lunes, 25 de febrero de 2013

Virtudes universitarias



..."la educación permite a los hombres tener una visión clara y consciente de sus propios juicios y opiniones, desarrollarlos con veracidad, expresarlos con elocuencia y reivindicarlos con energía. Le permite no dejarse distraer ni confundir por lo irrelevante, y finalmente lo habilita para ocupar cualquier puesto con garantías y para dominar fácilmente cualquier materia..." (Newman)

La universidad sólo puede calar en las personas que posean las virtudes que Aristóteles llamaba intelectuales. Es el trabajo de los bachilleratos el lograr crear en los alumnos esas virtudes básicas sin las cuales el paso por la universidad es una inútil pérdida de tiempo y dinero, a la par que molesto para los universitarios y perjudicial para el conjunto de la nación.

Estas virtudes universitarias pueden ser disposiciones del espíritu en su grado ínfimo, pero al menos deben existir como germen para que la interacción entre persona y universidad dé resultados óptimos:

1. A la universidad se viene a aprender. Si usted ya viene aprendido quédese en casa. No se pone en duda la palabra del profesor hasta que no se sabe lo suficiente como para poder pensar por sí mismo. Lo que dicen los profesores universitarios es interesante en algún sentido que quizá a usted se ele escape. Si usted no lo capta es problema suyo.

Aunque esto - que es tan evidente, tan sencillo y tan de primero de primaria- se ponga en duda, no por eso vamos a ceder ni un poquito: los profesores universitarios somos los que conocemos, conservamos y transmitimos el saber. Y no la televisión. Y no los culturetas de los debates amañados. Y no los periodistas. Y tampoco los profesores de secundaria o de primaria. Y mucho menos los actores y faranduleros.

En las cuestiones que afectan a la cultura académica sólo tiene voz quien ha recibido la antorcha de la tradición, y esta la puede obtener de libros académicos o de profesores universitarios. Por ello sobre lo que dice un profesor cuando habla ex cátedra (valga la comparación) es verdad y solo tenemos derecho a opinar DESDE la tradición, nunca desde las opiniones. Las opiniones, que tanto se han empeñado en salvaguardar los relativistas, no valen nada, no son nada, no sirven para nada.

(Sí, sí. Tus opiniones sobre todo lo que opinas, sobre este artículo, sobre la última película, etc. no son más que palabrería sin sentido).

2. La otra de las grandes cualidades que debe tener el alumno universitario es la inteligencia: no se puede venir a la universidad si uno no es capaz de una mirada más amplia, más completa, más limpia que el vecino del quinto, el panadero o el lechero. Si uno no tiene la disposición del espíritu a ser y parecer inteligente no debe ir a la universidad, debe ser lechero o panadero, que son profesiones muy dignas y mejor pagadas en muchos casos que las universitarias. 

(Pero no vaya a vender leche sin la disposición para ello....) 

Los que se jactan de su poca inteligencia, de su poca cultura, de su precaria preparación deben salir escopetados de la universidad.

Como saben, la inteligencia es una cuestión de visión: si usted no es capaz de ver en un texto, en una imagen o en un argumento más allá de lo meramente objetivo… si no es capaz de reconocer un símbolo, una metáfora… si no es capaz de entender nada de verdad. Debe abandonar los estudios universitarios.



viernes, 15 de febrero de 2013

La burbuja

Cuando todo anda patasarriba, como ahora, y nada parece ser estable surge la tentación de la burbuja: aislarse del mundo, vivir como si esto de la civilización no fuese con nosotros, como si el mundo pudiese prescindir de nuestras aportaciones. O como si la sociedad "ya" no tuviese nada que aportarnos.

Este pensamiento, liberal, parte de la absurda teoría del contrato social. El individuo, dicen, es como si hubiese firmado un contrato de prestación de servicios con la sociedad, que le convierte en ciudadano, que le obliga. Esto, que a pesar de oirlo una y otra vez en bocas eruditas, no es más que una simplonería que no lleva a ninguna parte buena. ¿Cómo vamos a haber firmado un contrato? Realmente el ser humano es social por naturaleza y no necesita un contrato que le dé dignidad ni nada por el estilo; es un ser social, y por lo tanto no puede ni firmarse ni romperse tal contrato.

A lo único que podemos aspirar es a retirarnos. Cada día hay más personas sin ataduras que "huyen del mundanal ruido y siguen la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido", es verdad. Cada día hay más gente que puede escapar de todo y se puede fugar lejos, a una isla desierta, a una finca en el campo, a un espacio lejano donde se hacen los dueños y señores, donde pueden gestionar su tiempo en busca de un final más o menos tranquilo. Algunos incluso siguen teniendo vínculos con el mundo, pero vienen al mundo de los mortales a hacer encargos, a firmar cosas, a sacar dinero y a volverse a su paraíso terrenal.

Ernst Jünger dibujó desde la Segunda Guerra Mundial, unas cuantas figuras que mucho tienen que ver con esta huída o "emboscadura": el trabajador, el emboscado, el anarca son ejemplos de figuras que van aislándose desde un elemento social y de colectivo (el soldado y el trabajador de los años treinta) a un sentir individualista y totalmente alejado del mundo de la hermandad y de la lucha, que vive en la segunda mitad del XX.

El anarca juengeriano es precisamente el que logra salirse del todo, vivir sin normas, sin leyes, sin patrias ni banderas. Alguien que evidentemente tiene que tener mucho dinero para gestionarse su libertad: debe pagarse su sanidad, su seguridad, su "bienestar". Es el hombre que ha roto con el contrato social. Que es más liberal que los liberales.

Es una tentación: huir del mundo y vivir en la naturaleza, dedicados a las cosas importantes de la vida pero con las posibilidades de la tecnología. En Eumeswill creo recordar que Jünger habla de ello.  Pero es inmoral, antinatural.

La burbuja sólo tiene sentido si es germen y espacio de difusión de una idea; sólo si se tiene presente al mundo; sólo si el emboscado vive en el mundo de los trascendentales; sólo si se trata de un ensayo de nueva sociedad... es decir, sólo tiene sentido salirse dle mundo si es para mejorarlo desde fuera, siendo modelo o siendo experimento de una sociedad futura.

lunes, 4 de febrero de 2013

Trías, Bárcenas y Garzón a los altares


Nunca me ha gustado la gente que una vez fuera sale a decir lo que deberían hacer los de dentro. Si es tan malo no haber participado de la fiesta. Si está todo tan sucio, tan mal, tan podrido... ¿por qué no lo denunciaste/arreglaste desde dentro? ¿O el ánimo no es la denuncia sino la venganza? Mucho me temo que detrás de las denuncias de los traidores está el resentimiento por haber sido apartado.

La cosa viene de lejos, parece:


    -¿Sabes en qué veo que las comiste de tres a tres?
    -En que comía yo dos a dos y callabas.

Pues eso. Que si callabas era porque comías y ahora que no puedes, ¿protestas?

Deberían los periodistas callar entonces. Debería el otro partido también callar. Y permitir todos que la corrupción sea denunciada por los no corruptos.

¿Cómo es posible que en toda la historia de la democracia no haya habido ni un miembro de un partido o gobierno, ni un concejal, que por amor a su patria o a su pueblo, o a su partido  haya denunciado al ladrón? No. Aquí todos hablan cuando salen y no son aupados.  

Empezaré a creer a políticos y financieros cuando lo denuncien desde dentro. Cuando se está haciendo, para evitar que se haga más y -preferiblemente- en el poder.  Sólo tiene sentido la denuncia cuando al realizarse la sociedad queda mejor. Cuando se denuncia para hacer daño se está instrumentalizando la justicia. 

Y ahora salen las voces diciendo que no son todos, que los políticos son honrados, etc. Me da la impresión que es al revés: que aquí "lo normal" es ser político corrupto y que sólo alguno no lo es a costa de callar bajo amenaza. Porque si en los partidos se deja claro que cualquier síntoma de corrupción debe ser denunciado y denuncian habitualmente a sus compañeros... 

Si la norma es que el que no denuncia es expulsado... si es expulsado el jefe del corrupto en cada cargo que ostente... los mandos no perderían ojo.... 

Pero son todo declaraciones. Pactos. Acuerdos. Y mientras comiendo de tres en tres. 

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Les copio a continuación, dos artículos del Señor Trías que es posible que ilustre lo que digo, en negrita y en grande lo que resalto, los amigos, las intenciones de hacer daño al PP y bien al PSOE...:
 

¿Sombras o certezas?

21 de enero de 2013

Todo son lugares comunes pero nadie, ni desde el Gobierno o los partidos afectados, ha dado una explicación convincente de lo que está ocurriendo. Quizás, la vicepresidenta Santamaría: “A mí, que me registren”. Porque ella, y algún otro u otra ministra o ministro, sí que están limpios de polvo y paja. Este asunto viene de lejos y no se ha querido —porque se pudo— resolver. Ahora ya no es tiempo de lamentos sino de explicaciones. Y rápidas.

En la primera legislatura de Aznar, la VI, había una Comisión o Subcomisión en el Congreso a la que yo pertenecí en la que estaban el diputado socialista Fernández Marugán, Jaime Ignacio del Burgo y alguien más que no recuerdo. El escándalo Filesa, que tanto azuzó el PP —y Rato especialmente—, era aún un asunto muy cercano. Los socialistas lo habían pagado caro y Marugán, hombre cabal, barbado y honesto, era muy consciente de ello. Decidimos que había que modificar el sistema de financiación de los partidos políticos y la ley que lo regulaba.

Recuérdese que estaban permitidas entonces las donaciones anónimas. Así se financiaban, además de las asignaciones públicas, prácticamente todos los partidos, lo cual daba lugar a todo tipo de corruptelas, enjuagues y corrupciones. No fue posible entonces acabar con ese sistema. No se quiso poner el cascabel al gato. Y, desde luego, había gato encerrado. CiU, de quien dependía el PP para poder gobernar, se opuso rotundamente. Si mi memoria no me falla, las donaciones anónimas terminaron en la etapa de Zapatero, que no todo lo hizo mal, ni mucho menos ahora el PP, y especialmente su extesorero Luis Bárcenas —con quien he recorrido montañas, he tenido larguísimas conversaciones y a cuya amistad no renuncio sea cual sea su futuro—, están sometidos a un escrutinio lógico. Deben, pues, aclarar y explicar el sistema de financiación para que podamos creerles. Y la oposición, toda ella, debe también contar públicamente —el Partido Socialista especialmente— si usaban, así mismo, de esas malas prácticas.

Hace aproximadamente un año publiqué un artículo en este diario que tuvo una enorme repercusión en el que contaba algunas cosas que sabía por haber intentado ayudar al juez Pedreira, enfermo y sin medios materiales en el juzgado, que intentó realizar una investigación clara. Pudo a medias. En el PP sentó muy mal ese artículo mío. Afortunadamente, ahora, el juez número 5 de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, siguiendo la estela de lo que había iniciado su antecesor Baltasar Garzón, intenta aclarar el escándalo de la financiación del Partido Popular. Confiamos muchos en que ni la Fiscalía Anticorrupción ni el juez se arredrarán ante las presumibles presiones que van a sufrir. El fiscal general es hombre cabal y con arrestos, y el juez es hombre lento, pero seguro.

    Este asunto viene de lejos y no se ha querido (porque se pudo) resolver

¡Vaya historia!: el juez que inició la investigación, honrado en toda Hispanoamérica y en la Corte Penal Internacional, Baltasar Garzón, fue apartado y condenado por unas escuchas que, a mi juicio, fueron muy limitadas y estaban más que justificadas. Y el juez del Tribunal Superior de Justicia, Antonio Pedreira, quedó postrado en el lecho del dolor y olvidado. La dignidad tiene su precio. Pero la verdad se va abriendo paso.

Sigamos, pues, con lo que quiero decir. Al margen de lo que hagan los fiscales y jueces, el Partido Popular tiene que explicar con pelos y señales los medios con los que se financiaban. Francisco Álvarez-Cascos, ex secretario general; Ángel Acebes, excoordinador general; Javier Arenas y María Dolores de Cospedal, sucesivos secretarios generales del PP; líderes autonómicos afectados por este caso u otros; y, por supuesto, José María Aznar y Mariano Rajoy, presidentes sucesivos del PP, deben dar una explicación convincente. Por supuesto, también deben hacerlo Álvaro Lapuerta, Luis Bárcenas, otro tesorero cuyo nombre no recuerdo que le sucedió interinamente, Romay y la actual tesorera.

No podemos tener esa desagradable sensación de que fuimos ingenuamente engañados quienes les defendimos en medio del tornado. Ellos tienen los documentos o información suficiente. Llevaban esa contabilidad B, cuando la hubo, de las donaciones personificadas y de las anónimas —legales hasta hace unos cuatro o cinco años— y de a quiénes o a qué menesteres se destinaba ese dinero. No pueden esconderse ni mentir.

Y todos los destinatarios deberían hacer públicas sus declaraciones de renta para que la Agencia Tributaria determine si estaban declaradas. Y en el caso de que no lo hubiesen sido, y si incurrieron en un posible delito fiscal, que la Agencia Tributaria envíe el asunto al Juzgado numero 5 que, según parece, es indiscutiblemente el competente.

Por lo que yo pude saber, y ya conté en estas páginas de forma sucinta, sí se entregaban sobres con dinero en efectivo que servían como complemento del sueldo que percibían algunos dirigentes. Creo que la cantidad máxima eran unos 10.000 euros al mes o su equivalente en pesetas antes de la moneda única. De ahí hacia abajo se percibían cantidades menores, según los cargos y responsabilidad. La mayoría de diputados y dirigentes del PP no percibía nada de esas cantidades. Y es por ellos, y especialmente por quienes les votaron, por lo que deberían dar una explicación, tanto Cospedal como Rajoy, que son quienes ahora dirigen el partido.

Es posible que ellos acabasen con esas malas prácticas, es posible, pero también deberían explicar si al principio de sus mandatos respectivos percibieron alguna cantidad de esa opaca procedencia. En resumen: queremos saber la lista de donantes y la de receptores. Nos la deben quienes fueron nuestros dirigentes, amigos algunos de ellos, e incluso aquellos que, pase lo que pase, lo seguirán siendo.

Es posible que ninguno de los perceptores, si no hubiese declarado esas cantidades que recibían en metálico, haya incurrido en delito fiscal, pues la cuota posiblemente defraudada, por lo que yo conozco, no llega al límite del delito. Pero en cualquier caso el escándalo está servido y España y los españoles, tenemos derecho a conocer lo que se hizo con ese dinero público. Y Bárcenas, que tiene un buen abogado, debería explicar de dónde salía ese dinero y si las empresas que se acogieron a la amnistía fiscal eran suyas o de más personas, pues probablemente, y como consecuencia del generoso sueldo que cobraba, pueda tener una explicación que le aparte definitivamente del delito. Callar, a veces, es complicidad. Otra cosa son las responsabilidades políticas, que el PSOE, con Rubalcaba a la cabeza, debe pedir con firmeza y no con la boca chica como lo viene haciendo hasta ahora, pues da la sensación de que ellos también tienen algo que ocultar.

El sistema constitucional español es lo suficientemente fuerte para soportar una crisis política de esta magnitud. Hay personas muy cualificadas, tanto en el Gobierno, en el PP, y en el PSOE, para sustituir a quienes deban caer, con delito o sin delito, por este monumental escándalo. “Que cada palo aguante su vela”, afirmó la secretaria general, María Dolores de Cospedal. Efectivamente, y ella la segunda. Pues el primero que nos debe una explicación es el jefe del PP, Mariano Rajoy. Es una cuestión de patriotismo y de ejemplaridad, como diría el filósofo Javier Gomá. Y de honor. Si no creemos en quienes gobiernan la nación, ¿cómo podrán soportar los ciudadanos tantos sacrificios como se les están exigiendo?

Jorge Trías Sagnier es exdiputado del Partido Popular.

Cacería Judicial

17 de enero de 2012. El País

 En mayo de 2009, cuando el caso Gürtel ya había estallado y Antonio Pedreira, magistrado del Tribunal Superior de Madrid, se hizo cargo del caso, comenzaron a caer sobre su cabeza todo tipo de improperios acerca de su parcialidad. Su pecado es que había sido letrado del Ayuntamiento de Madrid en tiempos del alcalde socialista Juan Barranco, de quien era amigo. Yo también. Me sorprendió esa virulencia, pues recordaba que en alguna columna en las que hace años comentaba sentencias en Abc, había escrito elogiosamente sobre decisiones de asuntos polémicos y políticos de este juez, que había dado la razón unas veces a imputados del PP y otras del PSOE. Y entonces escribí sobre la imparcialidad del magistrado y afirmaba que el caso Gürtel creía que estaba en buenas manos y que al final resplandecería la verdad. No tenían, pues, nada que temer mis compañeros del PP que desconocían —o incluso habían denunciado— la trama corrupta, por mayor proximidad que hubiesen tenido con los encausados.

Al cabo de unas dos semanas recibí una llamada telefónica, “de su compañero Antonio Pedreira”. Ni se me ocurrió pensar que el “compañero” que me llamaba era el instructor. Cuando até los cabos me di cuenta enseguida de quién era. Me llamaba para darme las gracias por el artículo, algo poco habitual, y acabamos la conversación quedando para vernos. Una tarde me acerqué a su despacho, le llevé mi libro de poemas Desde la incertidumbre, que acababa de reeditarse, y La cocina de la Justicia, donde comentaba algunos casos muy singulares. Hablamos de la justicia en general, de la vida, de su enfermedad, de los escasos medios que tenía para investigar, y al final me preguntó si le podía ayudar. En suma, me pedía que transmitiese al PP, especialmente a Mariano Rajoy, que no dudasen de su imparcialidad, pero que no tratasen de enturbiar la labor investigadora, pues el caso se enredaría, politizándose más de la cuenta, como así ocurrió. Hablamos también del juez Garzón, ya que la causa venía de la Audiencia Nacional, de las escuchas, de la competencia, de Valencia y de todo un poco.

Rajoy me recibió enseguida y le expliqué lo que pensaba sobre el caso, y lo que yo haría si estuviese en su piel, dejando trabajar a la justicia. Entonces no conocía al principal imputado, Luis Bárcenas, cuya cabeza querían cortar a toda costa desde un lado y de otro de la bancada política, pues sabían que decapitando a Bárcenas, el tesorero nombrado por Rajoy, podía herirse de muerte al presidente del PP y jefe de la oposición entonces. Algunos de los “compañeros” de Rajoy desconocían su capacidad de resistencia y de que era capaz de doblarse, como los juncos, hasta que pasara el ciclón. Recuerdo que me enseñó un montón de diarios y me dijo que si tenía que fiarse de lo que ahí se decía no podría estar sentado en la silla donde estaba ni un minuto y que “cuando el viento sopla mal, lo único que se puede hacer es esperar que pase”.

Voy a ahorrarme los detalles del montón de entrevistas que tuve con Antonio Pedreira para ayudarle en su instrucción y darle mi opinión. Yo no estaba personado como abogado defensor de ninguno de los imputados y me pareció una buena ocasión para colaborar en esclarecer la verdad y de ayudar a un hombre bueno y enfermo que trataba de hacer su trabajo con competencia y honor. Enseguida me di cuenta de que dos personas iban a salir malparadas de este asunto. Por un lado, Luis Bárcenas, que además era senador, aunque dejó, junto con Merino, el escaño para no perjudicar a su partido. Me lo presentó mi amigo de la montaña y de la vida, ahora exsenador, Luis Fraga, y al final, después de tantas y tantas conversaciones, hemos acabado Luis y yo siendo amigos y subiendo —en mi caso tratando de subir— algunas cumbres juntos. Algo bueno tenía que tener todo esto. Y la otra víctima iba a ser Baltasar Garzón, el juez de la Audiencia Nacional que había osado mirar las finanzas del PP. Cuando comprobé por dónde iban los tiros, recordé la imposibilidad que tuvimos, siendo diputado, de modificar la ley de financiación de los partidos políticos ante la cerrazón de estos por abandonar las irregularidades y someterse a control. De esas irregularidades, la mayoría no delictivas, han vivido centenares de políticos a los que no les alcanzaban los sueldos míseros que percibían y la alta responsabilidad y representación que debían tener. Garzón, ¡qué osadía!, se había atrevido a mirar las cuentas de un partido.

El juez no debió de calcular sus fuerzas, y fue una buena ocasión para cargar contra él en una extraña alianza entre jueces y políticos para acabar con la “fama” de quien tanto odiaban. Unos por corporativismo y otros por meter las narices donde apestaba. Casi nadie salía en su defensa; y, al margen de sus errores y de las críticas, algunas acerbas, que yo mismo le había hecho, pensé que por encima de todo estaba la lealtad a la justicia. Cuando leí que se le pretendía imputar por el asunto de la memoria y del franquismo, pensé: se ha abierto la veda de una nueva cacería judicial. Y entonces salí en su defensa en una “tercera” en Abc que fue muy criticada y muy alabada por partes iguales. La suscribo hoy de la “a” a la “z”. Ante la desfachatez de esa causa y su poca consistencia, y como había encallado, se apuntó entonces al discutido y discutible tema de las escuchas. Sobre esta cuestión, que conocía bien pues yo fui una de las personas que colaboró con Carlos García Valdés, cuando era director general de Instituciones Penitenciarias, en tiempos del ministro Lavilla y del subsecretario Ortega y Díaz Ambrona, en la redacción de la primera ley orgánica de la democracia, la Ley General Penitenciaria, también me pronuncié en otras dos “terceras” de Abc, donde mantenía la misma tesis del magistrado Suárez Robledano, uno de los que avaló las escuchas, en el sentido siguiente: “Hay abogados que cooperan o se involucran en la continuidad de actividades delictivas”. Sentía mucho que un profesor, tan reputado y buen compañero y amigo, como Gonzalo Rodríguez Mourullo se encontrase en medio de este fuego cruzado, muy a pesar suyo; y que su honorabilidad hubiese sido puesta en duda, ya que no he conocido a abogado más honesto. Pero de ahí a que se instruyese una causa contra el juez que ordenó esas escuchas por prevaricación iba un abismo.

Para apuntalar la cacería se abrió un nuevo frente: la historia rocambolesca de la financiación irregular de actividades de Garzón en una universidad americana por el banco de Santander. Yo no conozco un solo juez o magistrado, de la instancia que sea, que no haya cobrado en cursos o conferencias financiadas por instituciones bancarias, compañías de seguros, fundaciones de partidos o despachos profesionales. Ni uno. Y no doy nombres e instituciones porque no resulta trascendente ni creo que afecte a la independencia de los jueces a la hora de juzgar. ¡Ah!, pero en el caso de Garzón sí resultaba trascendente. Y los mismos jueces que le tiraban las piedras eran los que escondían sus manos. Todo muy ejemplar. La cacería había comenzado y se usó todo tipo de argucias para que los tiros viniesen del puesto que más podía dañar la reputación del magistrado: su honorabilidad como juez, nada menos que haber vulnerado un derecho fundamental como es el secreto de las comunicaciones. Además, las otras dos causas no se sostenían en pie. La del franquismo, porque si hubiese sido condenado por ello le habrían convertido en un héroe. Y la segunda, la del dinero, porque se radiografiaron públicamente las cuentas de Garzón, de su mujer y de sus hijos hasta un detalle indecoroso e insufrible sin que nada irregular apareciese. Pero había que matar al lobo para calmar la rabia. Y la rabia estaba en la investigación de las finanzas populares.

Al final, el tesorero del PP fue exculpado, sin necesidad de juicio, con algún recurso que hay pendiente de resolución. Ya he escrito en otras ocasiones que en lo del caso Gürtel ni eran todos los que estaban, ni estaban todos los que eran. El día que este diario desveló que un conspicuo líder popular había cobrado minutas por varias decenas de miles de euros para autodefenderse, me escandalicé, hasta el punto que decidí pasar una minuta, por menor cantidad por supuesto, ya que al cabo yo no tenía incompatibilidad alguna y llevaba más de un año trabajando por amor al arte ayudando a mis compañeros de partido. Evidentemente no me pagaron nada y me dijeron que a mí nadie me había contratado, con lo cual tuve la excusa de salirme de este tema que me producía náuseas. Rajoy ganó hace unos meses por mayoría absoluta las elecciones y el extesorero ha podido demostrar su absoluta inocencia. Que yo sepa, y sé bastante, nadie del actual Gobierno tuvo que ver con esa historia, pero como dijo Rosa Díez en el debate de investidura, si no generalizada, la corrupción, o para ser más exactos, las corruptelas, están bastante extendidas entre los aledaños de la política. Al final, el que se ha sentado en el banquillo ha sido el juez Baltasar Garzón. ¿Es esto la justicia que tan hermosamente se describe en el Título VI de la Constitución? Si no fuera porque no tengo otro medio de vida que mi profesión, en la que ahorré poco y di mucho, mañana mismo colgaba la toga.

Jorge Trías Sagnier es abogado y exdiputado del PP

 En Apoyo a Garzón

 17 de enero de 2012. El País 

Vemos aquí cómo Iñaki Gabilondo da por hecho que en este país no hay justicia, que es todo un paripé, que es una patraña eso de la Justicia, porque si cree que un citar a declarar puede ser una vendeta alejada de toda justicia, cree también que todos y cada uno de los condenados o absueltos lo están por arbitrareidades.





viernes, 1 de febrero de 2013

El jefe tóxico


Mucho se ha escrito sobre los dos estilos de liderazgo: un liderazgo de 'ordeno y mando', antiguo, en desuso y un liderazgo basado en el encuentro y en el estilo más democrático de la sociedad.

Está claro que los dos modelos funcionan, de lo contrario uno de los dos dejaría de existir, y sin embargo persisten y -a mi juicio- convivirán eternamente. No es una cuestión progresiva porque, digan lo que digan los progres la humanidad no progresa en ideas, crece, entra en crisis, decrece y -cuando vuelven a darse las circunstancias- vuelven a florecer las ideas del pasado.

Está claro que de los dos estilos es el modelo democrático, conciliador, personalista el que tiene más seguidores teóricos y el que llena de presentaciones de Power Point los centros de negocios y las universidades. Pero, sin embargo, es el modelo del ordeno y mando el que más se lleva, el que más se estila.

Los dos modelos lo son de liderazgo, pero hoy no voy a hablar ni de uno ni de otro, sino de la corrupción del ordeno y mando: del 'jefe tóxico', el que se basa en el miedo:

1. Lo primero que hay que decir es que este modelo tiene origen teológico, es más: es la degeneración del orden natural instaurado por Dios, pero coloca en el lugar de Dios a un mediocre que lo intenta imitar.

No sólo cree que es mejor que los demás, sino que el jefe tóxico cree que es de una naturaleza distinta, y -por lo tanto- lo "natural" es que se respete el orden y se coloque a él todo lo arriba que necesite estar. Una vez arriba no ve a los demás, los demás son necesarios sólo para darle lo que necesita.

Maquiavelo tenía clara la idea de que el Príncipe era de una naturaleza distinta al pueblo, y que los hombres se podía decir que son "ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro"(Cap. XVII).

El jefe no tiene nada que ver con ellos, con los trabajadores, él es de otra casta y su trabajo consiste en hacérselo saber a todo el mundo.

2. Los primeros meses de mandato en a una nueva organización el jefe tóxico tiene un empeño, casi obsesivo, para que todos cumplan las leyes. Para eso no duda en ponerse a hacer normas que no son necesarias, simplemente para demostrar que existe, que él está allí, y que es apoyado por las "instancias superiores".

3. Las personas normales, ante la llegada de una persona con esas formas normalmente se callan, y aguantan en espera de mejores tiempos. Porque el jefe tóxico genera dos o tres cadáveres a su alrededor. Los que sobreviven piensan que el jefe tóxico durará poco y esperan que no les toque a ellos. Por eso se mantiene, porque la mayoría espera no ser la víctima inmolatoria que escarmiente a todos.

4. La mente enfermiza del jefe quiere entonces mandar sobre los que mandan, ser el que pone las normas y entonces prueba una maniobra un tanto curiosa: quiere hacer que las normas que le legitiman sean renovadas, para darle más poder, para dejar claro quinén manda.

5. Pero en seguida caen. La mayoría en el intento de rehacer la norma; los demás caen porque estos sistemas centroombliguistas son del todo nefastos para las organizaciones, para las haciendas y para las empresas y rápidamente empiezan a cantar los números, porque la productividad cae empicada cuando todas las energías se centran en no caer bajo la arbitrareidad del jefe.

6. Y además el  jefe tóxico no se entera, ha generado una corte de leales que le separan de la realidad. Cualquier asunto lo despachan sus leales, de manera que él nunca está para nadie. Así se forma una coraza. Curiosamente el jefe prefiere figurar como un "equipo", un "gabinete" y no como una sola persona. Porque de esa manera la responsabilidad del error está en la corte, y la de los aciertos en él.

7. Y tarde o temprano llega a tocar la hacienda de los demás, la tentación de la corrupción o el simple empobrecimiento de la organización hace que el jefe tóxico sea imposible de soportar y termina desapareciendo. 

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Pero ¿Por qué las organizaciones aguantan o admiten a un jefe tóxico? 


El jefe tóxico es necesario en tiempos de falta de liderazgo, de aburguesamiento, cuando la institución o la sociedad está saturada y llena de corrupción y mal hacer. Cuando nadie cumple la norma por norma. Es un mal necesario, un mal que debe durar lo justo para dar paso a un líder de verdad, porque si se mantiene en el poder pasado un tiempo termina hundiendo la institución.

martes, 29 de enero de 2013

Escribiendo mensajes de Correo Electrónico

Tienes un E mail. Cuando el E mail era algo vivo

 
Este es el inicio (quizá también el final) del Manual práctico de corrección en la escritura de mensajes de correo electrónico, cosa obsoleta, ya lo sé, pero que vas a seguir siendo utilizada en el mundo empresarial hasta que se invente algo que deje constancia, que se almacene y que pueda ser usado contra el que lo escribe o lo recibe.
 
Antes, para las cosas importantes había sellos de salida, cartas certificadas y acuses de recibo que hacían que las cosas que importaban perdurasen y hubiese prueba de ellas. Ahora las cosas más nimias se convierten en cuestión judicial, y ya la palabra que volaba ya no tiene validez, sólo la probada.

1. Mensaje de correo: palabra cosificada

El Correo electrónico se ha convertido en una forma de desencuentro. Es un medio de archivo de la comunicación, y es usado, como una prueba de que tal día yo "te dije", "te lo advertí", etc. y no hiciste caso... Ahora para comunicar hay otros medios...

Esto de cosificar significa atemporalizar las palabras y convertirlas en piedra. Las palabras vuelan, porque deben volar, deben seguir su curso y sólo deberían pararse, fijarse, las que por su valía dicen más que lo que dicen, que su significado al uso. Las palabras que fundan la realidad y la hacen mejor son las que debemos preservar, no cualquiera. Pero cuando palabras vanas pretenden quedarse lo hacen cosificadas y son usadas como armas en los ambientes crispados.

Por lo tanto el primer consejo es sencillo: ¡cuidado con lo que escribe! Piense, antes de escribir, que su mensaje puede ser público, que cualquier cosa que escriba puede ser usada en su contra. Que el mensaje no va de usted a la otra persona, sino que puede recorrer varios ordenadores, el de la policía, el de varias personas a las que se rrenvía, el de los robots de búsqueda de información comercial de Google, etc.. Cuando reciba un mensaje piense que, a la vez que usted, pueden haberlo recibido otros, etc.

No se preocupe por escribir y traducir a varios idiomas las advertencias del abogado:

De conformidad con lo establecido en la Ley Orgánica 15/99, de 13 de diciembre, de Protección de Datos Personales, te informamos que los datos que hemos tratado para realizar este envío están incluidos en una base de datos de No Nos Fiamos S.L. que tu nos proporcionaste. Tus datos personales nunca serán facilitados a ninguna otra empresa. Te recordamos que a través de todoschorizos.com, recibirás ofertas e información de otros sectores comerciales. Tienes derecho a conocer, rectificar, cancelar u oponerte al tratamiento de tus datos personales, solicitándolo a la dirección, etc.

Porque haga lo que haga la confidencialidad no existe.
 
2. Las copias

 
    CC
 
Tenga mucho cuidado en el uso de la copia a varios. Es una falta de educación imperdonable, escribir un mensaje con copia a otro sin dirigirse a uno de los destinatarios.

Si tiene que enviar una información a dos personas, escriba dos mensajes, o reeenvíelo a la segunda persona con un texto: "te reenvío el mensaje que he enviado a x". O, si es información que va a dos al menos hable a los dos personalmente: "Estimados Juan y Pepe". Pero no se puede hablar delante sin hacerle tomar parte.

Mucho más grave es cuando el contenido del mensaje es hiriente o descalificador. Mucho más grave es cuando los destinatarios no están en la misma línea jerárquica. En todos los casos es mejor perder unos segundos en tratar a los demás como se merecen antes que perder la honorabilidad.

Consejo gratis: trate a los demás como deben ser tratados, es decir, con respeto. Respeto viene del latín re spico, remirar... mire mire al otro y escríbale personalmente.
 
    CCO
 
Esto se inventó para evitar que los miembros de una lista de distribución fuesen conscientes de las direcciones y de la cuantía de los otros miembros de la lista y así evitar correo no deseado. Si a usted le han encargado informar a un grupo debe hacerlo con copia oculta, para evitar mostrar la dirección a los demás.

Pero NUNCA lo use para enviar un mensaje a pocos con la intención de ocultar que uno de los destinatarios ve pero nadie sabe que ve. . Volvemos al punto anterior. Las personas tienen dignidad y eso implica que deben ser tratadas con respeto. Tratar con respeto a alguien significa tenerlo en cuenta. Y por lo tanto dirigirte a él personalmente y no ocultarle información clave.
 
 
3. Los ecoconsejos

Creo que es una falta de respeto al medio humano andar dando consejos sobre la preservación del medio ambiente. Hay que acabar los mensajes del tipo:

Por favor, piensa en el medio ambiente. No imprimas este correo si no es estrictamente necesario. Cuida a tu Patria: recicla y ahorra energía.
No imprimas este correo electrónico si no es imprescindible, piensa en la Madre Naturaleza
Antes de imprimir este mensaje, asegúrese de que es necesario. El medio ambiente está en nuestra mano.

Pues los destinatarios no los necesitan ni nadie se los ha pedido. Yo hago lo que quiero con los mensajes, los imprimo si me da la gana, si no los dejo. No creo que a nadie se le ocurra imprimir o no imprimir y tampoco que eso vaya a generar menos CO2, etc. 

4. Firme
 
Al terminar de escribir un mensaje de correo debe firmar con un nombre y apellidos, que para eso los tienen. Si es un mensaje personal no importa tanto, pero en ámbitos laborales sí. Usted no es un departamento, escribe en nombre del departamento. No es un equipo, es un persona que escribe  en nombre de un equipo. No es "La dirección", es el director.

Los que no firman con su nombre muestran o cobardía o una falta de respeto importante por los destinatarios a los que les dice de forma anónima una serie de instrucciones y rompe deliberadamente toda comunicación, porque a la Dirección, al Departamento de Atención al Cliente, nadie le chista.

Es grande la humillación de las grandes compañías con sus clientes cuando después de escribir una reclamación le responde un mensaje que firma "Departamento de Atención al Cliente": ¿Qué es eso de "Departamento de Atención al Cliente"? ¿Un Departamento sabe leer? ¿Escribir? Si el "Departamento de Atención al Cliente" dice estupideces... ¿son todos y cada unos estúpidos?
 
Sé que se abusa del lenguaje. Y está muy mal. Cuando oigo en un Centro Comercial eso de "Seguridad acuda a Información" me imagino un mundo de conceptos en colaboración: la seguridad y la información caminando juntas en mensajes cifrados, etc. Y no, se refiere a que un vigilante vaya a un puesto de Información.... ¡Pue díagalo!

miércoles, 23 de enero de 2013

Las capillas en la Universidad

Capilla de Santa Catalina, Salamanca, donde se dieron los primeros doctorados de Europa

La Universidad surge a la sombra de la Iglesia. Lo que hoy llamamos "campus" es un invento del siglo XIX. La Universidad surgió sin espacio propio, las clases, cuando las había, se impartían en la catedral o en edificios anejos. Posteriormente, ya en el siglo XVII en casa de los profesores y en ayuntamientos.

Hasta el siglo XIX las universidades alquilaban o compraban espacios (que por cierto fueron todos expropiados por gobiernos liberales). Pero los actos académicos siempre se realizaban en la Iglesia, porque es la Catedral la casa común, levantada por todos, para mostrar al mundo lo grandes que somos cuando nos unimos para dar gloria a Dios.

Con esto quiero decir que la capilla no es una estancia más, sino es la estancia que genera la propia Universidad. Sin ella no habrá propiamente Universidad porque cuando no hay Dios tampoco hay Universidad, y esta verdad es una verdad de hecho y lógica (que no voy a explicar aquí).

En la catedral no sólo está la unidad de una sociedad (no se construye una catedral si cada uno va a su aire) en el presente, sino la unidad histórica, ya que las catedrales se proyectan para construirse en varios siglos. Además la catedral es arte y guarda obras de arte: el arte que jamás habría tenido el desarrollo que podemos disfrutar hoy sin la ayuda, el mecenazgo y el cuidado de la Iglesia. La catedral llena de arte, llena de belleza. En la catedral también está la ciencia, la ciencia de la luz, de la naturaleza, dominada, la piedra convertida en vegetal, animal... mejorada, y -por supuesto- la tecnología y la arquitectura que hacen que la piedra se eleve a altura insospechada y que se mantenga así siglos y siglos. Por eso la Universidad no necesitaba otro espacio más que el de la catedral y así vivió los mejores años de su historia hasta que la masificación le llevó a salir en busca de otros espacios.

Luego viene la secularización y la idea de que la Universidad postmoderna necesita espacio al aire libre... y entonces se crea una ciudad con sus servicios. Como es lógico en esta "ciudad universitaria" se colocan cafeterías, bancos, papelerías, fotocopiadoras y gimnasios. Pero las capillas ya estaban, estaban en nuestra cultura universitaria antes que las universidades.


martes, 22 de enero de 2013

El problema no es de los políticos


Creo que en este país, por mucho que se airee la corrupción política no tenemos un problema de políticos, sino de corrupción a secas, generalizada. Corrupción que coge a España de arriba a abajo: desde la periferia a la capital; desde los más pobres que roban al Estado en su prestación hasta los bárcenas y roldanes. 

Los políticos son seres normales, tirando a buenos, no muy inteligentes en su mayoría -todo hay que decirlo- pero listillos y muy cumplidores, y con grandes ideales. Son gente, por definición, altruista y volcados en los demás, pero con un ego desproporcionado. Nada más. Como tantos otros.

Los políticos no son peores que el pueblo, es más, son lo mismo que el pueblo y ése es el problema: que los políticos deberían ser mejores que la media: los más preparados, los más inteligentes y los más honrados. 

Pero elegimos (casi) voluntariamente un sistema democrático que no garantiza que los candidatos sean medianamente honrados, inteligentes, etc. y ese sistema se pensó con partidos y sindicatos fuertes que son gobernados por personas débiles (me refiero a que como comen de eso y sólo saben hacer eso, son comprables, maleables, capaces de vender a su madre por seguir en el sillón, etc.).

Nos guste o no, éste es nuestro sistema. No puede cambiarse como dice el perroflautado internacional porque es el único conocido que garantiza las libertades básicas, a las que no es bueno renunciar así por así. La renuncia a la libertad no da resultado y genera sociedades más pobres y más corruptas. Está muy bien los primeros años, porque surge de la unidad de la masa, sobre todo si va acompañada de una guerra o una revolución, pero pasada la primera emergencia no funciona nada, cada uno va a lo suyo.

Podríamos intentar un régimen autoritario, como el de Franco o el de Chávez, pero sin guerra esto sería un caos: no somos un país productor ni autosuficiente, no tenemos ni la tecnología ni los cerebros capaces de hacerla funcionar; no somos más que un país de servicios, sin industria y sin apenas agricultura o ganadería rentable, así que o admitimos a millones de turistas o esto no marcha. 

Y a nuestros políticos esto les da igual. Ahora hacen de políticos porque les hemos descubierto en el juego de los sobres y los mismos que han recogido y entregado miles de sobres (periodistas) se escandalizan con una facilidad pasmosa

martes, 15 de enero de 2013

La crisis se pone interesante



"Esto lo arreglamos entre todos", decían las fuerzas oscuras  y  los grupos mediáticos que sostenían al gobierno del PSOE en mayo de 2010, esos compañeros de logia que decidieron un día salir del armario y generar ellos el "clima óptimo" para acabar con la crisis "pasajera". Mientras el gobierno de España se dedicaba a romper la familia, a reinventar el Estado de las Autonomías, a jugar con la Guerra Civil y a minar el Estado de Bienestar ¿recuerdan?

Pero ahora volvemos a oír, esas voces que vuelven a decirnos que estos problemas son ilusorios, que se solucionan con unidad, decisión... entre todos, etc. que ya hemos pasado lo peor. Que somos un gran país y que vamos a salir de esta etc.

¡Pero no es verdad!. No hemos pasado lo peor porque "lo peor" es que el entramado social está corrupto, no los políticos: toda una generación (políticos y ciudadanos) ha crecido creyendo que el dinero crecía en los árboles, que el relativismo y el hedonismo que se enseñó durante los 30 años a los jóvenes ha hecho mella y ya todo es relativo excepto el placer inmediato. 

La mayoría de los infelices ciudadanos piensan que la vida consiste en nada y que es lo mismo quedarse viendo la Tele que estudiar filosofía; que todas las opiniones valen lo mismo; que todas las músicas son iguales, que si a ti te gusta Bach y al otro Ramoncín... es cuestión de gustos. 

Con estos esquemas mentales, tercamente inmanentes, cerraditos ¿quién va a trabajar? aquí todo el mundo quiere el gran pelotazo del siglo, vender un programa informático que se hace en una tarde por millones de euros, o vivir de la canción que un día compuso, borracho y drogado, a los 20 años. Todo para lograr el mayor placer con el menor esfuerzo... y entre placer y placer,  Tele. 

Esto no se arregla en dos días. Esto se arregla en unos doscientos años, si nos encaminamos hacia la solución. Porque esto lo hemos estropeado entre todos y ya no tiene arreglo. Por esto, me refiero a la educación y a la cosmovisión general que han transmitido estúpidamente la mayoría de los medios de comunicación. 

Pero se acabó la fiesta. Porque eso de ser relativista está muy bien siempre y cuando uno tenga suficiente dinero para tumbarse en esas playas paradisíacas a ver pasar el mundo, mientras llega la muerte y/o la rubia de turno, paradisíaca y sustituible. 

El cuento de que tu casa valía 100 millones, dicho así, con los ojos en blanco, se lo creyeron muchos idiotas que ven que los 100 son ya 50, y que en euros nada de nada. Miren cómo merma el valor de sus pisos, miren cómo merman sus ahorros inmoralmente ganados, miren atentamente cómo el dinero falso, producto de los pelotazos inmobiliarios y políticos se acaba... Ese dinero público que se entregaba sin control, aquél dinero robado a las empresas que ni se enteraban porque no querían enterarse.

Porque, señores: el dinero no crece de los árboles y cuando se acaba, el relativismo también se esfuma: "todo es relativo, sí, sí, majete, te respeto mucho, a ti y a tus opiniones, pero ponte a currar para pagar la hipoteca o... ". 

Y la crisis durará hasta que a usted o a sus hijos se les acabe ese dinero sustraído al mercado. Dinero falso, dinero inflado que no representa la realidad de la riqueza. 

Así que o ese dinero se pone a producir (que para eso hay que saber, y no es relativo) o ese dinero irá mermándose hasta que desaparezca y usted vuelva -y sus hijos Ni Nis vuelvan- a donde nunca deberían haber salido. 

Entonces sí habremos salido de la crisis, pero para entonces, todos calvos. Y, antes, pobres.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Persecución


A la vida nacemos, como quien dice, desnudos; y todo lo que tenemos lo perdemos al morir. Esto, que parece misticismo del barato, es simplemente la constatación de un hecho que no parece ser evidente a todos. Y por eso lo resalto porque no me deja de sorprender el miedo que tienen algunos a quedarse "sin nada".

He conocido a muchas personas qué están en contante alerta ante lo que pueda pasar. Y creen que esa alerta les hace profesionales, listos o sabe Dios qué. Creo que era Degrell (¿o era Nietzsche?) quien decía que "ese miedo" nos hacía "muy personales". Pero no es cierto. Como todos los miedos, cumplida su función biológica, es ridículo, afea el espíritu y genera pena al que lo percibe desde fuera.

El miedo a perder lo que se tiene es un miedo infantil que genera una serie de mecanismos de defensa muy feos de ver y muy difíciles de sufrir: 


1. La vanagloria. El miedoso no deja de encumbrarse para lograr cierto halo de grandeza. Y hay quien le cree. su espejo y sus iguales.
2. La Insinceridad. El que tiene miedo miente siempre, incluso cuando dice la verdad no la dice sinceramente.
3. El ansia de medrar a toda costa. Uno de los peores defectos que pueden asolar a un espíritu humano viene de este estar alerta. Incluso llegan a casarse para medrar, y quieren a toda costa medallas y distintivos, para parecer, de algún modo seres de arriba, celestiales.
4. La displicencia con quienes no se consideran ni escalones en su ascenso.
5. La soledad. En compañía. Son especialistas (¡y mira que es difícil!) en no ver al que tienen delante, si éste no es considerado un pedestal o un escalón. Saben de sobra mirar la hora y disimuladamente escapar a la mirada.
6. La persecución al que pueda hacerle algún daño.
La Etc.
Lo peor es que el resultado suele ser exitoso, salvo en caso de crisis.

Porque en caso de crisis es al contrario: quien se ha creado lazos por encima de los intereses es quien supera la prueba, quien puede salir. Pero quien se ha dedicado a tenerlo todo controlado cae, cae y  cae.

Y según va para abajo más extraño se siente.

Bienvenida la crisis que devuelve las cosas a su sitio.
 

Belén Reciclado



El portal de belén es una representación del mundo, del mundo actual. Actual desde el siglo XVIII. Cada época tiene su belén, que es la mejor representación del mundo para meter en él, ni más ni menos, a Dios hecho niño. Meterlo en el belén y el belén en cada casa, en espacio reservado...

Épocas de belleza barroca hicieron belenes perfectos, tallados, llenos de color. Otros tiempos, más secos trajeron belenes puros, simples, incluso ya sin pastores y demás.

En los tiempos de bonanza belenes muy ricos, con fuentes y luces en los pueblos o en las hogueras de los pastores. Las constelaciones que aparecían cada año por Navidad eran de sobra conocidas por los niños: el ángel anunciando a los pastores, las distintas profesiones del campo, el molino, el río, los reyes a lo lejos, Herodes, los soldados romanos, etc. Toda una riqueza cultural. 

Nuestra época tiene su propio belén: el belén de la basura reciclada, y para más inri, falsa, porque ni siquiera es basura auténtica, sino mero consumismo con apariencia ecológica.

Se trata de ir a un bazar, regentado por un chino, y comprar un paquete de quesitos, una cartulina de 70x50, unos "gomets", pegamento, una tabla, palillos chinos, papel de seda, papel de regalo, "celofán", purpurina, etc. Todo para hacer 30 belenes iguales en una clase que terminarán en 30 basuras iguales.

Cosas de nuestra época.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Fútbol y Política

La Tele modificó nuestro mundo informativo y poco a poco todo fue cambiando. Desde el pan hasta el circo. El pan se convirtió en miles de objetos inservibles (de los que tendremos que hablar algún día), el circo en el fútbol. Pero hay una última transformación circense: el cambio de la política al fútbol. Y desde entonces el pueblo necesita unas "declaraciones" o unos "goles", da igual, para sobrevivir a las conversaciones del lunes. Y elecciones, ligas, derbis y finales... de los que hay que estar "informado".
 
Incluso se considera mejor informado a quien lee las mismas cosas en dos medios bipolares, como si eso le diese un aire de "objetividad" o una capacidad de jucio diferente a los que sólo leen uno (As o Marca; La Gaceta / El País).
 
Desde entonces creemos que vivimos en un presente intenso, que estamos informados, que sabemos "cosas", que tenemos esperanzas y así nos distraemos de las cosas importantes de la vida y nos consumimos consumiendo.

Dos grandes equipos y partidos intentan hacerse con el corazón de la gran mayoría, porque el ser humano elevado, el evolucionado, el distinguido, sabe ver los matices de las cosas, pero la mayoría son polarizables: de derechas o de izquierdas; del Madrid o del Barcelona, en bipolaridad española. Pero hay bipolaridades locales: del Atlético de Bilbao o de la Real Sociedad; de Bildu o del PNV. Del Español o del Barcelona; de Izquierda Democrática de Cataluña o de Convergencia y Unión; etc.
 
Los espacios de claroscuro no son propios de la gran mayoría y esto lo saben los ideólogos, los marketinianos, los directivos de los medios de comunicación. Por eso vende la polémica. El falso debate, el enfrentamiento.
 
[Por ejemplo, es muy probable que al escribir: "Español, Barcelona" y no "Espanyol, Barça" se haya usted indignado o alegrado...]

Por muchos colores que tenga el arco iris los humanos tendemos a elegir dos de ellos en un 90% y sólo a un 10% no le importa la elección de los demás. El 90% central tiende a bipolarizarse, es decir, a unirse por repulsión o por atracción a uno de los polos. Aunque nos cueste aceptarlo, la mayoría eligimos las cosas no por apetencia, sino por repulsión. En realidad las modas consisten en que hay unos humanos que van, otros que siguen

Ser moderado es una manera de desaparecer. Pensar por libre una buena forma de pasar inadvertido. La única forma de lograr el aplauso de un 45% es logrando ser odiado por otro 45%.
 
Por eso ver la Tele, ver el Fútbol, seguir la política es ocio de inanes que han renunciado a vivir por sí mismos y que prefieren que sus emociones, sus esperanzas, sus quehaceres cotidianos y sus conversaciones de café sean dirigidas por los medios.

Iesu Communio

En un pequeño pueblo de Burgos está sucediendo algo que es mucho más importante que las grandes noticias sobre las crisis, el jueguecito de los nacionalistas y toda la sarta de tonterías con las que nos mantienen entretenidos los medios de comunicación.
 
Las grandes revoluciones parecen no importar a nadie cuando sucenden. Ahora que entramos en adviento es fácil la comparación con el nacimiento de Jesús en Belén: algo que pasó inadvertido y que sin embargo modificó toda la historia posterior. Seguro que escandalizaría a cualquiera que oyese que es más importante el nacimiento de ese niño que la dominación romana de Israel, la peste, las hambrunas del momento o cualquier problema humano.
 
Cuando Newton descubría la gravitación universal en un sótano de Woolsthorpe nadie se enteraba. Cuando Cervantes ideaba su Quijote, modificando para siempre la forma de escribir y hasta de pensar de Europa, cuando Kant en Köningsberg sentaba las bases de la separación absurda entre razón y corazón... o Nietzsche en Sils María delineaba las líneas de la nueva filosofía para el nuevo orden "postcristiano".
 
Pues en La Aguilera, Burgos, en el Monasterio de San Pedro Regalado, un grupo de chicas jóvenes están renovando el carisma de la vida consagrada, y por tanto, de la vida religiosa. O lo que es lo mismo, de la Iglesia y de la sociedad.
 
Sé que se piensa, desde dentro y desde fuera de la Iglesia, que no es para tanto, que ya no pasa nada. Que pase lo que pase nunca pasa nada porque algunos piensan que estamos ya en el fin de la historia. Pero no es cierto. Estamos en época de cambios y de renovaciones.
 
Y habrá quien piense que no es para tanto porque su grupo (secta, parte, sección, clase, etc.) de la Iglesia lleva años intentándolo y no pasa nada. Pero sí pasa porque esto no es un movimiento de grupo, es un movimiento interno de Iglesia, de vuelta a los orígenes de la experiencia amorosa y estética de la fe.
 
En filosofía, durante el siglo XX había que "volver a las cosas mismas"; ahora que ya estamos, demasiado, en las cosas, tenemos que volver a la experiencia, al goce, al saboreo de la verdad, y de la belleza, y de la bondad.
 
La filosofía del siglo XXI, hace experiencia el pensamiento. El razonamiento debe masticarse y vivirse experiencialmente. Sólo así podrá ponerse, de nuevo, la historia en funcionamiento.

jueves, 22 de noviembre de 2012

El tedio

1. Dos fragmentos de la película Vidas contadas (Thirteen Conversations About One Thing), 2002 (debemos agradecer al profesor Orellana la selección)





2. Y dos gfragmentos de  El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl:

Pero, ¿con qué soñaban los prisioneros? Con pan, pasteles,cigarrillos y baños de agua templada. El no tener satisfechos esos simples deseos les empujaba a buscar en los sueños su cumplimiento. Si estos sueños eran o no beneficiosos ya es otra cuestión; el soñador tenía que despertar de ellos y ponerse en la realidad de la vida en el campo y del terrible contraste entre ésta y sus ilusiones. Nunca olvidaré una noche en la que me despertaron los gemidos de un prisionero amigo, que se agitaba en sueños, obviamente víctima de una horrible pesadilla. Dado que desde siempre me he sentido especialmente dolorido por las personas que padecen pesadillas angustiosas, quise despertar al pobre hombre. Y de pronto retiré la mano que estaba a punto de sacudirle, asustado de lo que iba a hacer. Comprendí en seguida de una forma vivida, que ningún sueño, por horrible que fuera podía ser tan malo como la realidad del campo que nos rodeaba y a la que estaba a punto de devolverle.
(...)
A medida que la vida interior de los prisioneros se hacía más intensa, sentíamos también la belleza del arte y la naturaleza como nunca hasta entonces. Bajo su influencia llegábamos a olvidarnos de nuestras terribles circunstancias. Si alguien hubiera visto nuestros rostros cuando, en el viaje de Auschwitz a un campo de Baviera, contemplamos las montañas de Salzburgo con sus cimas refulgentes al atardecer, asomados por las ventanucas enrejadas del vagón celular, nunca hubiera creído que se trataba de los rostros de hombres sin esperanza de vivir ni de ser libres. A pesar de este hecho —o tal vez en razón del mismo— nos sentíamos trasportados por la belleza de la naturaleza, de la que durante tanto tiempo nos habíamos visto privados. Incluso en el campo, cualquiera de los prisioneros podía atraer la atención del camarada que trabajaba a su lado señalándole una bella puesta de sol resplandeciendo por entre las altas copas de los bosques bávaros (como se ve en la famosa acuarela de Durero), esos mismos bosques donde construíamos un inmenso almacén de municiones oculto a la vista. Una tarde en que nos hallábamos descansando sobre el piso de nuestra barraca, muertos de cansancio, los cuencos de sopa en las manos, uno de los prisioneros entró corriendo para decirnos que saliéramos al patio a contemplar la maravillosa puesta de sol y, de pie, allá fuera, vimos hacia el oeste densos nubarrones y todo el cielo plagado de nubes que continuamente cambiaban de forma y color desde el azul acero al rojo bermellón, mientras que los desolados barracones grisáceos ofrecían un contraste hiriente cuando los charcos del suelo fangoso reflejaban el resplandor del cielo. Y entonces, después de dar unos pasos en silencio, un prisionero le dijo a otro: "¡Qué bello podría ser el mundo!" 
3. Qué hacer (tres cosas):
3.1 Visualice los fragmentos.
3.2 Analice los textos
3.3 Encuentre relaciones entre los dos fragmentos de la película y los dos textos del libro de Frankl.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Calidad



Estamos en un sistema de medición constante de la calidad de las universidades y de los colegios. Tanto medimos (al profesor, a la institución, al programa…) que los sistemas de medida modifican los sistemas medidos, adaptándolos a los estándares.
Asistimos al espectáculo grotesco en el que las agencias creadas para ello y otras instituciones hacen informes que modifican y adaptan la práctica educativa a los requerimientos de calidad que se miden, logrando justo lo contrario de lo esperado: que el resultado de la adaptación de las instituciones a la medida sea precisamente la anticalidad, es decir, la uniformidad.
La única forma de medir la calidad es el estudio del alumnado antes y después de participar en el “proceso” educativo que queremos medir, para comprobar si la universidad, el Instituto o el colegio han cumplido con los fines esperados y explicitados en los documentos fundacionales de las instituciones educativas.
Solo se puede entender la calidad mayor o menor de las instituciones si se logra que los egresados que sean mejores que ellos mismos al comenzar sus estudios. Mejores aquí no significa que sepan decir o hacer más cosas (se les supone). Mejores significa más grandes, más completos y más humanos.
Ser más humano equivale a ser más [lo que hace que al ser humano ser lo que es]. Es más humano, y así es reconocido por todos, el que capta de manera mejor y más rápida la verdad, la belleza y la bondad, que es en última instancia [lo que hace que al ser humano ser lo que es].
Esto no se entienda por ataque a la igualdad: los seres humanos son mejores y peores a la vez que iguales. Iguales en lo trascendente, mejores en lo inmanente. Para que me entiendan todos (en especial mis nuevos amigos futboleros que leen este blog que no sé por qué se ha puesto de moda) digamos que son iguales en lo que les hace ser humanos y mejores o peores en eso mismo, puesto que eso mismo admite grados.
Para aclarar aún más (ahora hay que aclararlo todo) digamos que un ser humano es humano en tanto que es capaz de descubrir la belleza, la verdad y la bondad. Digamos también que los seres humanos que no son capaces de percibir adecuadamente lo bueno, lo bello y lo verdadero del mundo son seres humanos muy dignos, como todos, pero muy recortaditos en sus posibilidades.
Y digamos también que si las instituciones educativas no pueden hacer el milagro de alumbrar del todo al que carece de luces (Quod natura non dat…), pueden, en todo caso acrecentar la luz, mejorarla e incrementarla.
Lo que no es de recibo es que se llame calidad a lo que se hace en el proceso y a nadie le importe el resultado final, como si hubiésemos renunciado ya y de manera definitiva a mejorar lo humano.