viernes, 26 de agosto de 2011

Guerra de vídeos

Curiosas las reacciones de la prensa, en especial de El Mundo con la polémica artificial sobre si la polícía cargó más de la cuenta en la manifestación anticatólica.

Es el mundo alrevés: los agredidos no son los ciudadanos de todas las nacionalidades que fueron insultados en Madrid. Los agredidos no son los policías que recibieron piedras e insultos. Los agredidos no son los ciudadanos de Madrid que no pueden pasear por la calle. No. Ahora los agredidos son los intransigentes los que organizan una manifestación ilegal, los que se dedican a insultar a las personas por sus creencias religiosas y a insultar a las fuerzas del orden por cumplir su trabajo, los que desafían a la autoridad democrática y se pasan los derechos humanos por el arco del triunfo  (hay que recordar que la libertad religiosa está recogida en la Declaración de Derechos).

¡Pobres víctimas los periodistas que no ven las cosas claras!

lunes, 22 de agosto de 2011

Los indignados se indignan

Tras la JMJ los indignados están más indignados que nunca:
  • Indignados con su vida, indignados de ver que muy buena parte de la juventud pasa olímpicamente de su movida trasnochada.
  • Indignados porque no tuvieron agresiones de los peregrinos, sólo indiferencia y oraciones.
  • Indignados porque los doscientos que se juntaron para la foto de Público no lograron acallar a los dos millones de jóvenes.
  • Indignados con la policía, que no permitió la disolución de la "contramanifestación convocada por el Papa".
  • Indignados porque su política aprendida de ETA no funcionó: "primero le mato y si usted se defiende aquí lo que hay es un conflicto que hay que arreglar, eso sí, de igual a igual"
  • Indignados al fin porque su ideología agoniza con los Castro y los Chavez, y Madrid se llenó de banderas de las exrepúblicas liberadas del comunismo.
  • Indignados por las palabras del Papa, que retumban todavía en su conciencia
Y la gente de la calle indignada con los indignados, que han convertido la protesta popular contra la pobredumbre moral de nuestra democracia en un grupo de ultraizquierda con el reloj parado hace 50 años.

viernes, 19 de agosto de 2011

Discurso del Papa a los profesores universitarios

El Escorial 19.08.2011

Señor Cardenal Arzobispo de Madrid, Queridos Hermanos en el Episcopado, Queridos Padres Agustinos, Queridos Profesores y Profesoras, Distinguidas Autoridades, Amigos todos


Esperaba con ilusión este encuentro con vosotros, jóvenes profesores de las universidades españolas, que prestáis una espléndida colaboración en la difusión de la verdad, en circunstancias no siempre fáciles. Os saludo cordialmente y agradezco las amables palabras de bienvenida, así como la música interpretada, que ha resonado de forma maravillosa en este monasterio de gran belleza artística, testimonio elocuente durante siglos de una vida de oración y estudio. En este emblemático lugar, razón y fe se han fundido armónicamente en la austera piedra para modelar uno de los monumentos más renombrados de España.


Saludo también con particular afecto a aquellos que en estos días habéis participado en Ávila en el Congreso Mundial de Universidades Católicas, bajo el lema: “Identidad y misión de la Universidad Católica”.


Al estar entre vosotros, me vienen a la mente mis primeros pasos como profesor en la Universidad de Bonn. Cuando todavía se apreciaban las heridas de la guerra y eran muchas las carencias materiales, todo lo suplía la ilusión por una actividad apasionante, el trato con colegas de las diversas disciplinas y el deseo de responder a las inquietudes últimas y fundamentales de los alumnos. Esta “universitas” que entonces viví, de profesores y estudiantes que buscan juntos la verdad en todos los saberes, o como diría Alfonso X el Sabio, ese “ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes” (Siete Partidas, partida II, tít. XXXI), clarifica el sentido y hasta la definición de la Universidad.


En el lema de la presente Jornada Mundial de la Juventud: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2,7), podéis también encontrar luz para comprender mejor vuestro ser y quehacer. En este sentido, y como ya escribí en el Mensaje a los jóvenes como preparación para estos días, los términos “arraigados, edificados y firmes” apuntan a fundamentos sólidos para la vida (cf. n. 2).


Pero, ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable? A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento. También se dice que lo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica.


Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios. Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre. Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder. En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano.


En efecto, la Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad. La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor.


He ahí vuestra importante y vital misión. Sois vosotros quienes tenéis el honor y la responsabilidad de transmitir ese ideal universitario: un ideal que habéis recibido de vuestros mayores, muchos de ellos humildes seguidores del Evangelio y que en cuanto tales se han convertido en gigantes del espíritu. Debemos sentirnos sus continuadores en una historia bien distinta de la suya, pero en la que las cuestiones esenciales del ser humano siguen reclamando nuestra atención e impulsándonos hacia adelante.


Con ellos nos sentimos unidos a esa cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres. Y el modo de hacerlo no solo es enseñarlo, sino vivirlo, encarnarlo, como también el Logos se encarnó para poner su morada entre nosotros. En este sentido, los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. La juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad. Como ya dijo Platón: “Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos” (Parménides, 135d). Esta alta aspiración es la más valiosa que podéis transmitir personal y vitalmente a vuestros estudiantes, y no simplemente unas técnicas instrumentales y anónimas, o unos datos fríos, usados sólo funcionalmente.


Por tanto, os animo encarecidamente a no perder nunca dicha sensibilidad e ilusión por la verdad; a no olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza.


Para esto, es preciso tener en cuenta, en primer lugar, que el camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe. No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad: pues “no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor” (Caritas in veritate, n. 30). Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador.


En segundo lugar, hay que considerar que la verdad misma siempre va a estar más allá de nuestro alcance. Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo una virtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad. No debemos atraer a los estudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos. A esto os ayudará el Señor, que os propone ser sencillos y eficaces como la sal, o como la lámpara, que da luz sin hacer ruido (cf. Mt 5,13-15).


Todo esto nos invita a volver siempre la mirada a Cristo, en cuyo rostro resplandece la Verdad que nos ilumina, pero que también es el Camino que lleva a la plenitud perdurable, siendo Caminante junto a nosotros y sosteniéndonos con su amor. Arraigados en Él, seréis buenos guías de nuestros jóvenes. Con esa esperanza, os pongo bajo el amparo de la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que Ella os haga colaboradores de su Hijo con una vida colmada de sentido para vosotros mismos y fecunda en frutos, tanto de conocimiento como de fe, para vuestros alumnos

miércoles, 17 de agosto de 2011

JMJ

Hemos visto a los medios entusiasmados con los jóvenes "indignados". Jóvenes que tenían serios problemas para no hacer botellón en la Puerta del  Sol por miedo a que los medios les retratasen bebiendo. Jóvenes que tuvieron que poner mil carteles en los que se prohibía casi todo y que no supieron garantizar la integridad de las jóvenes que se quedaban a dormir en la Acampada.

Ya el "Movimiento" 15-M se decantó como un movimiento de izquierdas que topó con la alargada sombra de Rubalcaba y perdió las simpatías mediáticas.

Con el movimiento languideciendo y los jóvenes ni- ni de vacaciones (porque una cosa es no dar palo al agua y otra quedarse sin la playa), Madrid se llena de miles de jóvenes que vienen a oir a los mayores hablándoles de filosofía, de teología y de moral. Y vienen también a rezar. Y estudian y tienen trabajos y hacen grandes cosas en la vida.

Ellos se han organizado: miles de voluntarios, puestos de información, carteles, patrocinadores, guías... horas y horas de trabajo para lograr una impecable organización...

Son muchos los jóvenes que saben lo que quieren y que lo buscan con ahínco, un ejemplo palpable de liderazgo.

Estos jóvenes dominarán el mundo.

lunes, 4 de julio de 2011

Entrevista al Dr. López Quintás



[siguiendo el enlace puede leer la entrevista completa en su blog, que recomiendo, esto es sólo un extracto]









- Hoy se está hablando mucho de “Emergencia educativa”.





- Ciertamente. Intelectuales y dirigentes considerados hoy como un referente utilizan, a menudo, esta expresión cuando abordan el problema educativo, y diversas asociaciones de gran calado cultural y social están dedicando gran esfuerzo a analizar la situación actual, para ver de encontrar una salida airosa a esta crisis pedagógica





- ¿Qué se quiere indicar, exactamente, con la expresión “Emergencia educativa”?





- Hay dos tipos de emergencia educativa. Uno indica el hecho de que los alumnos presentan un grado de ignorancia inaceptable en cuestiones académicas básicas. Tal fallo puede superarse si se aumenta debidamente el nivel de exigencia y se concede la necesaria autoridad al profesor.





El segundo tipo de emergencia se refiere a la calidad de la enseñanza humanista. Se trata de una situación límite, de graves consecuencias. No se alude sólo a un problema grave, ni a una serie de problemas que puedan ser tratados uno a uno para mejorar la situación. (...)



- ¿Cree usted que nos hallamos en una situación de emergencia, en el segundo aspecto?







- Lamentablemente sí, en buena medida. Y ello requiere un estudio profundo, pues se trata de una quiebra radical de la forma de pensar. Cuando un alumno dice que “no hay que buscar la verdad, porque cada uno tiene la suya”, nos deja descolocados a profesores y alumnos, literalmente nos desquicia, porque el quicio o eje del proceso formativo es la búsqueda en común de la verdad, es decir, de la realidad tal como se nos patentiza a lo largo de la vida. Si un alumno dice al profesor: “Usted tiene su verdad y la respeto, pero yo tengo la mía y usted debe respetarla”, parece que es muy respetuoso y procura el consenso y la concordia, pero anula nuestra capacidad de conocer la realidad y atenernos a ella, con lo cual mina la base del entendimiento entre formadores y alumnos, y, en general, entre personas y pueblos. Cuando este desgajamiento se hace general, se produce una situación de emergencia educativa.





Si los alumnos de filosofía contemporánea desconocen que Max Scheler y Nicolai Hartmann escribieron sendos libros sobre Ética, están desinformados. Necesitan ampliar sus conocimientos de Historia de la Ética. Pero, si afirman que la libertad y las normas se oponen siempre, les falla la forma de pensar. Piensan sólo en un nivel elemental y aplican esa forma de pensar a los niveles superiores, sin matización alguna. Cuando lo hacen porque ignoran que hay que distinguir niveles de realidad y de conducta, entonces el fallo en la forma de pensar es todavía más profundo; afecta a las bases de su pensamiento. En cuanto este fallo se propague, da lugar a una emergencia educativa.





- ¿Es posible, a su juicio, superar esta situación de emergencia? ¿Tiene algún método para ello?





- Afortunadamente, sí. Debido a una serie de malentendidos y prejuicios, se ha producido una especie de bloqueo intelectual en multitud de personas, especialmente niños y jóvenes. Es necesario conseguir que éstos se liberen de tales malentendidos por propia experiencia. De ahí que mi método –promovido por la Escuela de Pensamiento y Creatividad





- Me temo que este método de ayudar a descubrir debe de ser más difícil que el mero enseñar lo que uno ya sabe…





- Al principio sí, porque transmitir las enseñanzas por vía de búsqueda exige al profesor asimilar muy bien las ideas y adoptar un método muy bien articulado, pero luego todo marcha mucho mejor, pues cada descubrimiento que hacemos nos dispone para el siguiente. Voy a hacer, en esquema, una experiencia de descubrimiento, y veremos lo que avanza un joven en cuanto a descubrir los distintos modos de libertad. Yo le invito a que haga conmigo esta experiencia:





Figúrese que tengo un fajo de papel. Puedo hacer con él lo que quiero. Es un objeto, y dispongo de absoluta libertad para usarlo como medio para mis fines, o canjearlo por otro, o simplemente desecharlo… A este plano de los objetos y de nuestra capacidad de dominarlos y manejarlos para nuestros fines vamos a llamarle nivel 1.





Ahora bien. Si escribo en ese papel una obra musical, lo transformo en partitura. La partitura es una realidad superior al papel, pues tiene la capacidad de revelarnos una obra musical. Pertenece a un plano más alto que el de los meros objetos: el plano de las realidades “abiertas”, expresivas, capaces de ofrecernos posibilidades de actuar con sentido. Está, por tanto, situada en el nivel 2. Con el papel puedo hacer lo que quiera, pero con la partitura no. Si quiero interpretarla al piano, debo seguir sus instrucciones. Y, cuanto más obediente le sea, más libre me siento, pero con otro tipo de libertad, la libertad creativa. Pierdo, con ello, en buena medida mi libertad anterior, la libertad de maniobra, pero adquiero una forma de libertad superior. Tener libertad creativa significa aquí que interpreto la obra con soltura y destreza. Pero interpretar bien una obra es crearla de nuevo. Al renunciar a la libertad de maniobra, gano capacidad creativa, y, con ella, el poder de unirme a la obra con un tipo de unión muy estrecha, una unión de intimidad.





Ahora vemos claramente que, en este nivel 2, la libertad y las normas no se oponen; se complementan y enriquecen. Comprender bien esto nos da una luz inmensa. Si alguien me dice que la libertad y las normas se oponen, le contesto con toda precisión: en el nivel 1, sí; en el nivel 2, no, porque aquí sucede todo lo contrario: la libertad y las normas se exigen mutuamente y se ayudan a abrir todo un campo de creatividad. Esa capacidad creativa me perfecciona como persona. En cambio, el que se obstina en dar por supuesto que las normas se oponen a la libertad, ciega la fuente de su capacidad creativa, y rebaja la calidad de su vida personal.





- En alguno de sus libros, habló usted de la necesidad de que los profesores sean no sólo “informadores” sino también “formadores”






- Ciertamente, y este perfeccionamiento puede conseguirse muy bien con el método que he elaborado. Si se aplicara en los centros escolares, con un guía un tanto experto, se abrirían vías fecundas para superar el peligro de la "emergencia educativa”. Pero esta cuestión exige más tiempo para exponerla.

viernes, 17 de junio de 2011

Sol ayer y hoy



He encontrado, y comparto, esta imagen de 1935.


Me ha resultado un tanto familiar, como si la hubiese visto hace poco

martes, 14 de junio de 2011

La idea de Filosofía en Aristóteles, texto de Zubiri

Zubiri, X.: "La idea de Filosofía en Aristóteles", en Naturaleza, Historia, Dios, Editora Nacional, Madrid 1944 (5ª Edición, pp. 97-106).




LA IDEA DE FILOSOFIA EN ARISTOTELES

Bibliografía oficial #20 (1935) y #43, pp 97-106 (1944), paginación de la 5a edición

{99}


El filosofar existió en Grecia, naturalmente, mucho antes del siglo de Platón y de Aristóteles. El vocablo aparece ya en Herodoto usado en forma verbal (philosopheîn) en un pasaje que encierra todos los elementos esenciales de la cuestión. Herodoto pone en boca de Creso estas palabras dirigidas a Solon: "Han llegado hasta nosotros muchas noticias tuyas, tanto por tu sabiduría (sophíe), como por tus viajes, y de que movido por el gusto de saber (hos philosophéon) has recorrido muchos paises por examinarlos (theoríes heíneken)" (1, 30). Aquí aparecen íntimamente asociados los tres términos de sophía, theoría y philosophía.

La palabra sophía es el abstracto de un adjetivo sophós, que significó "entendido en algo". Este algo podía ser lo más vario: una habilidad manual, el gobierno de las ciudades, el arte y, sobre todo, lo último del mundo y de la vida. Pero lo esencial es que el sustantivo sophía denota mucho más que el contenido a que se aplica, un atributo del sophós mismo; sophía es una cualidad un modo de ser del hombre, lo que hace de él que sea un artífice, un artista o un "sabio". Hay, pues, una clara distinción entre la sophía como un modo que tiene el hombre de enfrentarse con las cosas, y la sophía en tanto que calificada por las zonas diversas con que se enfrentas Estas zonas pueden ser, según hemos dicho, muy varias; la que nos interesa especialmente para nuestro problema es la zona de las ultimidades del mundo y de la vida. La sophía es un saber acerca de estas ultimidades. Pero como propiedad del sophós esta sophía puede poseer y posee efectivamente matices diversos. Así, en Oriente la sophía ha acentuado sobre todo el carácter operativo del saber. En Grecia, en cambio, ha ido adoptando matices cada vez más sensiblemente intelectuales. En Jonia la sophía es el modo de ser no del que hace, sino del que sabe hacer, del que conoce cómo hay que trabajar o gobernar, o cómo se producen {100} los eventos de los dioses y del mundo. La sophía ha ido asociándose cada vez más íntimamente con el puro examen del mundo, independientemente de las acciones humanas: "por examinarlos" es por lo que recorre Solon muchos países, y por ello mereció para Herodoto el calificativo de sabio. La sophía, como theoría, fue la gran creación de Grecia, algo que afecta al modo mental de situarse ante las cosas, más que a la zona de objetos sobre que recae. Esta theoría griega se desarrolló desde la simple consideración teorética de los jonios, hasta su articulación racional en epistéme. Y al hilo de este desarrollo intelectual transcurre también el desarrollo de su expresión literaria: mientras la sophía no pasó de ser un simple examen del mundo en su conjunto, algo muy próximo a la sabiduría religiosa, se expresó, como ésta, en forma poética; cuando comenzó a revestir el carácter de conocimiento racional se introdujo la prosa en la filosofía.

Pues bien: esta distinción entre el tipo de actitud mental y las zonas que ella abarca, debe extenderse también a ese modo especial de sophía, que se llamó philosophía. Hay que distinguir también en ella, de un lado, las distintas zonas de realidad que abarca, y de otro el tipo de saber que la constituye.

Ante todo, el saber filosófico va descubriendo en Grecia zonas de realidad distintas, con peculiaridad propia; va alumbrando regiones del universo cada vez más insospechadas, y haciendo de ellas objeto suyo. En un principio, el saber filosófico se ocupó preferentemente de los dioses, y vio en el mundo una especie de prolongación genética de ellos. Junto a los dioses, los jónicos descubren la naturaleza como algo propio. Más tarde, Parménides y Heráclito descubren a su vez en ella esa misteriosa y sutil cualidad del "ser", por la que decimos que esta naturaleza es la realidad.[1] Los físicos sicilianos y atenienses encuentran la realidad de la naturaleza en la zona oculta de sus "elementos". Con los pitagóricos aparecen, junto a la naturaleza, los objetos matemáticos, cuya realidad es distinta de la de los seres naturales; la idea de realidad sufre entonces una {101} modificación y una ampliación esenciales. Los sofistas y Sócrates ponen ante los ojos de sus contemporáneos la realidad autónoma del orbe vital, tanto político como ético: el discurso, la virtud y el bien. Con Platón, entre los dioses y toda esta realidad física, matemática y humana, aparecen las Ideas, el mundo de las esencias ideales.

Pero junto a este desarrollo que afecta a la amplitud de su campo, está el otro, mucho más oscuro, que afecta más bien al tipo de saber constitutivo de la filosofía. Es menester llamar la atención sobre ello, porque es cosa que casi siempre —y el casi lo pongo por prudencia— ha sido preterida: no solamente se han ampliado ante los ojos de los hombres las zonas de realidad, modificándose así el sentido que la realidad posee, sino que ha ido modificándose a un tiempo la estructura misma del saber filosófico en cuanto forma de saber. La "definición" de la filosofía por su contenido es cosa distinta de su definición como forma de saber.

Ya lo indicábamos antes. La sophía, como actitud mental, se ha desarrollado en Oriente por su dimensión operativa. En Grecia, en cambio, se adscribió al mero conocimiento. Aun en su acepción más corriente, el experto (empeirós), el técnico (tekhnítes) y el dirigente de la vida humana (phrónimos), significan siempre hombres que tienen la cualidad de saber hacer algo. Es lo que Aristóteles expresaba al decir que con esos tres modos de saber (empeiría, tékhne, phrónesis) el hombre aletheúei, vocablo difícil de traducir, quizá "descubre la verdad". El saber va dirigido, pues, al descubrimiento de lo sabido. Y en sentido lato se llamó a todos estos hombres sophoí. Junto a estos tres modos de saber, la sophía propiamente dicha, en sentido estricto, es para un griego el modo supremo de descubrir la verdad. Mientras en aquellos tres modos el hombre sabe de las cosas en y para su hacer con ellas, en la sophía se va al descubrimiento de la verdad por sí misma, se va a la theoría. Y este tipo de sophía, en que no se busca nada sino la sophía misma, es lo que se llamó "el gusto por saber", philosophía, frente a la philokalía, el gusto por la belleza. En Herodoto la idea de filosofía aparece, según vimos, en forma todavía participial; como sustantivo sólo empezó a usarse justamente en el círculo {102} socrático para indicar la cualidad, el hábito mental de este nuevo modo de sophía. El tipo de vida intelectual de quien posee esta cualidad se denominó bios theoretikós, vida teorética.

La sophía como actitud mental comenzó con los jónicos siendo, según hemos dicho, lo que vagamente no se llamó sino theoría, examen o estudio de la naturaleza por sí misma, un esfuerzo dirigido a la verdad por la verdad. Inmediatamente después, este saber filosófico, que es la theoriu, adoptó en Parménides y Heráclito la forma de una especie de visión. intelectual del mundo, noûs. Más tarde, finalmente, en Atenas esta visión intelectual del mundo se desplegó en una explicación racional de él, en una epistéme. La filosofía, pues, lanzada por el cauce puramente intelectivo, comenzó por ser simple theoria, fue después visión intelectual de las cosas y terminó siendo una ciencia. Y a medida que fueron alumbrándose nuevas zonas de realidad, se fueron creando nuevas formas de saber racional. Recordemos también, para ser completos, que con los sofistas la filosofía fue la cultura intelectual, paideía.

Y así, en tiempo de Platón y de Aristóteles se tiene una multitud de ciencias filosóficas de la realidad. Esto hizo que para Aristóteles la palabra filosofía fuera más que el nombre de una ciencia el título de un problema. ¿Qué hay en todas esas "filosofías" que justifique el nombre de tales? Por esto Aristóteles llamó a la filosofía zetouméne epistéme, la ciencia que se busca. La fórmula es equívoca; ya comprendemos ahora por qué. Porque no se sabe si alude a la primera o a la segunda de las dos dimensiones de la filosofía: a su contenido o al tipo de saber que la constituye. Creo esencial llamar la atención sobre este punto.

Lo primero que va envuelto en la fórmula aristotélica no es el esfuerzo por descubrir el objeto propio de la filosofía, y, por tanto, la existencia de ésta. Antes bien: Aristóteles la da por supuesta, ante el hecho de que sus antepasados se han ocupado en crear, y han creado, efectivamente, saberes filosóficos. Aristóteles no busca, pues, primariamente la filosofía. Lo que Aristóteles busca primariamente es, ante todo, la forma única bajo la cual puede existir, según él, el saber filosófico con pleno rigor intelectual. Y esta es una cuestión distinta de la de su objeto {103} y anterior a ella. Aristóteles parte de la idea de que la filosofía ha de ser un saber teorético. A lo que su búsqueda va disparada es hacia el carácter racional que ha de adoptar este saber teorético que venía siendo ya la filosofía. Lo que formalmente busca es, pues, su forma racional. ¿Será posible hacer de la filosofía una epistéme? Una forma especial, un tipo de filosofía: la filosofía como epistéme, y no la existencia de toda posible filosofía, es lo que constituye el término primario de la búsqueda aristotélica. Como diría Hegel, trata de elevar la sofia al rango de ciencia. Que la idea y hasta la pretensión estuvieran ya parcialmente en marcha antes de Aristóteles, es un hecho innegable. Pero Aristóteles encuentra justificada su preocupación ante la inmensa variedad de zonas que la epistéme filosófica abarcaba en su tiempo. En realidad, lo que se tení a eran muchas ciencias filosóficas, en las que lo único que les daba unidad era el adjetivo "filosóficas". Pero el sentido de este adjetivo fue haciéndose cada vez más turbio y oscuro a medida que había ido enriqueciéndose su contenido. ¿Qué hay, pues, en todas estas ciencias que justifique su epíteto de filosóficas? En el fondo, Aristóteles trata de hacernos ver que entre tantas filosofías, lo filosófico de todas ellas, la filosofía, ha ido ocultando su esencia tras la floración exuberante de los conocimientos filosóficos. Si pudiéramos saber con rigor qué es lo filosófico en todas estas filosofías, habríamos descubierto algo que sería una filosofía de tipo nuevo, de tipo superior a las existentes hasta entonces, una filosofía que no seria un saber filosófico acerca de un objeto más, de una nueva zona del mundo, sino que sería la filosofía de todo saber filosófico en cuanto tal. Por esto Aristóteles la llamó, programáticamente también, filosofía por excelencia, el saber filosófico en primera línea, el saber filosófico propiamente dicho, o como él dice "filosofía primera". Frente a ella, las filosofías de su tiempo serían filosofías más o menos "regionales", como se decía hace unos años; filosofías segundas las llamaba él.

Y ¿qué es lo que Aristóteles encuentra de problemático en la idea misma de esta filosofía primera? Ante todo, decía, el tipo mismo de saber que proporciona. Desde Parménides se tenía la impresión de que el saber filosófico va dirigido hacia lo {104} mas real de la realidad. Pero esta concepción no pasó, en rigor, de ser una vaga perspectiva intelectual; fue una intuición tan sólo, no un concepto. Y por esto el despliegue de la filosofía, desde Parménides hasta Aristóteles, se halla caracterizado mucho más por el descubrimiento progresivo de distintas zonas de realidad que por una elaboración de la idea del saber propiamente filosófico en cuanto forma de saber.

Las muchas filosofías habían adoptado ya esa forma de saber que se llamó epistéme: una explicación racional de la necesidad y de la estructura interna de la realidad. Aquella vaga intuición de la realidad adoptó la forma de un saber científico. Pero lo que fuera la epistéme venía calificado mucho más por los conocimientos que suministraba que por la forma mental que la constituía. Pues bien: Aristóteles, siguiendo la huella de Platón, pretende que este carácter científico afecte también a la estructura misma de lo filosófico en cuanto filosófico. Lo filosófico de todas las ciencias filosóficas ha de tener, en cuanto filosófico, carácter científico. Este es el punto de partida de la búsqueda aristotélica.

Aristóteles, pues, tiene que plantearse ante todo la cuestión de en qué consista el carácter del saber filosófico como ciencia. Todas estas ciencias filosóficas parten de unos primeros supuestos acerca de la estructura de las cosas reales que estudian. Pero para dichas ciencias estos principios de las cosas son tan sólo el comienzo de su saber. Con ellas explican las cosas, pero los principios mismos no son objeto de inquisición suya. Lo filosófico del saber científico como forma de saber consistirá, pues, ante todo, en convertir a estos principios particulares en objeto de esclarecimiento. Con lo cual las cosas mismas quedan envueltas en la filosofía. Aristóteles tuvo entonces la genial idea de adscribir esos principios a la visión intelectual, al noûs de que habló Parménides: esta visión intelectual de las cosas es ahora concretamente una visión de sus principios. Pero esto no basta. Es menester que esta visión sea algo más; hace falta que se despliegue y articule en forma de explicación racional. Si ello fuera posible, tendríamos una ciencia que, a diferencia de las demás, buscaría sus propios principios y se moverla en su interna intelección. La presencia del noûs, de la {105} visión intelectual en la epistéme es lo que da a ésta su carácter propiamente filosófico; es lo filosófico de la ciencia en cuanto ciencia. Si se quiere, es una ciencia que no sólo usa de principios, sino que se mueve internamente en su íntima justificación: noûs con epistéme llamaba por esto Aristóteles a la sophía.

Ahora bien: si no fuera más que esto, la ciencia filosófica sería, a lo sumo, una teoría de las filosofías segundas. Nada más lejos de la mente de Aristóteles. Para Aristóteles, como para todo buen griego, toda ciencia ha de tener un objeto real y unos principios propios. Por tanto, esa ciencia de los principios de todas las demás ciencias ha de apoyarse, si quiere existir, en algo real. Es menester que esta inquisición de todos los principios de las cosas se apoye a su vez en principios reales de ellas, los cuales, si existen, serán principios no particulares, sino supremos, principios de los principios, principios absolutos (tá prota).

El esfuerzo por construir una ciencia filosófica le lleva así, en consecuencia (tan sólo en consecuencia), a un segundo esfuerzo, a un esfuerzo por encontrar en la realidad un objeto que le sea propio a aquélla. La genialidad de Aristóteles en este punto ha estribado en no pretender que el objeto propio de la filosofía sea una zona especial de realidad [2] como lo fue todavía para Platón: la filosofía ha de abarcar la realidad entera. Su objeto ha de determinarse, pues, de diferente manera a como lo hacen las filosofías segundas. Mientras estas ciencias filosóficas estudian cada una de las distintas zonas de realidad, esto es, los distintos modos que las cosas tienen de ser reales, la filosofía primera estudiará la realidad en cuanto tal. Desde el punto de vista de su objeto, lo filosófico de todas las ciencias filosóficas se halla justamente en que estudian los distintos modos de realidad de las cosas. Es claro entonces que lo real en cuanto real constituirá el carácter de lo filosófico en cuanto filosófico. {106}

Y aquí convergen los dos esfuerzos de la búsqueda aristotélica: la filosofía propiamente dicha solamente será posible como ciencia, si la realidad de lo real tiene una estructura captable por la razón, si tiene unos primeros principios reales propios, principios no de las cosas tales como son (hos estín), como pretendían los físicos que especularon sobre los elementos, sino principios de la realidad en cuanto tal (ón hei ón). Dicho en fórmula aristotélica: la realidad en cuanto tal tiene una estructura "fundamental", y la filosofía como ciencia consistirá en la inquisición de estas primalidades del ser, como dirá espléndidamente, muchos siglos después, Duns Scoto.

El descubrimiento de la filosofía primera como ciencia de la realidad en cuanto tal sólo fue posible para Aristóteles como término del intento por dar estructura racional al saber filosófico. El despliegue de este intento es lo que le llevó a descubrir la realidad en cuanto tal. Esto es lo que importaba subrayar.

Lo esencial es, pues, que con Aristóteles tenemos no la filosofía en cuanto tal, sino una forma determinada de filosofía: la filosofía como ciencia. Hay otras posibilidades: por un lado, la filosofía, el Veda, fué en Oriente otra cosa: un saber operativo. En Grecia, después de Aristóteles, la filosofía fue también algo distinto. Y en la Europa postclásica la filosofía como tal revistio algunas veces formas mentales distintas.


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NOTAS


[1] En rigor, los jónicos descubren no la idea de Naturaleza, sino la Naturaleza misma; Parménides descubre el ser, más que su idea.^

[2] Es superfluo indicar que, sin embargo, la relación del objeto de la filosofía primera con el Théos constituye todavía un grave problema para la interpretación de la metafísica aristotélica.^

martes, 7 de junio de 2011

Casualidad

En 1982 Rubalcaba, Alfredo Pérez, llega a la política con el gobierno socialista de Felipe González.

Dos años más tarde la Real Academia de la Lengua introduce un nuevo sentido a la palabra Manipular, que desde 1803 hasta 1970 había significado simplemente:

"Operar con las manos"

Y en sólo dos años de Rubalcaba en política pasó a ser:

"Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en la sociedad, en el mercado, etc., con frecuencia para servir los intereses propios o ajenos"

Hoy ya nadie entiende otra cosa con la palabra manipulador.

viernes, 3 de junio de 2011

¡A por ellos!

Dos cosas me mueven a este mensaje. El artículo del prof. Fernando Hernández Sánchez (UAM), y los comentarios de los tertulianos de la Ser contra la Academia de Historia ayer.

Es facil reinventar la historia, al fin los que la vivieron están muertos y si no muy viejos. Con unas series de tv, unos cuantos librillos, unas leyes acompañando y muchos euros podemos convertir la dictadura de Franco en una especie de holocausto general peor que el de Hitler y Stalin juntos. Es facil.

Lo más dificil es callar a los intelectuales. Lo único que puede hacerse con ellos es no prestarles atención, y si se empeñan el medio es oponer una mentira frente a una verdad, siempre la misma, así el vulgo entiende que "unos piensan una cosa y otros otra". La realidad la inventamos, que para eso mandamos.

Ya no hay Historia, los historiadores, como los jueces, ya son historiadores de un "bando" o del otro, perdón, historiadores-historiadores-de-verdad, legítiomos o historiadores "rebeldes" "fascistas"...Y quizá sólo fascistas.

Lo mejor del artículo, y tomen nota los editores de libros de texto, quemar iglesias es "pirotecnia anticlerical" ¡manda narices!

Tocamientos libertarios


La utopía solidaria neomarxista se deshace ante la cruda realidad del infrahombre incapaz de gobernarse. Y tiene que venir la dictadura del perroflautado a poner orden y concierto. Orwell, Orwell... ¡Cuánta coincidencia con Acampada Animal!

Tantas prohibiciones ya avisaban de la realidad: la gran mayoría de los organizadores son simple y llanamente gente que no ha sabido hacer su vida y -consecuentemente- están indignados, más bien cabreados, con su propia vida. Incapaces de hacer nada a derechas, hoy los medios les ayudan (¡mamá, salgo en la Tele!), quienes nunca mandaron ni sobre sí mismos ahora son flamantes Presidentes de la "Comisión x" y se sienten satisfechos. Los gobernantes, los comerciantes de Sol, los medios de comunicación, la policía... todos los que se han ganado con su trabajo un puesto en la sociedad deben pedirles audiencia para que se vayan, o se desinfecten, o se organicen.

No quieren volver a una vida anodina, les gusta el Gran Hermano que han montado, ahora también con contenido sexual. Público

Libros, recomendaciones

- Breve - Breve Historia de la filosofía, de J. Hirschberger


- Historia Sencilla de la Filosofía, de Rafael Gambra
- Defensa de la filosofía, de Pieper
- ¿Qué es filosofía?, Dietrich von Hildebrand
- Lecciones preliminares de historia de la filosofía, de Manuel García Morente.
- Breve historia de la filosofía. 17 (e)lecciones, de Carlos Díaz

Temario básico de primero de Bachillerato



Bloque 1: El saber filosófico



1. El saber filosófico
¿Qué es filosofía?


¿En qué se diferencia la filosofía de la ciencia?


¿Qué partes tiene la filosofía?


¿Qué tipos de conocimiento podemos tener?

2. Razón, conocimiento y verdad
¿Qué es el conocimiento?


¿Qué es la razón?


¿Qué relación hay entre pensamiento y lenguaje?

3. Verdad y realidad

¿Qué es metafísica?


¿Qué entiende por la estructura radical de la realidad?


¿Qué son los trascendentales del ser?

4. Filosofía práctica
¿Qué es la ética?


¿Qué es la política?


¿Qué es la estética?


¿Cuáles son las principales teorías éticas?





Bloque 2: la persona en la sociedad



5. La dimensión biológica del ser humano
¿De dónde venimos?


¿Qué es el Big Bang?


¿Qué sabemos de la aparición de la vida?


¿Qué sabemos de la aparición del hombre?


¿En qué se diferencian la hominización de la humanización?


¿En qué se diferencia el evolucionismo de la evolución?

6. La dimensión sociocomunitaria del ser humano
¿Cómo se organiza una sociedad?


¿Qué relación hay entre la familia y la sociedad?


¿Cuáles son las características de la unión comunitaria?


¿Cuáles son las características de la unión instrumental?


¿Cuáles son los elementos de la cultura?


¿Qué distinción hay entre el individualismo y el colectivismo?

7. La dimensión personal del ser humano
¿Es la persona un ser social por naturaleza o por conveniencia?


¿Qué es persona para Boecio y para Mounier?


¿Son dignas todas las personas?


¿Qué relación hay entre persona y amor?


¿Qué entiende por trascendencia de la persona?



Bloque 3: Ética y política



8. Retos éticos actuales
¿Qué diferencia hay entre proceso y proyecto?


¿Qué ocurre con el mundo natural?


¿Qué significado tiene la imposición de la paz?


¿Qué hacen nuestros militares en las misiones de paz en el exterior?


¿Qué proyecto planteó la ONU para acabar con las desigualdades?


¿Qué se entiende por globalización? ¿Puede ser un proyecto?

9. Fundamentos de la acción moral
¿Qué es la persona?


¿Qué es la libertad?


¿Qué tipos de libertad hay?


¿Hay personas que niegan la libertad? ¿En qué se equivocan?

10. Ciudadanía
¿Qué concepto de ciudadanía tenían los griegos y romanos?


¿Qué teorías filosóficas fundamentan el ordenamiento jurídico?


¿Qué son el individualismo y el colectivismo?


¿Qué es el bien común?



Bloque 4: Democracia y ciudadanía



11. El poder político
¿Qué es el poder político?


¿Qué legitimidad tiene?


¿Qué son los derechos humanos?


¿Qué fundamento tienen los derechos humanos?

12. Fundamentos del Estado liberal

¿Qué es el Estado y qué relación tiene con la nación?


¿Qué caracteriza a los Estados liberales?


¿Qué poderes hay en la democracia española?





martes, 31 de mayo de 2011

Aristóteles (383-322)


Realismo, pragmatismo, ciencia




Aristóteles parte de Platón aunque muy pronto dio la vuelta a la filosofía platónica: la gran diferencia es su pragmatismo.


Las ideas de Platón las convierte en conceptos universales, afirmando que el mundo real es el de las cosas.


Aristóteles parte de la experiencia, de la realidad percibida por los sentidos, basándose en la observación. El objetivo es alcanzar la sustancia, lo que hace a las cosas ser lo que son, por medio de la observación sistemática y la clasificación de lo percibido.


1. VIDA y OBRA


Nace en Estagira en el 383 a. C., su padre era médico de la corte de Macedonia. A los 17 años es enviado a estudiar a Atenas, en la Academia de Platón, al morir éste, en el 347 a.C. Aristóteles abandona Atenas y viaja a Asos, donde funda una rama de la Academia y contrae matrimonio, y más tarde a Mitilene, donde conoce a Teofrasto, su discípulo más famoso. Periodo interesante por su producción filosófica y científica.


Es invitado por Filipo de Macedonia para que se encargara de la educación de su hijo Alejandro, que tenía 13 años. Cuando en el 336 a.C. Alejandro sube al trono, Aristóteles vuelve a Estagira, donde actúa como legislador y, un año después marcha a Atenas, donde funda una nueva escuela, el Liceo.


A lo largo de su vida escribió y pensó de casi todo, fue todo un ejemplo de inespecialización, entre otras estas son sus obras más importantes:


- Lógica: Categorías, Sobre la interpretación, Primeros analíticos, Analíticos posteriores y Tópicos.


- Metafísica: Metafísica.


- Obras científicas: Física, Meteorológicos, Historias de los animales, Del movimiento de los animales, De la generación de los animales, Sobre el alma y Parva naturalia.


- Ética y política: Gran moral, Ética a Nicómaco, Política y Constituciones.


- Estética: Retórica y Poética.


2. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO


Nuestro entendimiento conoce lo particular, lo concreto, físico, antes que lo universal o lo abstracto, más aún: al universal llegamos por medio del particular; este es el origen del conocimiento en general.


Como no admite la preexistencia del alma, explica el conocimiento a partir de los datos que proporcionan los sentidos. Para Aristóteles todo conocimiento arranca de una percepción sensible: el alma racional no puede pensar nada sin representaciones que entren por los sentidos.


Cada sentido tiene en potencia la capacidad para captar las sensaciones que le son propias


Todos los vivientes están provistos de órganos sensibles; si falta un sentido, falta también el conocimiento correspondiente, el ciego no tiene conocimiento de los colores, el sordo no puede conocer los sonidos. Este conocimiento sensible no es tan inseguro como pretendía Platón; al contrario, los sentidos captan el objeto propio para el que están hechos, y esto es lo que les da seguridad y certeza.


Niveles de conocimiento


* Sensación: común a animales y hombres, es el nivel más bajo y produce memoria sensitiva


* Imaginación: también común a animales y hombres, representación de imágenes y recuerdos. Del recuerdo surgirá en el hombre la experiencia


* Experiencia. Propia de los hombres, coordinación racional de las sensaciones y no mera acumulación de datos recogidos por los sentidos


* Entendimiento: Facultad racional, propia del hombre que hace razonamientos. Hay dos tipos de entendimiento: pasivo y activo. El pasivo recibe las imágenes percibidas por los sentidos. Percibe los objetos materiales, físicos. Hace como de potencia y pasara al acto por el entendimiento agente. El agente posibilita la ABSTRACCIÓN, la esencia de las cosas; después de muchas flores, “abstrae” el concepto flor. Este concepto estaba como en potencia en las imágenes y lo que hace el entendimiento es actualizar dicha potencia.


Tipos de conocimiento


* Experiencia. Conocimiento de cosas concretas y materiales, pero sin preguntarse el porqué de las cosas. Aunque inferior al siguiente tipo de conocimiento, para la vida práctica puede resultar tan útil como el siguiente nivel. Sólo por la experiencia llegaremos a saberes superiores, a los que los hombres aspiran porque recuerden que “todos los hombres desean por naturaleza saber”. Por ejemplo: un albañil que coloca ladrillos.


* Ciencia. Conocimiento de las cosas por sus causas y principios, investigación intelectual en la esencia del ser. La ciencia capta lo universal y lo necesario, y ello lo logra respondiendo al porqué, mostrando la razón de ser de las cosas. A este porqué responden las causas y los principios. Por ejemplo: un arquitecto sabe el porqué se colocan de determinado modo los ladrillos.


* Sabiduría. Conocimiento más universal. Ciencia de las primeras causas (material, formal, eficiente y final) y de los primeros principios (axiomas) Un axioma es un principio que es verdadero por sí mismo y que sirve de fundamento al conocimiento científico correspondiente; es indemostrable y su verdad se impone por si mismo (evidente). Es la ciencia suprema en la medida en que nos capacita para conocer las causas y principios de todas las cosas. La más inútil y divina de las ciencias; quizá más necesarias pero no mejores (Es cuestión de calidad, no de cantidad). Filosofía.


3. FILOSOFÍA TEÓRICA


3.1. METAFÍSICA


Aristóteles parte de Platón, de lo que él ve que no puede tener sentido con la división de mundos, sobre todo el problema del movimiento, que no queda resuelto con Platón.


Este análisis lo realiza desde la Filosofía Primera o Metafísica.


En un primer análisis encuentra que todo movimiento tiene una causa, algo que lo produce:


Aristóteles inaugura entonces una tradición que llega hasta nuestros días: la idea que tiene todo científico de buscar una causa para todo.


Distingue cuatro tipos de causa:




  1. Eficiente: El agente o productor de la cosa, lo que habitualmente denominamos como causa. Es importantísimo y ha dado lugar al principio de causalidad o principio de causalidad eficiente que dice que todo efecto lo es de una causa anterior que lo produce. La relación entre causa y efecto es de necesidad. Utilizado ampliamente en filosofía y en ciencia, únicamente puesto en cuestión, entre los autores que vamos a ver, por Hume.


  2. Material: La materia de la que algo está hecho, es causa porque de algún modo “arma” el cuerpo que vemos, sin materia no hay cuerpo.


  3. Formal: Los cuerpos los vemos siembre con forma. La esencia es lo que hace que una cosa sea esta y no otra.


  4. Final: La razón (suficiente) que hace que el ente se de, sin esta causa no habría movimiento, todo movimiento es para algo (Aristóteles, ya digo, era muy pragmático).

(La causa material y formal son intrínsecas a las cosas, la eficiente y final son extrínsecas).


Dos conceptos que se extraen de las causas:


- Teleología (de telós: fin) todo tiene una razón de ser, un fin para el que fue hecho o creado, la realización de su propio fin es lo que hay que hacer. Cada elemento (fuego, aire, agua y tierra) tienen su lugar natural: unos más arriba, otros más abajo (el mundo ideal aristotélico es un mundo sin mezcla y quieto), las cosas, los animales y las personas se mueven porque son mezcla de todo y tienen movimiento violento.


- Hilemorfismo (hylé, materia y morfé, forma) la realidad está compuesta de materia y forma, que son dos principios que forman un todo sustancial, un ser único y real. No se puede pensar la materia sin la forma ni la forma sin materia. No son dos elementos yuxtapuestos, como el yin y el yan, sino que conforman a la sustancia, al ser.


Características de la materia:


* Pasividad, capacidad para recibir formas y poder llegar a ser algo. La potencia.


* Dos tipos materia segunda (la física, perceptible por los sentidos, apta para recibir cualquier forma) y materia prima (no perceptible por los sentidos, sólo por la inteligencia; absoluta indeterminación, sustrato básico constitutivo de todas las cosas, algo indeterminado que debe recibir la forma para poder existir). En términos modernos podemos hablar de partículas elementales.


Características de la forma:


* Como un molde, parecido a la idea, que determina la materia haciendo que lo indeterminado pase a ser algo determinado; en términos aristotélicos, lo que actualiza la materia: al acto.


* Es la esencia de las cosas, que subyace a las cosas, de ahí substrato. Sobre esta forma se piensa lo universal y permanente.


Para poder comprender al ser Aristóteles idea las categorías, que son géneros supremos del ser real y finito. Determinaciones de la materia.


La sustancia es la categoría más importante, pues es la que está debajo de lo que permanece a través de los cambio y es también soporte de accidentes. En este sentido la sustancia sería lo que existe por sí, mientras que los accidentes necesitan de otro (generalmente la sustancia, también puede ser otro accidente) para existir. Son las siguientes




  1. Sustancia

2. Cantidad


3. Cualidad


4. Relación


5. Lugar


6. Tiempo


7. Situación


8. Posesión


9. Acción


10. Pasión


Aristóteles distingue entre la substancia de las cosas, que es la sustancia primera, la real y la que existe y la sustancia segunda, que sería el género y la especie (es distinto Antonio Pérez sustancia primera, el ser humano sustancia segunda).


3.2. FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA


La teoría aristotélica de potencia y acto surge al enfrentarse con el problema del movimiento. Según Aristóteles, la naturaleza:


* No es un ser estático, como quería Parménides que negaba el movimiento


* No es todo movimiento, como afirmaba Heráclito.


El movimiento se explica como el paso o tránsito de la potencia al acto. Hay movimiento o cambio cuando la semilla se convierte en árbol o vosotros en universitarios.


En todo cambio hay algo que permanece, la sustancia -a excepción de los cambios sustanciales, en los que queda la materia prima-; algo que desaparece, privación de la forma anterior y algo que aparece en su lugar.


Tipos de movimiento


- Sustancial. Hay cambio de sustancia, luego aparece una nueva (generación) y desaparece una ya existente (corrupción).


- Accidental. La sustancia permanece, sólo sufre modificaciones en aspectos no esenciales de su ser, accidentales


- Cuantitativo: crecimiento o disminución


- Cualitativo: cambio de cualidades


- Locativo: cambio de lugar, traslación


Primer motor deducido de la potencia y el acto




  1. El movimiento es el paso de la potencia al acto.


  2. La potencia es algo pasivo, necesita un sujeto actuante; luego, para que algo pase de potencia a acto tiene que ser movido por otra cosa.


  3. Ese algo que ya está en acto habrá pasado de la potencia al acto por otra cosa en acto.


  4. Y así sucesivamente… pero los griegos no pueden pensar lo infinito, su pensamiento es circular.


  5. Como la cadena no puede ser infinita, ha de haber un Primer Motor Inmóvil (Causa primera del movimiento sin movimiento; es decir, mueve pero no es movido por otro) o Dios. De lo que se deduce que Dios es Acto Puro (nada en Dios puede estar en potencia, supondría posibilidad de cambio) y Forma Pura (nada en Dios puede ser material, supondría posibilidad de adoptar nuevas formas, disposición al cambio).

3.3. ANTROPOLOGÍA


El alma es forma del cuerpo y actualidad del viviente, lo que permite que comprendamos la incomprensible unión de alma y cuerpo


[De hecho este misterio, que no problema, ha sido discutido por todos, y sólo negando el alma o negando el cuerpo podemos quedar lógicamente satisfechos, aunque en realidad la reducción de algo que parece dilemático a uno de sus términos es cerrar el problema en falso]


En la medida en que el alma es forma y acto respecto de un organismo, la unión alma-cuerpo se explica sin ninguna dificultad. No se trata como en Platón, de una unión accidental ni antinatural ya que “almacuerpo”, la persona, constituyen una única sustancia natural: el ser vivo.


La constitución fundamental del hombre es que consta de alma y cuerpo pero es un conjunto sustancial, “hilemórfico”. La unión es tal que no es la suma de dos entidades. Aristóteles defiende la unidad del hombre; no es el alma la que siente o piensa, sino el hombre todo.


El alma es principio de vida hay, lógicamente, tres clases de alma:




  1. Vegetativa. En las plantas. Tiene las funciones de crecimiento, nutrición y reproducción.


  2. Sensitiva. En los animales que permite la percepción sensible, deseo y movimiento local.


  3. Racional. En el ser humano. Principio de conocimiento racional y de la voluntad.

4. FILOSOFÍA PRÁCTICA


4. 1. ÉTICA


Eudemonismo: el concepto de felicidad constituye el elemento central de la ética aristotélica. Aristóteles emplea el término para designar el fin de todas nuestras acciones y aspiraciones, el bien supremo humano.


Para Aristóteles el fin del hombre está determinado por su naturaleza: consiste en el cumplimiento más perfecto posible de su naturaleza. Este principio teleológico subyace en todo el pensamiento aristotélico: todas las cosas tienden a cumplir el fin determinado por su naturaleza.


El fin de la ética es el bien del hombre. Hay distintas dos clases de fines:


1. Fines últimos. Por ejemplo, el fin y el bien del médico es la salud. Son fines deseables por sí mismos.


2. Fines intermedios o inmediatos: subordinados a otros o que se explican como medios para conseguir otros fines. Por ejemplo, el médico utiliza un medicamento que puede producir sueño, pero este fin sólo es un medio para llegar al fin último que sería curar. Son deseables como simples medios.


Como la filosofía no se queda en causas segundas, sino que quiere llegar hasta el final, Aristóteles propone llegar al fin último del hombre, que será lo que le da la felicidad objetiva (la subjetiva es estar contento, pero el que está contento actuando contra su naturaleza, el drogadicto que consigue su dosis, no está cumpliendo con el fin del hombre).


Sólo se es verdaderamente feliz cuando se es feliz en el sentido objetivo.


Aunque casi todos [yo no, por ejemplo] puedan estar de acuerdo en que el fin último de la vida humana es la felicidad, los hombres no se ponen de acuerdo en qué trae la felicidad: unos la identifican con el placer, otros con las riquezas, otros con los honores, y así sucesivamente.


Aristóteles rechaza el placer, las riquezas y los honores porque si la felicidad es el bien supremo del hombre, nunca puede ser medio para conseguir algo distinto (cosa que ocurriría si establecemos las riquezas como fundamento de la felicidad). El placer y los honores, aunque son deseables por sí mismos (y por tanto no como simples medios) son deseables como partes integrantes de un conjunto más amplio, pues sólo dentro de él adquieren sentido. Forman parte de la felicidad, pero ellas solas no pueden constituirla.


Si la felicidad es el bien supremo no podemos hacerla consistir más que en una cosa (o conjunto de cosas) que sea buscada siempre por sí misma y nunca como medio para otra cosa o como parte integrante de un conjunto más amplio. El bien o bienes en que consiste la felicidad es plenamente autosuficiente, autárquico: “aquello que por sí solo hace deseable la vida y no necesita de ninguna otra cosa”.


[La confusión de los medios y los fines es el gran mal de nuestro mundo actual: cuando todo se hace por dinero, que es un medio, malo]


Si la felicidad es una actividad humana, y la actividad que sólo posee el hombre es la razón, la felicidad del hombre consiste en el cumplimiento de la actividad racional.


Por actividad racional debemos entender la actividad reflexiva y calculadora del hombre, con vistas a orientar correctamente su acción. A esta actividad calculadora de la razón la denominaremos sabiduría práctica.


La contemplación (sabiduría teórica) es la actividad más elevada del ser humano, propia del filósofo, pero es actividad y no pasión, junto a la actividad práctica hay actividad teórica: la contemplación.


El amor de Aristóteles es de querer, de philia, la contemplación del mundo querido, de las cosas queridas, será su felicidad.


La contemplación es autosuficiente, completa en sí misma y plenamente satisfactoria.


Pero Aristóteles vive en el mundo, no como Platón, por lo que entiende que el hombre no puede gozar de la contemplación sólo, que sería una actividad del espíritu puro; el hombre debe ser virtuoso para lograr la felicidad, pues es la virtud es la base de la felicidad, es un hábito que se halla colocada en un punto medio respecto a nosotros y que está establecido por la reflexión correcta, por la sabiduría práctica, por la razón.


El término griego areté, virtud, no tenía un significado específicamente moral sino que señalaba el hecho de destacar en alguna actividad, especialmente las prácticas. Cuando nos referimos a excelencia del carácter hablamos de los rasgos del carácter (modos de ser) de una persona que le hacen destacar positivamente entre los demás.


El carácter de una persona se articula en hábitos, que se ponen de manifiesto en las acciones. Un hábito es una actitud firme en determinadas situaciones, actitud de la que surgen de forma espontánea nuestras acciones. Los hábitos, por supuesto, son adquiridos, y se adquieren con la práctica.


La virtud es un término medio entre dos extremos, igualmente perjudiciales, uno por exceso y otro por defecto. El comportamiento correcto consiste en el equilibrio entre posibles desviaciones, y éste no es igual para todos, sino que se encuentra individualizado.


4.2. POLÍTICA


Aristóteles analiza la vida en sociedad, el lugar natural de las personas en las sociedades, por ello, como las virtudes y la felicidad tienen también una dimensión comunitaria para Aristóteles ética y política no son cosas muy distintas.


A diferencia de Platón, Aristóteles centra el estudio de la política en un riguroso análisis de las constituciones escritas como exponentes de las situaciones políticas concretas. A partir de ahí, trata de encontrar soluciones a los problemas planteados, dejándose inspirar, más allá de toda idealización, por un espíritu fundamentalmente realista y pragmático.


Afirma la sociabilidad natural del hombre, subrayando la primacía de la polis por encima de otras formas de relación social como la aldea o la familia. Critica la filosofía política de Platón que establecía la supresión de la familia y de la propiedad para los miembros de la clase de los gobernantes.


Aristóteles entiende que cada uno cumple su misión en la ciudad, el esclavo, el artesano, las mujeres, los hombres. Y deben ser educados de distinta manera, en distintas virtudes, para que todo funcione naturalmente.


Una gran parte de la Política está dedicada a investigar el concepto de ciudadano y las condiciones y virtudes que ser ciudadano exige, y sobre todo a responder a la pregunta de cuál sea el régimen político mejor.


Lo que justifica, según él, moralmente, una forma de organización política es que sirva al “bien común”.


La existencia real de diversidad de regímenes políticos está relacionada con la división social y económica que hace predominar, como en una relación entre extremos, a un grupo u otro que impondría un régimen político determinado. Esta forma de imponer un régimen político se aparta de la idea aristotélica del valor ético del punto medio.


De ahí su defensa de una amplia clase media como un factor de equilibrio y estabilidad necesario para la supervivencia de un régimen y su preferencia por una forma de organización política aristocrática y democrática (es decir, que gobiernen los mejores elegidos por los mejores, y no los peores elegidos por todos) en el que los derechos políticos pertenecen a las capas de población libres, de situación económica media.


El objetivo de la Política, es buscar el fin de la ciudad, que no puede ser otro que la felicidad de sus integrantes.


El Estado tiene como fin la felicidad de los ciudadanos; los hombres no se han asociado para vivir, sino para vivir bien. Por vivir bien no hay que entender abundancia de bienes materiales, sino una vida conforme a la virtud: una vida regida por la razón en todos los comportamientos humanos.


4.3. ESTÉTICA


Poco hay que decir, de la estética de Aristóteles. Tiene más que ver con la sofística y la filosofía del lenguaje que con las cosas bellas. Poco podemos decir. Es extraño que un discípulo de Platón no se haya dado por enterado de la grandeza de la estética, pero en todo caso, no hay nada resaltable.