Seguridad Social. Alegaban que ellas vivían de la caridad y que si algún día les faltase para vivir pues que ayunarían o morirían de hambre, pero que ellas vivían de la Providencia y no querían de ningún modo que les diesen una pensión como si fuesen trabajadoras.

Y es que es tan absurdo creer que las monjas son trabajadoras del rezo como que los profesores universitarios lo son de la clase.

Entiéndase bien, ser trabajador no es malo. Lo que es malo es creeer que todos tienen que serlo. El rey, por ejemplo, tampoco es trabajador, ni el Presidente del Gobierno. A los trabajadores se les da un dinero por hacer lo que saben hacer en un tiempo.

Todo el mundo sabe reinar, rezar o enseñar. La cosa está en que algunos, pocos, estamos llamados a hacer algunas cosas que no las hacemos por dinero. Y los que las hacemos, pese a estar en el espacio y el tiempo haciendo una labor y pese a que nos den un dinero a cambio, no somos trabajadores. Como los artistas ¿con qué dinero vas a pagar a un artista? ¿le vas a hacer fichar? ¿si está enfermo le sustituyes? Como las amas de casa. Como los jueces.

No. Un profesor no es un trabajador pese a que se le quiera reducir a tal. El profesor no tiene que tener un horario y unos derechos y deberes. Su horario: todo. Sus deberes: enseñar. Su derecho: a ser tratado como tal. No como trabajador, no como autoridad. Con respeto. Con veneración. Con benevolencia.

Cosas que da vergüenza pedir, o que cuando se piden ya está todo perdido.

Y pretenden que seamos "trabajadores" como los demás, que fichemos, que bajemos la cabeza ante la autoridad competente, que digamos en clase lo que los políticos quieren que digamos. Que formemos parte de la comunidad universitaria "como  colectivo más".

El profesor universitario tiene una jornada de 24 horas. Como el Rey, como los artistas, como las amas de casa. Tiene un compromiso inquebrantable con la verdad. No tiene jefes porque no es un trabajador, no forma parte de la comunidad universitaria porque él es la universidad. Los cargos en la Universidad los detentan profesores, no cualquiera.  Y son encargos, profesores encargados del papeleo, no jefes.

El profesor universitario tiene que "responder a las inquietudes últimas y fundamentales de los alumnos", y esto no está en un contrato. Tiene que velar por que en su clase se enseñe la ciencia conocida, aunque esto duela al poderoso o al gobernante. Por eso existe la libertad de cátedra y eso que antes de la ANECA se llamaba autonomía universitaria.

Como decía BXVI en EL Escorial:

El profesor universitario tiene "el honor y la responsabilidad de transmitir ese ideal universitario (...) con ellos nos sentimos unidos a esa cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres. Y el modo de hacerlo no solo es enseñarlo, sino vivirlo, encarnarlo, como también el Logos se encarnó para poner su morada entre nosotros. En este sentido, los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad", etc.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Jornada Excelencia, Calidad e Innovación en Educación



Hoy he estado en las Jornadas de Executive Forum España sobre Excelencia, Calidad e Innovación en Educación, que ha llevado a los consejeros de educación de todas las Comunidades Autónomas y el Director General del Ministerio para contarnos qué están haciendo y lo bien que nos va a ir.

La verdad es que la impresión general que he sacado es que tenemos unos políticos muy bien preparados y muy competentes, que saben vender el bacalao antes de pescarlo.

Sólo les objetaría que no tienen ni idea de educación, ni saben qué hacer con el sistema educativo y que actúan por ocurrencias más o menos estructuradas y que nunca se han sentado y han diseñado un plan.

Pero no es porque no sepan hacerlo, que saben. Es simplemente porque no interesa. Porque la educación sólo interesa cuando al fallar estropea cualquier otra cosa (el mercado laboral, la competitividad, etc.).

Tras seis horas de discursos no se había hablado, por ejemplo, del modelo de persona que se busca; ni de la libertad de los profesores para enseñar; ni de cambiar el método pedagógico que ha generado tanto fracaso; ni de reorganizar un sistema educativo herencia de los dos colectivismos que han gobernado en España: el franquismo y el socialismo; ni de reorganizar todo el sistema hacia el profesor; ni de la carrera docente (bueno sí, un poco, en el turno de preguntas); ni de eliminar esa estupidez socialista de votar al director entre los profesores; ni de la profesionalización de la carrera directiva (otro poco, también al final); ni de las causas de despido o apartamiento de la docencia; ni de la libre elección de centro y de la libre elección de currículos por los centros...

Sólo se habló de ratios, de pizarras electrónicas, de portátiles y de formación del profesorado... y de si una iba a la cabeza por tener un 6% menos de fracaso escolar que la última, cuando fracasan uno de cada tres....

Ya tengo por seguro que la Educación en España no va a despegar en los próximos cinco años.

FOTOS del EVENTO

martes, 6 de marzo de 2012

Sexo, porno, sado y ajedrez: estamos locos


A mi me parece un síntoma de que algo falla cuando un blog dedicado a la educación tiene como primeras cadenas de búsqueda en esta semana estos términos del título.

Supongo que después de esta entrada aumantarán las visitas... 

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viernes, 2 de marzo de 2012

La biografía de Facebook


El tiempo pasa. Lo que dijimos hoy ya no tendrá el mismo significado mañana. Ayer pensaba esto de alguien, de algo... hoy pienso lo contrario o tengo un matiz nuevo. No todo tiempo es igual y cada tiempo tiene su tempo, su inteligencia, su proyección.

La coherencia es precisamente no en decir lo mismo desde los doce años hasta los ochenta (eso es el fanatismo), sino que la coherencia es tener distintas versiones, adaptadas, de la misma melodía.

Dependiendo de con quién estemos decimos cosas distintas. Con distintos matices, distintos registros lingüístcos. No todo el mundo es igual, no todo el mundo obtiene el mismo trato de nosotros. En todo caso no todo el mundo es etiquetable con una sola palabra.

La sinceridad está en saber decir la verdad a todos, pero no de igual forma, variando el discurso para que sea accesible.  De hecho el discurso escrito debe estar suficientemente meditado para que llegue a todo el mundo sin dobles interpretaciones. Por eso el discurso de las redes, aunque sea escrito es un lenguaje oral y como tal hay que tratarlo.

De hecho el discurso oral es el que funda las relaciones personales, que se desarrollan poco a poco. Conocer a una persona es ir adentrándose paulatinamente en los mundos que te cuenta ella, en sus ámbitos familiares, lúdicos, axiológicos... eso lleva su tiempo, su paciencia.

Hay que saber esto para estar en redes: que el mundo hay que dejarlo pasar y que no pueden nuestras palabras pasadas atarnos o descubrirnos de golpe.

Puedes liberarte de esta atadura por ejemplo en facebook borrando mes a mes lo escrito, las fotos que has subido, los "me gusta", dejando tu perfil, mes a mes limpio.

La única "biografía" que debes tener es la que tú puedes contar hoy, no la suma de lo que contabas en el pasado. Y tus conversaciones no pueden quedar ahí, a merced de todo el mundo. Un nuevo "amigo" de Facebook no debe tener acceso de golpe a toda la información que se ha generado en tu tiempo, de tus conversaciones fuera de contexto, sus fotos, tus compañeros del colegio, tu historia... eso es exhibicionismo. La dimensión temporal y relacional de la vida tiene su importancia... O dicho de otro modo: cambiamos tiempo de escucha por secretos.

Consejo gratis:

En Facebook: borra tus datos atrasados. Haz limpieza cada mes de todo.
No uses Twitter para expresar pensamientos arriesgados

lunes, 27 de febrero de 2012

El pequeño libro de las grandes decisiones

Este libro es una maravilla para cualquier profesión que consista en explicar cosas (o sea, para cualquier profesión).

Muy recomendable a pesar de ser un berst seller. Se llama El pequeño libro de las grandes decisiones, y es de Mikael Krogerus y Roman Tschäppeler. Publicado en formato inusual (que se agradece) por Alienta Editorial.

Público




Corporativismo, falsas condolencias y frases huecas sobre lo que apena la pérdida de cabeceras o que la libertad de expresión pierde, etc. etc.



Público a caído en papel, y repito, me alegro.



En su primer número como blog, nueva etapa, aparece en portada que los espías norteamericanos se ríen del pelo de Aznar, es significativa del "periodismo" que practica Público:



Los sindicatos en pie de guerra, declaraciones de Urdangarín, los Oscars, amenazas de Bildu a continuar con la lucha armada... y la gran noticia: "hemos tenido que cerrar por nuestra mala gestión".... no existen: sólo el pelo de Aznar.



Claro ejemplo de periodismo basura, de desprecio a la verdad, de periodismo vendido al gobernante, que ha vivido del dinero de la publicidad pública, de las subvenciones y de la mimética empresa-poder (esa especie de imanación que irradia el poder y hace a personajes como Botín acercarse con su dinero al centro del poder).



Y lo mejor de todo es ver cómo los trabajadores de público callan. Ni una protesta de sindicatos. EL comité calaldo. Cientos de progreperiodista que se quedan mudos ante la mala gestión de unos empresarios



Y, para reirse de ellos, y aparece un titular que dice "Solidaridad con los trabajadores de `Público´" ¿solidaridad por qué? ¿No han hecho ustedes mal al llevarles a la ruina? ¿No han convertido su periódico en un pamfleto?



Moraleja: el buen periodismo que se debe a la verdad no cae, cambiarán gobiernos y seguirá contando la verdad; el periodismo vendido tiene sus días contados.

viernes, 24 de febrero de 2012

Comprendiendo a los políticos 2


Interesante vídeo en el que aparece un político común en acción

Fíjense en tres elementos:

1. Lo que pasa por la mente de un político de "izquierdas". Es decir se cree eso de los dos modelos como única diferencia entre dos marcas (PP PSOE).

Da a entender que

a. El PP sube los impuestos y mantiene la ley del aborto apelando al miedo, a que si no lo hace las cosas irán peor. El miedo se debe a la desconfianza: "discurso del pasado".

b. El PSOE sube los impuestos y mantiene la ley del aborto apelando al progreso y diciendo que cree en la gente, tiene mirada positiva, etc.: "discurso del futuro"

2. No le importa dar su opinión política y sesgada (toda opinión política es sesgada) a niños en contexto escolar. Si esto lo hace de visita y con cámaras ¿qué no hará un socialista en su tatrea diaria en la educación? ¿por qué ninguno de los presentes dijo nada?

3. En la segunda parte del vídeo se ve que la mentira no es más que una herramienta política, lo único que tiene de malo es que te pueden coger, entonces se utilizan otras herramientas políticas (el insulto, el despiste, etc.)

jueves, 23 de febrero de 2012

Los neutrinos a su sitio

Neutrino

Páginas y páginas, especulaciones.

Todos supimos del CERN, de lo que era un neutrino, de la velocidad de la luz... y algunos, solo algunos decíamos que no, que era un error, que no podía ser.

Llegó a ser una cosa de progresía aceptar que "algo" pasase la velocidad de la luz.

Y ahora viene el desmentido. Y el desmentido pasa desapercibido, como un neutrino.

martes, 21 de febrero de 2012

La Falacia de la victima

En imagen un idiota muestra los efectos de la Educación de la ciudadanía
X va por la calle y recibe una patada de un jovenzuelo.

X, indignado, sorprendido, se vuelve, pide explicaciones e insulta al agresor.

El agresor devuelve los insultos. 

La novia del agresor comienza a grabar con su teléfono móvil el suceso.

Al día siguiente en Público/El País:

"X agrede a un joven"

En ABC/El Mundo:

"Una discusión entre un joven y X"

El joven presenta una denuncia

El gobierno "estudiará" los sucedido

X debe pedir perdón por la "contundencia" de la respuesta

lunes, 20 de febrero de 2012

Calidad


He leído este fin de semana la biografía de Harold Geneen, el gran directivo de ITT.

He envidiado la claridad del mundo de la empresa: lo que importa es el beneficio y punto.

Cuando después de mucho pensar y mucha reunión pasa un mes y no hay beneficio algo malo pasa. Sí, es reduccionismo, reduccionismo científico, claro, que se carga todo lo humano y deja lo que es claro y distinto. Que no mira a nada de lo que no sea beneficio, etc. pero es claro. Sencillo de comprender. En un tiempo en el que los mensajes más sencillos no se entienden, éste sí. Si las teorías económicas no dan beneficio: a la basura. El liderazgo no es bueno si no da beneficios. Si el directivo no da beneficios debe cambiar de empresa.

Recordemos que Beneficio es hacer bien.  

Y esto lo digo porque en el mundo de las humanidades, la docencia, la filosofía, etc.  lo que está bien o está mal depende de tantos factores que no hay quién se entere. Por ejemplo: ¿qué es una buena educación? ¿Qué se entiende por calidad? ¿Qué es un buen profesor? ¿Qué es un buen artículo, una buena tesis, una buena monografía? ¿Hay algún "ranking" adecuado? Los informes e informes sobre calidad, las agencias ¿qué miden? Al principio unos factores aleatorios, cualidades que tienen los que todo el mundo sabe que son los mejores... después el segundo año (es que para hacer estadísticas se necesitan cinco) ya no mide nada porque los mediocres han concentrado su esfuerzo en parecer que tienen el efecto deseado.

El empeño por pasar por la estadística lo humano y convertirlo todo en ciencia es ya viejo, viene de esta envidia por el buen dato. Es admirable poder fiarse de datos concretos: cuando los datos te los cuenta una persona (facts from paper are not the same as facts from people. The reliability of the people giving you the facts is as important as the facts themselves), sí, sí no me líes con informes y números, cuéntame los números. No escondas en los informes los fracasos.

Es admirable la tranquilidad de ánimo que da saber quién y cuándo lo está haciendo bien, así, indiscutiblemente, de manera clara, sin posibilidades de falseo. Hechos, hechos, hechos.

martes, 14 de febrero de 2012

El autoplagio


No sé si se puede llamar plagio a plagiarse a uno la vida.

La cosa es que cayó en mi mano una novela de un tal Casas Ros que empecé a leer sin mirar el prólogo ni la introducción ni la biografía del autor. Era de Seix Barral, que suelen publicar bodrios sencillos, comerciales, facilones.

La historia iba de un estudiante de matemáticas que tiene un accidente de coche con el fatal resultado de que mata a su novia y él queda con al cara deforme para los restos. Que es hijo de madre francesa ("de al Cataluña francesa") y padre Italiano; de madre comunista y padre falangista....

Estaba sorprendido por las tonterías que decía sobre la filiación política de su supuesto padre (porque es tan malo, digo yo, ser en los años 40 fascista que comunista, es decir, que ambos mataron y torturaron todo lo que pudieron) y la gracia de su madre comunista, y por cómo trataba el engorroso asunto de sodomizar a un travestido (él lo cuenta con algo más de poesía).

Tenía curiosidad por saber qué clase de idiota podía escribir esas sandeces. Y leo:

El autor estudiaba matemáticas cuando tuvo un accidente de coche que le deformó la cara... su madre era de la Cataluña francesa, y su padre de Piamonte, lo que le hace moverse por distintas ciudades...

El libro fue a la basura y va a ser reciclado.

14 de febrero

Del blog de Nuria Chinchilla, que junto con su entrada del año pasado "San cobardín" lo borda.


viernes, 10 de febrero de 2012

Un mobbing al revés


Ciertamente el mobbing se da entre los miembros de un grupo contra una persona, pero ¿podría darse un mobbing al revés, es decir, que una sola persona hiciese mobbing a todo un grupo?

Conozco a una persona que lo hace y, sin embargo, cree que todo el mundo le persigue.

Y piensa que "todo el mundo" es peor persona que ella.

Y piensa que desde tiempo inmemorial le han ninguneado. Pero ella vale mucho.

A los que le dieron diez les criticaba porque debían haberle dado quince; y si alguno le dió quince le reclamaba treinta y dos.

Todos y cada uno de los miembros del equipo tuvieron a lo largo del tiempo algún choque, que callaron.

Y al final fue despedida.

¿Por qué?... porque como ella pensaba, efectivamente, nadie la quería tener cerca. Sus sospechas, falsas, se confirmaron.