La evolución.
viernes, 18 de octubre de 2013
martes, 15 de octubre de 2013
La filosofía en España. Necrológica
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| Prof. Dr. Miguel García Baró La filosofía en España. Necrológica
Artículo de Miguel García-Baró y Olga Belmonte García en El Mundo, 08/10/2013.
«Para oponer a lo absurdo y su violencia una libertad interior, hay que haber recibido una educación» (Emmanuel Levinas).
Hace un par de años, en la civilizada sociedad chilena, el último gran terremoto dio paso inmediatamente a una ola de saqueos; hace 15 días, las tormentas que asolaban México desencadenaron un fenómeno de la misma clase; hace poco tiempo, con ocasión de otra catástrofe en la India, en Italia, en Rusia, en Nigeria… Miremos a donde miremos, y aunque siempre se puedan recordar también excepciones notabilísimas, este mundo, en el que los niveles de alfabetización, escolarización y capacitación profesional son mucho más altos que en cualquier otra época histórica, sigue mostrándonos que, en cuanto se levanta el imperio público de las leyes, la humanidad prescinde, en general, de los comportamientos morales, salta por encima de los valores convencionales y prueba clamorosamente que el esfuerzo por la auténtica cultura está, después de tantos siglos, apenas en mantillas. Hay un fondo de barbarie siempre buscando el anillo que vuelve invisible, como en el viejo cuento que relata Heródoto, para poder gozar sin problemas de lo que no es lícito habitualmente. ¿Cómo no vamos a sentirnos preocupados y desafiados por esta constatación tan triste todos los que trabajamos en la enseñanza? ¿Es que también para nosotros los contenidos de lo que tratamos de trasmitir son sólo adornos superficiales de la barbarie y, a lo más, técnicas de supervivencia de muy varios estilos?
Y cuando no podemos dejarnos de hacer estas preguntas que cuestionan el fondo mismo de aquello que hemos convertido en parte esencial de nuestra vida, llega el momento de que se abra en España el debate parlamentario de una ley educativa. Nos es imposible asumir de forma callada y resignada que la Filosofía vaya a desaparecer casi por completo de la formación de los jóvenes españoles. No podemos continuar nuestra labor de todos los días sin escribir esta necrológica indignada. ¿Es que no se es consciente de hasta qué punto es peligroso «saber hacer», sin tener ni la menor idea de por qué o para quién hacemos lo que hacemos?
La adquisición de competencias profesionales, el crecimiento económico y la competitividad son importantes, sin duda, pero para la agenda política, y no tanto para un sistema educativo. Ésas no pueden ser las metas, las únicas metas, de la segunda enseñanza. La educación en primaria y secundaria debe formar personas, no profesionales. La sociedad será más justa y solidaria en la medida en que nuestros alumnos aprendan a ponerse en el lugar del otro y a construir algo en común. Más importante que la capacidad de competir, es la capacidad de reconocer la dignidad del compañero. A la vez que se adquieren las habilidades de una profesión, es imprescindible reflexionar sobre el lugar que esa profesión ocupa en el conjunto de la existencia de una persona, y también es imprescindible hacerse alguna idea no mala de la importancia de nuestro trabajo vocacional dentro de la estructura de la sociedad. Por cierto, éste es exactamente el problema que se discute de manera ingeniosísima, paradójica, dando de veras que pensar, en el más antiguo texto completo que conservamos de la filosofía clásica griega: el breve diálogo platónico que llamamos Hipias menor. (¿No será que la filosofía no es tan inútil, después de todo?).
En la LOMCE se da por supuesto que el alumno es capaz de reconocer sus propias metas y que la enseñanza básica le ayudará a alcanzarlas. Pero en estos niveles de enseñanza, el alumno no se dispone a cumplir con éxito sus objetivos, sino a buscarlos y a reconocerlos como propios. Hay que formar personas que sean capaces de proponerse metas en la vida y reconocer su vocación a medida que avanzan en su proceso educativo.
Resulta paradójico que la Ley recurra a la Constitución para justificarse a sí misma con estas palabras: el objeto de la educación es «el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales». ¡Para poder respetar tales principios hay que conocerlos antes!
Sin esta formación, que ya es filosófica, los alumnos no tendrán una visión plena de lo que son los principios democráticos; no sabrán qué son realmente los derechos humanos (más allá del significado de las palabras que los enuncian), ni comprenderán en qué consiste ser libre (o dejar de serlo) en una sociedad democrática. Porque las palabras derecho, libertad, democracia, respeto o convivencia formen parte de nuestro vocabulario, no tenemos asegurada en absoluto la plena comprensión de lo que realmente significan y de lo que supone vivir de acuerdo con ellas.
Estamos muy equivocados si pensamos que la educación puede ser una bandera política. La división ideológica del país no se superará hasta que no logremos diseñar un sistema educativo capaz de unir, y no de separar. Se comete un grave error cuando se utiliza la formación filosófica como herramienta política. La filosofía no es de derechas ni de izquierdas, sino que es la base para que una persona pueda libremente optar por una concepción de la realidad u otra, por una ideología u otra. Pensar, reflexionar, comprender la realidad que vivimos es algo necesario, con independencia de cuál sea después nuestra opción política, y también con independencia de cuál sea nuestra particular vocación profesional.
Es cierto que a lo largo de los años no se han hecho bien las cosas, pues nosotros mismos, como profesores, hemos caído en la tentación de politizar nuestras enseñanzas, pero la filosofía proporciona también la medicina para evitarlo. El hecho de que haya malos médicos no hace que consideremos que la medicina no tiene sentido y deba desaparecer. Quizá no hayamos sido los mejores maestros, pero eso no significa que deba desaparecer la Filosofía. Tenemos la tarea de situar la filosofía en el lugar que le corresponde, por encima de nuestras propias mediocridades. Enseñemos a pensar a los alumnos, sin decirles qué es lo que tienen que pensar; ayudémosles a plantearse las preguntas a las que necesitan enfrentarse, sin imponerles las respuestas, sino ayudándolos a buscarlas.
Nuestra intención no es demonizar la tecnología, despreciar el plurilingüismo o la profesionalización en sí mismos. Tratamos de mostrar la necesidad de humanizarlos: por sí solos pueden contribuir al bien de la humanidad, pero también a su envilecimiento. Es fundamental que nuestro sistema educativo esté pensado desde su raíz para poner la técnica al servicio de lo humano. Para ello los alumnos deberán tener espacios en los que aprender a ser autónomos en su relación con las nuevas tecnologías y el mundo en el que viven. La formación filosófica es esencial en este camino hacia la autonomía personal.
Nuestros alumnos se encuentran cada día, en cada gesto, con las nuevas tecnologías; pero no se encuentran con las preguntas que pueden dar un vuelco a sus vidas, no se encuentran en la calle los diálogos que pueden abrirles nuevas perspectivas.
Para descubrir el ámbito de lo enigmático (más allá de las respuestas de la ciencia y las facilidades de la técnica), hay que aprender filosofía como contenido y como método de reflexión, y no reducir la filosofía a un elemento transversal de la enseñanza. Es necesario que la filosofía tenga vida en el aula, en las enseñanzas de los profesores y en el diálogo con los compañeros. Y aprender a pensar pasa por conocer cómo han pensado los que nos preceden. De la misma forma que la química o la física no se asimilan si se reducen a temas transversales, los contenidos de la filosofía no pueden aprenderse si no se tiene una materia destinada a impartirlos. Pero con esta nueva Ley no podremos enseñar más filosofía en las aulas de secundaria.
«Todas las ideologías y sus triunfos temporales acaban con su época. Sólo la idea de la libertad espiritual, idea de todas las ideas, que por ello no se rinde ante ninguna otra, resurge eternamente, porque es eterna como el espíritu. Si exteriormente y durante un tiempo se le quita la palabra, se refugia en lo más profundo de las conciencias, inalcanzable para cualquier opresión. Por eso es inútil que los gobernantes crean que han vencido al espíritu libre por haberle sellado los labios, pues con cada hombre nace una nueva conciencia y siempre habrá alguien que recordará la obligación espiritual de retomar la vieja lucha por los inalienables derechos del humanismo y de la tolerancia» (Stefan Zweig).
Miguel García-Baró y Olga Belmonte García son profesores en la Universidad Pontificia Comillas.
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TRABAJO ALUMNOS: COMENTE DE ACUERDO CON LAS NORMAS DE COMENTARIOS DE TEXTO
lunes, 14 de octubre de 2013
Guardia civil: vuelven los bandoleros
La Guardia Civil, la benemérita, esa que tiene "el Honor es mi divisa" en su lema, la que ponía paz en los caminos, y nos defendía de cualquier amenaza, nacional o extranjera; la que en su himno dice eso de "viva el orden y la Ley"... sale cada mañana a los caminos y carreteras a atracar de mala manera a los ciudadanos. Ahora el "todo por la patria" suena de otro modo, suena a corrupción. En todo caso no suena a militar, suena a policía a las órdenes del político corrupto de turno.
Hace tiempo que es un tentáculo más de la corrupción española. Desde tiempos de Roldán son colaboradores necesarios del programa de esquilmado de la clase media, que a base de multas equilibra los presupuestos del Estado. Ya ha dejado de servir al ciudadano, de jugarse la vida por mantener el orden, por ayudar en cualquier circunstancia. Ahora son los recaudadores. Ya no salen a cuidar las carreteras, a ayudar en los accidentes, a controlar el tráfico o los caminos, o los mares: salen a recaudar.
¡Mírenlos!, convertidos en funcionarios de Hacienda quienes estaban destinados a morir por España. Ahora salen y paran, a uno, a dos, a tres, a cuatro, ¡a la vez! La cuestión es "pillar" algo... y entonces, ya contentos, con la presa en la boca inician los "procedimientos". A este por la ITV, al otro por el cinturón, al otro porque le falta una luz, o porque no tiene chaleco. Les he visto en la entrada a la ITV parando a los coches que entraban para saber si la habían pasado; o en una rotonda con siete parados a la vez, y esto una pareja, poniendo multas a diestro y siniestro. Cada cinco minutos 500 euros ¿hay cuerpo más rentable?
Y no lo hacen "por nuestra seguridad", como les gusta decir. Por nuestra seguridad deberían parar a quienes nos adelantan a 200 o a los que se cruzan tres carriles en zig zag, o a los que dan serias señales de estar haciendo algo mal. Pero no. La seguridad les importa un pimiento y sí el complemento de las multas. Porque si no tienen complemento no es creíble que una pareja pare a siete, o que sus órdenes diarias sean, en toda España parar aleatoriamente a los conductores.
Deshonran a sus muertos, a nuestros muertos. Deshonran a quienes murieron por proteger a los españoles, de los bandoleros andaluces del XVIII o de los últimos criminales de ETA, pasando por los de África, los de las revoluciones del 34 y el 36, y los que murieron en manos del maquis, etc., etc. Porque es cierto que a veces es necesario poner multas, pero las multas no son un fin, son un medio para proteger. La Guardia civil debería deslindarse del plan de Hacienda para lograr aumentar cada año un 15% la recaudación por multas de tráfico. Es maquiavélico y en todo caso inmoral.
- La Nueva España, abril de 2013: Quieren cobrar en metálico
- La sexta, febrero de 2013: "Estamos solo para recaudar dinero"
- El Economista, enero de 2013: 50 Multas al mes o no cobran, órdenes de los políticos
- 20 Minutos, noviembre de 2011: En canarias no ponen multas: llamada de atención
viernes, 27 de septiembre de 2013
El cerebro construye la realidad
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| Kia Nobre con Punset |
¿Realmente el Cerebro construye la realidad? 303 años después de la publicación del Tratado y 300 de los Tres diálogos de Berkeley nos vienen, desde la ciencia más pura a decirnos, ni más ni menos, que la realidad la construimos.
Minuto 12. 34.
Eduardo Punset: El mundo exterior ¿es real?, ¿es tal y como lo vemos? (...)
Kia Nobre: Sí. No cabe duda de que la realidad es distinta a cómo la vemos. Cuando empecé en esa profesión era 100% materialista y de hecho sigo pensando que el cerebro nos dice muchas cosas sobre nuestro comportamiento, pero cuando nos centramos en esa verdad final, es decir, en qué hay ahí fuera, en el mundo real, la pregunta es "sesuda" . He tenido la suerte de casarme con un filósofo, por eso en casa me recuerdan constantemente - como decimos en Brasil - que el agujero es algo más profundo, ya sabes, las cosas son complicadas, y al fin y al cabo puede ser que el mundo no sea nada como lo que percibimos conscientemente... (...) DIRÍA QUE HAY UN MUNDO AHÍ FUERA PERO NO CREO QUE PUEDA PROBÁRTELO
Dos preguntas: ¿Cómo es que la doctora Nobre relaciona el materialismo con la afirmación de que la realidad es distinta de cómo la vemos? ¿Qué es el tiempo? ¿Qué es el éxodo de la realidad? ¿Podemos probar que la realidad es como es? ¿Y que no es como es?
Kia Nobre
Empirismo y magia
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Despidos y educación
El ámbito de la educación es un desconocido para muchos gerentes de colegio que se alejaron hace muchos años de los alumnos y se refugiaron en el triste mundo de las programaciones didácticas, la pedagogía o la gerencia pura de los colegios.
Pero es precisamente el ámbito de la educación el que justifica la existencia de la misma, crearlo es el fin de todo proyecto educativo y sin su reconocimiento toda educación fracasa.
En España fueron los socialistas los que con dos leyes consiguieron matar el espíritu de la educación, muy imbricado en la Iglesia, para lograr una escuela igualitaria y aséptica a costa del alumnado y de los buenos profesores:
La primera Ley, la LODE, que "racionalizó" e hizo científica la gerencia de los colegios, destruyendo pequeños centros que eran verdaderos ámbitos de encuentro para convertirlos en macro centros. Nacionalizó cientos de centros privados, que pasaron a ser "sostenidos con fondos públicos" con un concierto que presupone que es el Estado el que paga y toma las decisiones sobre cómo, qué, cuándo, dónde y por qué se estudia, dejando al centro elegir al profesorado y poco más.
Después vino la LOGSE, que nos trajo una pedagogía estructuralista, errada en su raíz y que presupuso que la libertad de los profesores debería ser abolida en pro de unos proyectos curriculares y unas programaciones didácticas impuestas en las que el profesor es mero ejecutor. Una pedagogía centrada en una mentira psicológica: la idea de que el niño quiere aprender naturalmente y aprende por acumulación, por una serie de aprendizajes significativos que vienen como del cielo al hacer que el alumno experimente por sí mismo, etc. etc.
Las dos leyes rompieron con el ámbito de la educación, porque obligaron a todos los aspirantes a profesores, públicos o privados, a aprenderse estas teorías erradas, a generar un modelo profesionalizado, en el que los tecnócratas creen que saben más de los niños que los profesores o los padres. Queriendo siempre crear un entorno altamente cualificado, lo que encuentran es una realidad que no se ajusta a las tablas Excel, a los cálculos de burócrata... y entonces sobra gente: sobran alumnos, familias, profesores... sobra todo el que no pasa por esa profesionalización o aquél que piensa o habla más de la cuenta.
En un entorno donde se pierde el ámbito de la educación sólo queda lo instrumental, lo medible, lo que es igual para todos. Entonces se olvida uno de formar buenas personas, de querer a los alumnos, de buscar lo mejor para ellos; y sólo se busca que aprueben, como sea, las pruebas que se impongan. De ese modo los profesores son capaces de pasar de curso a un alumno que no da la talla, "soplar" en un examen de Selectividad, o enseñar sólo cinco autores de los doce del temario. O inflar la nota de Bachillerato para que salga correcta la media, o de aprenderse de memoria las respuestas de otros años de la Prueba General de la Comunidad Autónoma.... Lo que importa es subir puestos en el "ranking". Todo vale para dar la nota objetiva, para tener datos que enseñar al "jefe", para demostrar que son buenos profesionales. Y como todo vale sobran otras perspectivas, sobran los profesores que hablan demasiado con los padres, o los que no son partidarios de la pizarra electrónica, o del engañabobos del aprendizaje divergente... y los que no planifican, o los que creen que hay que lograr que los alumnos se conviertan en buenas personas, porque las buenas personas siempre van a tener cosas que hacer en la vida y los profesionales... ¡son sustituibles! Se crea entonces el miedo y la exclusión.
La educación es comunicación entre personas y la comunicación no se puede planificar. En realidad no se puede controlar: a veces sale bien y a veces mal; lo único que se puede esperar es que se quiera hacer bien, que haya entusiasmo y comunciación, porque sólo así cuando sale mal se busca el motivo y se soluciona, hasta que salga bien.
El gerente en la educación debe ser un humilde observador, respetuoso con el entorno educativo. Sólo es un facilitador de esa relación, no el que la crea. Por eso en educación en principio no sobra nadie, en educación no hay "profesionales", hay personas con vocación y dotes de comunicación e instituciones que las acogen y que las respaldan con su proyecto.
En educación solo sobra el que no sabe que la educación es un arte de comunicación, algo así como la amistad o el matrimonio: un ámbito donde no valen medidas, reglas, cuantificaciones, etc. donde lo único que importa es la voluntad de crear.
miércoles, 28 de agosto de 2013
La tercera guerra mundial
Aunque parezca que me salgo de mis temas habituales no lo voy a hacer demasiado, porque lo que me importa de este conflicto no es decantarme por uno o por otro, realmente no tengo favoritos en la zona, o dicho de otro modo creo que son tan criminales los opositores rebeldes como los gobernantes golpistas. Me interesan los malabares dialécticos que tienen que hacer en Occidente unos y otros para justificar su apuesta por un bando en un escenario de locura absoluta y falta de realidad.
Este verano estamos asistiendo a un espectáculo dialéctico de lo más interesante, los demócratas liberales tienen que apoyar un Golpe de Estado para evitar que el islam (real) se haga con el poder; los "rojillos sin fronteras" -esos ninis del pañuelo palestino-, tienen que ver a cientos de niños gaseados y apoyar al criminal ejército que los mató, simplemente porque Rusia y China lo apoyan y porque defendiendo a los criminales atacas, de algún modo, a Estados Unidos e Israel.
Vemos a Obama (que no es Bush) muy serio pidiendo pruebas a los expertos de la ONU mientras los niños muertos se apilan sobre su escritorio. Rusia jugando al pío pío que yo no he sido para lograr con ello energía barata o vender algún arsenal mortífero. Pakistán al fondo con la bomba atómica, cuarenta muertos al día en Irak, Irán apuntando a Israel, etc. etc.
Y mientras el mundo democrático aplaudiendo a un ejército golpista en Egipto que juzga al ahora "dictador Mubarak" (el que era hasta hace bien poco "presidente Mubarak" y había garantizado la seguridad de millones de viajes de turistas occidentales) por haber acabado con los cabecillas de los Hermanos Musulmanes, que habían obtenido el poder democráticamente...
Y mientras el mundo democrático aplaudiendo a un ejército golpista en Egipto que juzga al ahora "dictador Mubarak" (el que era hasta hace bien poco "presidente Mubarak" y había garantizado la seguridad de millones de viajes de turistas occidentales) por haber acabado con los cabecillas de los Hermanos Musulmanes, que habían obtenido el poder democráticamente...
Todos estamos viendo una serie de movimientos dialécticos que en el fondo esconden una verdad tremenda: la democracia no es compatible con el Islam, porque cuando llega el Islam al poder en cualquier territorio extermina a toda la oposición e impone su ley sobre todos, ley que elimina los derechos a la libertad religiosa (con las dictaduras "laicas" en Irak y en Egipto quedaban grupos cristianos, ahora ya no queda nada) y somete a las mujeres a una vida de segunda, elimina a los homosexuales y mata o expulsa a las religiones cristianas presentes en la zona. Y eso sin hablar del antisemitismo, las lapidaciones o los castigos corporales.
Y para colmo el fantasma de lo políticamente correcto hace sospechoso este discurso mío que apunta como enemigo de la razón, la paz y la libertad al Islam. Y hay que hablar a continuación de esa entelequia que se llama "islam bueno" o "islam democrático"; pues bien, no solo es una entelequia, sino que también es un oxímoron.
Yo creo que no puede existir en este mundo eso que llaman islam democrático. Existe tanto como el nazismo bueno, es decir, no existe en absoluto o, de existir, no lo hace como una idea política, sino como un ideal de vida de una o varias personas aisladas.
En pequeñas comunidades, sin oposición, puede existir paz y reinar el amor... tal y como reinaba en el refugio de montaña donde Hitler pasaba sus vacaciones o en la casa de Goebels en Navidad; pero eso no es ni el verdadero nazismo ni el verdadero islam porque no son políticos. Ambos son una fe que sirve a la política.
El islam, el que creó Mahoma es religión y política, y lo uno no se entiende sin lo otro. Lo que quiso el islam desde el principio, lo que quería Mahoma, era un proyecto político-militar apoyado en una religión, un proyecto geoestratégico: quería dominar Medina, y luego la Meca y luego el espacio intermedio, y los reinos vecinos.... Algo así como el nazismo inicial, que quería en un principio compartir el poder para luego hacerse con todo el poder de Alemania y más tarde de toda Europa.
Con los criterios occidentales de bien y mal, que no son otros que los cristianos, plasmados en los derechos humanos, es imposible aceptar como válido un grupo religioso-político o político-religioso que en su naturaleza religiosa o ideológica lleve inserto el control total del Estado, porque esto elimina la disidencia y lleva al fanatismo por el camino más rápido: la acumulación de poder.
En Siria y en el resto del mundo habrá paz cuando se identifique al enemigo correctamente y se le neutralice para siempre, como se está pidiendo desde hace años: con una guerra total y sin cuartel.
Yo creo que no puede existir en este mundo eso que llaman islam democrático. Existe tanto como el nazismo bueno, es decir, no existe en absoluto o, de existir, no lo hace como una idea política, sino como un ideal de vida de una o varias personas aisladas.
En pequeñas comunidades, sin oposición, puede existir paz y reinar el amor... tal y como reinaba en el refugio de montaña donde Hitler pasaba sus vacaciones o en la casa de Goebels en Navidad; pero eso no es ni el verdadero nazismo ni el verdadero islam porque no son políticos. Ambos son una fe que sirve a la política.
El islam, el que creó Mahoma es religión y política, y lo uno no se entiende sin lo otro. Lo que quiso el islam desde el principio, lo que quería Mahoma, era un proyecto político-militar apoyado en una religión, un proyecto geoestratégico: quería dominar Medina, y luego la Meca y luego el espacio intermedio, y los reinos vecinos.... Algo así como el nazismo inicial, que quería en un principio compartir el poder para luego hacerse con todo el poder de Alemania y más tarde de toda Europa.
Con los criterios occidentales de bien y mal, que no son otros que los cristianos, plasmados en los derechos humanos, es imposible aceptar como válido un grupo religioso-político o político-religioso que en su naturaleza religiosa o ideológica lleve inserto el control total del Estado, porque esto elimina la disidencia y lleva al fanatismo por el camino más rápido: la acumulación de poder.
En Siria y en el resto del mundo habrá paz cuando se identifique al enemigo correctamente y se le neutralice para siempre, como se está pidiendo desde hace años: con una guerra total y sin cuartel.
miércoles, 21 de agosto de 2013
Autonomía Universitaria
Después de haber escrito sobre la Autonomía como deficiencia he de defender la autonomía universitaria, que no es ni mucho menos una deficiencia, más bien su salud.
La autonomía es una deficiencia en seres de encuentro, en seres nacidos para la reunión comunitaria, como somos los humanos. Sin embargo, en instituciones que sirven a la comunidad es deseable porque es la única manera de desarrollar correctamente su tarea.
La única autonomía aceptable es la que sirve a la cohesión. Es buena la autonomía cuando se trata de trabajar por el bien común para evitar injerencias interesadas en la toma de decisiones.
Por ejemplo, es necesario que los jueces estén tan blindados del poder que como a un juez se le oiga pronunciar una sola palabra en favor de un partido político, sindicato, grupo empresarial, termine fulminantemente su carrera. Y por supuesto la forma de elección, la composición de sus órganos, los reglamentos internos. deberían estar plenamente preservada de injerencias políticas, empresariales, etc. A los jueces, por ejemplo, les prohibiría votar o hablar de política en público o en privado y recibir un solo euro de alguna instancia distinta al Estado, cazar o tener amigos metidos en política. No pasa nada, esa supresión selectiva de las libertades es voluntaria, porque a nadie se le obliga a ser juez. El que tenga amigos en la política que se dedique a otra cosa.
La autonomía de los jueces es deseable porque gracias a ella podemos estar tranquilos todos, porque es una pieza más de un puzle completo que permite una mayor unidad de los ciudadanos con sus instituciones.
La autonomía también es deseable para la Iglesia frente al Estado. La Iglesia debe autofinanciarse para que su discurso nunca esté condicionado por el Estado. El Estado no debe entrar para nada en la jurisdicción interna de la Iglesia, en sus asociaciones, en sus colegios, monasterios etc., porque si hay compadreo entre Iglesia y Estado uno de los dos cae en manos del otro.
Para mi gusto retiraría los crucifijos de los juramentos de cargos públicos. No pintan nada porque presuponen algo que es falso: la unidad entre la Iglesia y el Estado, que en otro tiempo se dio, pero ya no, y son un símbolo mancillado en ese espacio, testigo del perjurio constante. Pero la religión debe ocupar todos los espacios de la vida pública, no los del Estado, sino los de la comunidad. En esta línea los crucifijos en las aulas de la Universidad sobran, basta el rey y el cartel de prohibido fumar, pero no suprimiría las capillas de las universidades porque gestionadas por la Iglesia dan un servicio de capellanía imprescindible para que toda la universidad funcione.
Y -por último- una línea a la autonomía universitaria, que da título y es motivo de esta entrada: la universidad tiene su fin propio y ayuda a las familias, a las empresas, a las sociedades con su modo peculiar de transmitir el conocimiento y generar nuevas formas de conocimiento. La universidad sabe regirse, sabe dónde tiene que ir y por qué y para qué está, por lo tanto todo lo que puede hacer una autoridad no universitaria en la universidad es frenar el desarrollo normal de la misma, impedir su crecimiento y buscar su ruina recibiendo mandatos distintos a los que dan su naturaleza, creando atajos en las carreras profesionales, generando nuevas titulaciones adaptadas al mercado, creando grados de oficios técnicos, mercantilizando el sistema, degenerando la autoridad del profesor, vendiendo como importante lo meramente instrumental (convenios con empresas o universidades, bilingüísmo, etc.), dejándose fiscalizar por las Agencias Estatales de control, etc., etc.
La autonomía universitaria exige que cualquier universidad, pública o privada, tenga pleno poder decisorio sobre qué, cómo, cuándo y por qué se estudia Y sobre todo tiene claro que ella y solo ella selecciona a sus profesores y alumnos. Lo otro está muy extendido, pero es corrupción.
La autonomía también es deseable para la Iglesia frente al Estado. La Iglesia debe autofinanciarse para que su discurso nunca esté condicionado por el Estado. El Estado no debe entrar para nada en la jurisdicción interna de la Iglesia, en sus asociaciones, en sus colegios, monasterios etc., porque si hay compadreo entre Iglesia y Estado uno de los dos cae en manos del otro.
Para mi gusto retiraría los crucifijos de los juramentos de cargos públicos. No pintan nada porque presuponen algo que es falso: la unidad entre la Iglesia y el Estado, que en otro tiempo se dio, pero ya no, y son un símbolo mancillado en ese espacio, testigo del perjurio constante. Pero la religión debe ocupar todos los espacios de la vida pública, no los del Estado, sino los de la comunidad. En esta línea los crucifijos en las aulas de la Universidad sobran, basta el rey y el cartel de prohibido fumar, pero no suprimiría las capillas de las universidades porque gestionadas por la Iglesia dan un servicio de capellanía imprescindible para que toda la universidad funcione.
Y -por último- una línea a la autonomía universitaria, que da título y es motivo de esta entrada: la universidad tiene su fin propio y ayuda a las familias, a las empresas, a las sociedades con su modo peculiar de transmitir el conocimiento y generar nuevas formas de conocimiento. La universidad sabe regirse, sabe dónde tiene que ir y por qué y para qué está, por lo tanto todo lo que puede hacer una autoridad no universitaria en la universidad es frenar el desarrollo normal de la misma, impedir su crecimiento y buscar su ruina recibiendo mandatos distintos a los que dan su naturaleza, creando atajos en las carreras profesionales, generando nuevas titulaciones adaptadas al mercado, creando grados de oficios técnicos, mercantilizando el sistema, degenerando la autoridad del profesor, vendiendo como importante lo meramente instrumental (convenios con empresas o universidades, bilingüísmo, etc.), dejándose fiscalizar por las Agencias Estatales de control, etc., etc.
La autonomía universitaria exige que cualquier universidad, pública o privada, tenga pleno poder decisorio sobre qué, cómo, cuándo y por qué se estudia Y sobre todo tiene claro que ella y solo ella selecciona a sus profesores y alumnos. Lo otro está muy extendido, pero es corrupción.
miércoles, 14 de agosto de 2013
La autonomía es una deficiencia
La autonomía es una deficiencia, y convertir en ideal de vida llegar a ser un deficiente es un problema mental. Aún así está de moda, ¡qué le vamos a hacer! eso de ser autónomo, cuando lo propio de los humanos es que las normas no nos las demos a nosotros mismos, sino que las compartamos, las vivamos experimentándolas con los otros. El pobre que se da las normas a sí mismo, sin tener que consultar con nadie, es un pobre fracasado, un ser sin hogar (nunca un "sin techo", traducción pésima de homeless).
Nos han puesto durante años los medios de comunicación la idea del hombre hecho a sí mismo, el hombre que se basta, que no tiene relación con nada. Y nos lo han vendido como una idea de salud mental: nada de grandes pasiones, de devociones, de amores fuertes. Todo líquido, suave, superficial. El hombre autónomo moral, económica y afectivamente es el ideal burgués, kantiano y/o masón, pero la autonomía personal o política es una falsedad. No es posible, y si lo fuese, no es deseable.
No es deseable que el hombre viva solo, que se haga a sí mismo, que no le deba nada a nadie. No es natural. El ser humano está diseñado para la comunicación y sólo crece en el intercambio, por lo tanto, el ideal ilustrado de autonomía moral es realmente una llamada a la destrucción o al suicidio.
No es deseable que el hombre viva solo, que se haga a sí mismo, que no le deba nada a nadie. No es natural. El ser humano está diseñado para la comunicación y sólo crece en el intercambio, por lo tanto, el ideal ilustrado de autonomía moral es realmente una llamada a la destrucción o al suicidio.
Y lo mismo ocurre con los pueblos: cuando los pueblos les da por la autonomía se suicidan, se destruyen; porque lo propio de los pueblos es la intercomunicación, la comunicación de las ideas. Digamos que cuando todo andaba bien en España lanzábamos nuestra cultura a todo el mundo; cuando lo perdimos todo en 1898, se creció Sabino Arana y creó el nacionalismo español, que ha matado desde entonces.
miércoles, 7 de agosto de 2013
El Miedo a la Libertad
El Miedo a la libertad. Así se titulaba un libro de Erich Fromm que durante la carrera leí dos veces y nunca entendí, o no me dijo nada, a pesar de que tuvo mucho éxito y era muy citado, yo no lo conseguí. De las tesis del libro no recuerdo nada, y sospecho que no es más que un título acertado, como aquél de Weber de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, que con sólo leer bien el título ya no es necesario leer el texto.
Da igual el libro, porque lo que importa de este libro es el título, que da que pensar: ¿Quién tiene miedo a la libertad? Realmente todos, los que mandan y los que obedecen. Pero con la libertad tenemos un dilema: ni nos gusta ni queremos anularla. Nos gusta la lucha por mantenerla, el despliegue progresivo de la misma y la sensación constante de perderla y ganarla en cada decisión. No queremos un mundo sin libertad, pero cuando la tenemos rápidamente ponemos límites y nos entra el miedo y generamos mecanismos para anularla.
Y es que, como en tantos problemas modernos, esconde uno de esos falsos dilemas de los que habla el profesor López Quintás: a la verdadera libertad nadie le tiene miedo, a lo que tenemos miedo es al mal uso del libre albedrío, que elimina la auténtica libertad.
Cuando alguien tiene un miedo enfermizo a la libertad es porque cree que con libertad llegará algo peor que teniendo las cosas "bien atadas", y sólo las suelta por impotencia, cuando ya no puede retenerlas. Está claro que el que piensa que las cosas degeneran sin su protección ha elegido la visión del mundo pesimista: "todos son malos, y cuando vemos a alguien que se comporta bien es porque no puede hacer el mal", en el fondo la idea de la izquierda que presupone que toda acción moral es farisaica y que en realidad si no hay leyes fuertes, si no tenemos a todo el mundo vigilado, tarde o temprano aflora la injusticia y la violencia.
Esta visión pesimista se retroalimenta con su propia acción, porque los espíritus libres siempre rompen sus cadenas. Tarde o temprano las cosas que deben ser libres se van o se mueren en las manos de su captor. Es ley de vida. Por lo tanto lo inteligente no es intentar acaparar, sino poner las bases adecuadas para que las cosas no se salgan de madre cuando tengan que salir, y esas bases no son otras que la educación en la responsabilidad y crear los ambientes adecuados.
El miedo a la libertad en una sociedad surgirá si las personas no han sido educadas en la responsabilidad, es decir, en el uso correcto de la libertad. Pero no basta la educación, el ambiente debe ser propicio. Si la mayor parte de las personas están bien educadas será cuestión de que los gobernantes ideen en unas pocas normas para que la cosa pública funcione, más o menos. Si no lo están... por más normas que tengamos siempre serán insuficientes.
Pongamos otro ejemplo del ámbito privado: el conflicto entre padres e hijos durante la adolescencia. Es evidentemente una lucha sobre dos concepciones de la realidad, quizá las dos equivocadas; el adolescente piensa que es mejor de lo que es, que es capaz de hacer lo que se propone, que no hay peligros en la vida, que es responsable. El adulto piensa que el adolescente es un niño, que no puede hacer nada solo, que sin su ayuda se moriría, que es un irresponsable.
Pongamos otro ejemplo del ámbito privado: el conflicto entre padres e hijos durante la adolescencia. Es evidentemente una lucha sobre dos concepciones de la realidad, quizá las dos equivocadas; el adolescente piensa que es mejor de lo que es, que es capaz de hacer lo que se propone, que no hay peligros en la vida, que es responsable. El adulto piensa que el adolescente es un niño, que no puede hacer nada solo, que sin su ayuda se moriría, que es un irresponsable.
De esta confusión nace efectivamente el conflicto total, donde ambas partes se exigen lo que no pueden darse y se reduce la relación, quedando una caricatura de lo que debería ser. El miedo a la libertad aquí lo muestran los padres por un lado, que son incapaces de dejar al hijo vía libre y el hijo, que no es capaz de afrontar su propia vida sin la protección (material) de los padres.
Lo mismo ocurre con las empresas, cuando llega un inepto al mando y tiene una concepción negativa del ser humano lo que procura es vigilar hasta la saciedad: se controla quién va a trabajar, a qué hora, cuánto tiempo está. Se ponen cámaras, se controla el correo electrónico, se crea un ambiente en el que el "chivato" puede ser cualquiera, se plantean despidos en masa, etc.
Lo mismo ocurre con las empresas, cuando llega un inepto al mando y tiene una concepción negativa del ser humano lo que procura es vigilar hasta la saciedad: se controla quién va a trabajar, a qué hora, cuánto tiempo está. Se ponen cámaras, se controla el correo electrónico, se crea un ambiente en el que el "chivato" puede ser cualquiera, se plantean despidos en masa, etc.
El miedo a la libertad es cuestión que hay que superar: las personas son responsables en su gran mayoría, estamos bien hechos; lo que hay que crear es estructuras y normas que permitan el desarrollo de la verdadera libertad.
lunes, 22 de julio de 2013
Antropología y universidad
La universidad actual sufre una crisis de la que -aunque es grave- no hay que preocuparse demasiado: padece una enfermedad crónica causada por un parásito conocido, que surge de la pobredumbre social, que la debilita y desorganiza. Cuando la universidad entra en crisis todos los doctores piensan que todo es inútil, que no hay nada que hacer, pero -repito- no es tan grave.
El parásito en cuestión produce mediocridad, desorientación general y especialización; es decir, debilidad, miopía y -a veces- ceguera. Pero junto con la enfermedad aparecen mecanismos de defensa, que son los buenos doctores encargados de planear la universidad futura: la universidad presente, dicen - y con razón- está caduca, ya ha llegado a su fin, a un fin de ciclo, porque en sus cátedras se han colado técnicos utilitaristas que sólo buscan enseñar una profesión a cambio de dinero. Estos técnicos se descubren por su amor a lo práctico, a la informática, a los idiomas, a los barnices de formación continua (CTV), etc. Y como no tienen más horizonte que lo inmediato, quieren que "ante todo" la universidad sea un negocio rentable. Un negocio que consiste en colocar a los niños en profesiones que les den mucho dinero; todo lo demás es adorno.
Quizá este episodio haya sido más grave que lo habitual, pero crisis como esta ha habido en cada siglo y en cada país, aunque estoy especialmente familiarizado las crisis españolas y con los libros que escribieron los doctores de la crisis universitaria del XIX y del XX. Cada uno a su modo coinciden en que es imposible pensar la universidad sin un compromiso ineludible con la verdad completa, sin ésta, la universidad, no sirve para ensanchar la mente y percibir mejor y de manera más amplia la realidad.
En general los que quieren una universidad con salud tienen plantean recetas para curar en cuatro líneas:
A. Defensa de las artes liberales, las humanidades de ahora y los saberes no inmediatamente prácticos;
B. Autonomía e independencia de poderes políticos y religiosos;
C. Respeto a los profesores y exigencia a los alumnos (y no al revés);
D. Máximo trabajo por una investigación que sirva para algo.
A. La universidad en su estado normal, de salud, es un centro de humanidades en el que se enseña alguna cuestión técnica, pero con reservas y siempre para ilustrar la teoría.
La enfermedad, muy extendida hoy por casi todo el cuerpo universitario, hemos dicho, produce miopía y en algunos casos ceguera, por lo que es normal que muchos se escandalicen al leer esto y digan muy serios: "yo no estoy de acuerdo, la universidad tiene que formar profesionales competentes, bla, bla, bla"
Pues no. la universidad debe formar personas dirigentes. Persona como saben es el sustantivo del adjetivo "profesional". La persona puede ser profesional, es decir, puede ejercer una profesión, o puede no hacerlo. Y puede aprender una profesión por la práctica y observación, yendo a una academia, en la Formación Profesional estatal o por correspondencia. Quiero decir que en todo caso la misión fundamental de la Universidad no es formar profesionales, sino personas.
Pero, se dirá, también la familia, o el colegio, o la sociedad en general forman personas, sí. De acuerdo, pero la universidad forma a las personas que serán las que dirijan la sociedad del futuro. Por ello la universidad no puede ser la masificada del XX, la estatal, sino que debe refundarse en una escuela de liderazgo real.
Si la universidad es un espacio donde se enseña a realizar un oficio, si la universidad está a las expensas del mercado profesional, generando títulos cada año más especializados, la universidad pierde su esencia y se desvirtúa, pierde su razón de ser y se convierte en una empresa que hace su dinero a costa de que unos clientes paguen unas cuotas determinadas a cambio de un título que les da un trabajo.
Sé que en la descripción anterior muchos no verán nada malo. No lo hay, a menos que se quiera forzar la realidad y convertir la universidad en eso: en una academia de oficios. La universidad es el lugar donde maestros y discípulos buscan la verdad en común. Se quiera o no se quiera, se logre o no se logre, sea posible o imposible. Es eso y nadie lo puede cambiar: ni el mercado, ni el estado; se puede mejorar o empeorar, de acuerdo a si uno se acerca o no al ideal por el que unos hombres deciden ser universidad (es algo así como el amor: donación plena, incondicional. Puede ser más o menos auténtico; pero lo que no podemos decir es que "ahora" el amor consiste en otra cosa).
Claro que puede uno engañarse y decir: "esto es la universidad del siglo XXI" ("esto es el amor del siglo XXI, ahí te quedas!"), pero se equivoca porque "esto", la universidad no es un sitio donde se entretienen quince millones de personas actualmente. La universidad es una institución que deviene, es la misma desde el siglo XII.
Lo dijo hace dos años, durante la Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI: "La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor".
Así que si quieren detectar al intruso, al virus que causa el daño en la universidad, busquen quién ataca a las humanidades, quién habla a diario de nuevas técnicas y de mercado...
Así que si quieren detectar al intruso, al virus que causa el daño en la universidad, busquen quién ataca a las humanidades, quién habla a diario de nuevas técnicas y de mercado...
D. Investigación (próximamente)
lunes, 15 de julio de 2013
La unidad y la pureza
En un texto de J. Ratzinger (Fe y Futuro, Salamanca, Sígueme, 1973, pp. 76-77) que me envía Pablo Velasco (@pavelaquin) el actual papa emérito dice -proféticamente- que la Iglesia del futuro, es decir, la de hoy (porque lo dice hace cuarenta años del texto) será simple y exigirá un compromiso más directo de los fieles.
Para lograrlo tendrá que eliminar tres actitudes de defensa:
1. "Será una iglesia interiorizada, sin reclamar su mandato político y coqueteando tan poco con la izquierda como con la derecha". No se debe coquetear con la política. Es decir sólo es posible hablar con el poder si tienes un poder igual o similar a él, porque el poder (religioso, político o económico) sólo respeta al poder. El poder es a-teo, y por lo tanto a-moral, sólo entiende de razones instrumentales y es superficial por naturaleza. Esa es la razón por la que corrompe, porque va contra la naturaleza humana, para la que hay otras cosas que lo inmediato superficial y técnico.
Porque el poder es así, si no somos capaces de colocar un poder frente al poder es mejor que no hablemos con él, de lo contrario seremos devorados. Antes existía el poder moral... pero desde que Maquiavelo es lectura de colegio ya no existe la moral frente al poder. La teoría de las dos espadas, por la cual se decía en la Edad Media que el poder político y el religioso debían convivir, uno en cada mano, apoyándose mutuamente, sin mezclarse, debe abandonarse: ahora el poder político intercambia protecciones con la tecnología y la religión debe ocupar otro puesto para sobrevivir.
2. Benedicto apunta en una frase otras dos actitudes: "Habrán de suprimirse tanto la cerrada parcialidad sectaria como la obstinación jactanciosa".
Vayamos a lo primero: la "cerrada parcialidad sectaria", tres adjetivos que vienen a decir lo mismo y se apoyan solidariamente, lo que toca en este siglo es abrirse al otro. Es decir, nada de criterios sectarios, nada de grupos cerrados, de burbujas aisladas del mundo. Es necesario que existan grupos pequeños de pureza, de fortaleza, pero estos grupos sólo tienen sentido si están abiertos. Son necesarios porque sólo en los grupos pequeños se da la adhesión auténtica, el encuentro comunitario. El gran reto consiste en vivir abierto a los otros sin perder ni un ápice de identidad. La diferencia es sutil, pero interesante: el sectario se cierra al diálogo porque quiere convencer al otro, sacar algo del otro, pero no le escucha porque tiene miedo a contaminarse y en el fondo le desprecia; la verdadera comunidad exige que se respete al otro aunque no se comparta su visión, que se respete al otro con sus errores.
Vayamos a lo primero: la "cerrada parcialidad sectaria", tres adjetivos que vienen a decir lo mismo y se apoyan solidariamente, lo que toca en este siglo es abrirse al otro. Es decir, nada de criterios sectarios, nada de grupos cerrados, de burbujas aisladas del mundo. Es necesario que existan grupos pequeños de pureza, de fortaleza, pero estos grupos sólo tienen sentido si están abiertos. Son necesarios porque sólo en los grupos pequeños se da la adhesión auténtica, el encuentro comunitario. El gran reto consiste en vivir abierto a los otros sin perder ni un ápice de identidad. La diferencia es sutil, pero interesante: el sectario se cierra al diálogo porque quiere convencer al otro, sacar algo del otro, pero no le escucha porque tiene miedo a contaminarse y en el fondo le desprecia; la verdadera comunidad exige que se respete al otro aunque no se comparta su visión, que se respete al otro con sus errores.
No se trata del respeto liberal, que en el fondo es un desprecio y supone la indiferencia ante el error o el acierto del otro. Sino de un respeto a la persona que se equivoca, no a su error, o a su mentira o su injusticia.
Precisamente al estar abierto al otro y querer comprenderle sin querer sacar nada de él, se puede decir la verdad con más tranquilidad; se puede reparar la injusticia con mayor dedicación. Y contrarrestar la obstinada maquinaria del poder con la simple verdad: cuando el poderoso miente, digamos la verdad sin problema. Cuando comete injusticia, difundámosla por todo el mundo, no hay límites a la verdad, a la transparencia, al hablar. Los medios de comunicación ahora lo permiten, hagámoslo, hagamos que la injusticia y la mentira tengan su precio.
¡Eduquemos al poderoso! Es el momento de hablar, sin estrategias ni tapujos; es el momento de la transparencia, que va derribando algunos resortes del poder político religioso y empresarial.
El silencio cómplice, el que quería salvar la estructura antes que las personas, el que se imponía tácita o explícitamente en cláusulas de dudosa moralidad en los contratos, es un silencio del siglo XX que sólo ha conseguido perpetuar el mal.
Y precisamente en esta línea Benedicto XVI destapó todo lo destapable: la verdad si hace daño, que duela, siempre será peor que la corrupción; y Francisco I: "pecadores sí, corruptos no".
Y precisamente en esta línea Benedicto XVI destapó todo lo destapable: la verdad si hace daño, que duela, siempre será peor que la corrupción; y Francisco I: "pecadores sí, corruptos no".
3. Y, en la misma frase incitaba a abandonar "obstinación jactanciosa". Obstinación de creer que el mundo actual es similar al del siglo XX. Y no, el mundo del pasado se está derrumbando, con sus macroinstituciones y sus programas generales de influencia social. Las grandes estructuras están cayendo y hay que olvidarse de la obstinada lucha por mantenerlas. Hay que dejarlas caer para construir sobre ellas.
El saber técnico se opone al humano como la comunidad se opone a la superestructura donde nadie se conoce ni se habla, y donde se toman decisiones que afectan a la vida íntima de las familias sin preocuparse por nada, a 19,8 kilómetros de distancia y sólo con unos datos de una tabla de cálculo.
Al final la Iglesia se mantendrá, claro, pero "no la iglesia del culto político, ... sino la iglesia de la fe (...), una iglesia interiorizada y simplificada".
Y lo mismo puede ocurrir con las otras instituciones que no son Iglesia pero viven cerca de ella: que deben adelgazar, interiorizarse, simplificarse, mostrar la belleza de la unidad libre de estructuras, poderes, izquierdas y derechas.
lunes, 24 de junio de 2013
La educación en la nube ¿o en las nubes?
Las buenas herramientas, como las buenas estructuras, las
leyes, o las condiciones socioeconómicas ayudan a la buena calidad de la educación
pero en ningún caso son la clave de
la buena educación.
Un método de enseñanza basado en herramientas es un suicidio
educativo y medir la calidad de un colegio por el conocimiento del inglés o la informática, supone un
suicidio colectivo, que sólo puede generar una sociedad más dominadora,
menos humana y menos crítica.
"Acceso a la información"
La educación es comunicación
y la informática es una herramienta para el manejo de la información. Son cosas distintas, y esta distinción es el punto central del pensamiento que nos domina en pedagogía, del cual conocemos muy bien sus desastrosos efectos
en la sociedad.
La información (in-formare)
es “infringir formas”, letras sobre cera inicialmente, ahora sobre fotones en
pantallas, negro sobre blanco, imágenes pixeladas… es simplemente grabar algo que contiene elementos que hablan
de datos, datos que luego sirven para comunicar o para modificar el mundo. La
información se puede medir en bits, y se puede copiar y transmitir, puede compartirse
en una red interna, “colgarse” en Internet para uso público o para uso privado
en una “nube”.
La comunicación es -sin embargo- una cosa humana: comunicar
es verter(se) en el otro, entregarse, darse. Es transmitir lo que somos, con
nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. No es mensurable, no es fácil
de explicar, no es homogénea, ni puede colgarse en ninguna nube, ni puede colocarse
sobre ella ningún logotipo en inglés. La comunicación tiene que ver con muchas
facetas humanas inmarcesibles: compartir, charlar, reír, jugar, trabajar,
pensar, sufrir, etc. Comunicar con los alumnos es ayudar a crecer, ayudar a descubrir, vigilar las caídas, acompañar y ponerles en comunicación con todo un mundo de sabiduría heredada.
La principal tarea de la educación es comunicar para llegar a
sacar lo mejor de la infancia. Por jugar un poco con las palabras, la educación
forma, no informa. El colegio no tiene la tarea de facilitar el acceso a la información a los chicos; ni tiene que informar
a los padres de la marcha de sus hijos, tiene que comunicar-se con ellos,
conocer-los, tratar-los, etc.
Por eso la educación es algo tan complicado y tan alejado
del Estado y de las grandes corporaciones empresariales que no saben ni tiene
que saber medir el amor que ponen los miembros de una comunidad en hacer su
trabajo y –sobre todo- en valorar el “producto” final esperado, es decir, el
joven que tras pasar por todo un sistema educativo puede desenvolverse con
soltura en espacios humanos.
La educación es comunicación y el inglés y la informática
son medios de acceso a la información.
Pero ese acceso a la información es necesario sólo cuando el alumno ya está
motivado, ya quiere aprender y esto raramente ocurre de forma natural.
"Aprender jugando"
Decía Aristóteles que “todos los hombres desean saber”. Los
pedagogos de biblioteca también descubren en el niño cualidades que a los padres
y a los maestros nos cuesta encontrar: la curiosidad natural, el espíritu pacífico
y colaborativo, la bondad innata…. Y parece que es querer poco a los niños no considerarles
angélicos por naturaleza.
Pero hay que distinguir entre lo que el niño es capaz de hacer que lo que el niño hace naturalmente. El niño es capaz de esa
curiosidad y bondad, es capaz de ser adulto, pero es la escuela la que debe favorecer
que emerjan esas cualidades (y no las cualidades las que hagan emerger a la
escuela).
Los niños sólo quieren saber lo inmediato, lo fácil, lo inútil.
Y si en la escuela nos dedicamos a observarles por si se les ocurre aprender algo
importante, perderemos el tiempo y haremos al niño menos capaz de aprender,
menos inteligente, más manipulable.
Al niño hay que forzarle. Eso de “aprender jugando” es una
buena cosa a ratos, como aquellos vídeos que vendían a los padres bajo el pufo
del “Efecto Mozart” y hacía que los padres pudiesen ver el partido sin
remordimientos, porque sus hijos estaban convirtiéndose en genios pegados a la Tele (esto fue en 1993... hagan cálculos).
El niño tiene que saber que hay un tiempo para todo, que hay
un momento en el que no debe hacer su voluntad y sí la de los profesores/padres,
porque hay motivos mejores que los suyos para dejar de jugar o ver la tele y
pasar a una actividad formativa; y esta actividad contra su voluntad, o sea, frustrante, es buena y debe incrementarse hasta lograr descubrir placer en la búsqueda de conocimiento cada día más elevado.
Asambleas
Una pedagogía basada en este error garrafal de que el niño aprende solo, convirtió las
clases en asambleas, donde los niños trabajan en grupos de seis para que
aprendan de los otros. Como el niño aprende en cualquier momento (por acumulación) se colocaron murales cubriendo todas
las paredes, de modo que pudiese aprender cosas mientras se distrae. Pero como
no podían ni poner una pizarra en cada mesa (cosa que lo permite fácilmente la
tecnología) ni contratar a profesores enanos que pudiesen sentarse con los
niños, las clases quedaron convertidas en un híbrido entre un aula colaborativo-marxista
y una jerárquica-fascista, con su pizarra, su tarima y la mesa del profesor con
su sillón y los cuadros del rey y del prohibido fumar o el crucifijo (dependiendo
si el colegio es de religión estatal o privada), por un lado, y, por otro, las
paredes llenas de proclamas, grafitis, y fotografías impactantes y las sillas
formando hexágonos que permiten la comunicación horizontal (eso sí “dinámicas”
y “modulares”).
Claro que con las clases que fomentan la comunicación
horizontal y el profesor convertido junto con el ordenador en un mero
transmisor de la información, la educación se convierte en un gran recreo donde
los niños aprenden a participar en los juegos de rol a los que luego, tras su
etapa de colegio, se incorporarán en la vida adulta.
Resultado
Así no importará qué tipo de personas hayamos educado (eso
dependerá, en último extremo de los padres) sino que importará que los nuevos
ciudadanos sepan comprender las órdenes en inglés y el manejo de sistemas informáticos desde donde
dominar el mundo sin hacerse preguntas.
Y este es el resultado de no aplicar la lógica y el sentido común. La educación es una tarea sencilla que exige su tiempo y su componente humano. La educación tiene por objeto lograr personas íntegras, responsables, valiosas, comprometidas, fiables... y eso no lo da ni la informática, ni el inglés ni las asambleas.
Consejo gratis para padres en busca de colegios de calidad:
1. Quien habla de inglés e informática como principal elemento de calidad lo que realmente quiere es formar televidentes.2. Si ve usted una clase llena de carteles y distracciones... si ve sillas y mesas en círculos, si ve que el profesor pone vídeos y películas... vaya al colegio más cercano.
martes, 11 de junio de 2013
Educación y Estado Totalitario de Bienestar
En tiempos de crisis todos quieren cambiarlo todo pero nadie cambia nada. En estos tiempos se dice que nos sobran políticos, que el Estado de las Comunidades Autónomas es caro e ineficiente, que sobran asesores, etc. También se dice que hay demasiado control del Estado, que se mete en todos los aspectos de la vida. Y entonces da la impresión de que las mayorías quieren a) que haya manos funcionarios y políticos y b) que el Estado se limite a administrar lo público.
Pero no. Ni una cosa ni la otra. En el fondo la grana masa quiere (a) que haya muchos funcionarios (a todo español alguna vez se le pasó por la cabeza ser funcionario) y la crítica a las macroadministraciones esconde la envidia a la vida cómoda y tranquila de quien, pase lo que pase, se va a casa a las cinco y cobra el día 30. Y (b) también les parece bien que el Estado les regule su vida privada, que esté ahí como una ética externa, que haya tanta policía como sea necesaria para mantener el orden.
A la gran mayoría le parece bien que el Estado y una masa ingente de funcionarios (un 11% de la población activa) controle todos nuestros movimientos y gracias a ellos fumemos menos, nos pongamos más el cinturón, usemos preservativos y comamos menos grasas. Así, dándonos agua cuando tenemos sed, dándonos pan cuando tenemos hambre y salud cuando estamos enfermos, y refugio..., el Estado nos salva y Él sabe mejor que nosotros qué es lo que necesitamos.
Pero no. Ni una cosa ni la otra. En el fondo la grana masa quiere (a) que haya muchos funcionarios (a todo español alguna vez se le pasó por la cabeza ser funcionario) y la crítica a las macroadministraciones esconde la envidia a la vida cómoda y tranquila de quien, pase lo que pase, se va a casa a las cinco y cobra el día 30. Y (b) también les parece bien que el Estado les regule su vida privada, que esté ahí como una ética externa, que haya tanta policía como sea necesaria para mantener el orden.
A la gran mayoría le parece bien que el Estado y una masa ingente de funcionarios (un 11% de la población activa) controle todos nuestros movimientos y gracias a ellos fumemos menos, nos pongamos más el cinturón, usemos preservativos y comamos menos grasas. Así, dándonos agua cuando tenemos sed, dándonos pan cuando tenemos hambre y salud cuando estamos enfermos, y refugio..., el Estado nos salva y Él sabe mejor que nosotros qué es lo que necesitamos.
La omnipresente Tele, el Ente público, se enciende para lanzarnos ideas sobre los vicios permitidos y las virtudes sociales. Y nos propone que junto con la escuela y la Universidad sean motor de cambio, eufemismo que viene a ser algo así como que nuestro papel es el ser los grandes manipuladores de las conciencias, es decir ser la voz del Gran Hermano.
Nuestra educación está tan intervenida por el Estado que nadie en España puede crear centros educativos o enseñar lo que quiera a sus hijos. Si quieres crear un centro privado el Estado te dice todo lo que tienes que hacer desde que abres por la mañana hasta que cierras ¿Por qué razón tengo que enseñar a mis hijos flauta, aritmética o las tonterías que se enseñan en Conocimiento del medio y no latín, griego, arameo, cosmología, astronomía, horticultura, psicología, piano, por ejemplo? ¿Por qué tengo que estabular a los niños junto con otros cinco horas al día? ¿Y si prefiero que estén en casa?
El Estado regula qué cuándo, a qué edad, en qué tiempos, quiénes, dónde, qué y para qué se estudia...
Sé que piensan que está bien, que es necesaria una educación así, etc. etc. porque los padres somos menores de edad y no sabemos qué es lo mejor para nuestros hijos. Pero eso lo piensa porque le han impedido pensar libremente, responsablemente.
El Estado regula qué cuándo, a qué edad, en qué tiempos, quiénes, dónde, qué y para qué se estudia...
Sé que piensan que está bien, que es necesaria una educación así, etc. etc. porque los padres somos menores de edad y no sabemos qué es lo mejor para nuestros hijos. Pero eso lo piensa porque le han impedido pensar libremente, responsablemente.
No es necesaria la manipulación general de las conciencias de nuestros hijos, no: lo único necesario es la libertad, la educación es tarea de los padres. El Estado no debe meterse en ello para nada (sólo en caso de violación de derechos humanos puede ser garante de los derechos de los niños a la educación, pero nada más) ¿Es que alguien piensa que el Estado quiere la mejor educación para mis hijos?
Recordemos que el Estado lo forman las instituciones democráticas que controlan los partidos políticos nacionales y los autonómicos, partidos que cobran comisiones a todos los que hacen gasto al Estado, que se enriquecen vulgarmente y que han ido demostrando a lo largo de 40 años de democracia que son unos inmorales.
Recientemente hemos podido ver en el caso de los ERES de Andalucía, los Gürtel de Madrid, de Valencia y de las dos Castillas y el tres por ciento de Convergencia, los negocios de Puyol, el Palau, los chanchullos con el dinero del parlamento vasco para pagar homenajes a criminales, a un diputado canario en un club de alterne de Madrid, o esos Consejeros en un club de Rusia; los chanchullos de Pepe Blanco con las concesiones, los escándalos de los aviones militares para llevar a gente de compritas a Londres, los asuntos muy muy turbios de las Cajas de Ahorros, que repartían dinero a los partidos y ellos mismos se colaban por leyes autonómicas en los Consejos de Administración, cobrando lo indecible, llevándose comisión y además favoreciendo al partido o al sindicato dándole préstamos a fondo perdido, hemos visto a jueces untados por banqueros, a jueces vendidos a los partidos que son capaces de lo que sea para pagar los favores a los políticos, hemos visto también en el pasado cómo el Ministro del Interior, y el Director General de la Guardia Civil, se llevaban el dinero de la Seguridad del Estado a su casa, y cómo el Vicepresidente y su hermano saqueaban Andalucía, hemos visto a sindicalistas que robaban el dinero de las casas de protección oficial del Plan Socialista de Vivienda, a sindicalistas que lucían Rolex y vivían en casas de Protección Oficial. Y por último estamos viendo los trapos sucios de la Familia Real: al rey de golfillas por África y a su hija y a su yerno robando a dos manos con o sin consentimiento pero no sin conocimiento del monarca, abortos en la futura reina, divorcios, drogas, etc. etc..
Recientemente hemos podido ver en el caso de los ERES de Andalucía, los Gürtel de Madrid, de Valencia y de las dos Castillas y el tres por ciento de Convergencia, los negocios de Puyol, el Palau, los chanchullos con el dinero del parlamento vasco para pagar homenajes a criminales, a un diputado canario en un club de alterne de Madrid, o esos Consejeros en un club de Rusia; los chanchullos de Pepe Blanco con las concesiones, los escándalos de los aviones militares para llevar a gente de compritas a Londres, los asuntos muy muy turbios de las Cajas de Ahorros, que repartían dinero a los partidos y ellos mismos se colaban por leyes autonómicas en los Consejos de Administración, cobrando lo indecible, llevándose comisión y además favoreciendo al partido o al sindicato dándole préstamos a fondo perdido, hemos visto a jueces untados por banqueros, a jueces vendidos a los partidos que son capaces de lo que sea para pagar los favores a los políticos, hemos visto también en el pasado cómo el Ministro del Interior, y el Director General de la Guardia Civil, se llevaban el dinero de la Seguridad del Estado a su casa, y cómo el Vicepresidente y su hermano saqueaban Andalucía, hemos visto a sindicalistas que robaban el dinero de las casas de protección oficial del Plan Socialista de Vivienda, a sindicalistas que lucían Rolex y vivían en casas de Protección Oficial. Y por último estamos viendo los trapos sucios de la Familia Real: al rey de golfillas por África y a su hija y a su yerno robando a dos manos con o sin consentimiento pero no sin conocimiento del monarca, abortos en la futura reina, divorcios, drogas, etc. etc..
Y eso que mi memoria es muy mala y no tengo televisión, pero en todo caso son datos suficientes como para saber que el Estado no está capacitado para velar por la educación moral de mis hijos, y en cuanto menos entidad tenga, dada la corrupción que genera, mejor para todos.
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