lunes, 24 de febrero de 2014

Un texto de Nietzsche sobre Heráclito



Texto de Nietzsche Sobre Heráclito (materiales para el curso de filosofía de los martes de Universidad 2015)

En medio de esta mística noche en cuya oscuridad había envuelto Anaximandro el problema del devenir, aparece Heráclito de Éfeso y lo ilumina con un relámpago de luz. “Contemplo el devenir-exclama-, y nadie ha puesto más atención que yo en este eterno flujo y ritmo de las cosas. Y ¿qué veo? Regularidades, seguridades indefectibles, siempre las mismas vías de derecho, tras todas las transgresiones de este tribunal de las Erinias; el mundo en su totalidad, escenario de la justicia distributiva, y, las fuerzas naturales demoníacas, en todas partes a su servicio. Lo que contemplo no es el castigo de las criaturas, sino la justificación del devenir. ¿Cuándo se ha manifestado el crimen, la caída, en formas indestructibles, en leyes tenidas por sagradas? Donde la injusticia reina, allí vemos la arbitrariedad, el desorden, el desenfreno, la contradicción-, pero, en cambio, allí donde imperan la ley y Dike, la hija de Zeus, como en este mundo, ¿cómo hemos de ver la esfera de la culpa, de la expiación, del castigo y, por decirlo así, la prisión?”

De esta intuición Heráclito extrae dos negaciones armónicas, que sólo se esclarecen por la comparación de los principios de su predecesor. Primeramente, niega la existencia de dos mundos completamente distintos, idea a la cual se había visto lanzado Anaximandro; no hace ya la distinción entre un mundo físico y un mundo metafísico, entre un reino de determinaciones distintas y un reino de indeterminación e indefinición. Pero ahora, una vez dado este paso, no puede detenerse ante más negaciones atrevidas; niega rotundamente el ser. Pues en ese mundo que él contempla -protegido por leyes eternas no escritas, en constante flujo rítmico- no descubre por ninguna parte nada que persevere en el ser, nada que esté exento de destrucción, ningún valladar en la corriente. Con más energía que Anaximandro, exclama Heráclito: “No veo más que devenir. ¡No os dejéis engañar! Vuestra miopía, y no la esencia de las cosas, es lo que os hace ver tierra firme en ese mar del devenir y del fenecer. Ponéis nombres a las cosas como si éstas subsistieran, pero no os podéis bañar dos veces en el mismo río.”

Heráclito poseía como un patrimonio real la fuerza suprema de su representación intuitiva-, mientras que ante las demás formas de representación, como los conceptos y combinaciones lógicas, permanecía frío, insensible y casi hostil cuando estaban en contradicción con una verdad adquirida intuitivamente; y esto lo expresa en frases como aquella de “Todo contiene, al mismo tiempo, en sí su contrario”, con tal franqueza, que Aristóteles lo emplaza ante el tribunal de la razón como culpable del delito más atroz, del delito contra el principio de contradicción. Pero la representación intuitiva comprende dos cosas: por una parte, el mundo presente multiforme y cambiante que se nos da en toda experiencia, luego, las condiciones únicas que hacen posible cualquier experiencia de dicho mundo: el tiempo y el espacio. Pues éstas, aun cuando no tengan contenido alguno, pueden ser percibidas puramente en sí mismas, independientemente de toda experiencia, y, por lo tanto, pueden ser contempladas. Así, cuando Heráclito considera de este modo el tiempo, independientemente de toda experiencia, encuentra en él un monograma, el más instructivo de todos los monogramas imaginables, de todo aquello que cae bajo el dominio de la representación intuitiva. Y su mismo concepto del tiempo es, el que Schopenhauer formula cuando dice reiteradamente que “en el tiempo cada instante sólo es, en cuanto mata al anterior, su padre, para inmediatamente ser el igualmente muerto por el siguiente; el pasado y el futuro no son más que un sueño, y el presente, por su parte, es el límite inextenso e inconsciente entre ambos; pero tanto el tiempo como el espacio y, como ellos dos, todo lo que esta contenido en el tiempo y en el espacio, no tienen más que un ser relativo, un ser que es sólo por otro y para otro semejante a él, es decir, que tiene también este mismo ser relativo. Esta es una verdad de máxima evidencia inmediata, comprensible para cualquiera intuitivamente, pero, precisamente debido a ello, muy difícil de concebir racional v conceptualmente. El que la tiene a la vista debe llegar a las consecuencias a que llegaba Heráclito y decir que la esencia entera de la realidad es el obrar, y que para ella no puede haber otra clase de ser; como ha expuesto igualmente Schopenhauer (“El Mundo como Voluntad y como Representación”, t. I, lib. I, párr. 4): “Sólo por la acción llena el espacio y el tiempo; su acción sobre el objeto inmediato condiciona la intuición, en la cual sólo existe; la serie de acciones de un objeto sobre otro únicamente es conocida en cuanto el último obra de otro modo que antes sobre el objeto inmediato; sólo en eso consiste. La causa y el efecto constituyen por consiguiente, la esencia de la materia: su ser es su obrar. Por esto es tan precisa la palabra que llama realidad (Wirklichkeit) a todo lo material, palabra mucho más expresiva que “realidad”. Aquello por lo que actúa es siempre materia; todo su ser y toda su esencia consiste solo en el cambio regular por el cual “una” parte de la materia sustituye a la otra, y es, por ende, relativo, según una relación válida solamente dentro de sus límites, es decir, como el tiempo, como el espacio.”

El devenir único y eterno, la radical inconsistencia de todo lo real, como enseñaba Heráclito, es una idea terrible y, perturbadora, emparentada inmediatamente en sus efectos con la sensación que experimentaría un hombre durante un temblor de tierra: la desconfianza en la firmeza del suelo. Es necesaria una fuerza prodigiosa para convertir esta sensación en su opuesta, en el entusiasmo sublime y beatificador. Y, sin embargo, esto lo consiguió Heráclito por una observación hecha sobre la procedencia efectiva de todo devenir y de todo perecer, que comprendió bajo la forma de polaridad, o sea, como desdoblamiento de una fuerza en dos actividades cualitativamente diferentes, opuestas y tendientes a su conciliación o reunión. Permanentemente una cualidad se divorcia de sí misma y se constituye en cualidad opuesta; permanentemente estas dos cualidades contrarias se esfuerzan por unirse otra vez. El vulgo cree, en efecto, conocer algo sólido, acabado, permanente; pero, en realidad, lo que hay en cada momento es luz y tinieblas, amargura y dulzura juntamente, como dos combatientes cada uno de los cuales obtuviese a su vez la supremacía. La miel es, según Heráclito, dulce y amarga a la vez, y el mundo mismo es un cráter que debe ser removido constantemente. De esta lucha de cualidades contrarias nace todo devenir: las cualidades determinadas, que a nosotros nos parecen permanentes, expresan sólo el instante de equilibrio de un combate: pero este equilibrio no pone fin a la lid, que dura eternamente. Todo acaece con arreglo a esta lucha, y precisamente esta lucha es la manifestación de la eterna justicia. Esta representación, emanada de la más pura fuente del helenismo y que considera la lucha como el constante imperio de una justicia unitaria, rigurosamente enlazada con leyes eternas, es maravillosa. Solamente un griego podía hallar esta idea y emplearla para cimentar con ella una cosmodicea. Es la buena Eris de Hesíodo, elevada a principio del mundo: es la idea que preside el combate de los griegos entre sí, de los Estados griegos, en el gimnasio, en la palestra, en los agonales artísticos, en las relaciones de los partidos y de las ciudades unas con otras, así sucesivamente hasta constituir la máquina del Cosmos. Así como lucha el griego, como si sólo él tuviera razón y se viese asistido de un criterio y como si un juez infaliblemente determinase en cada momento de qué parte se ha de inclinar la victoria, así luchan las ciudades unas con otras, según leyes indestructibles e inmanentes a esta lucha. Las cosas mismas en cuya permanencia y consistencia cree la estrecha cabeza del hombre y del animal, no tienen verdadera existencia: son los chispazos y relampagueos que lanzan las espadas que se cruzan, son el brillo de la victoria en la guerra de las cualidades contrarias.

Este combate característico de todo devenir, este cambio incesante de la victoria está descrito por Schopenhauer (“El Mundo como Voluntad y, como Representación”, t. 1, lib. 2, párrafo 27): “La materia, que es lo permanente, tiene que estar cambiando continuamente de forma en cuanto, siguiendo el hilo de la causalidad, los fenómenos mecánicos, físicos, químicos, orgánicos, luchan ávidamente por manifestarse, se disputan unos a otros la materia en la cual quiere manifestarse cada Idea. En todo el dominio de la Naturaleza percibimos esta lucha, y puede decirse que la Naturaleza no consiste en otra cosa.” Las páginas que siguen brindan la más notable ilustración de esta lucha, sólo que el tono fundamental de estas descripciones es otro siempre en Heráclito, en cuanto la lucha, para Schopenhauer, es una muestra del desdoblamiento de la voluntad de un consumirse a sí mismo de este oscuro y ciego instinto y, por tanto, un fenómeno espantoso, y en modo alguno venturoso. El campo de batalla y el objetivo de esta lucha es la materia, la cual se disputan las fuerzas naturales, como también el espacio y el tiempo, que, un unificados por la causalidad, constituyen la materia.

Mientras la imaginación de Heráclito contemplaba el Universo en perpetuo movimiento y la “realidad” con los ojos de un espectador complacido, viendo cómo luchaban alegremente los contrarios bajo el padrinazgo de un severo juez de campo, vislumbró un nuevo presentimiento de mayor categoría: ya no podía considerar a los combatientes separadamente del juez: los jueces mismos parecían mismos parecían combatir, los luchadores mismos parecían juzgar, y ante este espectáculo de una justicia eternamente imperante, se atrevió a exclamar: “¡La lucha de los muchos es la pura justicia!” Y, en general, lo uno es lo múltiple. Pues ¿qué son todas las cualidades por esencia? ¿Son dioses inmortales? ¿Son seres separados con acción propia desde el principio y sin fin? Y si el mundo que vemos únicamente conoce el devenir y el fenecer, sin permanencia alguna, ¿constituirán acaso aquellas cualidades un mundo metafísico de otra naturaleza y no existirá un mundo de unidad bajo el flotante velo de la pluralidad, como imaginaba Anaximandro, sino un mundo de eternas pluralidades esenciales? ¡Acaso llegó Heráclito, dando un rodeo, a concebir nuevamente, después de haberío negado vivo, un doble ordenamiento universal, con un Olimpo de numerosos dioses y espíritus inmortales -esto es, "muchas" realidades- y con un mundo humano que sólo ve las nubes de polvo de las luchas olímpicas y el brillo de las divinas espadas, es decir, sólo un devenir? Anaximandro se había refugiado, huyendo de las cualidades determinadas, en el seno de lo "indeterminado" metafísico; como éstas cambiaban y perecían, les había negado el verdadero ser- ¿no parecía, de acuerdo a esto, que el devenir no era más que la manifestación de las eternas cualidades? ¿no debíamos desconfiar de la debilidad del intelecto humano que habla de devenir cuando, en el fondo, no hay tal devenir, sino solamente la coexistencia de múltiples realidades inmutables e indestructibles?

Estos son subterfugios y errores antinheracliteos. Aún exclama de nuevo: “Lo uno es lo múltiple.” Las cualidades múltiples que percibimos no son ni eternas esencias ni fantasmas de nuestros sentidos ( como concibió Anaxágoras a las primeras y Parménides a los segundos), no son ni seres duraderos y consistentes ni sombras engañosas del cerebro. La tercera posibilidad única que quedaba para Heráclito nadie la hubiera alcanzado por procedimientos dialécticos y lógicos, pues lo que él halló aquí fue algo extraño, aún en el reino de las incredulidades místicas y de las metáforas cósmicas inesperadas: El mundo es el “recreo” de Zeus, o expresado físicamente, del fuego, que juega consigo mismo, y en este sentido, lo uno es a la vez lo múltiple. Ante todo, para explicar la introducción del fuego como fuerza plasmadora universal, recordaré aquí cómo había prolongado Anaximandro la teoría del agua como origen de todas las cosas. De acuerdo en lo esencial con Tales, y confirmando y acrecentando sus observaciones, Anaximandro no estaba convencido de que detrás del agua no hubiese cualidades nuevas, de que el agua fuese algo irreductible; sino que la humedad misma le parecía que estaba formada de frío y calor, y que, por ello, serían las cualidades originarlas del agua. Por su separación del seno primordial de “lo indeterminado”, empezaba el devenir. Heráclito, que como físico es inferior a Anaximandro, interpretaba este calor de Anaximandro como el aliento, la respiración cálida, la respiración ardiente, el vapor seco, en una palabra, como el fuego; de este fuego decía lo mismo que Tales y Anaximandro habían dicho del agua: que recorría en infinitas transformaciones la vía del devenir, sobre todo en sus tres estados principales de calor, humedad y solidez. Pues el agua se transforma en parte descendiendo a la tierra, en parte ascendiendo sobre el fuego, o como expresaba con más exactitud Heráclito, parecía subir de los mares como puro vapor que alimenta el fuego celeste de las estrellas de la tierra en forma de nubes y neblinas, de donde saca lo húmedo su sustento. Los vapores puros son la transformación de los mares en fuego; los impuros, la transformación de la tierra en agua. De este modo las dos vías de transformación del fuego, hacia arriba y hacia abajo, de ida y vuelta, corrían paralelamente, del fuego al agua, del agua a la tierra, de la tierra otra vez al agua y del agua al fuego. Mientras que Heráclito, en las dos ideas más importantes de esta concepción: que el fuego está alimentado de la evaporación y que del agua se separa en parte la tierra y en parte el fuego, se muestra discípulo de Anaximandro, es, por otra parte, independiente, y aún está en oposición con Anaximandro, en que separa lo frío del proceso físico, mientras que Anaximandro lo considera tan justificado como el calor, para hacer nacer de los dos lo húmedo. Hacer esto era realmente una necesidad para Heráclito, pues si todo era fuego, por mucho que se transformara, no podía llegar nunca a producir su opuesto; consiguientemente, lo que se llama frío sólo podía significar un grado de calor, interpretación que podía justificar con facilidad. Pero mucho más importante que esta discrepancia de la doctrina del maestro era una posterior concomitancia: creía, como aquél, en una destrucción del universo, repetida periódicamente, y en una nueva producción de otro mundo, acarreada por el incendio universal, destructor de todo lo existente. Los períodos en los cuales el mundo corría a aquel incendio y a su resolución en puro fuego fueron caracterizados por él de manera sumamente chocante como un apetecer y un necesitar, y la absorción completa en el fuego, como un saciarse; y no se nos ocurre inquirir como comprendía y definía el nuevo impulso que había de formar nuevamente el mundo, vaciándole en las formas de la multiplicidad. El proverbio griego es decisivo en este caso: “La saciedad engendra el delito” (“hybris”); y de hecho podemos preguntamos por un momento si Heráclito dedujo aquella vuelta a la pluralidad de la “hybris”. Examinemos seriamente esta Idea; a su luz, el rostro de Heráclito se transforma ante nuestras miradas, el orgulloso brillo de sus ojos se apaga, un gesto de dolorosa decepción, de desmayo, se dibuja en su rostro, parece que adivinamos por qué la antigüedad lo denominaba “el filosofo llorón”. ¿No será todo el proceso del mundo un acto de castigo de la “hybris”? La pluralidad ¿no será el efecto del pecado?, La transformación de lo puro en impuro ¿no será consecuencia de la injusticia? ¿No estará puesta de esta manera la culpa en el fondo de las cosas, descargándose así de la culpa el mundo del devenir y de los individuos, pero quedando condenado, al mismo tiempo, a soportar siempre de nuevo sus consecuencias?

Esta peligrosa palabra, “hybris”, es, en efecto, la piedra de toque para todo discípulo de Heráclito; puede demostrar aquí si ha comprendido o no a su maestro. ¿Hay culpa, injusticia, contradicción, dolor, en este mundo?

Sí, exclama Heráclito, pero sólo para el hombre de inteligencia limitada que ve las cosas en su sucesión y no en su conjunto, no para el Dios contutivo; para éste, todos los contrarios se armonizan, de un modo invisible, es cierto, para la mirada vulgar del hombre, pero comprensible para el que, como Heráclito, es semejante al dios contemplativo. Ante su mirada de fuego no queda una gota de injusticia en el mundo por él creado; y aun aquella contradicción, cardinal, de cómo puede fundir el fuego puro en formas tan impuras, es resuelta por él en una doble comparación. Un devenir y un perecer, un construir destruir, sin justificación moral alguna, eternamente inocente, sólo se dan en este mundo en el juego del artista y del niño. Y así como el niño y el artista juegan, juega el fuego, eternamente vivo, construye y destruye inocentemente; y este juego lo juega el “aiôn” consigo mismo. Transformándose en agua y en tierra, construye, como el niño, castillos de arena a la orilla del mar, edifica y derriba; de tiempo en tiempo vuelve a iniciar el juego. Hay un momento de saturación; luego lo llama nuevamente la necesidad, como al artista lo obliga la necesidad a la creación. No un instinto de delincuencia, sino el perpetuo y renaciente instinto del juego, es lo que llama nuevos mundos a la vida. Llega un momento en que el niño tira el juguete; pero de nuevo lo recoge, y prosigue sus juegos con inocente inconstancia. Pero siempre que construye, lo hace según ciertas reglas con un orden interior.

Ahora bien, de este modo contempla el esteta el mundo: el esteta, es decir, el hombre que en el artista y en el nacimiento de la obra de arte ha visto cómo el combate de la pluralidad puede implicar leyes y derechos, cómo el artista se muestra contemplativo sobre y en la obra de arte, cómo la necesidad y el juego, la contradicción y la armonía pueden aunarse para la producción de la obra de arte.

¿Quién pedirá una ética ahora a tal filosofía, con su correspondiente imperativo "tú debes"? ¿Quién podrá reprochar esta falta a Heráclito? El hombre, hasta sus más recónditas fibras, es necesidad, y carece por completo de libertad, si por libertad se entiende la necia pretensión de poder variar de arbitrio como se cambia de traje, pretensión que todo verdadero filósofo ha rechazado hasta hoy con escándalo. Que sean tan escasos los hombres que viven con conciencia en el “Logos” y en conformidad con el ojo del artista que todo lo ve de una mirada, proviene de que sus almas están desnudas de que las orejas y los ojos del hombre, y en general su intelecto, son malos testigos cuando “el cieno húmedo es recogido en sus almas”. No se pregunta por qué ocurre, como tampoco por qué el fuego se convierte en agua y en tierra. Heráclito no tenía razón alguna para “deber” demostrar (como lo habría hecho Leibniz) que este mundo es el mejor de los mundos; le bastaba saber que es el juego inocente y bello del “aiôn”. El hombre no es para él, generalmente, más que un ser ir racional, con lo que no niega que en toda su esencia se cumpla la ley de la razón que todo lo gobierna. Para él, el hombre no ocupa un lugar privilegiado en la Naturaleza, cuyo fenómeno más importante es el fuego, lo es, por ejemplo, una estrella, pero no el simple hombre. Si éste, por la necesidad, ha tenido una participación en el fuego, entonces es algo racional; pero en cuanto consiste en agua tierra, su racionalidad es escasa. No tiene obligación de reconocer el “Logos”, por ser hombre. Pero ¿por qué hay agua, por qué hay tierra? Este es, para Heráclito, un problema mucho más importante que preguntar por qué son los hombres tan estúpidos y tan perversos. Tanto en los hombres mejores como en los peores, se manifiesta la misma inmanente legalidad y justicia. Pero si se le formulase a Heráclito la pregunta de por qué el fuego no es siempre fuego, sino que ahora es agua y después tierra, tendría que contestar: "Se trata de un juego; no lo toméis por lo patético, sobre todo, no lo toméis desde el punto de vista moral.” Heráclito sólo describe el mundo existente y contempla este mundo con la fruición del artista que ve cómo se va formando su obra. Heráclito únicamente es sombrío, melancólico, lacrimoso, bilioso, pesimista y, en general, odioso, para aquellos que tienen motivos para no estar contentos con su descripción del hombre. Pero a estas personas Heráclito las miraría con indiferencia, junto a sus simpatías y antipatías, su amor y su odio, y les pagaría con la enseñanza de que “los perros ladran al que no conocen” o “al asno le gusta la paja más que el oro”.

De estos descontentos derivan también las numerosas quejas contra la oscuridad del estilo de Heráclito- pero, positivamente, nadie ha escrito con más claridad y mayor luminosidad que él. En efecto, es muy conciso, y por esto es oscuro para el que lee de prisa. Pero es absurdo que un filósofo escriba a propósito con oscuridad, como se le suele atribuir a Heráclito, a no ser en el caso en que tenga razones para ocultar su pensamiento, o sea lo bastante pícaro para disimular su indigencia mental con palabras. Como dice Schopenhauer, en ocasiones se debe procurar en la vida práctica cautelar, por medio de la claridad, posibles errores. ¿Cómo podría buscarse adrede la oscuridad, la expresión enigmática e indeterminada, cuando se trata del más difícil, abstruso e inaccesible objeto del pensamiento: la filosofía? En lo referente a la concisión, Jean Paul nos proporciona una buena doctrina: “En general, es conveniente que los grandes pensamientos, de gran contenido para un cerebro perspicaz, se expresen con brevedad por lo tanto, con oscuridad, para que un espíritu romo antes los considere como absurdos que los traduzca en su mentalidad rastrera. Pues los entendimientos vulgares tienen la habilidad odiosa de no ver en los pensamientos profundos ricos otra cosa que lo que piensa a diario.” Por lo demás, a pesar de esto, Heráclito no ha pasado inadvertido a los “espíritus romos"; ya los estoicos lo interpretaron torpemente, rebajando su concepción estética del mundo a un vulgar finalismo, provechoso para el hombre, fundando en su física un grosero optimismo, con la constante invitación al “plaudite, amici”.

Era orgulloso Heráclito; y cuando el orgullo anida en un filósofo, toma proporciones gigantescas. Sus obras no se dirigen nunca al “público”, no busca el aplauso de las masas ni las aclamaciones del coro de sus contemporáneos. Lo característico del filósofo) es recorrer las calles en silencio. Sus dotes son las más raras, en cierto sentido las menos naturales, por consiguiente enemigas de todo lo mediano. Los muros de suficiencia debían de ser diamantinos, cuando no se quebraron, pues todo se conjuraba contra él. Su viaje a la ¡inmortalidad fue más difícil y encontró más obstáculos que ningún otro; y, sin embargo, nadie mejor que el filósofo puede estar seguro de alcanzarla, porque no sabe dónde debe estar, a no ser en la plenitud de los tiempos, pues el desprecio de lo actual y de lo pasajero es propio del auténtico filósofo. Posee la verdad, y por muchas vueltas que dé la rueda del tiempo, nunca podrá sustraerse a la verdad. Importa saber de tales hombres que han vivido. Nunca podría imaginarse, por ejemplo, el orgullo de Heráclito como una virtualidad ociosa. Todo esfuerzo hacia el conocimiento parece, por su esencia, condenado a quedar insatisfecho eternamente. Por eso nadie que no esté instruido por la historia podría creer en esa augusta autoestimación y convicción de ser el único venturoso liberador de la verdad. Tales hombres viven su propio sistema solar, y allí hay que ir a buscarlos. También un Empédocles un Pitágoras se prodigaban una consideración más que humana, casi se inspiraban a sí mismos un respeto religioso; pero el lazo de la compasión, unido a la íntima fe en la trasmigración en la unidad de todos los seres vivos, les llevaba otra vez a los demás hombres, a procurar su salud y su redención. Mas el sentimiento de soledad que poseía el solitario de Efeso únicamente podía desarrollarse en los salvajes desiertos. En él no vemos el menor deseo de ayuda, de salvar a nadie. Es una estrella sin atmósfera. Sus ojos ardientes, dirigidos a sí mismo miran vagos y, fríos, con una mera apariencia de mirada. Al pie de la fortaleza de su orgullo batían las olas de la locura y de la perversión; él desviaba la mirada con asco. Pero también los hombres de pecho sensible ceden ante una máscara que parece fundida en bronce; comprendemos a un ser de esta naturaleza en un santuario apartado, rodeado de imágenes de dioses, bajo una arquitectura fría, solemne y sublime. Heráclito fue increíble entre los hombres como Hombre; y cuando contemplaba el juego de los hombres-niños, pensó lo que nadie habría pensado en tal ocasión: el juego, con sus mundos, del gran niño Zeus. No necesitaba a los hombres, ni siquiera para que le reconocieran; nada le importaba lo que pudieran pensar o inquirir de él, ni siquiera los sabios. Hablaba con desprecio de tales preguntones, de tales coleccionadores, en una palabra, de tales hombres “históricos”. “Yo me busco v me pregunto a mí mismo”, decía, empleando una palabra con la cual se suele expresar la pregunta que se dirige a un oráculo: como si él, y nadie más que él, fuese el auténtico cumplidor y consumador de la máxima délfica: “Conócete a ti mismo”.

Y lo que él escuchaba de este oráculo lo consideraba como sabiduría inmortal y digna de interpretación eterna, de incalculable efecto para el porvenir, a semejanza de los discursos proféticos de las sibilas. Es bastante para la humanidad futura, que ella se haga interpretar, como sentencia de oráculo, lo que él, como el dios de Delfos, “ni dijo ni calló”. Sus sentencias, pronunciadas “sin sonrisa, sin aliño, sin sahumerio” antes bien, con “boca espumeante”, penetraron a través de los siglos. Pues el mundo necesita eternamente de la verdad, por lo que necesitará eternamente a Heráclito; pero él no necesita al mundo. ¿Qué le importa a “él” su fama, la fama entre los “mortales en un devenir perpetuo”, como él decía con expresión irónica? Su fama era cuenta de los hombres, no de él; lo que le importaba a él era la inmortalidad de la raza humana, no la inmortalidad del hombre Heráclito. Lo que él meditaba, la doctrina de la “ley en el devenir y del juego en la necesidad”, debía ser meditada eternamente; él había levantado el telón de este gran espectáculo.

Friedrich Nietzsche 


miércoles, 12 de febrero de 2014

El exceso de control hace quebrar a cualquier empresa


Una empresa es una organización de personas y recursos que están ordenados a un fin. Por mucho que luego se intente reducir esta idea, por mucho que las circunstancias sean adversas, el empresario debe saber que lidia con personas que deben ayudarle a cumplir este fin.

Pero en ocasiones los trabajadores y los directivos no tienen claro esto y se piensan que están allí para ganar dinero o para cumplir, sin pena ni gloria, con un cometido. Que lo hagan los trabajadores es -quizá- normal, porque a los trabajadores nadie les enseña lo que es la empresa, a dónde van, etc. Pero que los directivos no tengan ni idea de para qué están allí, cuál es la misión social de la empresa, qué futuro le espera, etc. es un grave pecado empresarial. Aunque las decisiones vengan de arriba, de la presidencia, el directivo debe conocer la estrategia, porque si no es capaz de mover al personal a la ilusionante tarea de transformar el mundo, lo que hace es destruir. 

En el caso de que una empresa tenga estos directivos, tiene los días contados. Se irá degradando sin posibilidad de remontar. Poco a poco alguien pensará que falta dinero y se irá despidiendo a gente y generando miedo entre los que se queden. Se quedarán los peores, los que no han encontrado nada mejor, y tendrán que cargar con el problema: tendrán que asumir doble trabajo, verán aumentar medidas de "seguridad" y mecanismos de control y sufrirán muchísimo malestar hasta su cierre.

Y esto es inevitable porque el mal crece y se difunde solo, mientras que el bien hay que difundirlo (sí, ya sé que los escolásticos dicen que es difusivo, pero solo se difunde en ambientes propicios). 

Por poner un caso práctico, acabo de leer cómo una empresa que vive del capital humano, es decir, que su riqueza está en la formación y la dedicación vocacional de su personal, ha decidido tirarse por el tobogán de la persecución, con el fin de ahorrar unos euros. Se trata de un ejemplo de libro de cómo matar a la gallina de los huevos de oro. 

Para esa tarea burda de cortar el árbol para recoger el fruto se han ido creando medidas cada vez más contrarias al espíritu de la empresa y otras medidas contrarias al buen gusto y al trato correcto con personas de categoría (cámaras, sistemas de control tradicionales, vigilancias de subordinados, etc.). Y todo porque hubo un informe de unos consultores que le dijeron que sería más rentable si lograba hacer trabajar más a un pequeño porcentaje que faltaban al trabajo injustificadamente. 

En vez de conocer el problema, identificarlos, perseguirlos, por ejemplo, durante un tiempo y arreglarlo o despedirlos discretamente, han optado por la peor de las decisiones: por hacer "fichar", como funcionarios, a toda la plantilla y por llamar al orden a todos, sin distinción de categoría, al menor incumplimiento de las normas. De esta forma son recriminadas personas que han faltado un 0,01% de las horas anuales, es decir personas que no han cometido ninguna falta, ni leve siquiera, y mezclarlos con los que faltan sistemáticamente entre un 10% y un 20%. 

Además me han enseñado mensajes masivos que envían a sus trabajadores avisándoles que hay que hablar bien de la empresa "en público" y otros mensajes en los que directamente se avisa que van a reajustar y a despedir a un alto porcentaje de personas "en dos o tres años". 

Esta falta de confianza y seguridad en el trabajo es antieconómica. Es la primera causa de absentismo, porque genera conductas infantiles y de defensa que van desde el odio consciente (y el sabotaje), hasta la desvalorización de las normas y la depresión. 

Así que lo lógico, si se quiere, es que en situaciones normales la empresa haya generado protocolos y formas de control no invasivas y respetuosas con su gente para evitar discretamente estos abusos por parte de algunos trabajadores. 


En definitiva: el camino más rápido para ver la traición es ir generando desconfianza.

martes, 14 de enero de 2014

Locos con piel de cordero


Esta entrada del blog va en la serie de las entradas-que-clasifican-a-los-humanos, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, claro. Intento explicar tipos humanos para poner sobre aviso a quien pueda circular por este espacio y así ahorrarle algún disgusto. El afán es puramente precientífico, clasificatorio, y cualquier psicólogo tiene mucho más que decir y sabe qué pastilla hay que tomarse para cada entrada, en todo caso... vamos al grano:

Quiero hablar aquí de personas encantadoras, maravillosas, cumplidoras y perfeccionistas que esconden, quizá sin ellos sospecharlo, un problema mental que en ocasiones les hace comportarse como verdaderas bestias irracionales, incapaces de frenar sus propios impulsos destructivos contra sus semejantes. Y no me refiero a los psicópatas de las películas, a los que cortan en trocitos a niñas inocentes. No, me refiero a personas que en un día pasan de ser los mejores amigos/trabajadores/esposos/discípulos y se convierten en la peor pesadilla de su amigo/jefe/esposo/maestro sin que quepa una explicación racional a tal cambio.  

Aparentemente, y para mucha gente, son cándidas almas pero a partir de un momento que no controlan se convierten en demonios-para-la-víctima. La pregunta, imposible de contestar es ¿cuál es su verdadera personalidad?, ¿cuál es su verdadera cara? La verdad es que no sé la respuesta, en todo caso estos odios selectivos solo se dan cuando les beneficia económica o laboralmente, nunca antes. Y eso haría pensar que su verdadera cara es la negativa pero ¡lo disimulan tan bien!

Imagino lo que debe costar a las personas que tienen que lograr una nulidad matrimonial o las que tienen que justificar un despido, porque hasta un momento dado son la bondad personificada: amables y ejemplares cara a la comunidad pero pueden convertirse en el mismo demonio, cuando nadie les ve, entonces ¿cómo explicar que esa persona tan buena es en realidad una persona vil? ¿cómo contárselo al juez? ¿Cómo explicar el cambio?

Por hacer un cuadro general positivo son personas ahorradoras, religiosas, con excelente expediente académico, que participan en actividades culturales variadas y que siempre tienen un plan. Son personas que a pesar de ser tan perfectos y perfeccionistas no viven con especial pasión ninguno de los grandes planes que tienen o comparten con los demás, pero sin embargo tienen un montón de amigos, puesto que contestan siempre los correos, se presentan siempre con una botella de vino bueno a las cenas, se acuerdan del cumpleaños, etc. Todo en su vida parece feliz y ordenado.

El cuadro negativo sería más o menos el siguiente: son poco inteligentes, no tienen casi en absoluto sentido del humor, nunca ríen ni lloran de verdad, solo preguntan por las instrucciones y nunca hablan de nada, no soportan la incertidumbre, el desorden o la indefinición. Carecen por completo de sentido estético o de capacidad creativa. Normalmente han tenido algún episodio conflictivo en su infancia, un trauma, que les ha llevado a desconfiar y a sentir presión ante las relaciones más normales. No confían en sus propias fuerzas y por ello están muy pendientes de fuerzas numinosas (amuletos, reliquias, etc.) o apoyos familiares.

Supongo que ya habrán identificado a alguna de estas personas y habrá descubierto que tras la apariencia de compromiso hay una incapacidad para la relación auténtica que es la una carga explosiva latente. 

Lo primero que hay que saber es que este tipo de reacciones se da cuando estas personas han sido sometidas a presión, tras una tesis es posible que la tomen contra el director o contra el jefe en un periodo de trabajo intenso; o cuando tienen presión en su casa pueden tomarla contra el compañero de trabajo que mejor se lleva, o contra el propio cónyuge si la presión es laboral. 

Pero la presión por sí sola no es capaz de hacer estallar la crisis, realmente es la presión además de el desorden normativo. Me explico. Las personas que sufren estos brotes psicópatológicos, son en exceso ordenadas y formales, que basan en el cumplimiento de los protocolos toda su conducta. En ocasiones se generan conflictos de normas, que se dan cuando una norma es imposible cumplirla, cuando se contrapone a otra (y no se pueden cumplir las dos) o cuando cumplirla supone un atentado contra algún compromiso previo. 

Al final de una tesis doctoral, por ejemplo, hay que saltarse alguna norma puesta previamente; o en la vida normal de las organizaciones no pueden darse siempre las cosas de acuerdo a protocolos. A veces entran en conflicto dos ámbitos normativos en el mismo momento (el familiar y el laboral, por ejemplo). Entonces la persona acostumbrada a cumplir todas las normas se desorienta y "salta", "revienta" o "estalla" siempre contra el que tiene más cerca. La variedad de respuestas es tan grande como la especie, pero van siempre de acuerdo a una simple cuestión: hacer daño al otro, colocarlo como blanco de los dardos, etc. 

Evidentemente hay una disonancia cognitiva importante: por un lado reconocen que la persona cercana les ha ayudado y no tiene la culpa, y por otro es el máximo enemigo, por lo que deben buscar una explicación, deben generar una realidad paralela una historia nueva. Los gestos de cariño de un matrimonio, por ejemplo, se interpretan ahora como prepotencia; las ayudas de la tesis se consideran una intromisión, la promoción como un intento de alejarle, etc. Cualquier cosa se reinterpreta hasta darle la forma adecuada, hasta romper la disonancia y convertir la realidad pasada en una realidad que es acorde con la presente. El enfermo realmente se cree la nueva realidad y se cree la interpretación nueva como se creía la otra. No hay posibilidad de presentar ninguna prueba, ninguna palabra. Cualquier cosa que se diga será usada para apoyar la nueva idea.

No intente hacerle ver, hacerle entrar en razón, no hay nada que hacer, puesto que la realidad ha cambiado ya no es la que fue y no se puede apelar a nada de nada. Por ejemplo, antes he dicho que uno de los rasgos distintivos es la religiosidad, pues bien, pese a que toda la religión católica se basa en el amor y está claro que no se puede ser religioso y odiar profundamente al otro, estas personas son capaces de hacer las dos cosas ¿por qué? Porque la religión, como la amistad y otras maneras de encuentro es tratado de manera superficial por este tipo de personas, y aunque son los primeros en recitar todas las oraciones, en cumplir todos los mandamientos y en guardar todas las fiestas, sin embargo sus formalismos rara vez salen de ahí y se convierten en algo más, viven la fe como si Dios se complaciese especialmente con ver a los hombres levantarse, arrodillarse y sentarse los domingos. 

Podríamos extrapolar este cuadro clínico al nacionalismo o a ideologías que centran su discurso en el ataque a quienes han convivido, ayudado y promocionado a un grupo... pero eso lo dejamos para otro sitio. 

En definitiva, solo es una aproximación a un cuadro psicopatológico habitual para dar un consejo gratis: que no hay nada que hacer, una vez detonada la crisis no hay manera de pararla, diga lo que uno diga todo no solo será imposible hacerle cambiar un poco su nueva forma de ver el mundo, sino que cualquier palabra la usará en tu contra, así que silencio y distancia.

jueves, 2 de enero de 2014

La educación está mejor sin filosofía



No he firmado los variados manifiestos que me han presentado para "salvar" la asignatura de Filosofía porque no creo que deba ser salvada. 

Cuando se defiende la asignatura en cuidados e ingeniosos artículos escritos por catedráticos e intelectuales alejados de las aulas reales, se utilizan conceptos como "espíritu crítico", "pensar por sí mismos", "herramientas del pensamiento", etc. y se habla de los grandes males que sufrirá una sociedad sin que sus miembros aprendan estas formas del pensamiento en la escuela, etc. , pues bien, desde hace ya muchos años la filosofía que se enseña ni genera ni puede generar estas habilidades. En sentido estricto no es filosofía; el único pensamiento crítico que se permite versa sobre la validez de la propia filosofía.

Para empezar, se ha planteado la Historia de la Filosofía como un espacio donde los distintos pensadores dan su parecer sobre algunas cuestiones... y todas son tratadas como válidas, con lo que el alumno saca la conclusión de que todo está permitido en filosofía. El método del debate se introduce siempre, generando la idea de que las opiniones de Descartes, Heidegger o Santo Tomás tienen la misma validez que las de un crío de quince años. Mientras en las clases de Ciencias Naturales, por ejemplo, se enseñan las teoría provisionales como si fuesen dogmas de fe. Se enseña, por ejemplo, lo incorrecto del pensamiento machista de Platón o de Schopenhauer, sin entrar de verdad en las doctrinas de los mismos.

Por otro lado se enseñan los filósofos de la historia por equipos enfrentados, como en el fútbol o la política: Aristóteles vs. Platón; San Agustín vs. Santo Tomás; Descartes vs. Hume, etc. impidiendo ver un pensamiento coherente y cada día más depurado a lo largo de los siglos. 

Se enseña además la historia de la filosofía como un camino hacia la destrucción de las nociones metafísicas, que comienza con lo mítico y termina en lo científico, cuando es realmente una depuración constante de las mismas.

Y -por último- se estudian al final y como colofón a los grandes enterradores de la filosofía: a Sartre, a Nietzsche, y al ingeniero Wittgenstein, todos convencidos de que ya no es necesario filosofar y todos con sus graves problemas de salud mental. Y así nos va.


Pero los que de verdad han acabado con la Filosofía en bachillerato son los profesores de filosofía que han decidido dejar de enseñar a cambio de trece monedas y un 10 en selectividad. Los mismos que ahora se manifiestan porque pierden, o pueden perder, su puesto y sus privilegios, son los que convirtieron la asignatura en una caricatura de la filosofía, reduciendo el temario hasta la más mínima expresión y recortando a los buenos autores en favor de los fáciles. Todo ello a cambio de lograr una buena nota en Selectividad, para que el mayor número de sus alumnos pudiesen hacer la carrera que habían decidido hacer.

Seguro que piensa que es muy legítimo que el profesor haga todo lo que esté en su mano para que los alumnos saquen la mejor nota en Selectividad. De ese modo el Centro, los padres y los alumnos se lo agradecerán y será considerado un buen profesor. Ese todo incluye sonsacarle a la Universidad las preguntas del examen, o "negociar" el contenido del examen de selectividad hasta convertirlo en una prueba memorística en la que no es necesario pensar en absoluto para lograr una buena nota. El buen profesor solo tiene que proporcionar unos buenos "contextos", que son unas diez líneas que se transcriben junto a cada autor; tiene que proporcionarle resueltos los "comentarios" que pueden entrar, y los "resúmenes" de las "teorías" de cada autor. De ese modo con estudiarse de memoria dieciocho folios uno tiene buena nota y no necesita dar clase.

He visto profesores de filosofía, profes y profas, desgañitarse delante de la Universidad para lograr que el examen sea más sencillo con el argumento de que si lo poníamos muy difícil en filosofía los alumnos cogerían Historia; profes y profas luchando por restarles estrés (sic) a los alumnos ante el examen, profesores dispuestos a no enseñarle a sus alumnos ni una palabra desde Aristóteles hasta Descartes porque las dos opciones de los doce autores que entraban garantizaban que estudiando solo seis el alumno podía hacer algo... 

Esta despreocupación por el aprender se da en un contexto adverso a todo conocimiento. En el ambiente de guerra sin cuartel donde dar diez minutos seguidos de clase es todo un lujo, y la capacidad de asimilar contenidos nuevos por parte de los alumnos es muy escasa, donde es imposible pensar. 

En los años anteriores al Bachillerato, cuando ven Ética o cuando "entran" en los problemas de la filosofía, solo estudian cuatro pinceladas en forma de debate. Porque la filosofía ya ha perdido su sentido de ser disciplina crítica y se ha convertido en una forma de ideologización donde el alumno aprende los argumentos a posteriori para justificar lo políticamente correcto. Y, por último, porque los profesores con tan poca motivación y apoyo por parte del Estado, si deciden seguir estudiando después de la oposición es porque de alguna manera lo pasan bien de ese modo, pero lo hacen contra corriente y sin poder aportar nada de lo aprendido a la dinámica de las clases, al menos de Bachillerato, porque todo lo que sea salirse del guión es perjudicial, en teoría, para los alumnos, que no podrán estudiar la carrera que querían por culpa del profesor de filosofía.

La filosofía no es para todos y por eso debe eliminarse del sistema educativo que está diseñado para que una gran parte de españoles vayan a hacer el vago a la Universidad. 

Debe ser sustituida  por una "Formación en el Espíritu Democrático", o "Ciudadanía Bien Entendida" donde el alumno no tenga que pensar nada de nada y solo deba aprenderse de memoria normas, usos y costumbres para vivir frente al televisor.


http://cultura.elpais.com/cultura/2013/09/27/actualidad/1380285562_264621.html

Aquí un ejemplo del efecto de la filosofía sobre el pueblo llano:



"[La filosofía] se plantea cosas que no se plantea nadie en ningún momento, porque no tenemos tiempo de plantearnos en la vida real, ¿no? porque a mi me parece más real la filosofía que andar por la calle,  me aburre la realidad, me, me, me, me resulta mediocre y triste, el estar todo el día dedicados a lo que sirve, a lo que merece la pena, los que no se dedican a ganarse el pan son los que tienen una mayor resntabilidad, recuerdo un reportaje muy interesante donde salían los de Show Park, los chavales de Show Park en el documental y tal, decian cómo en el colegio las daban de hostias y tal, los matones y tal del colegio y ahora ellos bailan sobre sus cadáveres, ¿no?, porqué: perdían se divertían, hacían el tonto, perdían el tiempo haciendo monigotes y gracias a esos monigotes han transformado el mundo"

jueves, 26 de diciembre de 2013

Las sectas y los pesados

La foto, de Estrella Digital, muestra a una sectaria guapa, rara avis, para atraer la vista del lector

Siempre he pensado que las sectas y los grupitos sectarios son un buen invento, de lo contrario sufriríamos un enjambre de pesados sin rumbo y sin tino. Al menos así canalizan la energía (¡ohh! ¡la energía!) e imprimen una dirección en sus vidas.... y así les vemos venir, y nos apartamos.

Es bueno que existan, alguien tiene que canalizar las teorías conspiratorias, y explicarnos que los hombres no llegaron a la luna, que las Torres Gemelas las tiraron los judíos y que a Kenedy lo mataron los de la CIA. Una legión de ufólogos, astrólogos, numerólogos y demás conocedores de naderías son necesarios para una sociedad que no quiere saber nada; y necesita de naturópatas, homeópatas, patólogos de gente sana. 

Pero no voy a entrar en esas estupideces (me perdonarán los estúpidos). Quiero escribir sobre algo más complejo y serio, sobre la pérdida de realidad que producen las sectas. Digo pérdida de realidad porque el ser humano es capaz de renunciar a crear su realidad para percibir una realidad creada por otro ser humano, lo cual, pese a estar muy acostumbrados es una aberración.

La secta actúa de manera totalitaria y convierte a la persona en un ser que solo ve con claridad "La Idea" central de la secta, convirtiéndose ésta en el centro de su vida, de sus pensamientos. Realmente es una manía obsesivo compulsiva comunitaria que anula a la persona y la destruye por completo aunque algunas sectas contemporáneas han logrado simular la personalidad en sus miembros, con relativo éxito y lograr el deseo de todo sectario: pasar por normal, hacer creer que las ideas de la secta son propias, etc.

Realmente es como un enamoramiento, es decir, con este trastorno obsesivo, que en circunstancias normales pasa pronto, pero que en casos extremos o patológicos puede durar algunos meses e incluso años. No es casual que muchas, por no decir todas, sectas usan esta edad del enamoramiento y esta capacidad del ser humano para "caer" en el amor, para colocar a La idea en el centro de la vida de los incautos jóvenes. En todo caso hay que distinguir el enamoramiento, ese estado de enajenación mental pasajero, del amor, que es otra cosa. 

Pero no nos desviemos del tema ¿Cómo sucede esto? Es decir ¿Qué mecanismos hacen que una persona inteligente renuncie a pensar, proyectar y querer autónomamente para hacerlo como un grupo? Yo diría que no quiere, que es seducido a ello. De hecho se inicia con una acción deliberada de proselitismo, veamos las fases:

  • Primero aparece La Idea en su cabeza (en realidad no "aparece", es inducida por la Secta, pero da la impresión de que ha aparecido sola o que es una "vocación"). 
  • Después La Idea empieza a tomar forma, a crecer, a ocupar progresivamente espacio en su mente, parece que cobra vida sola y se inicia una lucha contra el propio yo, que tiene gustos, ideas, formas de ver la realidad propias, y las tiene que abandonar para encontrarse con gustos, ideas y formas de ver la realidad propios de la Secta.
  • Una vez vencido el "hombre viejo" comienza la incursión en La Secta, es decir,la parte positiva, que consiste en reelaborar todas las categorías nuevamente hasta dar con el ser nuevo, el "hombre nuevo". 
  • Entonces ya todo es un vivir así, un reafirmarse, La Secta le da todo lo que necesita (para vivir, excepto un "yo", que pertenece al "hombre viejo") y con su yo comunitario, lo pasa en grande, sin pensar más en él mismo, con mil actividades para no pensar, con una familia grande, con miles de amigos nuevos y una tarea, dirección, destino.


Y es aquí donde quería llegar ¿cómo es que las personas que buscan la Verdad, a la Salud, a la Justicia, a la Naturaleza, etc. se dejen embaucar en sectas que colocan estos grandes conceptos en el centro?

La respuesta no es fácil: realmente lo que han hecho con su vida es colocar en el centro a algo que no lo es, que no lo puede ser. Por ejemplo, la salud. La salud no está mal, está bien, es necesaria, pero la salud es necesaria solo para hacer el Bien. Es un medio. Y no siempre es bueno estar saludable. Si enfocamos nuestra vida a la salud sin más, enfermamos.

O la figura y la dieta y el peso ideal; estar gordo puede ser un impedimento para muchas cosas (para muchas otras no), pero no es la clave de la vida. No se está delgado porque sí, sino para algo: para subir a las montañas, para no cansarse, para no ser "el gordo" del grupo, por ejemplo. Pero gordura y delgadez son términos relativos y no mejores necesariamente uno que otro (es decir, que en ocasiones es bueno estar gordo). En todo caso es bueno estar gordo o delgado si ello nos lleva al bien.

La religión a veces es también objeto de sectarismo (incluso la verdadera religión se falsifica) cuando cosifica a Dios. Por ejemplo cuando uno se olvida que lo importante de la religión no está en este mundo, que la religión es un medio para la salvación y no un fin en sí misma. 

Hay mucho ateo rezador que enfoca su vida a estar cerca de las iglesias y los curas y que dan un sentido sociopolítico a la religión y, a la hora de la verdad, Dios ni les afecta, porque no les mejora nada de nada y son exactamente lo mismo que los que no se pegan tanto a las iglesias. Es esto ateísmo práctico, porque cantan en el coro pero no cantan a Dios.

Algo estarán haciendo mal si después de tanto tiempo invertido en estar cerca del Bien siguen siendo "ingratos, volubles, disimulados, huidores de peligros y ansiosos de ganancias" y traidores. Y lo que pasa es que no están cerca de Dios, sino de La Idea de La Secta en cuestión, que no tiene por qué tener nombre y fundador, puede ser simplemente una Secta Doméstica.

Esta Idea falsa de Dios es la que se puede dominar con la que se pueden hacer tratos de tú a tú y hace milagros increíbles -como encontrar sitio para aparcar en el centro de Madrid en plena Navidad, eso sí, a cambio de dos avemarías-. Y además una gran corte celestial compuesta de santos ad hoc, ayuda a Dios en la tarea de hacer mejor la vida a la persona que pide un aprobado, un gol de su equipo o que le den un cargo.

La religión verdadera, es decir, la Católica cuando se toma en serio, es una manera de acercarse al Bien, no es una manera de dejar(se) vivir por un bien particular, por La Idea de Dios que haya tenido algún iluminado creador de sectas de éxito (por sus frutos los conoceréis, mostrando los miles de seguidores). La verdadera religión no cree en los objetos numinosos ni cree que pueda uno con sus hazañas doblegar la voluntad de Dios. 

Y si esto lo hace la religión verdadera, no digamos lo que pasa en el ámbito enrarecido de las religiones falsas (que las hay, aunque el clima de relativismo nos impida decir estas cosas), esas religiones que nacen de la iluminación de un profeta en alguna parte del globo y que son interpretadas por cualquiera que pasa por ahí. 

Esas religiones que si colocan su sede o templo en una calle, barrio o país ya ningún "pagano" puede estar en paz, tranquilo, a lo suyo, sin que se encuentre con algún miembro de La Secta que le quiera matar, vender algo, o contar sé qué historia basada en no sé qué libro que no sé qué profeta oyó... 

En definitiva, el gran problema de estos tiempos: tomar los medios como fines. Instrumentalizar los fines y creer que las cosas se consiguen sin implicación, con recetas.

Y un consejo gratis: vigilar si el estar pegado a las cosas grandes nos hace grandes o no.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Feliz Navidad ¿virtual o real?


El término virtual viene a ser lo que tiene virtud para producir un efecto, que parece real, pero no lo es, o más exactamente, no lo es del todo, necesita de otros para ser perfectamente real.

La realidad no es lo que vemos, ni siquiera es lo que podemos ver de algún modo, aunque no lo podamos ver ahora. Tampoco es lo que podemos medir, lo que impresiona nuestros aparatos de medida, etc. No, eso no es la realidad, es una parte de la misma. 

La realidad es más de lo que aparece. La realidad está más allá de las cosas que vemos, éstas nos indican qué es la realidad, apuntan a ella, pero si no aprendemos a ver más allá de las cosas aparentes no veremos nada.  Es como estar presente en un cine, pero sin enterarnos de qué va la película. 

Ver: ésa es la clave, experimentar de verdad la realidad es lo que nos da sentido, por ejemplo en este cuadro de EL Greco hay tres realidades sin las cuales no se entiende nada de nada. Sin la realidad empírea, celeste, no hay cuadro, o el cuadro sería una escena costumbrista sin importancia. 

Recortar el cuadro en busca de "lo esencial" equivale a quitarle realidad al hecho histórico, porque la "gracia" del cuadro, la gracia de lo que pasó en Belén, es decir, la realidad que muestra no es otra que la encarnación del hijo de Dios, por eso el cuadro no se puede romper sin romper la realidad, no se debe obviar lo que pasa en el cielo, porque sin ello lo que pasa por aquí no tiene importancia. 

Lo importe del cuadro está arriba y abajo, no en el centro. Hay que saber mirar. Arriba tenemos dos ángeles que se parecen un poco a los pastores: 



Y debajo está casi lo más importante: el pastor arrodillado, porque si en el cielo hay fiesta y se baila y en la Tierra a nadie le importa, y nadie se entera, pues no sería muy de recibo. Tampoco lo sería estar como si nada hubiese pasado y sí.


Así que el cuadro es completo y muestra la realidad auténtica: el hombre de rodillas, los ángeles cantando y haciendo cantar a todos para darles una realidad que no tendrían.

La realidad del portal de Belén solo se explica en estos tres planos, como la realidad de cada uno. Eso sí cada uno, quod naturam non dat, ve lo que puede.

En definitiva: felíz Navidad

jueves, 12 de diciembre de 2013

Texto de López Quintás y 9º Sinfonía

La música nos hace más inteligentes

Alfonso López Quintás 
Miembro de L´Académie Internationale de l´Art (Suiza) y de la Real Academia española de Ciencias Morales y Políticas

El Auditorio Nacional de Música de Madrid acaba de estallar de emoción al oír a la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar. Tal emoción se centuplica al saber que esta orquesta juvenil es fruto de un proyecto formativo iniciado por José Antonio Abreu en Venezuela hace unos treinta años, con el fin de introducir activamente en la mejor música a niños y jóvenes de todos los ámbitos de la nación, sobre todo los más necesitados. Hoy moviliza a unos 265.000 niños y jóvenes a través de un sistema de orquestas (más de 90 de niños, más de 130 de jóvenes, más de 30 de adultos). Según el maestro Abreu, “la música es prácticamente el único camino hacia la dignidad social para los niños con los que trabajamos. La pobreza significa soledad, tristeza, anonimato, y una orquesta significa alegría, motivación, trabajo en equipo, aspiración al éxito”.  

Al ver la máxima concentración de estos jóvenes al interpretar dos cumbres de la  música sinfónica y luego desbordar de alegría al regalarnos el Mambo de Leonard Berstein,  comprendí el entusiasmo de Claudio Abbado y Plácido Domingo ante este proyecto estético,  que constituye todo un fenómeno social digno de estudio. Como ejemplo de método educativo  se lo propuso Abbado recientemente al mismísimo Gobierno italiano.  

No me extraña este fulgurante éxito pedagógico, porque la música tiene un alcance  inmensamente mayor de lo que suele pensarse, incluso entre los mejores melómanos. Se cuenta  que el gran violoncelista, compositor y director de orquesta Pablo Casals indicó poco antes de  morir que “la Humanidad todavía no sabe lo que tiene al contar con ese don supremo que es la  música”. Durante años me ocupé de descifrar el sentido enigmático de tal afirmación. El fruto  de este esfuerzo es el reciente libro Estética musical. Su propósito es dejar patente que la  música, además de suscitar inmensas gratificaciones estéticas, es una fuente inagotable de  formación humana, equilibrio interior, modelación de los sentimientos... Quisiera, con cuatro  trazos, dejar vislumbrar la fecundidad de este arte inigualable.    

La música hace más inteligentes a quienes la viven de forma creativa, pues los insta constantemente a pasar más allá de las impresiones inmediatas, superando con ello la miopía  intelectual; percibir al mismo tiempo diversos contenidos, superando de este modo la  unilateralidad en el percibir y pensar; profundizar en el sentido de lo que se percibe a lo largo  y a lo ancho, superando de esta forma la superficialidad en el pensar. La música nos permite  desarrollar a la vez las siete capacidades de nuestra inteligencia (Howard Gardner).    



Al advertir cómo los estilos musicales, una vez logrado su pleno desarrollo, colaboran  eficazmente a crear nuevos estilos, aprendemos a “vivir históricamente”, es decir, a recibir  posibilidades creativas de nuestro pasado histórico, crear otras nuevas en el presente y  transmitirlas a las generaciones más jóvenes. La experiencia musical debe vincular entre sí los  siete niveles de realidad que implica cada obra valiosa. Con ello nos enseña el difícil y  necesario arte de integrar (unir fecundamente) los diversos aspectos de la vida: sentidos e  inteligencia, cuerpo y espíritu, elementos expresivos y elementos expresantes... 

A través de la actividad de interpretación –o de audición activa-, la música nos eleva al nivel de la creatividad, nos sumerge en la dinámica del juego artístico –que es un acontecimiento creador- y, de esta forma nos permite descubrir que la libertad y la obediencia a un cauce o norma no se oponen, contra lo que suele pensarse; se potencian y enriquecen mutuamente, haciéndonos así posible lograr una auténtica libertad creativa, que es la verdadera libertad humana. La experiencia del canto polifónico nos da ocasión de sentir, asimismo, que la independencia no es contraria a la solidaridad. Los cantores son del todo independientes y, a la vez, solidarios: prestan suma atención a los demás y atemperan el volumen de su voz, el tempo, el espíritu de la interpretación... 

 Al ser toda ella relación, la música nos hace tocar fondo –por así decir- en el enigma de la realidad, que se asienta toda ella en diversos tipos de relaciones, como nos revela hoy la Física de las partículas elementales. “La materia –escribe el físico canadiense Henri Prat- no es más que energía dotada de ´forma´, informada; es energía que ha adquirido una estructura”, y toda estructura es una interrelación. Todo el universo, en sus diversos estratos, se asienta en el poder de las relaciones, tanto en el mundo inanimado como en el animado: el vegetal, el animal, el humano. 

 El gran director de orquesta Leopoldo Stokowki indica que la música nos transporta a mundos de ensueño, desconectados de nuestra vida real. “Es imposible –escribe- describir esto con palabras; sin embargo, todos hemos sentido el haber sido llevados mediante el mágico poder de la música lejos de este mundo, hacia estados de emoción de irresistible poder y misterio, completamente desconectados de nuestra vida real, a veces temerosos, otras con una visión extática de la belleza, en una tierra de ensueño que jamás olvidaremos…”[1] Esto es cierto, en un aspecto, pero no lo es menos que la música nos ayuda a superar los estadios más banales de nuestra vida cotidiana y elevarnos con toda lucidez y precisión a niveles de realización personal muy lograda. La música nos ayuda a incrementar la madurez personal: la capacidad de pensar con amplitud y profundidad, ser creativos incluso en las actividades más sencillas, promover una auténtica “cultura del corazón”, ejercitar una forma de libertad creativa. Todo ello resalta al analizar las grandes obras musicales.

 El Don Giovanni y La flauta mágica de Mozart son bellísimos, nos distraen y confortan inmensamente. Pero no se reducen a eso: nos transmiten el mensaje de que el amor humano auténtico se destruye si lo entendemos como una forma de dominio sobre los demás y, en cambio, logra todo su poder constructivo y conmovedor si lo sometemos a un período de purificación. Las famosas pruebas a que son sometidos los jóvenes Tamino y Pamina no persiguen, en el fondo, sino dar el salto esforzado del nivel 1 al nivel 2, el nivel de la creatividad y del encuentro, posibles sólo a quien adopta ante los demás una actitud de generosidad, confianza, fidelidad, comunicación veraz y afectuosa, cordialidad, participación en actividades bondadosas... Esto explica el entusiasmo de quienes han analizado esas obras. Recordemos un texto del gran Peter Ilich Tchaikowski: “A Mozart no sólo le quiero; lo adoro. Para mí, el ´Don Giovanni´ es la ópera más fantástica que hay... Oiga las óperas de Mozart, dos o tres de sus sinfonías, el Requiem, los seis cuartetos dedicados a Haydn y el Quinteto de cuerdas en sol menor. ¿No siente usted el hechizo? Su música de cámara encanta por su pureza y la gracia de la forma, así como por la asombrosa y rara belleza de las voces; pero de vez en cuando se encuentran pasajes que hacen derramar lágrimas. Sólo quisiera aludir al Adagio del Quinteto en sol menor. Todavía nadie ha sabido expresar en música tan bellamente el dolor humilde y desvalido” [2]

La Novena Sinfonía de Beethoven nos eleva a una cota de sublimidad estética, pero, al mismo tiempo, nos hace sentir la emoción sobrecogedora que suscita en nosotros la experiencia de la solidaridad de los hombres entre sí y de todos con el Creador, “el Padre amoroso que habita por encima de la bóveda celeste”, como dice la Oda de Friedrich Schiller. Por eso las tres obras citadas constituyen un bien de la Humanidad. 

Se comprende la honda satisfacción del maestro Abreu –músico, economista y ex ministro de Cultura- al contemplar ahora su gran obra y exclamar con la mayor convicción: “Estamos ante una revolución triple: pedagógica, social y artística, porque este proyecto ha logrado trascender las barreras sociales. Con la música, los niños aprenden solidaridad”. 


Notas
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[1] Música para todos nosotros, Espasa-Calpe, Madrid 1954, p. 234. 
[2] Cf. Ena von Baer (ed.): Teuere Freudin, Werner Dausien, Hanau 1964, p. 155.


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Y dicho esto, les dejo la banda sonora de la globalización católica. 

Oh freunde nicht diese töne! 





O Freunde, nicht diese Töne!
Sondern laßt uns angenehmere anstimmen,
und freudenvollere.
Freude! Freude!
¡Oh amigos, no estas notas!
entonemos otras más agradables
y llenas de alegría
¡Alegría! Alegría!
Freude, schöner Götterfunken
Tochter aus Elysium,
Wir betreten feuertrunken,
Himmlische, dein Heiligtum.
Deine Zauber binden wieder,
Was die Mode streng geteilt;
Alle Menschen werden Brüder,
Wo dein sanfter Flügel weilt.
Alegría, bella chispa divina,
Hija del Elíseo,
penetramos ardientes de embriaguez,
¡Oh celeste! en tu santuario
Tus encantos atan los lazos
que la rígida moda rompiera;
Y Todos los hombres serán hermanos,
bajo tus alas bienhechoras.
Wem der große Wurf gelungen,
Eines Freundes Freund zu sein;
Wer ein holdes Weib errungen,
Mische seinen Jubel ein!
Ja, wer auch nur eine Seele
Sein nennt auf dem Erdenrund!
Und wer's nie gekonnt, der stehle
Weinend sich aus diesem Bund!
Quién logro el golpe de suerte
De ser el amigo de un amigo;
Quién ha conquistado una noble mujer,
Que una su júbilo al nuestro!
¡Sí, que venga aquel que en la tierra
pueda llamar suya siquiera un alma!
Y quien jamás lo ha podido,
¡Que se aparte llorando de nuestro grupo!.
Freude trinken alle Wesen
An den Brüsten der Natur;
Alle Guten, alle Bösen
Folgen ihrer Rosenspur.
Küße gab sie uns und Reben,
Einen Freund, geprüft im Tod;
Wollust ward dem Wurm gegeben,
Und der Cherub steht vor Gott.
Vor Gott!
Se derrama la Alegría para los seres
por todos los senos de la Naturaleza;
Todos los buenos, todos los malos,
Siguen su camino de rosas.
Ella nos dio los besos y la vid,
Y un amigo, probado hasta en la muerte;
Al gusanillo fue dada la voluptuosidad,
Y el querubín está ante Dios.
Ante dios!
Froh, wie seine Sonnen fliegen
Durch des Himmels prächt'gen Plan,
Laufet, Brüder, eure Bahn,
Freudig, wie ein Held zum Siegen.
Alegres, como vuelan Sus soles
A través de la espléndida bóveda celeste,
Corred, hermanos, seguid vuestra ruta,
Alegres, como el héroe hacia la victoria.
Seid umschlungen, Millionen!
Diesen Kuß der ganzen Welt!
Brüder, über'm Sternenzelt
Muss ein lieber Vater wohnen.
Ihr stürzt nieder, Millionen?
Ahnest du den Schöpfer, Welt?
Such' ihn über'm Sternenzelt!
Über Sternen muss er wohnen.
¡Abrazaos, Millones de seres!.
Este beso para el Mundo entero!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
Habita un Padre Amante.
¿Os prosternaís, Millones de seres?
¡Mundo, presientes al Creador?
Búscalo por encima de las Estrellas!
Allí debe estar su Morada!.




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lunes, 9 de diciembre de 2013

Nazismo y comunismo




Si la filosofía política no vale para demostrar la conexión ideológica entre los dos totalitarismos socialistas y criminales del siglo XX, quizá sirva la historia gráfica.

A mi me valdría con que me mostrasen la raíz antipersona de los dos sistemas, o el descubrimiento de que en una sociedad sin Dios es el Estado el que ocupa el lugar de Dios, el lugar del absoluto al que todo se debe doblegar. Me bastaría con ver que detrás de todas las dictaduras destructivas está el odio a la naturaleza humana actual (la única real) y el engaño colectivo con una conquista de una naturaleza humana futura, irrealizable... El paralelismo es total: la intromisión en la vida privada, la sacralización del Estado, que monopoliza rápidamente la belleza, la verdad y la bondad, la confusión entre los medios y los fines, la mecanización y burocratización de la muerte, el culto al representante del representante del Estado, etc. etc.  

Digo que si con esto no vale quizá haya que ver algunos documentales, ya que es bueno mostrar las cosas de manera sencilla, aunque recomiendo al vídeovidente que intente hacer el juego de identificar qué cadáveres son de unos y cuáles de otros. 

Propongo, pues, estos vídeos del Canal Historia, por gentileza del profesor Domingo González Hernández, y una referencia al enciclopédico y mítico Libro Negro del Comunismo, que es bastante completo aunque faltan por escribir algunos apéndices con los crímenes de los dictadores socialistas vivos: los monarcas absolutos Castro II y Maduro I; y los exóticos Xi Jinping, Obiang Ngema y Truong Tan Sang.





http://www.edicionesb.com/catalogo/libro/el-libro-negro-del-comunismo_1306.html


En la foto los últimos comunistas españoles

jueves, 5 de diciembre de 2013

La ciencia, la verdad, la manipulación

Fotografía tomada del excelente Blog "Los papeles de Don Cógito"



Una persona me preguntaba sobre la validez de mi discurso sobre Dios... pero en realidad no era una pregunta, era la etesia queja del materialismo decimonónico ambiente, que viene a la Universidad a negar todo discurso racional amparándose en que solo el discurso científico es racional y objetivo y -sin embargo- el discurso filosófico es pura opinión. Da la impresión de que igual lo que diga, de que estamos en un debate de La Tele, puesto que cualquier razón va a ser opuesta a otra razón sin afán de verdad, y todo pretende ser relativo. No hay forma de buscar la verdad -dicen- pero ellos tienen un elenco de verdades que guardan bajo la manga. 

Iba a hacer una entrada llena de textos de Popper (el mismo Popper que tanta gracia hacía a mis alumnos de Bachillerato), de Kuhn y de Lakatos; un discurso sobre la provisionalidad de los saberes científicos y el carácter fragmentario de las ciencias positivas, o sobre las limitaciones y los aciertos del método, etc. Pero me remito a los apuntes y a artículos pasados.

Todo lo que pueda decir sobre ello ya está ya escrito y no es bueno escribir sobre lo que ya se ha dicho. Nadie que haya pensado un poco sobre el tema, o que haya leído, lo discute. La ciencia del siglo XX abandonó la búsqueda de ideas absolutas y ya no queda ningún científico que crea que lo que hace es descubrir es la verdad. Los científicos saben que la realidad es más amplia que lo que ellos estudian y que es imposible controlar todas las variables, y suponiendo que en un sistema acotado se controlen absolutamente todas las posibilidades de cambio, siempre el conocimiento será relativo a los paradigmas y a las teorías generales. En todo caso, aunque fuese así, la ciencia sólo dice cómo funciona el mundo, y renunció a describirlo en tiempos de la revolución de la cuántica.

Si hubiese un científico hoy que pensase realmente que la verdad de la ciencia es absoluta e indiscutible, podría afirmar sin lugar a dudas que una persona con con la ὕϐρις inflada que no puede llegar muy lejos en ninguna disciplina. Simplemente porque si alguien que está realizando una actividad no se preocupa de estudiar las normas de esa actividad, en este caso la epistemología, no será nunca bueno en lo suyo. Ojo, que esto no es malo, no es malo que haya científicos sin pretensiones, lo malo es serlo y a la vez creerse un "científico" que conoce la verdad... y no ser más que un titulado de ciencias, repetidor de experimentos, a la orden de verdaderos científicos, que por definición son personas con la mente más abierta, humanistas, con amplitud de miras, etc. ¿Cómo va alguien a interrogar a la Naturaleza sin preguntarse cómo es, a dónde va, de qué va todo? ¿Cómo va un médico a curar a los pacientes adecuadamente sin saber antropología? ¿Cómo un economista no va a saber nada de la sociedad en la que negocia? ¿Cómo va alguien a dirigir un laboratorio o una investigación sin conocer nada de ética o de estética?

Es evidente que los científicos que quieran hacer algo deben estudiar la realidad y estar atentos a todo. Es evidente también que la ciencia no agota la realidad y que debe apoyarse en las ciencias del espíritu, como las ciencias del espíritu se apoyan en las ciencias positivas.  Y esto no es una opinión, es verdad. No admite discusión. 

Pero la ideología quiere hacer una guerra donde no puede haberla, simplemente porque sin filosofía la ciencia se vuelve contra el hombre, y sin ciencia la filosofía no le sirve a nadie, queda en las nubes. 

La ideología que denuncio puede verse en sus cuatro dimensiones:

1. Imponer por medio de las grandes productoras y editoriales unas verdades supuestamente científicas que se alejan mucho de la realidad de la ciencia actual (en especial en los orígenes)
2. Obligar a todos a tener una idea relativista en la metafísica, por un lado, y -por otro- en lo relativo a la filosofía práctica. 
3. Imponer una dictadura irracional sobre ciertos conceptos e ideas que funcionan como tabúes y han sido descritos eufemísticamente como lo "políticamente correcto", tales como las cuestiones de género, las cuestiones democráticas o el laicismo. 
4. Aceptar la espiritualidad exótica o exógena, por muy deficiente que sean, antes que la religión revelada, racional y liberadora de Occidente, de manera que lo religioso se equipara a las demencias de la Nueva Era y de la espiritualidad falsa.


Con estas cuatro dimensiones del fenómeno, todas prácticas, sin posibilidad de reflexión, el Mercado y el Estado se apoderan de nosotros y nos quedamos sin posibilidad de liberación. 

Frente a esta dictadura nos queda la filosofía, la religión y el arte. 

martes, 3 de diciembre de 2013

Los trapos sucios



Un consejo de refranero, es decir, sanchopancesco, un consejo popular: "los trapos sucios se lavan en casa". Bien, vale, querido Sancho, en casa. Pero ¿y si de lo que se trata es de un asunto público, de una entidad pública, de un grupo que tiene una proyección y una responsabilidad públicas?, entonces los trapos sucios deben airearse, porque si no se hace todo se pudre y no hay quien permanezca "en casa". Además debe hacerse rápido y de manera constante para no colaborar con el mal, ayudando a que prolifere y a que el mal conviva (en concubinato) con el bien.

Hace tiempo publiqué esta entrada en el blog sobre El Sepulcro de Don Quijote, un texto de don Miguel, en el que nos daba toda una lección de ética que he pretendido, y pretendo, seguir en mi vida y que espero que me siga dando grandes disgustos en el futuro.

Aquí les copio un fragmentillo sublime:


¿Cómo? ¿Tropezáis con uno que miente?, gritarle a la cara: ¡mentira!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que roba?, gritarle: ¡ladrón!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta?, gritarles: ¡estúpidos!, y ¡adelante! ¡Adelante siempre!

¿Es que con eso —me dice uno a quien tú conoces y que ansía ser cruzado—, es que con eso se borra la mentira, ni el ladronicio, ni la tontería del mundo? ¿Quién ha dicho que no? La más miserable de todas las miserias, la más repugnante y apestosa argucia de la cobardía es esa de decir que nada se adelanta con denunciar a un ladrón porque otros seguirán robando, que nada se adelanta con decirle en su cara majadero al majadero, porque no por eso la majadería disminuiría en el mundo. 
Sí, hay que repetirlo una y mil veces: con que una vez, una sola vez, acabases del todo y para siempre con un solo embustero habríase acabado el embuste de una vez para siempre. 
¡En marcha, pues! Y echa del sagrado escuadrón a todos los que empiecen a estudiar el paso...
Realmente no es una forma muy rentable de vivir, porque el que roba, cuando le llamas ladrón, no te da ni el 3% de lo robado. Si tu jefe es un mentiroso, y se lo dices, ya no te da cargo alguno y no podrás ser ni concejal; y el empleado traidor al que le comentas que su comportamiento es desleal, se armará de razones y te hará la vida imposible para justificar su conducta. 

Es la vida. Estamos en una época en la que todos se tapan las vergüenzas y a nadie se le permite afear la conducta del otro. Una época en la que se pretende que lo inmoral esté el mismo nivel que lo moral, y en la que se encuentran razones para cualquier mentira, deslealtad o traición. Uno de los males de este mundo-que-nos-ha-tocado-vivir es precisamente que nos callamos cuando debemos hablar y hablamos demasiado cuando debemos permanecer callados. 

Y la excusa, la maldita excusa que se esgrime para no airear a los cuatro vientos que tal persona, tal directiva, tal grupo es corrupto, mentiroso o negligente es -precisamente- que haces con ello daño a la institución que representan ¿pero no se hace más daño al dejar que permanezcan sin ser señalados el ladrón, el mentiroso o el negligente? ¿No es el mal que padecemos por todos los partidos, sindicatos e instituciones del Estado? Porque no nos quepa duda de que la corrupción empezará a eliminarse el día en el que al encender La Tele veamos a un político, sindicalista, juez o rey denunciando públicamente a un compañero, a toda una trama de su partido o sindicato o a su propia hija. 

Así que si quiere usted mantener limpia su casa, saque los trapos sucios a la calle y evite que se llene su casa de corrupción. A no ser que entienda que es bueno tapar para no hacer daño, pero entonces, exija su parte.

Así que... consejo gratis de vuelta: los trapos sucios caseros, en casa. Pero las inmoralidades de los dirigentes públicos se deben dirimir públicamente.